Ciencia y Salud con la llave de las Escrituras |


Ciencia y Salud con la llave de las Escrituras

by Mary Baker Eddy




Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.

Juan 8:32


No hay nada bueno ni malo, sino que el pensar lo hace así.

Shakespeare


¡Oh! Tú has oído mi oración, Y ¡me has bendecido!

Esta es Tu sublime promesa: — Tú aquí, y en todas partes.

Mary Baker G. Eddy



Table of Contents




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Prefacio


1 Para aquellos que se apoyan en el infinito sostenedor, el
 día de hoy está lleno de bendiciones. El pastor vigilante
3 contempla los primeros tenues rayos del alba antes de que lle-
 gue el pleno resplandor de un nuevo día. Así brilló la pálida
 estrella para los pastores profetas; sin embargo, atravesó la
6 noche, y llegó donde, envuelto en tierno amparo, se hallaba el
 niño de Belén, el heraldo humano del Cristo, la Verdad, quien
 había de aclarar al entendimiento oscurecido el camino de
9 la salvación mediante Cristo Jesús, hasta que a través de una
 noche de error alborearan los rayos de la mañana y brillara la
 estrella guiadora del ser. Los Magos fueron guiados a con-
12  templar y a seguir este lucero matutino de la Ciencia divina,
 que ilumina el camino hacia la armonía eterna.

 La hora de los pensadores ha llegado. La Verdad, inde-
15 pendiente de doctrinas y sistemas honrados por el tiempo,
 llama al portal de la humanidad. La conformidad con el
 pasado y el frío convencionalismo del materialismo se están
18 desmoronando. La ignorancia de lo que es Dios ya no es la
 pasadera hacia la fe. La única garantía de obediencia es una
 comprensión correcta de Él, a quien conocer correctamente
21  es la Vida eterna. Aunque los imperios caigan, “reinará
 Jehová para siempre”.

 Un libro introduce pensamientos nuevos, pero no puede
24 hacer que sean rápidamente comprendidos. Es la tarea
 del pionero robusto derribar el alto roble y cortar el tosco
 granito. Las épocas futuras deben declarar lo que el pionero
27 ha logrado.

 Desde que la autora descubrió el poder de la Verdad en


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1 el tratamiento tanto de la enfermedad como del pecado, su
 sistema ha sido puesto a prueba plenamente, y no se le ha
3 encontrado deficiencia alguna; mas para alcanzar las alturas
 de la Ciencia Cristiana, el hombre tiene que vivir en obedien-
 cia al Principio divino de esta Ciencia. Para desarrollar todo
6 el poder de esta Ciencia, las discordias del sentido corporal
 tienen que ceder a la armonía del sentido espiritual, así como
 la ciencia de la música corrige los tonos falsos y da dulce
9 concordancia a los sonidos.

 La teología y la física enseñan que tanto el Espíritu
 como la materia son reales y buenos, mientras que el hecho
12  es que el Espíritu es bueno y real, y la materia es lo opuesto
 del Espíritu. La pregunta: ¿Qué es la Verdad?, es contestada
 mediante la demostración, sanando tanto la enfermedad
15  como el pecado; y esta demostración enseña que la curación
 cristiana confiere el máximo de salud y produce los mejores
 hombres. Sobre esta base la Ciencia Cristiana tendrá una
18 lucha justa. La enfermedad ha sido combatida durante
 siglos por los médicos usando remedios materiales; pero se
 suscita la pregunta: ¿Hay menos enfermedades debido a estos
21  médicos? Un rotundo “No” es la respuesta que se deduce de
 dos hechos conexos: la reputada longevidad de los antedilu-
 vianos y la rápida multiplicación y creciente virulencia de las
24 enfermedades desde el diluvio.

 En la obra Retrospección e Introspección, de la autora, se
 puede encontrar un bosquejo biográfico que narra las expe-
27 riencias que la guiaron, en el año 1866, al descubrimiento del
 sistema que ella denominó Ciencia Cristiana. Ya en 1862,
 empezó a escribir y dar a sus amigos los resultados de su
30 estudio de las Escrituras, pues la Biblia fue su único maestro;
 pero estas composiciones eran crudas: los primeros pasos de
 un niño en el recién descubierto mundo del Espíritu.


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1 También comenzó a anotar sus pensamientos sobre el
 tema principal, mas estas notas eran sólo balbuceos infantiles
3 acerca de la Verdad. Un niño sorbe el mundo exterior con
 los ojos y se regocija con lo que sorbe. Está tan seguro de la
 existencia del mundo como lo está de la suya; sin embargo,
6 no puede describir el mundo. Halla unas pocas palabras y
 con estas, balbuciente, trata de comunicar su sentir. Más
 tarde, la lengua expresa pensamientos más definidos, aunque
9 todavía imperfectamente.

 Así ocurrió con la autora. Como cierto poeta dice de sí
 mismo, ella “balbucía en versos, porque le venían los versos”.
12  Ciertos ensayos escritos en esa fecha temprana están todavía
 en circulación entre sus primeros alumnos, pero son débiles
 intentos de exponer el Principio y la práctica de la curación
15  cristiana, y no son exposiciones completas ni satisfactorias
 de la Verdad. Hoy, aunque regocijándose en algún progreso,
 todavía se considera una discípula bien dispuesta a la puerta
18 celestial, aguardando la Mente de Cristo.

 Su primer folleto sobre la Ciencia Cristiana fue registrado
 como propiedad literaria en 1870; pero no apareció impreso
21  hasta 1876, porque la autora había comprendido que esta
 Ciencia tenía que ser demostrada mediante la curación, antes
 de que una obra sobre el tema pudiera estudiarse con prove-
24 cho. Sin embargo, desde 1867 hasta 1875, algunos ejemplares
 circularon entre sus amistades.

 Antes de escribir esta obra, Ciencia y Salud, la autora
27 hizo cuantiosos apuntes con exposiciones sobre las Escrituras
 que nunca han sido publicados. Esto fue durante los años
18 67 y 1868. Estos esfuerzos muestran su comparativa
30 ignorancia del estupendo problema de la Vida que ella tenía
 hasta ese momento, y la forma gradual en que llegó por fin a
 su solución; pero ella los valora como una madre o un padre


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1 puede atesorar los recuerdos del crecimiento de un hijo, y no
 desearía que fueran alterados.

3 La primera edición de Ciencia y Salud fue publicada
 en 1875. Varios libros sobre la curación mental han sido
 publicados desde entonces, la mayoría de ellos incorrectos
6 en teoría y llenos de plagios de Ciencia y Salud. Ellos consi-
 deran la mente humana como un agente sanador, mientras
 que esta mente no es un factor en el Principio de la Ciencia
9 Cristiana. Unos pocos libros, sin embargo, que están basa-
 dos en esta obra, son útiles.

 La autora no ha comprometido la conciencia para
12  acomodarla a la corriente general de pensamiento, sino que
 ha dado franca y honradamente el texto de la Verdad. No
 ha hecho ningún esfuerzo por embellecer, elaborar, o tratar
15  en todos sus detalles un tema tan infinito. Mediante miles
 de casos debidamente autenticados de curaciones, ella y sus
 alumnos han comprobado el valor de sus enseñanzas. Estos
18 casos en su mayoría habían sido abandonados por incurables
 por los médicos que los atendían. Pocos inválidos recurren
 a Dios hasta que todos los apoyos físicos han fallado, porque
21  se tiene muy poca fe en Su disposición y poder para sanar la
 enfermedad.

 El Principio divino de la curación es comprobado en la
24 experiencia personal de cualquier buscador sincero de la
 Verdad. Su propósito es bueno, y su práctica es más segura
 y más potente que la de cualquier otro método de sanidad.
27 El pensamiento cristiano ecuánime es el alcanzado más
 rápidamente por la Verdad, y convencido por ella. Sólo están
 en desacuerdo con su método aquellos que no entienden
30 lo que la autora quiere decir, o que percibiendo la verdad,
 no vienen a la luz para que sus obras no sean reprendidas.
 Ninguna pericia intelectual es necesaria en los estudiantes,
33  mas una sana moral es sumamente deseable.


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1 Muchos imaginan que los fenómenos de la curación física
 en la Ciencia Cristiana presentan sólo una fase de la acción
3 de la mente humana y que de dicha acción resulta, en alguna
 manera inexplicada, la curación de las enfermedades. Por
 el contrario, la Ciencia Cristiana explica racionalmente que
6 todos los otros métodos de la patología son los frutos de la fe
 humana en la materia, de la fe en el funcionamiento, no del
 Espíritu, sino de la mente carnal que tiene que ceder ante la
9 Ciencia.

 La curación física de la Ciencia Cristiana resulta
 ahora, como en el tiempo de Jesús, de la operación del Principio
12  divino, ante la cual el pecado y la enfermedad pierden su
 realidad en la consciencia humana y desaparecen tan natural
 y tan necesariamente como las tinieblas dan lugar a la
15  luz y el pecado a la reforma. Ahora, como entonces, estas
 obras poderosas no son sobrenaturales, sino supremamente
 naturales. Son la señal de Emanuel, o “Dios con nosotros”,
18 una influencia divina siempre presente en la consciencia
 humana y repitiéndose a sí misma, viniendo ahora como fue
 prometida antaño:

21 A pregonar libertad a los cautivos [del sentido],
 Y vista a los ciegos;
 A poner en libertad a los oprimidos.

24 Cuando Dios llamó a la autora para proclamar Su
 Evangelio a esta época, también vino el encargo de plantar
 y regar Su viña.

27 La primera escuela de la Ciencia Cristiana de la cura-
 ción-Mente fue inaugurada por la autora con un solo alumno
 en Lynn, Massachusetts, alrededor de 1867. En 1881, ella
30 abrió el Colegio de Metafísica de Massachusetts, en Boston,
 con la autorización del Estado, por haberse aprobado una
 ley relativa a las facultades, la cual le permitió establecer


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1 legalmente esta institución con propósitos médicos. No se
 concedieron licencias para tales instituciones a los Científicos
3 Cristianos después de 1883, y hasta esa fecha, el suyo era el
único colegio de este carácter que se había establecido en los
 Estados Unidos, donde la Ciencia Cristiana fue introducida
6 por primera vez.

 Durante siete años más de cuatro mil estudiantes fueron
 enseñados por la autora en este colegio. Mientras tanto,
9 era ella pastora de la primera Iglesia de Cristo, Científico,
 que se estableció; Presidenta de la primera Asociación de
 Científicos Cristianos, la cual se reunía mensualmente;
12  editora de sus propias obras; y (durante parte de este tiempo)
 la única directora y editora del Christian Science Journal,
 la primera publicación periódica difundida por los Científicos
15  Cristianos. Ella cerró el colegio el 29 de octubre de 1889, en
 el auge de su prosperidad, con una profunda convicción de
 que los dos años siguientes de su vida debían ser dedicados
18 a la preparación de la revisión de Ciencia y Salud, la cual fue
 publicada en 1891. Retuvo su licencia para el colegio, y como
 su Presidenta, la reabrió en 1899 como institución auxiliar de
21  su iglesia. Hasta el 10 de junio de 1907, ella nunca había leído
 este libro completa y consecutivamente con el fin de elucidar
 el idealismo que en él expresó.

24 En el espíritu del amor de Cristo, —como quien “todo
 lo espera, todo lo soporta”, y se regocija en llevar consuelo
 a los afligidos y curación a los enfermos— ella dedica estas
27 páginas a los honestos buscadores de la Verdad.

          Mary Baker Eddy




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Capítulo 1 — La oración



Porque de cierto os digo
que cualquiera que dijere a este monte:
Quítate y échate en el mar,
y no dudare en su corazón,
sino creyere que será hecho lo que dice,
lo que diga le será hecho.
Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando,
creed que lo recibiréis,
y os vendrá.
Vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad,
antes que vosotros Le pidáis. — Cristo Jesús.


1 La oración que reforma al pecador y sana al enfermo es
  una fe absoluta en que todas las cosas son posibles
3 para Dios, una comprensión espiritual de Él, un amor
 abnegado. A pesar de lo que otros puedan decir o pensar
 sobre este tema, hablo por experiencia. La oración, la
6 vigilancia y el trabajo, combinados con la inmolación del
 yo, son los medios de la gracia de Dios para lograr todo lo
 que ha sido hecho con éxito para la cristianización y la
9 salud del género humano.


 Los pensamientos inexpresados no son desconocidos
 para la Mente divina. El deseo es oración; y ninguna
12 pérdida puede ocurrir por confiar a Dios nuestros deseos,
 para que puedan ser moldeados y exaltados antes de que
 tomen forma en palabras y en obras.



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1 ¿Cuáles son los motivos de la oración? ¿Oramos para
 mejorarnos a nosotros mismos o para beneficiar a aquellos
3 que nos oyen, para iluminar el infinito o para
 ser oídos por los hombres? ¿Somos beneficia-
 dos mediante la oración? Sí, el deseo que parte hambriento
6 de justicia es bendecido por nuestro Padre, y no vuelve a
 nosotros vacío.


 Dios no es movido por el aliento de la alabanza para
9 hacer más de lo que ya ha hecho, ni puede el infinito hacer
 menos que conceder todo el bien, ya que Él es
 sabiduría y Amor invariables. Podemos hacer
12 más para nosotros mismos mediante peticiones humildes
 y fervientes, pero el que es todo-Amor no las otorga simple-
 mente por la falsa alabanza, pues Él ya sabe todo.


15 La oración no puede cambiar la Ciencia del ser, pero
 tiende a ponernos en armonía con ella. La bondad logra
 la demostración de la Verdad. Una petición para que Dios
18 nos salve no es todo lo que se requiere. El mero hábito
 de suplicar a la Mente divina, como uno suplica a un ser
 humano, perpetúa la creencia en Dios como humanamente
21 circunscrito, un error que impide el crecimiento espiritual.


 Dios es Amor. ¿Podemos pedirle que sea más? Dios es la
 inteligencia. ¿Podemos informar a la Mente infinita de algo
24 que no comprende ya? ¿Esperamos cambiar la El estándar
 perfección? ¿Suplicaremos por más junto a la
 fuente abierta, que está vertiendo más de lo que aceptamos?
27 El deseo inexpresado sí nos acerca más al origen de toda
 existencia y bienaventuranza.


 Pedir a Dios que sea Dios es una vana repetición. Dios
30 es “el mismo ayer, y hoy, y por los siglos”; y Aquel que es



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1 inmutablemente justo hará lo justo sin que se Le recuerde lo
 que es de Su incumbencia. La sabiduría del hombre no es
3 suficiente para justificar que él aconseje a Dios.


 ¿Quién se pararía ante una pizarra y oraría al principio
 de la matemática para que resolviera el problema? La regla
6 ya está establecida, y es nuestra tarea hallar la
 solución. ¿Le pediremos al Principio divino de espiritual
 toda bondad que haga Su propio trabajo? Su obra está hecha,
9 y sólo tenemos que aprovechar la regla de Dios con el fin de
 recibir Su bendición, la cual nos capacita para ocuparnos de
 nuestra propia salvación.


12 El Ser Divino tiene que ser reflejado por el hombre, de lo
 contrario, el hombre no es la imagen y semejanza del paciente,
 tierno y verdadero, el Único “del todo amable”*; mas com-
15 prender a Dios es la obra de la eternidad, y exige la absoluta
 consagración de los pensamientos, las energías y los deseos.


 ¡Cuán vacías son nuestras concepciones de la Deidad!
18 Teóricamente admitimos que Dios es bueno, omnipotente,
 omnipresente, infinito, y luego tratamos de dar Ingratitud
 información a esta Mente infinita. Suplicamos en la oración
21 un perdón inmerecido y una efusión generosa de beneficios.
 ¿Estamos realmente agradecidos por el bien ya recibido?
 Entonces aprovecharemos las bendiciones que tenemos, y así
24 estaremos capacitados para recibir más. La gratitud es mucho
 más que una expresión verbal de agradecimiento. Las accio-
 nes expresan más gratitud que las palabras.


27 Si no estamos agradecidos por la Vida, la Verdad y el
 Amor, y sin embargo damos gracias a Dios por todas las
 bendiciones, somos insinceros e incurrimos en la censura
30 aguda que nuestro Maestro dirige a los hipócritas. En tal caso,
 la única oración aceptable es poner el dedo sobre los labios y
 recordar nuestras bendiciones. Mientras el corazón está
 *Según Versión Moderna de la Biblia



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1 lejos de la Verdad y el Amor divinos, no podemos ocultar la
 ingratitud de las vidas estériles.


3 Lo que más necesitamos es la oración del deseo ferviente
 de crecer en gracia, expresada en paciencia, mansedumbre,
 amor y buenas obras. Guardar los mandamien-
6 tos de nuestro Maestro y seguir su ejemplo es
 nuestra deuda justa con él y la única evidencia digna de
 nuestra gratitud por todo lo que él ha hecho. La adoración
9 exteriorizada no es suficiente de por sí para expresar gratitud
 leal y sentida, ya que él ha dicho: “Si me amáis, guardad mis
 mandamientos”.


12 La lucha habitual por ser siempre buenos es oración
 incesante. Sus motivos se manifiestan en las bendiciones que
 traen, bendiciones que, aun sin ser reconocidas con palabras
15 audibles, atestiguan que somos dignos de ser partícipes del
 Amor.


