Reflujo de Ácido Curado |

Reflujo de Ácido Curado

D. A. – Nueva Jersey


“La Mente regula la condición del estómago, los intestinos y el alimento, la temperatura de niños y de adultos, y la materia no lo hace”. (C&S)

Hace una semana tuvimos nuestra clase regular de los martes por la noche, una de las citas en la Lección fue la de arriba. La había leído un par de veces antes de la clase, pero no fue hasta que nuestra Maestra la repasó, me toco profundamente. Entonces decidí trabajar con ella hasta que estuviera curada.

Siete años atrás, en Haití, me diagnosticaron lo que se llama enfermedad de Reflujo de Ácido, y era bastante doloroso cuando llegaban los ataques. Me dijeron que tenía que entrarme un tubo en la garganta para ver qué pasaba allí. Me asustó tanto que lo postergué por más de tres meses, hasta que no pude aguantarlo más y tuve que ceder. Es pasar por una experiencia muy desagradable. Luego me dijeron que tenía una hernia de hiato. Me recetaron medicamento, que quito todo el dolor. Podría comer lo que quisiera. Solo una pastilla al día y se acabó.

Así que durante siete años tomé el medicamento. Fue una segunda naturaleza para mí. Cuando llegué a Plainfield y me uní a la iglesia, nunca se me ocurrió pedir ayuda. El medicamento se ocupó del dolor y, en lo que a mí respecta, se solucionó el problema. Luego se me acabo el medicamento. Al día siguiente precisamente comenzó el dolor. Había olvidado lo malo que era. Nada más imagina a un dragón arrojando fuego por la boca. Eso es como lo que se sentía. El ardor era tanto, sentía que, si abría la boca, saldría fuego. Entonces comencé a trabajar en el problema como nuestra Maestra nos enseñó a hacer. Sabía que esto no era de un Dios amoroso y no lo aceptaría. El fuego del dragón se fue, pero todavía era doloroso. Luego, la clase del martes por la noche lo cambió todo. Dupliqué mi trabajo durante tres días después de la clase, usando la cita de Ciencia y Salud. Estaba menos doloroso, pero, aun así. Le escribí una nota de agradecimiento a nuestra Maestra por la clase del martes y le mencioné lo que estaba haciendo sobre el problema; como el pasaje me estaba ayudando, y que sabía que estaba en camino hacia la recuperación completa. Eso fue el viernes al mediodía.

A media tarde del viernes, algo fue diferente. El dolor había desaparecido completamente, y me estaba moviendo con facilidad. Pensé inmediatamente en nuestra Maestra y sentí que ella había orado por mí. El domingo por la mañana después del servicio, le pregunté si lo había hecho y con tanta dulzura, ella dijo, si, ella lo hizo. El dolor jamás volvió. Es verdaderamente una bendición. Puedo comer de todo sin ninguna reacción; ninguna en lo absoluto.

Vivir la Ciencia Cristiana es un regalo de Dios. Nunca podré estar lo suficientemente agradecida por todo lo que estoy aprendiendo y beneficiando en esta iglesia. Es bueno trabajar para ti mismo, pero teniendo la ayuda de un practicista por seguro lo hace ir más rápido. La cita arriba se aplica a todo.