 Simplemente pedir que podamos amar a Dios nunca
18 nos hará amarlo; pero el anhelo de ser mejores y más
 santos, expresado en la vigilancia diaria y en el Vigilancia,
 esfuerzo por asimilar más del carácter divino,
21 nos moldeará y formará de nuevo, hasta que despertemos a
 Su semejanza. Alcanzamos la Ciencia del cristianismo a
 través de la demostración de la naturaleza divina; pero en
24 este mundo malvado será “vituperado vuestro bien”, y la
 paciencia tiene que traer experiencia.


 La oración audible nunca puede hacer las obras de la
27 comprensión espiritual, la cual regenera; mas la oración
 silenciosa, la vigilancia, y la obediencia devota
 nos capacitan para seguir el ejemplo de Jesús.
30 Las oraciones largas, la superstición y los credos cercenan las
 fuertes alas del amor, y revisten la religión de formas huma-
 nas. Cualquier cosa que materialice la adoración estorba el



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1 crecimiento espiritual del hombre y le impide que demuestre
 su poder sobre el error.


3 El pesar por haber obrado mal no es sino un paso hacia
 la reforma y el paso más fácil de todos. El próximo y gran
 paso requerido por la sabiduría es la prueba de Pesar y
6 nuestra sinceridad, a saber, la reforma. Con este reforma
 fin somos puestos bajo el peso de las circunstancias. La
 tentación nos incita a repetir la falta, y la congoja viene como
9 resultado de lo que se ha hecho. Así será siempre, hasta que
 aprendamos que no hay descuento en la ley de la justicia y
 que tenemos que pagar hasta “el último cuadrante”. Con
12 la medida que medís “os volverán a medir”, y estará llena
 “y rebosando”.


 Santos y pecadores reciben su pleno galardón, pero no
15 siempre en este mundo. Los seguidores de Cristo bebieron
 su copa. La ingratitud y la persecución la llenaron hasta
 el borde; pero Dios derrama las riquezas de Su amor en el
18 entendimiento y los afectos, dándonos fuerzas de acuerdo con
 nuestra necesidad actual. Los pecadores florecen “como laurel
 verde”; pero, mirando más lejos, el Salmista pudo ver su fin:
21 la destrucción del pecado por medio del sufrimiento.


 La oración no ha de ser utilizada como una confesión para
 cancelar el pecado. Tal error impediría la verdadera religión.
24 El pecado es perdonado sólo en la medida en que Cancelación
 es destruido por el Cristo, la Verdad y la Vida.


 Si la oración nutre la creencia de que el pecado
27 es cancelado, y que el hombre se vuelve mejor meramente por
 orar, la oración es un mal. Empeora quien continúa en el
 pecado porque se imagina que ha sido perdonado.


30 Un apóstol dice que el Hijo de Dios [Cristo] vino para “des­
 hacer las obras del diablo”. Debiéramos seguir a Lo diabólico
 nuestro Ejemplo divino, y buscar la destrucción destruido
33 de todas las obras malévolas, el error y la enfermedad incluidos.



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1 No podemos evadir la penalidad que corresponde al pecado.
 Las Escrituras dicen que si negamos al Cristo, “él también
3 nos negará”.


 El Amor divino corrige y gobierna al hombre. Los
 hombres pueden perdonar, pero sólo este Principio divino
6 reforma al pecador. Dios no está separado de
 la sabiduría que concede. Tenemos que aprove-
 char al máximo los talentos que Él nos da. Apelar a Él para
9 que perdone nuestro trabajo mal hecho o que dejamos sin
 hacer, implica la vana suposición de que nada tenemos que
 hacer sino pedir perdón, y que después quedaremos libres
12 para repetir la falta.


 Causar sufrimiento como resultado del pecado es el medio
 para destruir el pecado. Todo supuesto placer en el pecado
15 proporcionará más de su equivalente de dolor, hasta que la
 creencia en la vida material y en el pecado sea destruida. Para
 alcanzar el cielo, la armonía del ser, tenemos que comprender
18 el Principio divino del ser.


 “Dios es Amor”. Más que esto no podemos pedir, más
 arriba no podemos mirar, más lejos no podemos ir. Suponer
21 que Dios perdona o castiga el pecado, según sea Misericordia
 solicitada o no Su misericordia, es malentender sin parcialidad
 el Amor y hacer de la oración la válvula de escape para el
24 mal obrar.


 Jesús exponía y reprendía el pecado antes de echarlo
 fuera. De una mujer enferma dijo que Satanás la había atado,
27 y a Pedro le dijo: “Me eres tropiezo”. Vino a
 enseñar y a mostrar a los hombres cómo destruir divina
 el pecado, la enfermedad y la muerte. Del árbol que no da
30 fruto, dijo: “Es cortado”.


 Muchos creen que cierto magistrado, que vivió en la
 época de Jesús, dejó este registro: “Su reprensión es temible”.
33 El lenguaje enérgico de nuestro Maestro confirma esta
 descripción.



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1 La única frase cortés que tenía para el error era: “¡Quítate
 de delante de mí, Satanás!” Otra evidencia aún más conclu-
3 yente de que la reprensión de Jesús era aguda y penetrante se
 halla en sus propias palabras, que mostraban la necesidad de
 tan enérgica expresión, cuando echaba fuera los demonios y
6 sanaba a los enfermos y a los pecadores. La renuncia al error
 priva al sentido material de sus falsas pretensiones.


 La oración audible es impresionante; da al pensamiento
9 solemnidad y elevación momentáneas. Pero ¿produce algún
 beneficio duradero? Profundizando en estas
 cosas, hallamos que “un celo... no conforme a
12 ciencia” ocasiona una reacción desfavorable al crecimiento
 espiritual, a la resolución sobria y a la percepción sana de los
 requerimientos de Dios. Los motivos de la oración verbal tal
15 vez abarquen demasiado amor por los aplausos como para
 inducir o alentar el sentimiento cristiano.


 La sensación física, no el Alma, produce el éxtasis y la
18 emoción materiales. Si el sentido espiritual siempre guiara
 a los hombres, surgirían de los momentos
 extá­ticos una experiencia más elevada y una
21 vida mejor, con abnegación más devota y pureza. Ventilar los
 sentimientos fervorosos de satisfacción propia nunca hace a
 un cristiano. Dios no es influenciado por el hombre. El
24 “oído divino” no es un nervio auditivo. Es la Mente que todo
 lo oye y todo lo sabe, para quien cada necesidad del hombre
 es siempre conocida y por quien será satisfecha.


27 El peligro de la oración es que puede meternos en tenta-
 ción. Debido a ella es posible que nos volvamos hipócritas
 involuntarios, expresando deseos que no son
30 reales y consolándonos en medio del pecado


 con el recuerdo de que hemos orado al res-
 pecto, o que tenemos la intención de pedir perdón algún día.
33 La hipocresía es fatal para la religión.



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1 Una oración verbosa puede producir una sensación
 apacible de justificación propia, aunque hace del pecador un
3 hipócrita. Nunca necesitamos desesperar por un corazón
 honesto; pero hay poca esperanza para aquellos que se
 enfrentan sólo espasmódicamente con su maldad y luego
6 buscan ocultarla. Sus oraciones son índices que no corres-
 ponden con sus caracteres. Mantienen una confraternidad
 secreta con el pecado, y Jesús dijo que tales exteriorizaciones
9 eran “semejantes a sepulcros blanqueados... llenos... de toda
 inmundicia”.


 Si un hombre, aunque aparentemente fervoroso y entre-
12 gado a la oración, es impuro y por tanto insincero, ¿cuál debe
 de ser el comentario acerca de él? Si alcanzara
 la excelsitud de su oración, no habría ocasión
15 para comentarios. Si sentimos la aspiración, la humildad, la
 gratitud y el amor que nuestras palabras expresan, esto Dios
 lo acepta; y es sabio no tratar de engañarnos ni a nosotros
18 mismos ni a los demás, porque “nada hay encubierto, que no
 haya de ser manifestado”. Las profesiones de fe y las oracio-
 nes audibles son como la caridad en cierto aspecto: cubren
21 “multitud de pecados”. Orar para tener humildad, cualquiera
 sea el fervor de la expresión, no siempre significa que se la
 desea. Si damos la espalda a los pobres, no estamos prepara-
24 dos para recibir la recompensa de Aquel que bendice a los
 pobres. Confesamos tener un corazón muy malvado, y
 pedimos que nos sea puesto al descubierto, pero ¿no sabemos
27 ya más de este corazón de lo que estamos dispuestos a dejar
 que vea nuestro prójimo?


 Debiéramos examinarnos a nosotros mismos para saber
30 cuáles son los afectos y propósitos del corazón, porque sólo de
 este modo podemos saber lo que honestamente Escudriñando
 somos. Si un amigo nos informa de una falta,
33 ¿escuchamos pacientemente la reprensión y damos crédito a
 lo que se dice? ¿No damos más bien gracias porque no somos



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1 “como los otros hombres”? Durante muchos años la autora
 ha estado muy agradecida por las reprensiones merecidas.
3 Lo malo está en la censura inmerecida, en la falsedad que no
 hace ningún bien a nadie.


 La prueba de toda oración yace en la respuesta a estas
6 preguntas: ¿Amamos mejor a nuestro prójimo debido a este
 ruego? ¿Seguimos con el viejo egoísmo, satisfe-
 chos con haber orado por algo mejor, aunque no de la aspiración
9 aportemos evidencia de la sinceridad de nuestras peticiones
 viviendo coherentemente con nuestra oración? Si el egoísmo
 ha dado lugar a la bondad, consideraremos sin egoísmo a
12 nuestro prójimo, y bendeciremos a los que nos maldicen;
 pero nunca cumpliremos con este gran deber simplemente
 pidiendo que así sea hecho. Hay una cruz que tomar antes de
15 que podamos gozar de los frutos de nuestra esperanza y
 nuestra fe.


 ¿Amas “al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda
18 tu alma, y con toda tu mente”? Este mandato incluye mucho,
 hasta la renuncia a toda sensación, afecto y
 adoración meramente materiales. Este es El
21 Dorado del cristianismo. Entraña la Ciencia de la Vida
 y reconoce sólo el control divino del Espíritu, en el cual el
 Alma es nuestro amo, y el sentido material y la voluntad
24 humana no tienen lugar.


 ¿Estáis dispuestos a dejar todo por el Cristo, por la Verdad,
 y así ser contados entre los pecadores? ¡No! ¿Deseáis real-
27 mente lograr este punto? ¡No! ¿Por qué enton-
 ces hacer largas oraciones al respecto y pedir
 ser cristianos, ya que no tenéis interés en seguir las huellas de
30 nuestro amado Maestro? Si no estáis dispuestos a seguir su
 ejemplo, ¿por qué orar con los labios para ser partícipes de su
 naturaleza? La oración coherente es el deseo de hacer el bien.



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1 La oración significa que deseamos andar, y que andaremos,
 en la luz mientras la recibamos, aun con huellas sangrientas,
3 y que esperando pacientemente en el Señor, dejaremos que
 nuestros verdaderos deseos sean recompensados por Él.


 El mundo tiene que crecer hasta la comprensión espiritual
6 de la oración. Si somos lo suficientemente buenos como para
 sacar provecho de la copa de pesares terrenales de Jesús,
 Dios nos sostendrá en estos pesares. Hasta que no estemos
9 así divinamente calificados y dispuestos a beber su copa,
 millones de vanas repeticiones jamás derramarán sobre la
 oración la unción del Espíritu en demostración de poder y
12 “con las señales que la [siguen]”. La Ciencia Cristiana revela la
 necesidad de vencer el mundo, la carne y el mal, y de destruir
 así todo error.


15 Buscar no es suficiente. Es esforzarnos lo que nos capacita
 para entrar. Los logros espirituales abren la puerta a una
 comprensión más elevada de la Vida divina.


18 Una de las formas de adoración en el Tíbet consiste en
 llevar una máquina de rezar por las calles, y detenerse en las
 puertas para ganar un penique desgranando
21 una oración. Mas la vanguardia del progreso
 ha pagado por el privilegio de la oración el precio de la
 persecución.


24 La experiencia nos enseña que no siempre recibimos las
 bendiciones que pedimos en la oración. Hay cierta interpreta-
 ción equivocada acerca del origen y los medios


27 de toda bondad y bienaventuranza, o cierta-
 mente recibiríamos aquello que pedimos. Las Escrituras dicen:
 “Pedís y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros
30 deleites”. Aquello que deseamos y pedimos no es siempre lo
 que más nos conviene recibir. En este caso el Amor infinito no
 otorgará la petición. ¿Pides a la sabiduría que sea misericor-
33 diosa y que no castigue el pecado? Entonces “[pides] mal”.



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1 Sin castigo, el pecado se multiplicaría. La oración de Jesús:
 “Perdónanos nuestras deudas” especificó también los térmi-
3 nos del perdón. Cuando perdonó a la mujer adúltera le dijo:
 “Vete, y no peques más”.


 A veces un magistrado remite la pena, pero puede que
6 esto no sea un beneficio moral para el criminal y, a lo sumo,
 sólo salva al criminal de una forma de castigo.
 La ley moral, que tiene el derecho de absolver o de la pena
9 condenar, siempre exige restitución antes que los mortales
 puedan subir “más arriba”. El quebrantamiento de la ley trae
 el castigo con el fin de imponer este progreso.


12 El mero perdón jurídico (y no hay otro, porque el
 Principio divino jamás perdona nuestros pecados o equivoca-
 ciones hasta que son corregidos) deja al trasgre-
15 sor libre para repetir la falta, si en verdad ya no aniquila


 ha sufrido lo suficiente por el vicio como para
 darle la espalda con aversión. La Verdad no concede perdón
18 al error, sino que lo borra de la manera más eficaz. Jesús
 sufrió por nuestros pecados, no para anular la sentencia
 divina por el pecado de un individuo, sino porque el pecado
21 trae sufrimiento inevitable.


 Las peticiones traen a los mortales sólo los resultados
 de la propia fe de los mortales. Sabemos que un deseo de
24 santidad es un requisito para ganar la santidad; Deseo de
 pero si deseamos la santidad por encima de
 todo lo demás, sacrificaremos todo por ella. Tenemos que
27 estar dispuestos a hacer esto, para que podamos andar con
 seguridad por el único camino práctico hacia la santidad.
 La oración no puede cambiar la Verdad inalterable, ni
30 puede la oración sola darnos una comprensión de la Verdad;
 mas la oración, unida a un deseo ferviente y habitual de
 conocer y de hacer la voluntad de Dios, nos traerá a toda la
33 Verdad. Tal deseo tiene poca necesidad de la expresión
 audible. Se expresa mejor en el pensamiento y en la vida.



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1 “La oración de fe salvará al enfermo”, dicen las Escrituras.
 ¿Qué es esta oración sanadora? Una mera petición de que
3 Dios sane a los enfermos no tiene poder para
 ganar más de la presencia divina de lo que está los enfermos
 siempre a mano. El efecto beneficioso de tal oración por los
6 enfermos está en la mente humana, haciéndola obrar más
 poderosamente sobre el cuerpo por medio de una fe ciega en
 Dios. Esto, sin embargo, es una creencia que echa fuera otra,
9 una creencia en lo desconocido que echa fuera una creencia
 en la enfermedad. No es ni la Ciencia ni la Verdad lo que
 obra mediante la creencia ciega, ni es la comprensión humana
12 del Principio divino sanador como era manifestado en Jesús,
 cuyas oraciones humildes eran declaraciones profundas y
 concienzudas de la Verdad, de la semejanza del hombre con
15 Dios y de la unidad del hombre con la Verdad y el Amor.


 La oración a un Dios corpóreo afecta a los enfermos
 como un medicamento, el cual no tiene eficacia propia, sino
18 que pide prestado su poder a la fe y a la creencia humanas.
 El medicamento no hace nada, porque no tiene inteligencia.
 Es una creencia mortal, no el Principio o el Amor divinos, lo
21 que causa que un medicamento sea aparentemente venenoso
 o sanativo.


 La costumbre corriente de orar por el restablecimiento de
24 los enfermos encuentra ayuda en la creencia ciega, mientras
 que la ayuda debiera venir de la comprensión iluminada. Los
 cambios en las creencias pueden seguir indefinidamente,
27 pero ellos son la mercancía del pensamiento humano, y no el
 producto de la Ciencia divina.


 ¿Interviene la Deidad en favor de cierto adorador, y no
30 ayuda a otro que ofrece la misma medida de oración? Si los
 enfermos se restablecen porque oran o porque
 se ora por ellos audiblemente, sólo los que


33 piden (per se o por delegado) debieran sanarse.
 En la Ciencia divina, donde las oraciones son mentales,



Página 13



1 todos pueden aprovechar a Dios como “pronto auxilio en
 las tribulaciones”. El Amor es imparcial y universal en su
3 adaptación y en sus concesiones. Es la fuente abierta que
 exclama: “A todos los sedientos: Venid a las aguas”.


 En la oración en público a menudo vamos más allá de
6 nuestras convicciones, más allá del punto de vista honesto
 del deseo ferviente. Si no anhelamos en secreto Exagera­ciones
 y no luchamos abiertamente por lograr todo lo en público
9 que pedimos, nuestras oraciones son “vanas repeticiones”,
 tales como las que usan los gentiles. Si nuestras peticiones
 son sinceras, nos esforzamos por lo que pedimos; y nuestro
12 Padre, que ve en lo secreto, nos recompensará abiertamente.
 ¿Puede la mera expresión pública de nuestros deseos incre-
 mentarlos? ¿Ganamos el oído omnipotente más pronto
15 mediante palabras que mediante pensamientos? Aunque la
 oración sea sincera, Dios conoce nuestra necesidad antes de
 que se la digamos a Él o a nuestros semejantes. Si abrigamos
18 el deseo honesta y callada y humildemente, Dios lo bende-
 cirá, y correremos menos riesgo de abrumar nuestras aspira-
 ciones verdaderas con un torrente de palabras.


21 Si oramos a Dios como a una persona corpórea, esto nos
 impedirá renunciar a las dudas y temores humanos que
 acompañan tal creencia, y así no podemos captar La ignorancia
24 las maravillas elaboradas por el Amor infinito e
 incorpóreo, para quien todas las cosas son posibles. Debido
 a la ignorancia humana acerca del Principio divino, el Amor,
27 el Padre de todos es representado como un creador corpóreo;
 por esto los hombres se reconocen a sí mismos como mera-
 mente físicos, y son ignorantes acerca del hombre como
30 imagen o reflejo de Dios, y de la existencia incorpórea y
 eterna del hombre. El mundo del error es ignorante acerca del
 mundo de la Verdad —está ciego a la realidad de la existen-
33 cia del hombre— porque el mundo de lo sensorio no tiene
 conocimiento de que la vida está en el Alma, no en el cuerpo.



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1 Si estamos sensoriamente con el cuerpo y consideramos
 la omnipotencia como una persona corpórea y material cuyo
3 oído quisiéramos ganar, no estamos “ausentes
 del cuerpo” y “presentes con el Señor”* en la
 demostración del Espíritu. No podemos “servir a dos seño-
6 res”. Estar “presentes con el Señor”* es tener, no meros
 éxtasis emotivo o fe, sino la real demostración y comprensión
 de la Vida como son reveladas en la Ciencia Cristiana. Estar
9 “con el Señor” es obedecer la ley de Dios, estar gobernados
 absolutamente por el Amor divino, por el Espíritu, no por la
 materia.


12 Toma consciencia por un solo momento de que la Vida
 y la inteligencia son puramente espirituales —ni están en la
 materia ni son de ella— y el cuerpo entonces no Consciencia
15 proferirá ninguna queja. Si estás sufriendo por espirituali­zada
 una creencia en la enfermedad, repentinamente te encontra-
 rás bien. El pesar se convierte en gozo cuando el cuerpo es
18 controlado por la Vida, la Verdad y el Amor espirituales. De
 ahí la esperanza que concede la promesa de Jesús: “El que en
 mí cree, las obras que yo hago, él las hará también;... porque
21 yo voy al Padre”, —[porque el Ego está ausente del cuerpo
 y presente con la Verdad y el Amor]. La Oración del Señor
 (el Padre Nuestro) es la oración del Alma, no del sentido
24 material.


 Enteramente separada de la creencia y el sueño de la
 vida material, está la Vida divina, revelando la comprensión
27 espiritual y la consciencia del señorío del hombre sobre
 toda la tierra. Esta comprensión echa fuera el error y sana
 a los enfermos, y con ella puedes hablar “como quien tiene
30 autoridad”.


 “Cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta,
 *Según Versión Moderna de la Biblia



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1 ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo
 secreto te recompensará en público”.


3 Así habló Jesús. El aposento simboliza el santuario del
 Espíritu, cuya puerta se cierra al sentido pecaminoso mas deja
 entrar la Verdad, la Vida y el Amor. Cerrada para Santuario
6 el error, está abierta para la Verdad, y viceversa. espiritual
 El Padre en secreto es invisible a los sentidos físicos, pero
 Él sabe todas las cosas y recompensa según los motivos, no
9 según el discurso. Para entrar en el corazón de la oración,
 la puerta de los sentidos que yerran tiene que estar cerrada.
 Los labios deben estar mudos y el materialismo silencioso,
12 para que el hombre pueda tener audiencia con el Espíritu,
 el Principio divino, el Amor, que destruye todo error.


 Para orar correctamente, debemos entrar en el aposento
15 y cerrar la puerta. Debemos cerrar los labios y silenciar
 los sentidos materiales. En el santuario callado Invocación
 de las aspiraciones sinceras, debemos negar el
18 pecado y declarar la totalidad de Dios. Debemos resolvernos
 a tomar la cruz, y con corazones honestos salir a trabajar y
 velar por la sabiduría, la Verdad y el Amor. Debemos “orar
21 sin cesar”. Tal oración es respondida en la medida en que
 llevemos nuestros deseos a la práctica. El mandato del
 Maestro es que oremos en secreto y dejemos que nuestras
24 vidas atestigüen nuestra sinceridad.


 Los cristianos se regocijan en belleza y abundancia
 secretas, ocultas para el mundo, pero conocidas de Dios.
27 El olvido de uno mismo, la pureza y el afecto
 son oraciones constantes. La práctica no la
 profesión, la comprensión no la creencia, ganan el oído y la
30 diestra de la omnipotencia y seguramente hacen descender
 bendiciones infinitas. Ser digno de confianza es el funda-
 mento de la fe iluminada. Sin una capacitación para la
33 santidad, no podemos recibir la santidad.



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1 Un gran sacrificio de las cosas materiales tiene que prece-
 der a este entendimiento espiritual avanzado. La oración más
3 elevada no es una de fe meramente; es demos-
 tración. Tal oración sana la enfermedad, y debe más elevada
 destruir el pecado y la muerte. Distingue entre la Verdad que
6 es impecable y la falsedad del sentido pecaminoso.


 Nuestro Maestro enseñó a sus discípulos una breve ora-
 ción, que llamamos en su honor la Oración del Señor (el Padre
9 Nuestro). Nuestro Maestro dijo: “Vosotros, pues,
 oraréis así”, y luego dio esa oración que cubre
 todas las necesidades humanas. Hay, por cierto, algunas
12 dudas entre los eruditos de la Biblia sobre si la última línea no
 fue añadida a la oración por algún copista posterior; pero esto
 no afecta el significado de la oración en sí.


15 En la frase: “Líbranos del mal”, el original dice apro-
 piadamente: “Líbranos del maligno”. Esta lectura fortalece
 nuestra comprensión científica de la petición, porque la
18 Ciencia Cristiana nos enseña que “el maligno”, o el único mal,
 no es sino otro nombre para la primera mentira y todos los
 mentirosos.


21 Sólo a medida que nos elevamos por encima de toda
 sensación material y de todo pecado, podemos alcanzar la
 celestial aspiración y consciencia espiritual que están indica-
24 das en la Oración del Señor (el Padre Nuestro) y que sanan
 instantáneamente a los enfermos.


 Permítaseme dar aquí lo que entiendo que es el sentido
27 espiritual de la Oración del Señor (el Padre Nuestro):
 Padre nuestro que estás en los cielos,


 Nuestro Padre-Madre Dios, todo-armonioso,
30 Santificado sea Tu nombre.


 Único adorable.
 Venga Tu reino.


33 Tu reino ha venido; Tú estás siempre presente.



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1 Hágase Tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.


 Capacítanos para saber que —como en el cielo, así


3 también en la tierra— Dios es omnipotente, supremo.
 El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy;


 Danos gracia para hoy; alimenta los afectos hambrientos;
6 Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros
 perdonamos a nuestros deudores.


 Y el Amor es reflejado en el amor;
9 Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal.


 Y Dios no nos mete en tentación, sino que nos libra del


 pecado, la enfermedad, y la muerte.
12 Porque Tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos
 los siglos.


 Porque Dios es infinito, todo poder, todo Vida, Verdad,


15 Amor, está sobre todo, y es Todo.





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Capítulo 2 — La expiación y la eucaristía




Pero los que son de Cristo han crucificado la carne
con sus pasiones y deseos. — Pablo.


Pues no me envió Cristo a bautizar,
sino a predicar el evangelio. — Pablo.


Porque os digo
que no beberé más del fruto de la vid,
hasta que el reino de Dios venga. — Jesús.


1 La expiación es la ejemplificación de la unidad del hombre
 con Dios, por la cual el hombre refleja la Verdad, la Vida
3 y el Amor divinos. Jesús de Nazaret enseñó y demostró la
 unidad del hombre con el Padre, y por esto le debemos
 homenaje sin fin. Su misión fue a la vez indivi-
6 dual y colectiva. Él hizo bien la obra de la vida, divina
 no sólo en justicia para consigo mismo, sino por misericordia
 para con los mortales, para mostrarles cómo hacer la de ellos,
9 pero no para hacerla por ellos ni para eximirlos de ninguna
 responsabilidad. Jesús obró osadamente, en contra de la
 evidencia acreditada de los sentidos, en contra de los credos y
12 las prácticas farisaicos, y refutó a todos los oponentes con su
 poder sanador.


 La expiación de Cristo reconcilia al hombre con Dios, no
15 a Dios con el hombre; porque el Principio divino del Cristo
 es Dios, ¿y cómo puede Dios propiciarse a Sí
 mismo? El Cristo es la Verdad, que no alcanza humana
18 más allá de sí misma. La fuente no puede elevarse más
 alto que su origen. El Cristo, la Verdad, no podía conciliar
 ninguna naturaleza por encima de la suya, derivada del



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1 Amor eterno. Fue por tanto, el propósito de Cristo reconci-
 liar al hombre con Dios, no a Dios con el hombre. El Amor
3 y la Verdad no están en guerra con la imagen y semejanza
 de Dios. El hombre no puede exceder el Amor divino, y
 así expiar por sí mismo. Ni aun el Cristo puede reconciliar
6 la Verdad con el error, porque la Verdad y el error son
 irreconciliables. Jesús ayudó a reconciliar al hombre con
 Dios dando al hombre un sentido más acertado del Amor,
9 el Principio divino de las enseñanzas de Jesús, y este sentido
 más acertado del Amor redime al hombre de la ley de la
 materia, del pecado y de la muerte, por la ley del Espíritu, la
12 ley del Amor divino.


 El Maestro no se abstuvo de decir toda la verdad, decla-
 rando precisamente lo que destruiría la enfermedad, el pecado
15 y la muerte, aunque sus enseñanzas provocaron disensión en
 las familias y trajeron a las creencias materiales no la paz, sino
 una espada.


18 Toda angustia de arrepentimiento y sufrimiento, todo
 esfuerzo de reforma, todo pensamiento bueno y obra buena,
 nos ayudarán a comprender la expiación de Jesús Arrepenti­miento
21 por el pecado, y contribuirán a su eficacia; pero eficaz
 si el pecador continúa orando y arrepintiéndose, pecando y
 lamentándolo, tiene poca parte en la expiación —en el
24 a-una-miento con Dios— porque le falta el arrepentimiento
 práctico que reforma el corazón y capacita al hombre para
 hacer la voluntad de la sabiduría. Aquellos que no pueden
27 demostrar, por lo menos en parte, el Principio divino de las
 enseñanzas y de la práctica de nuestro Maestro, no tienen
 parte en Dios. Si vivimos en desobediencia a Él, no debiéra-
30 mos sentir seguridad, pese a que Dios es bueno.


 Jesús urgió el mandamiento: “No tendrás
 dioses ajenos delante de mí”, lo que puede


33 interpretarse: No tendrás creencia de que la Vida
 es mortal; no conocerás el mal, porque hay una sola Vida,



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1 a saber, Dios, el bien. Él dio “a César lo que es de César, y
 a Dios lo que es de Dios”. Por último, él no rindió ningún
3 homenaje a formas de doctrina ni a teorías de los hombres,
 sino que actuó y habló según se sentía movido, no por
 espíritus, sino por el Espíritu.


6 Al sacerdote ritualista y al fariseo hipócrita, Jesús dijo:
 “Los publicanos y las rameras van delante de vosotros al
 reino de Dios”. La historia de Jesús hizo un nuevo calendario
9 que llamamos la era cristiana; pero él no estableció adoración
 ritualista alguna. Sabía que los hombres pueden ser bauti-
 zados, participar de la eucaristía, apoyar al clero, observar
12 el día de reposo, hacer largas oraciones y, sin embargo, ser
 sensuales y pecaminosos.


 Jesús sobrellevó nuestras flaquezas; conocía el error de la
15 creencia mortal, y “por sus llagas [el rechazo del error]
 nosotros sanamos”.* “Despreciado y desechado Ejemplo
 entre los hombres”, devolviendo bendiciones
18 por maldiciones, enseñó a los mortales lo opuesto de ellos
 mismos, o sea, la naturaleza de Dios; y cuando el error sintió
 el poder de la Verdad, el azote y la cruz esperaban al gran
21 Maestro. Sin embargo, no se desvió de su camino, sabiendo
 bien que obedecer el mandato divino y confiar en Dios,
 ahorra desandar lo andado y recorrer de nuevo el sendero
24 que va del pecado a la santidad.


 La creencia material es lenta en reconocer lo que la
 realidad espiritual implica. La verdad es el centro de toda
27 religión. Ella ordena una segura entrada al reino Precepto
 del Amor. San Pablo escribió: “Despojémonos
 de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con
30 paciencia la carrera que tenemos por delante”; esto es, ponga-
 mos a un lado el yo y el sentido materiales, y busquemos el
 Principio y la Ciencia divinos de toda curación.
 *Según Versión Moderna de la Biblia



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1 Si la Verdad está venciendo el error en tu andar y conver-
 sación diarios, finalmente puedes decir: “He peleado la buena
3 batalla... he guardado la fe”, porque eres un
 hombre mejor. Esto es tener nuestra parte en el moral
 a-una-miento con la Verdad y el Amor. Los cristianos no
6 continúan laborando y orando con la expectativa de que
 gracias a la bondad, el sufrimiento y el triunfo de otro,
 alcanzarán la armonía y la recompensa de este.


9 Si el discípulo está avanzando espiritualmente, está
 esforzándose por entrar. Se aparta constantemente del
 sentido material y mira hacia las cosas imperecederas del
12 Espíritu. Si es honesto, será fervoroso desde el comienzo y
 ganará un poco cada día en la dirección correcta, hasta que
 al fin acabe su curso con gozo.


15 Si mis amigos van a Europa, mientras voy rumbo a
 California, no estamos viajando juntos. Tenemos horarios
 distintos que consultar, rutas diferentes que
18 seguir. Nuestros caminos han divergido desde inarmónicos
 la salida misma, y tenemos poca oportunidad de ayudarnos
 los unos a los otros. Por el contrario, si mis amigos siguen
21 mi curso, tenemos las mismas guías ferroviarias, y nuestros
 intereses mutuos son idénticos; o, si sigo su itinerario, me
 ayudan, y nuestro compañerismo puede continuar.


24 Al simpatizar con la materia, el hombre mundano está a
 las órdenes del error y se sentirá atraído hacia el error.
 Es como un viajero que va hacia el oeste en un
27 viaje de placer. La compañía es fascinante y los zigzagueante
 placeres, excitantes. Después de seguir el sol durante seis días,
 se vuelve hacia el este en el séptimo, satisfecho con sólo imagi-
30 narse que su rumbo impreciso va en la dirección correcta.
 Poco después, avergonzado de su curso zigzagueante,



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1 quisiera pedir prestado el pasaporte a algún peregrino más
 sabio, pensando que con la ayuda de este, encontrará y
3 seguirá el buen camino.


 Si oscilamos como un péndulo entre el pecado y la
 esperanza de perdón —mientras el egoísmo y la sensualidad
6 causan constantes retrocesos— nuestro progreso Retrogradación
 moral será lento. Al despertar a las exigencias
 del Cristo, los mortales experimentan sufrimiento. Esto los
9 obliga, como a quienes se están ahogando, a hacer esfuerzos
 vigorosos por salvarse; y por medio del precioso amor del
 Cristo, estos esfuerzos son coronados con el éxito.


12 “Ocupaos en vuestra salvación”, es la exigencia de la Vida
 y el Amor, porque para este fin Dios obra con vosotros.
 “¡Negociad entre tanto que vengo!” Aguarda tu Aguarda
15 recompensa, y “no os canséis de hacer bien”.
 Si tus esfuerzos son acosados por situaciones atemorizantes y
 no recibes recompensa inmediata, no vuelvas al error, ni te
18 tornes perezoso en la carrera.


 Cuando el humo de la batalla se disipe, discernirás el bien
 que has hecho, y recibirás de acuerdo con tu merecimiento.
21 El Amor no se apresura a librarnos de la tentación, porque el
 propósito del Amor es que seamos probados y purificados.


 La liberación final del error, por la cual nos regocijamos
24 en la inmortalidad, la libertad ilimitada y el sentido sin
 pecado, no se alcanza por senderos de flores ni La redención
 ligando nuestra fe sin obras al esfuerzo vicario. no viene


27 Quienquiera que crea que la ira es justa o que la
 divinidad es apaciguada por el sufrimiento humano, no
 comprende a Dios.


30 La justicia requiere la reforma del pecador. La misericor-
 dia cancela la deuda solamente cuando la justicia lo aprueba.
 La venganza es inadmisible. La ira que sólo está apaciguada



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1 no está destruida, sino parcialmente consentida. La sabiduría
 y el Amor pueden requerir muchos sacrificios del yo para
3 salvarnos del pecado. Un solo sacrificio, por
 grande que sea, es insuficiente para pagar la
 deuda del pecado. La expiación requiere la constante inmo-
6 lación del yo por parte del pecador. Que la ira de Dios se
 desahogara sobre Su Hijo amado es divinamente innatural.
 Tal teoría es hecha por los hombres. La expiación es un
9 problema difícil en la teología, pero su explicación científica
 es que el sufrimiento es un error del sentido pecaminoso que
 la Verdad destruye, y que finalmente tanto el pecado como el
12 sufrimiento caerán a los pies del Amor eterno.


 La tradición rabínica decía: “Aquel que acepte una sola
 doctrina, firme en la fe, tiene el Espíritu Santo morando en
15 él”. Esta prédica recibe una fuerte reprensión
 en las Escrituras: “La fe sin obras está muerta”. y fe
 La fe, si es mera creencia, es como un péndulo que oscila
18 entre nada y algo, sin tener fijeza. La fe, avanzada hasta la
 comprensión espiritual, es la evidencia obtenida del Espíritu,
 que reprende toda clase de pecado y establece las reivindica-
21 ciones de Dios.


 En hebreo, en griego, en latín y en inglés, fe y las palabras
 correspondientes tienen estas dos definiciones: estar lleno de
24 confianza y ser digno de confianza. Una clase
 de fe confía a otros el bienestar propio. La otra mismo y


 clase de fe comprende el Amor divino y cómo
27 ocuparse de la propia “salvación con temor y temblor”.
 “¡Creo; ayuda mi incredulidad!” expresa la impotencia de
 una fe ciega; mientras que el mandato: “¡Cree... y serás salvo!”
30 exige una fe en uno mismo digna de confianza, que incluye la
 comprensión espiritual y confía todo a Dios.


 El verbo hebreo creer significa también ser firme o ser



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1 constante. Esto por cierto se aplica a la Verdad y al Amor
 comprendidos y practicados. La firmeza en el error nunca
3 nos salvará del pecado, la enfermedad y la muerte.


 El conocimiento de los textos originales, y la disposición
 para abandonar las creencias humanas (establecidas por
6 jerarquías e instigadas a veces por las peores
 pasiones de los hombres), abren el camino para sanadoras


 que la Ciencia Cristiana sea comprendida, y
9 hacen de la Biblia la carta de navegación de la vida, donde las
 boyas y las corrientes sanadoras de la Verdad están señaladas.


 Aquel a quien “el brazo del Señor” sea revelado creerá
12 nuestro mensaje, y se elevará a una renovación de vida con
 regeneración. Esto es tener parte en la expiación; Cambios
 esta es la comprensión, en la cual Jesús sufrió y radicales
15 triunfó. No está lejos el momento en que los puntos de vista
 teológicos comunes respecto a la expiación experimentarán
 un gran cambio, un cambio tan radical como el que se ha
18 efectuado en las opiniones populares sobre la predestinación
 y el castigo futuro.


 ¿Considera la teología erudita que la crucifixión de Jesús
21 fue principalmente para proporcionar un perdón fácil a todos
 los pecadores que lo pidan y estén dispuestos a Propósito de
 ser perdonados? ¿Encuentra el espiritismo que la crucifixión
24 la muerte de Jesús fue necesaria sólo para la presentación del
 Jesús material después de la muerte, como una prueba de que
 los espíritus pueden volver a la tierra? Entonces debemos
27 disentir de ambos.


 La eficacia de la crucifixión yació en el afecto y la bondad
 prácticos que demostró para la humanidad. La verdad había
30 sido vivida entre los hombres; pero hasta que no vieron que
 capacitaba a su Maestro para triunfar sobre la tumba, sus
 propios discípulos no pudieron admitir que tal aconteci-
33 miento fuera posible. Después de la resurrección, hasta el



Página 25



1 incrédulo Tomás tuvo que reconocer cuán completa fue la
 gran prueba de la Verdad y el Amor.


3 La esencia espiritual de la sangre es el sacrificio. La
 eficacia de la ofrenda espiritual de Jesús es infinitamente
 mayor de lo que se puede expresar por nuestro Carne y
6 sentido de la sangre humana. La sangre mate-


 rial de Jesús no fue más eficaz para limpiar del
 pecado cuando se derramó en el “madero maldito”, que
9 cuando corría por sus venas al estar diariamente en los
 negocios de su Padre. Su carne y sangre verdaderas eran su
 Vida; y en verdad comen su carne y beben su sangre los que
12 participan de esa Vida divina.


 Jesús enseñó el camino de la Vida por medio de la
 demostración, para que pudiéramos comprender cómo este
15 Principio divino sana a los enfermos, echa fuera Triunfo
 el error y triunfa sobre la muerte. Jesús presentó efectivo
 el ideal de Dios mejor de lo que podría hacerlo cualquier
18 hombre cuyo origen fuera menos espiritual. Por su obedien-
 cia a Dios, él demostró más espiritualmente que todos los
 demás el Principio del ser. De ahí la fuerza de su admoni-
21 ción: “Si me amáis, guardad mis mandamientos”.


 Aunque demostraba su control sobre el pecado y la
 enfermedad, el gran Maestro de ningún modo eximió a los
24 demás de dar las pruebas indispensables de su propia piedad.
 Trabajó para guiarlos, a fin de que pudiesen demostrar este
 poder como él lo hizo y comprender el Principio divino de
27 este poder. Una fe implícita en el Maestro y todo el amor
 emocional que podamos concederle, jamás nos harán por sí
 solos sus imitadores. Tenemos que ir y hacer lo mismo, de lo
30 contrario, no estamos aprovechando al máximo las grandes
 bendiciones por las que nuestro Maestro trabajó y sufrió para
 concedernos. La divinidad del Cristo fue manifestada en la
33 humanidad de Jesús.



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1 Aun cuando adoramos a Jesús, y el corazón rebosa de
 gratitud por lo que hizo por los mortales —caminando a solas
3 por su sendero de amor hasta el trono de gloria, Experiencia
 en silenciosa agonía explorando el camino para individual
 nosotros— pese a ello, Jesús no nos ahorra ni una sola
6 experiencia individual, si seguimos fielmente sus mandatos;
 y todos tienen que beber la copa del doloroso esfuerzo en
 proporción a su demostración del amor de Jesús, hasta que
9 todos son redimidos a través del Amor divino.


 El Cristo era el Espíritu al que Jesús aludió en sus propias
 declaraciones: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida”; “Yo y
12 el Padre uno somos”. Este Cristo, o divinidad
 del hombre Jesús, era su naturaleza divina, la
 santidad que lo animaba. La Verdad, la Vida y el Amor divi­
15 nos le daban a Jesús autoridad sobre el pecado, la enfermedad
 y la muerte. Su misión fue revelar la Ciencia del ser celestial,
 comprobar lo que Dios es y lo que Él hace por el hombre.


18 Un músico demuestra la belleza de la música que enseña
 a fin de mostrar al alumno la manera de aprenderla, tanto por
 la práctica como por el precepto. La enseñanza Prueba en
21 y la práctica de la Verdad realizadas por Jesús
 entrañaban tal sacrificio que nos obligan a admitir que el
 Principio de estas era el Amor. Este fue el precioso signifi-
24 cado de la carrera impecable de nuestro Maestro y de su
 demostración de poder sobre la muerte. Él comprobó
 mediante sus obras que la Ciencia Cristiana destruye la
27 enfermedad, el pecado y la muerte.


 Nuestro Maestro no enseñó una mera teoría, doctrina
 o creencia. Fue el Principio divino de todo ser real lo que
30 enseñó y practicó. Su prueba del cristianismo no fue una
 forma o un sistema de religión y adoración, sino la Ciencia
 Cristiana, resolviendo la armonía de la Vida y el Amor.



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1 Jesús envió un mensaje a Juan el Bautista, cuya intención
 era comprobar fuera de toda duda que el Cristo había
3 venido: “Id, haced saber a Juan lo que habéis visto y oído: los
 ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los
 sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es
6 anunciado el evangelio”. En otras palabras: Decid a Juan lo
 que es la demostración del poder divino, e inmediatamente
 percibirá que Dios es el poder en la obra mesiánica.


9 Jesús comprobó que la Vida es Dios mediante su reapari-
 ción después de la crucifixión, en estricta conformidad con
 su declaración científica: “Destruid este templo Templo
12 [el cuerpo], y en tres días [Yo, el Espíritu] lo
 levantaré”. Es como si hubiera dicho: El Yo —la Vida, la
 sustancia y la inteligencia del universo— no está en la mate-
15 ria para ser destruido.


 Las parábolas de Jesús explican que la Vida jamás se
 mezcla con el pecado y la muerte. Él puso el hacha de la
18 Ciencia a la raíz del conocimiento material, para que estu-
 viera lista para derribar la falsa doctrina del panteísmo: que
 Dios, o la Vida, está en la materia o procede de ella.


21 Jesús envió una vez setenta discípulos, pero sólo once
 dejaron registros históricos deseables. La tradición le atri-
 buye otros doscientos o trescientos discípulos
24 que no dejaron nombre. “Muchos son llama-
 dos, y pocos escogidos”. Ellos cayeron de la gracia porque
 nunca comprendieron verdaderamente la instrucción de su
27 Maestro.


 ¿Por qué aquellos que profesan seguir a Cristo rechazan
 la religión esencial que vino a establecer? Los perseguidores
30 de Jesús dirigieron su ataque más fuerte precisamente contra
 este punto. Se esforzaron por mantenerlo a merced de la
 materia y matarlo de acuerdo con ciertas supuestas leyes
33 materiales.



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1 Los fariseos pretendían conocer y enseñar la voluntad
 divina, pero sólo obstaculizaban el éxito de la misión de Jesús.
3 Incluso muchos de sus alumnos le obstruían el Ayuda y
 camino. Si el Maestro no hubiera tenido ningún estorbo
 alumno ni enseñado las realidades no visibles de Dios, no
6 hubiera sido crucificado. La determinación de mantener el
 Espíritu en las garras de la materia es el perseguidor de la
 Verdad y el Amor.


9 Aun cuando se respete todo lo que es bueno en la Iglesia
 o fuera de ella, la consagración al Cristo tiene que ver más
 con la demostración que con la profesión. Honradamente,
12 no podemos aferrarnos a creencias ya superadas; y compren-
 der más acerca del Principio divino del Cristo imperecedero,
 nos capacita para sanar a los enfermos y triunfar sobre el
15 pecado.


 Ni el origen, el carácter, ni la obra de Jesús, fueron gene-
 ralmente comprendidos. Ni una sola parte constitutiva de su
18 naturaleza fue juzgada con acierto por el mundo Conceptos
 material. Ni siquiera su justicia y pureza impi-
 dieron que los hombres dijeran: Es un comilón y amigo de
21 los impuros, y Beelzebú es su patrón.


 ¡Recuerda, tú, mártir cristiano, que es suficiente si se te
 halla digno de desatar las sandalias de tu Maestro! Suponer
24 que la persecución por causa de la justicia perte-
 nece al pasado, y que hoy el cristianismo está en se prolonga
 paz con el mundo porque es honrado por sectas y sociedades,
27 es equivocar la naturaleza misma de la religión. El error se
 repite a sí mismo. Los desafíos enfrentados por los profetas,
 discípulos y apóstoles, “de los cuales el mundo no era digno”,
30 esperan, en alguna forma, a todo pionero de la verdad.


 Hay demasiado valor animal en la sociedad y no



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1 suficiente valor moral. Los cristianos tienen que tomar
 las armas contra el error en el hogar y fuera de él. Tienen
3 que combatir el pecado en sí mismos y en los
 demás, y continuar esta guerra hasta que hayan cristiana
 acabado su curso. Si mantienen la fe, tendrán la corona de
6 regocijo.


 La experiencia cristiana enseña a tener fe en lo correcto
 y a no creer en lo incorrecto. Nos ordena trabajar con
9 mayor celo en tiempos de persecución, porque entonces
 nuestra labor es más necesaria. Grande es la recompensa del
 sacrificio propio, aunque quizás nunca la recibamos en este
12 mundo.


 Hay una tradición que dice que Publio Léntulo escribió a
 las autoridades en Roma: “Los discípulos de Jesús creen que
15 él es el Hijo de Dios”. Aquellos instruidos en la La Paterni­dad
 Ciencia Cristiana han alcanzado la gloriosa
 percepción de que Dios es el único autor del hombre. La
18 Virgen‐madre concibió esta idea de Dios, y le dio a su ideal el
 nombre de Jesús, es decir, Josué, o Salvador.


 La iluminación del sentido espiritual de María silenció la
21 ley material y su orden de generación, y dio a luz a su hijo por
 la revelación de la Verdad, demostrando a Dios Concepción
 como el Padre de los hombres. El Espíritu Santo, espiritual
24 o Espíritu divino, cubrió con su sombra el sentido puro de la
 Virgen‐madre con el pleno reconocimiento de que el ser es
 Espíritu. El Cristo siempre moró como una idea en el seno
27 de Dios, el Principio divino del hombre Jesús, y la mujer
 percibió esta idea espiritual, aunque al principio levemente
 desarrollada.


30 El hombre como vástago de Dios, como la idea del
 Espíritu, es la evidencia inmortal de que el Espíritu es armo-
 nioso y el hombre es eterno. Jesús fue el vástago de la



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1 consciente comunión que María tuvo de sí misma con Dios.
 De ahí que él pudo dar una idea más espiritual de la vida que
3 otros hombres, y pudo demostrar la Ciencia del Amor, su
 Padre o el Principio divino.


 Nacido de una mujer, el advenimiento de Jesús a la carne
6 participó, en parte, de las condiciones terrenales de María,
 aunque estaba dotado del Cristo, el Espíritu
 divino, sin medida. Esto explica sus luchas en mostrador


9 Getsemaní y en el Calvario, y esto lo capacitó
 para ser el mediador, o mostrador del camino, entre Dios y los
 hombres. Si su origen y nacimiento hubiesen estado comple-
12 tamente apartados de la usanza de los mortales, Jesús no
 hubiera sido percibido por la mente mortal como “el camino”.


 Los rabinos y los sacerdotes enseñaron la ley mosaica que
15 decía: “Ojo por ojo”, y “El que derramare sangre de hombre,
 por el hombre su sangre será derramada”. No fue así como
 Jesús, el nuevo ejecutor para Dios, presentó la ley divina del
18 Amor, que bendice aun aquellos que la maldicen.


 Como el ideal individual de la Verdad, Cristo Jesús vino a
 reprender el error rabínico y todo pecado, enfermedad y
21 muerte: a señalar el camino de la Verdad y la
 Vida. Este ideal fue demostrado durante toda provechosas
 la carrera terrenal de Jesús, mostrando la diferencia entre los
24 vástagos del Alma y los del sentido material, los de la Verdad
 y los del error.


 Si hemos triunfado suficientemente sobre los errores del
27 sentido material como para permitir que el Alma mantenga el
 control, aborreceremos el pecado y lo reprobaremos bajo toda
 máscara. Sólo de este modo podemos bendecir a nuestros
30 enemigos, aunque ellos quizás no interpreten así nuestras
 palabras. No podemos escoger por nosotros mismos, sino
 que debemos ocuparnos en nuestra salvación de la manera
33 que Jesús enseñó. En mansedumbre y poder, se lo hallaba



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1 predicando el evangelio a los pobres. El orgullo y el temor
 no están capacitados para llevar el estandarte de la Verdad,
3 y Dios jamás lo pondrá en tales manos.


 Jesús no reconoció ningún vínculo con la carne. Dijo:
 “No llaméis padre vuestro a nadie en la tierra; porque uno es
6 vuestro Padre, el que está en los cielos”. Otra vez Los vínculos
 preguntó: “¿Quién es mi madre, y quiénes son


 mis hermanos?”, dando a entender que lo son
9 aquellos que hacen la voluntad de su Padre. No tenemos
 ningún registro de que llamara a hombre alguno por el
 nombre de padre. Reconocía al Espíritu, Dios, como el único
12 creador, y por tanto, el Padre de todos.


 Primero en la lista de los deberes cristianos, él enseñó a
 sus seguidores el poder sanador de la Verdad y el Amor. Él
15 no atribuyó ninguna importancia a las ceremo-
 nias muertas. Es el Cristo viviente, la Verdad
 práctica, lo que hace que Jesús sea “la resurrección y la vida”
18 para todos los que lo siguen con sus propias obras. Obede­
 ciendo sus preciosos preceptos —siguiendo su demostración
 en la medida en que la comprendamos— bebemos de su
21 copa, participamos de su pan, somos bautizados con su
 pureza; y finalmente descansaremos, nos sentaremos con él,
 en una plena comprensión del Principio divino que triunfa
24 sobre la muerte. Pues, ¿qué dice Pablo? “Todas las veces que
 comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor
 anunciáis hasta que él venga”.


27 Refiriéndose al materialismo de la época, Jesús dijo:
 “La hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores
 adorarán al Padre en espíritu y en verdad”. Otra Perspectiva
30 vez, previendo la persecución que acompañaría dolorosa
 la Ciencia del Espíritu, Jesús dijo: “Os expulsarán de las
 sinagogas; y aun viene la hora cuando cualquiera que os



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1 mate, pensará que rinde servicio a Dios. Y harán esto porque
 no conocen al Padre ni a mí”.


3 En la Roma antigua se requería que un soldado jurara
 lealtad a su general. La palabra latina para este juramento
 era sacramentum, la palabra en inglés sacra-
6 ment (sacramento) deriva de ella. Entre los
 judíos era una antigua costumbre que en una fiesta, el maes-
 tro de ceremonias pasara a cada convidado una copa de vino.
9 Pero la eucaristía no conmemora el juramento de un soldado
 romano, ni era el vino, servido en convites y usado en ritos
 judaicos, la copa de nuestro Señor. La copa indica su amarga
12 experiencia, la copa que oró para que pasase de él, aunque se
 inclinó en santa sumisión al decreto divino.


 “Mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo
15 partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi
 cuerpo. Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio,
 diciendo: Bebed de ella todos”.


18 El verdadero sentido se pierde espiritualmente, si el
 sacramento es confinado al uso de pan y de vino. Los discí-
 pulos habían comido, sin embargo, Jesús oró y
21 les dio pan. Esto hubiera sido absurdo en un
 sentido literal; pero en su significado espiritual fue natural y
 bello. Jesús oró; se retiró de los sentidos materiales para
24 refrescar su corazón con vistas más luminosas, con vistas
 espirituales.


 La Pascua, que Jesús celebró con sus discípulos en el mes de
27 Nisán, en la víspera de su crucifixión, fue un acontecimiento
 luctuoso, una cena triste tomada al declinar el
 día, en el crepúsculo de una gloriosa carrera
30 mientras las tinieblas descendían rápidamente en derredor;



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1 y esta cena puso fin para siempre al ritualismo de Jesús o sus
 concesiones a la materia.


3 Sus seguidores, tristes y silenciosos, previendo la hora de
 la traición a su Maestro, participaron del maná celestial que
 antaño había alimentado en el desierto a los
6 perseguidos seguidores de la Verdad. Su pan
 efectivamente descendió del cielo. Era la gran verdad del ser
 espiritual que sanaba a los enfermos y echaba fuera el error.
9 Su Maestro la había explicado toda antes, y ahora este pan los
 alimentaba y sostenía. Habían llevado este pan de casa en
 casa, partiéndolo (explicándolo) a los demás, y ahora los
12 confortaba a ellos mismos.


 Por esta verdad del ser espiritual, su Maestro estaba a
 punto de sufrir violencia y apurar hasta el fondo su copa de
15 pesar. Debía dejarlos. Con la gran gloria de una victoria
 eterna cubriéndolo con su sombra, dio gracias y dijo: “Bebed
 de ella todos”.


18 Cuando el elemento humano en él luchaba con el divino,
 nuestro gran Maestro dijo: “¡No se haga mi voluntad, sino la
 Tuya!”, a saber: No sea la carne, sino el Espíritu, La lucha
21 lo que esté representado en mí. Esta es la nueva santa
 comprensión del Amor espiritual. Da todo por el Cristo, o la
 Verdad. Bendice a sus enemigos, sana a los enfermos, echa
24 fuera el error, resucita a los muertos de sus delitos y pecados
 y predica el evangelio a los pobres, a los mansos de corazón.


 Cristianos, ¿estáis bebiendo su copa? ¿Habéis compar-
27 tido la sangre del Nuevo Pacto, las persecuciones que acom-
 pañan una comprensión nueva y más elevada
 de Dios? Si no es así, ¿podéis decir que habéis incisivas
30 conmemorado a Jesús en su copa? Todos los que comen
 pan y beben vino en memoria de Jesús, ¿están realmente



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1 dispuestos a beber su copa, tomar su cruz y dejar todo por el
 principio-Cristo? ¿Por qué atribuir entonces esta inspiración
3 a un rito muerto, en vez de mostrar, echando fuera el error y
 haciendo el cuerpo “santo, agradable a Dios”, que la Verdad
 ha venido al entendimiento? Si el Cristo, la Verdad, ha
6 venido a nosotros en la demostración, no se requiere ninguna
 otra conmemoración, pues la demostración es Emanuel, o
 Dios con nosotros; y si un amigo está con nosotros, ¿por qué
9 necesitamos rememoraciones de ese amigo?


 Si todos los que alguna vez compartieron el sacramento
 hubieran realmente conmemorado los sufrimientos de Jesús
12 y bebido de su copa, habrían revolucionado el
 mundo. Si todos los que buscan conmemorarlo del milenio
 por medio de símbolos materiales tomaran la cruz, sanaran a
15 los enfermos, echaran fuera los males y anunciaran el Cristo,
 o la Verdad, a los pobres —el pensamiento receptivo— trae-
 rían el reinado de los mil años.


18 Por todo lo que los discípulos experimentaron, se volvie-
 ron más espirituales y comprendieron mejor lo que el Maestro
 había enseñado. Su resurrección fue también la Confraternidad
21 resurrección de ellos. Los ayudó a elevarse a sí con Cristo
 mismos y a otros del embotamiento espiritual y de la creen-
 cia ciega en Dios a la percepción de posibilidades infinitas.
24 Necesitaban esta vivificación, pues pronto su querido Maestro
 se elevaría de nuevo en el reino espiritual de la realidad, y
 ascendería mucho más de lo que ellos podían percibir. Como
27 recompensa por su fidelidad, él iba a desaparecer para el
 sentido material en aquel cambio que desde entonces ha sido
 llamado la ascensión.


30 ¡Qué contraste entre la última cena de nuestro Señor y su
 último desayuno espiritual con sus discípulos
 en las radiantes horas matutinas, en la gozosa
33 reunión sobre la ribera del mar de Galilea! Su tristeza



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1 se había convertido en gloria, y la aflicción de sus discípulos
 en arrepentimiento, los corazones disciplinados y el orgullo
3 reprendido. Convencidos de la infructuosidad de su labor
 en las tinieblas y despertados por la voz de su Maestro,
 cambiaron sus métodos, se apartaron de las cosas materiales
6 y echaron su red a la derecha. Al discernir de una nueva
 manera al Cristo, la Verdad, en la ribera del tiempo, fueron
 capacitados para elevarse un tanto desde la sensación mortal,
9 o el entierro de la mente en la materia, hacia la renovación de
 la vida como Espíritu.


 Esta reunión espiritual con nuestro Señor, en el amanecer
12 de una nueva luz, es el alimento matutino que los Científicos
 Cristianos conmemoran. Ellos se inclinan ante el Cristo,
 la Verdad, para recibir más de su reaparición y comulgar
15 en silencio con el Principio divino, el Amor. Celebran la
 victoria de su Señor sobre la muerte, su probación en la carne
 después de la muerte, la ejemplificación de la probación
18 humana, y su ascensión espiritual y final sobre la materia, o
 la carne, cuando se elevó fuera de la vista material.


 Nuestro bautismo es una purificación de todo error.
21 Nuestra iglesia está edificada sobre el Principio divino, el
 Amor. Podemos unirnos a esta iglesia sólo a
 medida que nazcamos de nuevo en el Espíritu, espiritual
24 a medida que alcancemos la Vida que es Verdad y la Verdad
 que es Vida, produciendo los frutos del Amor, echando fuera
 el error y sanando a los enfermos. Nuestra eucaristía es la
27 comunión espiritual con el único Dios. Nuestro pan, “que
 desciende del cielo”, es la Verdad. Nuestra copa es la cruz.
 Nuestro vino, la inspiración del Amor, el trago que nuestro
30 Maestro bebió y encomendó a sus seguidores.


 El designio del Amor es reformar al pecador. Si aquí
 el castigo del pecador ha sido insuficiente para reformarlo,
33 el cielo del hombre bueno sería un infierno para el



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1 pecador. Aquellos que no conocen la pureza y el afecto por
 experiencia nunca pueden hallar la felicidad en la bendita
3 compañía de la Verdad y el Amor simplemente Propósito
 mediante la traslación a otra esfera. La Ciencia final
 divina revela la necesidad de sufrimiento suficiente, ya sea
6 antes o después de la muerte, para extinguir el amor al
 pecado. Condonar la pena correspondiente al pecado, sería
 como si la Verdad perdonara el error. Escapar del castigo no
9 está de acuerdo con el gobierno de Dios, puesto que la justicia
 es la sierva de la misericordia.


 Jesús soportó la afrenta a fin de poder derramar sus
12 tesoros caramente adquiridos sobre las vidas estériles.
 ¿Cuál fue su recompensa terrenal? Fue abandonado por
 todos, excepto por Juan, el discípulo amado, y unas pocas
15 mujeres que se inclinaron en silenciosa congoja a la sombra
 de su cruz. El precio terrenal de la espiritualidad en una
 época material y la gran distancia moral entre el cristianismo
18 y el sensualismo impiden que la Ciencia Cristiana goce del
 favor de los de pensamiento mundano.


 Una mente egoísta y limitada puede ser injusta, pero la
21 Mente ilimitada y divina es la ley inmortal de la justicia así
 como de la misericordia. Tan imposible es que Retribución
 los pecadores reciban su pleno castigo de este
24 lado de la tumba, como que este mundo conceda a los justos su
 plena recompensa. Es inútil suponer que los malvados puedan
 deleitarse en sus faltas hasta el último momento y luego ser
27 perdonados de repente y empujados al cielo, o que la mano del
 Amor se satisfaga con darnos sólo fatigas, sacrificios, cruces
 que llevar, desafíos multiplicados y el escarnio de nuestros
30 motivos a cambio de nuestros esfuerzos por obrar bien.


 La historia de la religión se repite a sí misma Sufrimiento
 en el sufrimiento de los justos por los injustos.
33 ¿Puede Dios, por lo tanto, pasar por alto la ley de la justicia



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1 que destruye la creencia llamada pecado? ¿No muestra la
 Ciencia que el pecado trae sufrimiento tanto hoy como ayer?
3 Los que pecan tienen que sufrir. “Con la medida con que
 medís, os será medido”.


 La historia está llena de registros de sufrimiento. “La
6 sangre de los mártires es la simiente de la Iglesia”. Los mortales
 tratan en vano de matar la Verdad con el acero Inevitable que
 o la hoguera, mas el error cae solamente ante la haya mártires
9 espada del Espíritu. Los mártires son los eslabones humanos
 que conectan una etapa con otra en la historia de la religión.
 Son los luminares de la tierra, que sirven para depurar y
12 rarefacer la atmósfera del sentido material e impregnar a la
 humanidad de ideales más puros. La consciencia de obrar
 bien trae su propia recompensa; pero no es en medio del
15 humo de la batalla que el mérito es visto y apreciado por los
 espectadores.


 ¿Cuándo aprenderán los que profesan ser seguidores de
18 Jesús a emularlo en todo y a imitar sus poderosas obras?
 Aquellos que procuraron el martirio de ese
 hombre justo gustosamente hubieran conver-
21 tido su sagrada carrera en una plataforma doctrinaria muti-
 lada. ¡Quieran los cristianos de hoy abrazar el significado
 más práctico de aquella carrera! Es posible —sí, es el deber y
24 el privilegio de todo niño, hombre y mujer— seguir, en cierto
 grado, el ejemplo del Maestro mediante la demostración de la
 Verdad y la Vida, de la salud y la santidad. Los cristianos
27 pretenden ser sus seguidores, pero ¿lo siguen de la manera
 que él mandó? Oíd estos imperativos mandatos: “¡Sed, pues,
 vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos
30 es perfecto!” “¡Id por todo el mundo y predicad el evangelio
 a toda criatura!” “¡Sanad enfermos!”


 ¿Por qué esta exigencia cristiana tiene tan poca inspiración



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1 para incitar a la humanidad a hacer el esfuerzo cristiano?
 Porque se les asegura a los hombres que este mandato estaba
3 destinado sólo a un período en particular y a un Enseñanzas
 número selecto de seguidores. Esta enseñanza de Jesús


 es aun más perniciosa que la antigua doctrina de
6 la predestinación, la elección de unos pocos para ser salva-
 dos, mientras los demás son condenados; y así será conside-
 rada, cuando el letargo de los mortales, producido por las
9 doctrinas hechas por los hombres, sea roto por las exigencias
 de la Ciencia divina.


 Jesús dijo: “Estas señales seguirán a los que creen:... sobre
12 los enfermos pondrán sus manos, y sanarán”. ¿Quién le
 cree? Se dirigía a sus discípulos, sin embargo, no dijo: “Estas
 señales os seguirán”, sino los seguirán, “a los que creen” en
15 todo tiempo venidero. Aquí la palabra manos se usa meta-
 fóricamente, como la palabra diestra se emplea en el texto:
 “La diestra de Jehová es sublime”. Expresa poder espiritual;
18 de otro modo la curación no habría podido efectuarse espi-
 ritualmente. En otra ocasión Jesús oró, no sólo por los doce,
 sino por todos los que creyeren “por la palabra de ellos”.


21 Jesús experimentó pocos de los placeres de los sentidos
 físicos, mas sus sufrimientos fueron los frutos de los pecados
 de otros, no de los suyos. El Cristo eterno, su yo Placeres
24 espiritual, jamás sufrió. Jesús trazó el sendero
 para los demás. Él develó el Cristo, la idea espiritual del
 Amor divino. A aquellos sepultados en la creencia del
27 pecado y del yo, que sólo vivían para el placer o la satisfac-
 ción de los sentidos, en sustancia les dijo: Teniendo ojos no
 veis, y teniendo oídos no oís; no sea que entendáis y os
30 convirtáis, y yo os sane. Él enseñó que los sentidos materia-
 les dejan fuera la Verdad y su poder sanador.



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1 Mansamente nuestro Maestro enfrentó el escarnio de su
 grandeza no reconocida. Sus seguidores soportarán afrentas
3 tales como las que él recibió hasta el triunfo
 final del cristianismo. Él ganó honores eternos. a la verdad
 Venció el mundo, la carne y todo error, comprobando así
6 la nada de estos. Llevó a cabo una completa salvación del
 pecado, la enfermedad y la muerte. Necesitamos a “Jesucristo,
 y a éste crucificado”. Debemos tener desafíos y negar el yo,
9 así como también tener gozos y victorias, hasta que todo el
 error sea destruido.


 La creencia educada de que el Alma está en el cuerpo
12 hace que los mortales consideren la muerte como un amigo,
 como una pasadera de la mortalidad a la inmor-
 talidad y la felicidad. La Biblia califica la muerte suicida
15 de enemigo, y Jesús venció la muerte y la sepultura en vez de
 ceder a ellas. Él era “el camino”. Para él, por lo tanto, la
 muerte no era el umbral que tenía que cruzar hacia la gloria
18 viviente.


 “Ahora”, clamó el apóstol: “He aquí ahora el tiempo
 aceptable; he aquí ahora el día de salvación”, queriendo decir,
21 no que es ahora que los hombres tienen que
 prepararse para la salvación o seguridad en un presente
 mundo futuro, sino que ahora es el momento de experimen-
24 tar esa salvación en espíritu y en vida. Ahora es el momento
 para que los así llamados dolores materiales y placeres
 materiales desaparezcan, pues ambos son irreales, por ser
27 imposibles en la Ciencia. Para romper este hechizo terrenal,
 los mortales tienen que adquirir la verdadera idea y el
 Principio divino de todo lo que realmente existe y gobierna el
30 universo armoniosamente. Este pensamiento se comprende
 lentamente, y el intervalo antes de lograrlo es acompañado de
 dudas y derrotas así como de triunfos.


33 ¿Quién cesará de cometer pecados mientras crea en los
 placeres del pecado? Una vez que los mortales admiten que



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1 el mal no confiere placer, se apartan de él. Elimina el error
 del pensamiento, y no aparecerá su efecto. El pensador
3 avanzado y cristiano devoto, percibiendo el
 alcance y la tendencia de la curación cristiana y castigo
 su Ciencia, las apoyará. Otro dirá: “Ahora vete; pero cuando
6 tenga oportunidad te llamaré”.


 La Ciencia divina ajusta la balanza como la ajustó Jesús.
 La Ciencia elimina el castigo sólo eliminando primero el
9 pecado que merece el castigo. Este es mi sentido del perdón
 divino, el cual comprendo que es el método de Dios para
 destruir el pecado. Si es cierto el dicho: “Mientras hay vida,
12 hay esperanza”, lo opuesto también es cierto: Mientras hay
 pecado, hay perdición. El sufrimiento de otro no puede
 reducir nuestra propia responsabilidad. ¿Hizo el martirio de
15 Savonarola menos criminales los crímenes de sus implacables
 enemigos?


 ¿Fue justo que Jesús sufriera? No; pero era inevitable,
18 porque de otro modo no podría habernos mostrado el
 camino y el poder de la Verdad. Si una carrera Sufrimiento,
 tan grande y buena como la de Jesús no pudo
21 evitar el destino de un criminal, los apóstoles menores de la
 Verdad pueden soportar la brutalidad humana sin murmu-
 rar, regocijándose de entrar en confraternidad con él por el
24 arco triunfal de la Verdad y el Amor.


 Nuestro Padre celestial, el Amor divino, exige que todos
 los hombres sigan el ejemplo de nuestro Maestro y sus
27 apóstoles y no que meramente adoren su perso-
 nalidad. Triste es que la frase servicio divino
 haya llegado tan generalmente a significar adoración pública
30 en vez de obras diarias.


 La naturaleza del cristianismo es pacífica y bendita,
 pero a fin de entrar en el reino, hay que echar el ancla de la



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1 esperanza más allá del velo de la materia en el Lugar
 Santísimo, en el que Jesús ha entrado antes que nosotros; y
3 este avance más allá de la materia ha de venir
 por las alegrías y los triunfos de los justos así
 como por sus pesares y aflicciones. Como nuestro Maestro,
6 tenemos que alejarnos del sentido material para entrar en el
 sentido espiritual del ser.


 Los inspirados por Dios avanzan con calma, aunque sea
9 con huellas sangrientas, y en el más allá segarán lo que ahora
 siembran. El hipócrita mimado es posible que
 tenga aquí una senda florida, pero no podrá
12 quebrantar para siempre la Regla de Oro y escapar del castigo
 merecido.


 Las pruebas de la Verdad, la Vida y el Amor que dio Jesús
15 echando fuera el error y sanando a los enfermos, completaron
 su misión terrenal; pero en la Iglesia cristiana
 esta demostración de curación se perdió tem-


18 pranamente, alrededor de tres siglos después de
 la crucifixión. Ninguna escuela antigua de filosofía, materia
 médica o teología escolástica enseñó ni demostró jamás la
21 curación divina de la Ciencia absoluta.


 Jesús previó la recepción que la Ciencia Cristiana tendría
 antes que fuera comprendida, pero esta presciencia no lo
24 obstaculizó. Cumplió su misión divina, y luego Logro
 se sentó a la diestra del Padre. Perseguidos de
 ciudad en ciudad, sus apóstoles aún siguieron haciendo
27 buenas obras, por las cuales fueron calumniados y apedrea-
 dos. Los ancianos escarnecieron la verdad enseñada por
 Jesús. ¿Por qué? Porque exigía más de lo que estaban dis-
30 puestos a poner en práctica. Les bastaba creer en una Deidad
 nacional; pero esa creencia, desde sus tiempos hasta los
 nuestros, jamás ha producido un discípulo que pudiera echar
33 fuera los males y sanar a los enfermos.



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1 La vida de Jesús comprobó divina y científicamente que
 Dios es Amor, mientras que los sacerdotes y los rabinos afirma­
3 ban que Dios es un gran potentado que ama y odia. La teología
 judaica no dio ningún indicio del amor invariable de Dios.


 La creencia universal en la muerte no es ninguna ventaja.
6 No puede tornar evidentes la Vida o la Verdad. Una creencia
 A la larga se verá que la muerte es un sueño
 mortal, que viene en las tinieblas y desaparece con la luz.


9 Para el “varón de dolores” los honorarios o la popularidad
 no constituían ningún peligro. Aunque con derecho al home-
 naje del mundo y supremamente autorizado
12 por la aprobación de Dios, su breve entrada
 triunfal en Jerusalén fue seguida por la deserción de todos,
 salvo unos pocos amigos que tristemente lo siguieron hasta el
15 pie de la cruz.


 La resurrección del gran demostrador del poder de Dios
 fue la prueba de su triunfo final sobre el cuerpo y la materia,
18 y proporcionó plena evidencia de la Ciencia
 divina, evidencia tan importante para los morta-
 les. La creencia de que el hombre tiene existencia o mente
21 separadas de Dios es un error que está muriendo. Jesús
 enfrentó este error con la Ciencia divina y comprobó su nada.
 Debido a la gloria maravillosa que Dios le había concedido a
24 Su ungido, la tentación, el pecado, la enfermedad y la muerte
 no encerraban ningún terror para Jesús. ¡Que pensaran los
 hombres que habían matado el cuerpo! Más tarde se los
27 mostraría inalterado. Esto demuestra que en la Ciencia
 Cristiana el hombre verdadero está gobernado por Dios
 —por el bien, no por el mal— y es por lo tanto, no un mortal,
30 sino un inmortal. Jesús había enseñado a sus discípulos la
 Ciencia de esta prueba. Él estaba aquí para capacitarlos para
 probar su dicho aún no comprendido: “El que en mí cree, las
33 obras que yo hago, él las hará también”. Ellos tenían que
 comprender más plenamente su principio-Vida, echando



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1 fuera el error, sanando a los enfermos y resucitando a los
 muertos, tal como en efecto lo comprendieron después de su
3 partida corporal.


 La magnitud de la obra de Jesús, su desaparición material
 ante los ojos de los discípulos y su reaparición, todo esto los
6 capacitó para comprender lo que Jesús había
 dicho. Hasta entonces sólo habían creído;
 ahora comprendían. El advenimiento de esta comprensión es
9 lo que significa el descenso del Espíritu Santo, aquel influjo
 de la Ciencia divina que iluminó el Día de Pentecostés y que
 está ahora repitiendo su antigua historia.


12 La última prueba de Jesús fue la más elevada, la más
 convincente, la más provechosa para sus alumnos. La malig-
 nidad de los brutales perseguidores, la traición Evidencia
15 y el suicidio del traidor, fueron anulados por el convincente
 Amor divino para la glorificación del hombre y de la verda-
 dera idea de Dios, que los perseguidores de Jesús habían
18 escarnecido y tratado de matar. La demostración final de la
 verdad que Jesús enseñó, y por la cual fue crucificado, abrió
 una nueva era para el mundo. Aquellos que lo mataron para
21 detener su influencia la perpetuaron y extendieron.


 Jesús se elevó más en la demostración a causa de la copa
 de amargura que bebió. La ley humana lo había condenado,
24 pero él estaba demostrando la Ciencia divina.
 Fuera del alcance de la barbarie de sus enemi-
 gos, actuaba bajo la ley espiritual en desafío a la materia y a la
27 mortalidad, y esa ley espiritual lo sostenía. Lo divino tiene
 que vencer lo humano en todo punto. La Ciencia que Jesús
 enseñó y vivió tiene que triunfar sobre todas las creencias
30 materiales acerca de la vida, la sustancia y la inteligencia, y la
 multitud de errores que emanan de tales creencias.


 El Amor tiene que triunfar sobre el odio. La Verdad y



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1 la Vida tienen que sellar la victoria sobre el error y la muerte,
 antes que puedan dejarse de lado las espinas por una corona,
3 que siga la bendición: “Bien, buen siervo y fiel”, y que la
 supremacía del Espíritu sea demostrada.


 El recinto solitario de la tumba le dio a Jesús un refugio
6 contra sus enemigos, un lugar en el cual resolver el gran
 problema del ser. Su trabajo de tres días en el
 sepulcro puso el sello de la eternidad sobre el
9 tiempo. Él comprobó que la Vida es imperecedera y que el
 Amor es el amo del odio. Hizo frente y dominó sobre la base
 de la Ciencia Cristiana, el poder de la Mente sobre la materia,
12 todas las pretensiones de la medicina, cirugía e higiene.


 No tomó medicamentos para aliviar la inflamación.
 No dependió del alimento o del aire puro para resucitar las
15 energías gastadas. No requirió la destreza de un cirujano
 para sanar las manos rasgadas y vendar el costado herido y
 los pies lacerados, para que pudiera usar esas manos para
18 quitarse el sudario y la mortaja, y para que pudiera emplear
 sus pies como antes.


 ¿Podría ser llamado sobrenatural para el Dios de la
21 naturaleza sostener a Jesús en su prueba de que el poder del
 hombre verdaderamente es derivado? Fue un
 método de cirugía más allá de la pericia mate-
24 rial, pero no fue un acto sobrenatural. Al contrario, fue un
 acto divinamente natural, por el cual la divinidad le trajo a
 la humanidad la comprensión de la curación-Cristo y reveló
27 un método infinitamente más elevado que el de la inventiva
 humana.


 Los discípulos de Jesús lo creyeron muerto mientras él
30 estuvo oculto en el sepulcro, cuando en realidad estaba vivo,
 demostrando dentro de la estrecha tumba el
 poder del Espíritu para anular el sentido mate-
33 rial y mortal. Paredes rocosas le obstaculizaban el paso, y una



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1 gran piedra tenía que ser removida de la entrada de la cueva;
 pero Jesús venció todos los obstáculos materiales, superó
3 todas las leyes de la materia, y salió de su lóbrego lugar de
 reposo coronado con la gloria de un éxito sublime, una
 victoria eterna.


6 Nuestro Maestro demostró plena y definitivamente la
 Ciencia divina en su victoria sobre la muerte y la tumba. Este
 hecho de Jesús fue para la iluminación de los
9 hombres y para la salvación del mundo entero
 del pecado, la enfermedad y la muerte. Pablo escribe: “Si
 siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte
12 [aparente] de Su Hijo, mucho más, estando reconciliados,
 seremos salvos por su vida”. Tres días después de sepultado su
 cuerpo, habló con sus discípulos. Los perseguidores no
15 habían logrado ocultar la Verdad y el Amor inmortales en un
 sepulcro.


 ¡Gloria a Dios, y paz a los corazones que luchan! El Cristo
18 ha removido la piedra de la puerta de la esperanza y fe humanas,
 y mediante la revelación y la demostración de
 la vida en Dios, las ha elevado al a-una-miento
21 posible con la idea espiritual del hombre y su Principio divino,
 el Amor.


 Los primeros en ver a Jesús después de la resurrección y en
24 contemplar la prueba final de todo lo que él había enseñado,
 interpretaron equivocadamente ese aconteci-
 miento. Aun sus discípulos al comienzo lo
27 llamaron un espíritu, un fantasma o un espectro, pues creye-
 ron que su cuerpo estaba muerto. Su respuesta fue: “Un
 espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo”.
30 La reaparición de Jesús no fue el retorno de un espíritu.
 Él presentó el mismo cuerpo que tenía antes de su crucifixión,
 y así glorificó la supremacía de la Mente sobre la materia.


33 Los discípulos de Jesús, no estando lo suficientemente



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1 avanzados como para comprender plenamente el triunfo de
 su Maestro, no llevaron a cabo muchas obras maravillosas
3 hasta que lo vieron después de su crucifixión y se dieron
 cuenta de que no había muerto. Esto los convenció de la
 veracidad de todo lo que él había enseñado.


6 En el camino a Emaús, los amigos de Jesús lo reconocie-
 ron por sus palabras, que hicieron arder sus corazones en
 ellos, y cuando partió el pan. El Espíritu divino, Inter­pretación
9 que así identificó a Jesús hace siglos, ha hablado espiritual
 por medio del Verbo inspirado, y por medio de este hablará
 en toda época y región. Es revelado al corazón receptivo, y se
12 ve de nuevo que está echando fuera el mal y sanando a los
 enfermos.


 El Maestro dijo claramente que lo físico no era Espíritu,
15 y después de su resurrección comprobó a los sentidos físicos
 que su cuerpo no fue cambiado hasta que él
 mismo ascendió, o, en otras palabras, se elevó
18 más aun en su comprensión del Espíritu, Dios. Para conven-
 cer a Tomás de esto, Jesús lo hizo examinar la señal de los
 clavos y la herida de la lanza.


21 El estado físico inalterado de Jesús, después de lo que
 pareció ser su muerte, fue seguido por su exaltación sobre
 todas las condiciones materiales; y esta exalta-
24 ción explicó su ascensión, y reveló inequívoca-
 mente un estado probatorio y progresivo más allá de la
 tumba. Jesús fue “el camino”; esto es, marcó el camino para
27 todos los hombres. En su demostración final, llamada la
 ascensión, que concluyó el registro terrenal de Jesús, él se
 elevó por encima del conocimiento físico de sus discípulos,
30 y los sentidos materiales no lo vieron más.


 Sus discípulos recibieron entonces el Espíritu Santo. Con
 esto se indica que, por todo lo que habían presenciado y
33 sufrido, fueron despertados a una comprensión más amplia



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1 de la Ciencia divina, hasta la interpretación y el discerni-
 miento espirituales de las enseñanzas y demostraciones
3 de Jesús, lo que les dio una tenue concepción de Poder como
 la Vida que es Dios. Ellos ya no midieron al


 hombre mediante el sentido material. Después
6 de obtener la verdadera idea de su Maestro glorificado, se
 volvieron mejores sanadores, no apoyándose más en la
 materia, sino en el Principio divino de su trabajo. El influjo
9 de luz fue repentino. Era a veces un poder abrumador como
 en el Día de Pentecostés.


 Judas conspiró contra Jesús. La ingratitud y el odio del
12 mundo hacia ese hombre justo llevaron a cabo la traición.
 El precio que exigió el traidor fue treinta piezas La conspi­ración
 de plata y la sonrisa de los fariseos. Él escogió
15 su momento, cuando el pueblo estaba en duda sobre las
 enseñanzas de Jesús.


 Se acercaba un período que había de revelar la distancia
18 infinita entre Judas y su Maestro. Judas Iscariote sabía esto.
 Sabía que la gran bondad de ese Maestro ponía un abismo
 entre Jesús y su traidor, y esta distancia espiritual inflamó la
21 envidia de Judas. La codicia por el oro reforzó su ingratitud,
 y por un tiempo apaciguó su remordimiento. Él sabía que el
 mundo, generalmente, ama más una mentira que la Verdad;
24 y así tramó la traición a Jesús para ganarse la estima popular.
 Su tenebroso complot se vino abajo, y con él cayó el traidor.


 La deserción de los discípulos a su Maestro en su última
27 lucha terrenal fue castigada; cada uno de ellos tuvo una
 muerte violenta excepto San Juan, de cuya muerte no tene-
 mos ningún registro.


30 Durante su noche de tristeza y gloria en el huerto, Jesús
 se dio cuenta del error absoluto de una creencia en cualquier



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1 posible inteligencia material. La congoja del abandono y los
 golpes de la ignorancia intolerante lo hirieron cruelmente.
3 Sus discípulos dormían. Él les dijo: “¿No habéis Getsemaní
 podido velar conmigo una hora?” ¿No podían
 velar con aquel que, esperando y luchando en silenciosa
6 agonía, mantenía sin una queja la guardia sobre un mundo?
 No hubo ninguna respuesta a ese anhelo humano, y así Jesús
 se volvió para siempre de la tierra al cielo, del sentido al
9 Alma.


 Recordando el sudor de agonía que cayó en santa bendi-
 ción sobre la hierba de Getsemaní, ¿murmurará el discípulo
12 más humilde o el más poderoso cuando beba de la misma
 copa, y pensará, o hasta deseará, escapar del suplicio exalta-
 dor con que el pecado se venga de su destructor? La Verdad
15 y el Amor conceden pocas palmas hasta la consumación de la
 obra de una vida.


 Judas tenía las armas del mundo. Jesús no tenía ninguna
18 de ellas, y no escogió los medios de defensa del mundo.
 “No abrió su boca”. El gran demostrador de
 la Verdad y el Amor guardó silencio ante la
21 envidia y el odio. Pedro hubiera herido a los enemigos de su
 Maestro, pero Jesús se lo prohibió, reprendiendo así el resen-
 timiento o valor animal. Le dijo: “Mete tu espada en la
24 vaina”.


 Pálido ante la presencia de su propia pregunta trascen-
 dental: “¿Qué es la Verdad?”, Pilato fue inducido a dar su
27 aquiescencia a las exigencias de los enemigos de La pregunta
 Jesús. Pilato ignoraba las consecuencias de su
 terrible decisión contra los derechos humanos y el Amor
30 divino, sin saber que estaba apresurando la demostración
 final de lo que la vida es y de lo que el verdadero conoci-
 miento de Dios puede hacer por el hombre.



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1 Las mujeres junto a la cruz podrían haber contestado la
 pregunta de Pilato. Ellas sabían lo que había inspirado su
3 devoción, dado alas a su fe, abierto los ojos de su comprensión,
 sanado a los enfermos, echado fuera el mal y llevado a los
 discípulos a decir a su Maestro: “Aun los demonios se nos
6 sujetan en tu nombre”.


 ¿Dónde estaban los setenta a quienes Jesús envió? ¿Fueron
 todos ellos conspiradores excepto once? ¿Habían olvidado al
9 gran exponente de Dios? ¿Tan pronto habían
 perdido de vista sus obras poderosas, sus fatigas, de los discípulos
 privaciones, sacrificios, su divina paciencia, valor sublime y
12 afecto no correspondido? ¡Oh!, ¿por qué no satisficieron su
 último anhelo humano con una señal de fidelidad?


 El manso demostrador del bien, el más elevado instructor
15 y amigo del hombre, enfrentó su destino terrenal a solas con
 Dios. No había allí mirada humana que se com-
 padeciera, ni brazo que salvara. Abandonado
18 por todos a quienes había bendecido, este fiel centinela de
 Dios en el más alto puesto de poder, encargado de la misión
 más grandiosa del cielo, estaba preparado para ser transfor-
21 mado por la renovación del Espíritu infinito. Él había de
 comprobar que el Cristo no está sujeto a condiciones materia-
 les, sino que está por encima del alcance de la ira humana y
24 puede, mediante la Verdad, la Vida y el Amor, triunfar sobre
 el pecado, la enfermedad, la muerte y la tumba.


 Los sacerdotes y los rabinos, ante quienes había andado
27 con mansedumbre, y aquellos a quienes había dado las más
 elevadas pruebas del poder divino, lo escarne-
 cieron en la cruz, mofándose: “A otros salvó,
30 a sí mismo no se puede salvar”. Estos escarnecedores, que
 torcieron “el derecho del hombre delante de la presencia del
 Altísimo”, consideraron a Jesús como “herido de Dios y abatido”.



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1 “Como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante
 de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca”. “Su
3 generación ¿quién la contará?” ¿Quién decidirá qué son la
 verdad y el amor?


 El último momento supremo de escarnio, abandono,
6 tortura, junto con un concepto abrumador de la magnitud de
 su obra, arrancó de los labios de Jesús el grito
 terrible: “Dios mío, ¿por qué me has desampa-
9 rado?” Esta súplica desesperada, si hubiera sido hecha a un
 progenitor humano, impugnaría la justicia y el amor de un
 padre que se hubiera negado a dar una clara señal de su
12 presencia para sostener y bendecir a un hijo tan fiel. La
 súplica de Jesús fue dirigida tanto a su Principio divino, el
 Dios que es Amor, como a sí mismo, la idea pura del Amor.
15 ¿Lo habían desamparado la Vida, la Verdad y el Amor en su
 más alta demostración? Esta era una pregunta inquietante.
 ¡No! Tenían que permanecer en él y él en ellos, o aquella
18 hora hubiera quedado despojada de su poderosa bendición
 para la raza humana.


 Si su pleno reconocimiento de la Vida eterna hubiese
21 cedido por un momento ante la evidencia de los sentidos
 corporales, ¿qué hubiesen dicho sus acusadores? La Ciencia divina
 Precisamente lo que dijeron, que las enseñanzas malentendida
24 de Jesús eran falsas y que toda evidencia de que eran correc-
 tas fue destruida por su muerte. Pero este decir no pudo
 hacer que así fuera.


27 El peso de esa hora fue terrible, más allá de lo que huma-
 namente se puede concebir. La desconfianza de las mentes
 mortales, que no creían en el propósito de su
30 misión, fue un millón de veces más aguda que picota
 las espinas que penetraron su carne. La verdadera cruz,
 que Jesús cargó al subir la colina de dolor, fue el odio del
33 mundo a la Verdad y el Amor. Ni la lanza ni la cruz material



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1 arrancaron de sus fieles labios el grito lastimoso: “Eloi, Eloi,
 ¿lama sabactani?” Fue la posible pérdida de algo más impor-
3 tante que la vida humana lo que lo conmovió: la posible
 interpretación equivocada de la influencia más sublime de su
 carrera. Este temor añadió la gota de hiel a su copa.


6 Jesús hubiera podido apartarse de sus enemigos. Tenía el
 poder de renunciar a un sentido humano de la vida a cambio
 de su identidad espiritual a la semejanza de lo
9 divino; pero permitió que los hombres intenta- la Vida es


 ran la destrucción del cuerpo mortal para poder
 proporcionar la prueba de la vida inmortal. Nada podía
12 matar esta Vida del hombre. Jesús podía entregar su vida
 temporal en manos de sus enemigos; mas cuando su misión
 terrenal fue cumplida, se encontró que su vida espiritual,
15 indestructible y eterna, era para siempre la misma. Él sabía
 que la materia no tenía vida alguna y que la Vida verdadera
 es Dios; por tanto, era tan imposible separarlo de su Vida
18 espiritual como extinguir a Dios.


 Su ejemplo consumado fue para la salvación de todos
 nosotros, pero sólo haciendo las obras que él hizo y que
21 enseñó a los demás a hacer. Su propósito al
 sanar no era sólo restaurar la salud, sino demos- para nuestra


 trar su Principio divino. Él estaba inspirado por
24 Dios, por la Verdad y el Amor, en todo lo que decía y hacía.
 Los motivos de sus perseguidores eran el orgullo, la envidia,
 la crueldad y la venganza, infligidos al Jesús físico, pero
27 dirigidos contra el Principio divino, el Amor, que reprendía
 la sensualidad de ellos.


 Jesús no era egoísta. Su espiritualidad lo separaba de la
30 sensación e hizo que el materialista egoísta lo odiase; pero era
 esta espiritualidad lo que capacitaba a Jesús para sanar a los
 enfermos, echar fuera el mal y resucitar a los muertos.



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1 Desde su niñez se ocupaba de “los negocios de [su] Padre”.
 Sus intereses estaban muy lejos de los de ellos. Su amo era el
3 Espíritu; el amo de ellos era la materia. Él servía Los negocios
 a Dios; ellos servían a las riquezas. Sus afectos del Maestro
 eran puros; los de ellos eran carnales. Sus sentidos sorbían
6 la evidencia espiritual de la salud, la santidad y la vida; los
 sentidos de ellos atestiguaban lo opuesto, y absorbían la
 evidencia material del pecado, la enfermedad y la muerte.


9 Las imperfecciones e impurezas de ellos sentían la repren-
 sión continua de la perfección y pureza de Jesús. De aquí el
 odio del mundo hacia el justo y perfecto Jesús,
12 y la previsión del profeta de la recepción que el de la pureza
 error le daría. “Despreciado y desechado entre los hombres”
 fueron las palabras gráficas de Isaías concernientes al Príncipe
15 de Paz que había de venir. Herodes y Pilato hicieron a un lado
 sus viejas pendencias con el fin de unirse para afrentar y dar
 muerte al mejor hombre que jamás pisó la tierra. Hoy, como
18 antaño, el error y el mal de nuevo hacen causa común contra
 los exponentes de la verdad.


 El “varón de dolores” comprendió mejor que nadie la
21 nada de la vida e inteligencia materiales y la poderosa realidad
 de Dios, el bien, que incluye todo. Estos fueron Predicción
 los dos puntos cardinales de la curación-Mente, del Salvador
24 o Ciencia Cristiana, que lo armaron de Amor. El más alto
 representante terrenal de Dios, hablando de la capacidad
 humana para reflejar el poder divino, dijo proféticamente a
27 sus discípulos, hablando no sólo para su tiempo, sino para
 todos los tiempos: “El que en mí cree, las obras que yo hago, él
 las hará también”; y “Estas señales seguirán a los que creen”.


30 Las acusaciones de los fariseos se contradecían a sí mismas
 tanto como su religión. El intolerante, el libertino, Acusaciones
 el hipócrita, llamaron a Jesús comilón y bebedor difamatorias
33 de vino. Dijeron: “Por Beelzebú... echa fuera los demonios”,



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1 y es “amigo de publicanos y de pecadores”. Esta última acu-
 sación era verídica, pero no en el sentido que ellos le daban.
3 Jesús no era un asceta. No ayunaba como los discípulos de
 Juan el Bautista; sin embargo, jamás vivió un hombre más
 alejado de apetitos y pasiones que el Nazareno. Él reprendió
6 a los pecadores de manera incisiva y sin titubear, porque era
 su amigo; de ahí la copa que bebió.


 La reputación de Jesús era exactamente lo opuesto a su
9 carácter. ¿Por qué? Porque el Principio divino y la práctica
 de Jesús fueron malentendidos. Él obraba en
 la Ciencia divina. Sus palabras y obras eran
12 desconocidas para el mundo, porque estaban por encima del
 sentido religioso del mundo y eran contrarias a este. Los
 mortales creían que Dios era humanamente poderoso en vez
15 del Amor divino e infinito.


 El mundo no podía interpretar con acierto el malestar
 que Jesús infundía y las bendiciones espirituales que podían
18 resultar de ese malestar. La Ciencia muestra
 la causa de la conmoción tan frecuentemente
 producida por la verdad, a saber, que esta conmoción pro-
21 viene de la gran distancia entre el individuo y la Verdad.
 Como Pedro, debiéramos llorar por la advertencia, en vez de
 negar la verdad o escarnecer el sacrificio que la bondad está
24 haciendo siempre para la destrucción del mal.


 Jesús llevó nuestros pecados en su cuerpo. Conocía los
 errores mortales que constituyen el cuerpo material, y podía
27 destruir esos errores; pero cuando Jesús sintió
 nuestras flaquezas, no había vencido todas


 las creencias de la carne o su sentido de vida
30 material, ni se había elevado a su demostración final del
 poder espiritual.


 Si él hubiera compartido las creencias pecaminosas de los



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1 demás, hubiera sido menos sensible a esas creencias. A través
 de la magnitud de su vida humana, él demostró la Vida
3 divina. Desde la amplitud de su afecto puro, definió el Amor.
 Con la afluencia de la Verdad, venció el error. El mundo no
 reconoció su justicia, porque no la veía; pero la tierra recibió
6 la armonía que su ejemplo glorificado introdujo.


 ¿Quién está listo para seguir sus enseñanzas y su ejemplo?
 Todos, tarde o temprano, tienen que plantarse en el Cristo, la
9 idea verdadera de Dios. El deseo de derramar
 liberalmente en graneros humanos vacíos o
 llenos de pecado, sus tesoros caramente adquiridos, fue lo
12 que inspiró el intenso sacrificio humano de Jesús. En testi-
 monio de su comisión divina, él presentó la prueba de que la
 Vida, la Verdad y el Amor sanan a los enfermos y a los
15 pecadores y triunfan sobre la muerte por medio de la Mente,
 no de la materia. Esta fue la prueba más elevada del Amor
 divino que pudo haber ofrecido. Sus oyentes no entendieron
18 ni sus palabras ni sus obras. No quisieron aceptar su mansa
 interpretación de la vida ni seguir su ejemplo.


 Su copa terrenal de amargura fue apurada hasta el fondo.
21 Sólo le quedaron unos pocos amigos sin pretensiones, cuya
 religión era algo más que un nombre. Tan vital Amistad
 era, que los capacitó para entender al Nazareno espiritual
24 y compartir la gloria de la vida eterna. Él dijo que aquellos
 que lo siguieran deberían beber de su copa, y la historia ha
 confirmado la predicción.


27 Si aquel hombre glorificado y semejante a Dios estuviera
 físicamente en la tierra hoy en día, algunos de los Injusticia hecha
 que ahora profesan amarlo, ¿no lo rechazarían? al Salvador
30 ¿No le negarían hasta los derechos humanos, si sustentara



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1 cualquier otro sentido del ser y de la religión distinto del de
 ellos? El siglo que avanza, desde un sentido sin vida acerca
3 del Dios invisible, hoy en día somete a comentarios y trato
 poco cristianos la idea de la curación cristiana encomendada
 por Jesús; pero esto no afecta las realidades invencibles.


6 Quizás la era cristiana inicial no trató a Jesús con más
 injusticia de la que los siglos posteriores le han concedido
 al Cristo sanador y a la idea espiritual del ser. Ahora que el
9 evangelio de la curación se predica de nuevo junto al camino,
 ¿no lo desdeña a veces el púlpito? Pero esa misión curativa,
 que presenta al Salvador en una luz más clara de lo que
12 las meras palabras pueden hacerlo, no puede quedar fuera
 del cristianismo, aunque sea nuevamente expulsada de la
 sinagoga.


15 La idea inmortal de la Verdad recorre los siglos, reuniendo
 bajo sus alas a enfermos y pecadores. Mi esperanza cansada
 trata de visualizar ese día feliz en que el hombre reconocerá
18 la Ciencia del Cristo y amará a su prójimo como a sí mismo,
 en que se dará cuenta de la omnipotencia de Dios y el poder
 sanador del Amor divino en lo que ha hecho y está haciendo
21 por la humanidad. Las promesas serán cumplidas. El tiempo
 para la reaparición de la curación divina es a través de todos
 los tiempos; y quienquiera que ponga su todo terrenal sobre el
24 altar de la Ciencia divina, bebe de la copa del Cristo ahora y
 es dotado del espíritu y del poder de la curación cristiana.


 En las palabras de San Juan: “Os dará otro Consolador,
27 para que esté con vosotros para siempre”. Este Consolador,
 yo entiendo, es la Ciencia Divina.





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Capítulo 3 — El matrimonio



Por tanto, lo que Dios juntó,
no lo separe el hombre.
En la resurrección ni se casarán
ni se darán en casamiento,
sino serán como los ángeles de Dios en el cielo. — Jesús.


1 C uando nuestro gran Maestro vino a Juan para ser bauti-
 zado, este se sorprendió. Leyendo sus pensamientos, Jesús
3 agregó: “Deja ahora, porque así conviene que cumplamos
 toda justicia”. Las concesiones de Jesús (en ciertos casos) a los
 métodos materiales eran para el avance del bien espiritual.
6 El matrimonio es la provisión legal y moral para la genera-
 ción entre la especie humana. Hasta que se discierna que la
 creación espiritual está intacta, sea percibida y
9 comprendida, y el reino de Dios haya venido
 como en la visión del Apocalipsis —donde el sentido corporal
 de la creación fue echado fuera, y su sentido espiritual reve-
12 lado desde el cielo— el matrimonio continuará, sujeto a tales
 reglas morales que aseguren una virtud creciente.


 La infidelidad al pacto matrimonial es la plaga social
15 de todas las razas, “la pestilencia que anda en oscuridad,...
 la mortandad que en medio del día destruye”.
 El mandamiento: “No cometerás adulterio” no fidelidad
18 es menos imperativo que el que dice: “No matarás”.



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1 La castidad es el cemento de la civilización y el progreso.
 Sin ella no hay estabilidad en la sociedad, y sin ella uno no
3 puede lograr la Ciencia de la Vida.


 La unión de las cualidades masculinas y femeninas consti-
 tuye la compleción. La mente masculina alcanza un tono
6 más elevado por medio de ciertos elementos de Elementos
 la femenina, mientras que la mente femenina
 gana valor y fuerza por medio de las cualidades masculinas.
9 Estos diferentes elementos se conjuntan naturalmente los
 unos con los otros, y su armonía verdadera está en la unidad
 espiritual. Ambos sexos debieran ser amorosos, puros, tiernos
12 y fuertes. La atracción entre las cualidades nativas será
 perpetua sólo mientras sea pura y verdadera, trayendo dulces
 temporadas de renovación como la primavera que retorna.


15 La belleza, la riqueza o la fama son incompetentes para
 satisfacer las exigencias de los afectos, y nunca debieran tener
 preponderancia sobre las mejores reivindica-
18 ciones del intelecto, la bondad y la virtud. La
 felicidad es espiritual, nacida de la Verdad y el Amor. No es
 egoísta; por lo tanto, no puede existir sola, sino que requiere
21 que toda la humanidad la comparta.


 El afecto humano no es prodigado en vano, aunque no sea
 correspondido. El amor enriquece la naturaleza, engrande-
24 ciéndola, purificándola y elevándola. Las ráfagas Ayuda y
 invernales de la tierra pueden desarraigar las
 flores del afecto, y dispersarlas a los vientos; pero esta ruptura
27 de lazos carnales sirve para unir más estrechamente el pensa-
 miento con Dios, porque el Amor apoya el corazón que lucha
 hasta que cesa de suspirar por el mundo y empieza a desplegar
30 sus alas hacia el cielo.


 El matrimonio es desdichado o feliz, según las desilusio-
 nes que entrañe o las esperanzas que cumpla. Hacer más feliz



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1 la existencia por medio de relaciones constantes con aquellos
 aptos para elevarla, debiera ser el motivo de la sociedad. La
3 unidad de espíritu da nuevas alas al gozo, de lo contrario las
 alas caídas del gozo se arrastran por el polvo.


 Las notas mal combinadas producen disonancia. Los
6 tonos de la mente humana pueden ser diferentes, pero tienen
 que concordar para combinarse debidamente.
 La ambición libre de egoísmo, los nobles moti-
9 vos de vida y la pureza, estos componentes del pensamiento,
 al mezclarse, constituyen individual y colectivamente la
 felicidad verdadera, la fuerza y la permanencia.


12 Hay libertad moral en el Alma. Nunca restrinjas a
 alguien el horizonte de sus miras nobles mediante la exigencia
 egoísta de todo su tiempo y sus pensamientos.
15 Con gozos adicionales, la benevolencia debiera libertad
 difundirse más. La mezquindad y los celos, que quisieran
 encerrar a una esposa o un esposo para siempre entre cuatro
18 paredes, no promoverán el dulce intercambio de la confianza
 y el amor; pero por otra parte, el deseo errátil de diversiones
 incesantes fuera del círculo del hogar es un mal augurio para
21 la felicidad del matrimonio. El hogar es el lugar más querido
 de la tierra, y debiera ser el centro, aunque no el límite, de
 los afectos.


24 Dijo la novia aldeana a su amado: “Dos no comen más
 juntos de lo que comen separados”. Esto es un indicio de que
 una esposa no debiera entregarse a vulgares
27 extravagancias o insensata ociosidad, porque
 otro responde a sus caprichos. La riqueza puede obviar la
 necesidad de trabajo arduo o la posibilidad de disgustos en las
30 relaciones conyugales, pero nada puede abolir las responsabi-
 lidades del matrimonio.


 “La que es casada se afana por... agradar a su marido”,



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1 dice la Biblia; y esto es lo más agradable de hacer. El matri-
 monio no debiera contraerse sin un pleno reconocimiento de
3 sus obligaciones permanentes por ambas partes. Deberes
 Cada uno debiera sentir la más tierna solicitud distintos
 por la felicidad del otro, y la atención y la aprobación mutuas
6 debieran acompañar todos los años de la vida matrimonial.


 Las concesiones mutuas a menudo mantendrán un pacto
 que de otro modo podría volverse insoportable. No debiera
9 requerírsele al hombre que participe en todas las molestias
 y responsabilidades de la economía doméstica, ni debiera
 esperarse que la mujer comprenda la economía política.
12 Cumpliendo las distintas exigencias de sus esferas unidas,
 sus preferencias debieran fundirse en dulce confianza y buen
 ánimo, cada compañero sosteniendo al otro, santificando así
15 la unión de intereses y afectos, en la cual el corazón encuentra
 paz y hogar.


 Las palabras tiernas y el cuidado desinteresado por lo que
18 promueve el bienestar y la felicidad de tu esposa comprobarán
 ser más beneficiosos para prolongar su salud
 y sus sonrisas que la indiferencia impasible o
21 los celos. Esposos, oíd esto y recordad cuán mínima es la
 palabra o el hecho que puede renovar los tiempos de vuestros
 primeros idilios.


24 Después de contraer matrimonio, es demasiado tarde para
 quejarse de incompatibilidad de caracteres. Un entendimiento
 mutuo debiera existir antes de esta unión y continuar para
27 siempre, porque el engaño es fatal para la felicidad.


 El voto nupcial nunca debiera ser anulado mientras sus
 obligaciones morales se mantengan intactas; pero la frecuencia
30 del divorcio muestra que lo sagrado de esta
 relación está perdiendo su influencia, y que
 equivocaciones fatales están minando sus fundamentos.
33 La separación nunca debiera ocurrir, y nunca ocurriría,



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1 si ambos, esposo y esposa, fueran genuinos Científicos
 Cristianos. La Ciencia inevitablemente eleva más alto el ser
3 en la escala de la armonía y la felicidad.


 Los gustos, motivos y aspiraciones afines son necesarios
 para la formación de un compañerismo feliz y permanente.
6 Lo bello en el carácter es también lo bueno,
 soldando indisolublemente los lazos del afecto.
 El afecto de una madre no se puede desligar de su hijo, porque
9 el amor de madre incluye la pureza y la constancia, ambas
 inmortales. Por lo tanto, el afecto materno perdura bajo
 cualquier dificultad.


12 Por la lógica de los acontecimientos aprendemos que sólo
 el egoísmo y la impureza son transitorios, y que la sabiduría
 finalmente separará lo que no ha juntado.


15 El matrimonio debiera mejorar la especie humana, convir-
 tiéndose en una barrera contra el vicio, una protección para la
 mujer, fuerza para el hombre y un centro para
18 los afectos. Esto, sin embargo, en la mayoría de los afectos
 los casos, no es su tendencia actual, ¿y por qué? Porque la
 educación de la naturaleza más elevada es desatendida, y otros
21 factores —la pasión, las diversiones frívolas, el adorno perso-
 nal, la ostentación y el orgullo— ocupan el pensamiento.


 Un oído desafinado llama a la disonancia armonía, al no
24 apreciar la concordancia. Así el sentido físico, al no discernir
 la verdadera felicidad del ser, la coloca sobre una Concordancia
 base falsa. La Ciencia corregirá la disonancia, y espiritual
27 nos enseñará las armonías más dulces de la vida.


 El Alma tiene recursos infinitos con que bendecir a la
 humanidad, y la felicidad se lograría más fácilmente y estaría
30 más segura en nuestro poder, si se buscara en el Alma. Sólo
 los goces más elevados pueden satisfacer los anhelos del



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1 hombre inmortal. No podemos circunscribir la felicidad a
 los límites del sentido personal. Los sentidos no confieren
3 goces verdaderos.


 Lo bueno en los afectos humanos ha de tener ascendiente
 sobre lo malo y lo espiritual sobre lo animal, o nunca se
6 alcanzará la felicidad. Lograr esta condición
 celestial mejoraría nuestra progenie, disminui-
 ría el crimen y daría objetivos más elevados a la ambición.
9 Todo valle de pecado tiene que ser alzado, y todo monte de
 egoísmo bajado, para que se prepare el camino de nuestro
 Dios en la Ciencia. Los hijos cuyos padres tienen pensamien-
12 tos celestiales heredan más intelecto, mentes más equilibra-
 das y constituciones más sanas.


 Si alguna circunstancia fortuita coloca a niños de
15 condiciones prometedoras en los brazos de padres toscos,
 a menudo estos bellos niños decaen y mueren
 pronto, cual flores tropicales nacidas entre
18 nieves alpinas. Si acaso viven hasta llegar a ser padres a su
 vez, es posible que reproduzcan en sus propios pequeños
 indefensos los rasgos más toscos de sus antepasados. ¿Qué
21 esperanza de felicidad, qué noble ambición, pueden inspirar
 al niño que herede propensiones que deben ser vencidas o lo
 reducirán a una ruina detestable?


24 ¿No es la propagación de la especie humana una respon-
 sabilidad mayor, un cargo más solemne, que el cultivo de
 tu jardín o la cría de ganado para aumentar tus rebaños
27 y manadas? Nada indigno de ser perpetuado debiera ser
 transmitido a los hijos.


 La formación de los mortales tiene que mejorar en gran
30 manera para avanzar la humanidad. La moral científica
 del matrimonio es la unidad espiritual. Si la propagación
 de una especie humana más elevada es un requisito para
33 alcanzar esta meta, entonces sus condiciones materiales



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1 sólo pueden ser permitidas con el propósito de engendrar.
 El feto debe guardarse mentalmente puro y el período de la
3 gestación tener la santidad de la virginidad.


 Toda la educación de los niños debiera ser tal que forme
 hábitos de obediencia a la ley moral y espiritual, con la cual el
6 niño pueda enfrentar y dominar la creencia en las así llama-
 das leyes físicas, una creencia que engendra la enfermedad.


 Si los padres crean en sus bebés un deseo de diversión
9 incesante, de ser alimentados, mecidos, de que se juegue con
 ellos o se les hable constantemente, esos padres La herencia
 no debieran, en años posteriores, quejarse de la tenida


12 irritabilidad o la frivolidad de sus hijos, que los
 padres mismos han ocasionado. Afanándoos menos “por
 vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber”,
15 menos “por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir”, hará
 mucho más por la salud de la generación que surge de lo que
 soñáis. Se debiera permitir a los niños que sigan siendo
18 niños en el conocimiento, y debieran llegar a ser hombres y
 mujeres sólo a través del crecimiento en la comprensión de la
 naturaleza más elevada del hombre.


21 No debemos atribuir más y más inteligencia a la materia,
 sino menos y menos, si queremos ser sabios y sanos. La
 Mente divina, que forma el capullo y la flor,
24 cuidará del cuerpo humano, así como viste el
 lirio; pero que ningún mortal interfiera en el gobierno de Dios
 imponiendo las leyes de los conceptos humanos que yerran.


27 La naturaleza más elevada del hombre no es gobernada
 por la más baja; si lo fuera, el orden de la sabiduría estaría
 revertido. Nuestros puntos de vista falsos sobre La ley supe­rior
30 la vida ocultan la armonía eterna, y producen
 los males de que nos quejamos. Porque los mortales creen en
 leyes materiales y rechazan la Ciencia de la Mente, esto no
33 hace que la materialidad sea lo primero y la ley superior



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1 del Alma lo postrero. Jamás pensarías que la franela es mejor
 para prevenir enfermedades pulmonares que la Mente que
3 todo lo controla, si comprendieras la Ciencia del ser.


 En la Ciencia el hombre es linaje del Espíritu. Lo bello,
 lo bueno y lo puro constituyen su ascendencia. Su origen no
6 está, como el de los mortales, en el instinto
 bruto, ni pasa él por condiciones materiales
 antes de alcanzar la inteligencia. El Espíritu es su fuente
9 primitiva y última del ser; Dios es su Padre, y la Vida es la ley
 de su ser.


 La ley civil establece diferencias muy injustas entre los
12 derechos de los dos sexos. La Ciencia Cristiana no propor-
 ciona precedente alguno para tal injusticia, y la Los derechos
 civilización la mitiga en cierta medida. Con
15 todo, es asombroso que la costumbre le conceda a la mujer
 menos derechos de los que le concede la Ciencia Cristiana o
 la civilización.


18 Nuestras leyes no son imparciales, por decir lo menos, en
 su discriminación de las personas, las propiedades y la patria
 potestad de los dos sexos. Si el derecho al voto
21 de la mujer va a remediar el mal, sin dar lugar a injusta
 dificultades de mayor magnitud, esperemos que sea otorgado.
 Un medio tan factible como racional de mejoramiento es, al
24 presente, la elevación de la sociedad en general y el logro de
 una raza más noble para que legisle, una raza que tenga
 miras y motivos más elevados.


27 Si un marido disoluto abandona a su esposa, ciertamente
 se le debiera permitir a la agraviada, y tal vez empobrecida
 mujer, cobrar su propio salario, firmar acuerdos comerciales,
30 poseer bienes inmuebles, depositar fondos y ser dueña de sus
 hijos libre de interferencia.



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1 La falta de justicia uniforme es un mal notorio causado
 por el egoísmo y la inhumanidad del hombre. Nuestros
3 antepasados practicaban su fe de la manera enseñada por el
 apóstol Santiago, cuando dijo: “La religión pura y sin mácula
 delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a
6 las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del
 mundo”.


 El orgullo, la envidia, o los celos parecen ser en la mayoría
9 de las ocasiones el maestro de ceremonias, que excluye el
 cristianismo primitivo. Cuando un hombre
 extiende una mano auxiliadora a alguna noble obstaculizada
12 mujer que está luchando sola con la adversidad, su esposa no
 debiera decir: “Nunca conviene interferir en los asuntos del
 prójimo”. A veces una esposa se ve impedida por un avari-
15 cioso tirano doméstico de dar la ayuda espontánea que su
 compasión y caridad quisieran ofrecer.


 El matrimonio debiera significar una unión de corazones.
18 Además, la hora viene de la que habló Jesús, cuando declaró
 que en la resurrección ya no se casarían ni se
 darían en casamiento, sino que el hombre sería progresivo
21 como los ángeles. Entonces el Alma se regocijará en lo suyo,
 en lo cual la pasión no tiene parte. Entonces la pureza de
 blanca vestidura unirá en una sola persona la sabiduría
24 masculina y el amor femenino, la comprensión espiritual y la
 paz perpetua.


 Hasta que se aprenda que Dios es el Padre de todos,
27 el matrimonio continuará. No permitan los mortales un
 desacato a la ley que pudiera llevar a un estado social peor
 que el que ahora existe. La honestidad y la virtud aseguran
30 la estabilidad del pacto matrimonial. El Espíritu reclamará
 al fin lo suyo —todo lo que realmente es— y las voces del
 sentido físico serán acalladas para siempre.



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1 La experiencia debiera ser la escuela de la virtud, y la
 felicidad humana debiera proceder de la naturaleza más
3 elevada del hombre. Quiera el Cristo, la Verdad, La bendición
 estar presente en todo altar nupcial para con-
 vertir el agua en vino y para dar a la vida humana una inspi-
6 ración por la cual la existencia espiritual y eterna del hombre
 pueda ser discernida.


 Si los fundamentos de los afectos humanos son coherentes
9 con el progreso, serán fuertes y duraderos. Los divorcios
 debieran advertir a la época sobre algún error
 fundamental en el estado conyugal. La unión
12 de los sexos sufre una temible discordia. Para alcanzar la
 Ciencia Cristiana y su armonía, la vida debiera ser conside-
 rada más metafísicamente.


15 Los diseminados poderes del mal, tan conspicuos hoy
 en día, se muestran en el materialismo y sensualismo de
 la época, luchando contra la era espiritual que
18 avanza. Contemplando la falta de cristianismo impotentes
 en el mundo y la impotencia de los votos para hacer feliz el
 hogar, la mente humana exigirá al fin un afecto más elevado.


21 Se producirá una fermentación como consecuencia de
 esta reforma, así como de muchas otras, hasta que obtenga-
 mos finalmente el claro filtrado de la verdad,
24 y queden la impureza y el error entre los sedi-
 mentos. La fermentación aun de los fluidos no es agradable.
 Una etapa de inestabilidad y de transición es, de por sí,
27 indeseable. El matrimonio, que alguna vez fue un hecho fijo
 entre nosotros, debe perder su resbaladiza base actual, y el
 hombre debe encontrar permanencia y paz adhiriéndose más
30 a lo espiritual.


 La quimicalización mental, que ha traído la infidelidad
 conyugal a la superficie, seguramente echará fuera este mal,
33 y el matrimonio llegará a ser más puro cuando se haya ido
 la escoria.



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1 Tienes razón, Shakespeare inmortal, gran poeta de la
 humanidad:


3 Dulce es el fruto de la adversidad;


 Que, como el sapo, feo y venenoso,


 Lleva en la frente joya de gran valor.


6 Los desafíos enseñan a los mortales a no apoyarse en un
 báculo material, una caña cascada, que traspasa el corazón.
 Apenas recordamos esto cuando brilla el sol de Pesar
9 la alegría y la prosperidad. El pesar es saluda-
 ble. A través de grandes tribulaciones entramos en el reino.
 Los desafíos son pruebas del cuidado de Dios. El desarrollo
12 espiritual no germina de la simiente sembrada en el terreno
 de esperanzas materiales, sino que cuando estas decaen, el
 Amor propaga de nuevo las alegrías más elevadas del Espíritu,
15 las cuales no tienen mácula terrenal. Cada etapa sucesiva de
 experiencia revela nuevas perspectivas de la bondad y del
 amor divinos.


18 En medio de la gratitud por la felicidad conyugal, bueno
 es recordar cuán efímeras son las alegrías humanas. En
 medio de la infelicidad conyugal, bueno es tener esperanza,
21 orar y esperar pacientemente a que la sabiduría divina señale
 el sendero.


 Marido y mujer jamás debieran separarse si no hay una
24 exigencia cristiana para ello. Es mejor esperar la lógica de los
 acontecimientos en lugar de que una esposa
 abandone precipitadamente a su marido o que
27 un marido abandone a su esposa. Si uno es mejor que el
 otro, como siempre tiene que ser el caso, el otro necesita ante
 todo buena compañía. Sócrates consideraba saludable la
30 paciencia bajo tales circunstancias, haciendo de su Jantipa
 una disciplina para su filosofía.


 El pesar tiene su recompensa. Nunca nos
33 deja donde nos encontró. La hornaza separa
 el oro de la escoria para que el metal precioso pueda ser



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1 grabado con la imagen de Dios. De la copa que nuestro Padre
 nos ha dado, ¿no hemos de beber y aprender las lecciones que
3 Él enseña?


 Cuando el océano es agitado por una tempestad, entonces
 las nubes amenazan, el viento silba por entre los tiesos oben-
6 ques, y las olas se levantan como montañas.
 Preguntamos al timonel: “¿Conoces tu curso?
 ¿Puedes timonear con seguridad en medio de la tempestad?”
9 Él contesta valientemente, pero aun el marino intrépido no
 está seguro de encontrarse a salvo; la ciencia náutica no se
 iguala a la Ciencia de la Mente. Sin embargo, actuando de
12 acuerdo con su más elevada comprensión, firme en el puesto
 del deber, el marino continúa bregando y espera el resultado.
 Así debiéramos conducirnos en el agitado mar del pesar.
15 Esperando y luchando, uno debiera aferrarse a la nave que
 naufraga, hasta que una propulsión irresistible precipite su
 perdición o la luz del sol alegre el mar embravecido.


18 La noción de que la naturaleza animal puede dar fuerza al
 carácter es demasiado absurda para tomarla en consideración,
 cuando recordamos que por ascendiente espiri-
21 tual nuestro Señor y Maestro sanó a los enfer-
 mos, resucitó a los muertos y hasta ordenó a los vientos y las
 olas que lo obedecieran. La gracia y la Verdad son mucho
24 más potentes que todos los otros medios y métodos.


 La falta de poder espiritual en la demostración limitada
 del cristianismo popular no silencia la labor de los siglos. La
27 consciencia espiritual, no la corporal, es la que se necesita.
 El hombre liberado del pecado, la enfermedad y la muerte
 presenta la verdadera semejanza o ideal espiritual.


30 Los sistemas de religión y medicina tratan sobre dolores
 y placeres físicos, mas Jesús reprendió el sufrimiento prove-
 niente de tal causa o efecto. Se aproxima la época en



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1 que la comprensión de la verdad del ser será la base de la
 religión verdadera. En la actualidad, los mortales progresan
3 lentamente por temor a ser considerados ridícu-
 los. Son esclavos de la moda, el orgullo y el


 sentido. Algún día comprenderemos cómo el
6 Espíritu, el gran arquitecto, ha creado a hombres y mujeres
 en la Ciencia. Debiéramos hastiarnos de lo efímero y falso y
 no atesorar nada que obstaculice nuestro yo más elevado.


9 Los celos son la tumba del afecto. La presencia de des-
 confianza, donde debiera haber confianza, marchita las flores
 del Edén y dispersa los pétalos del amor, haciéndolos perecer.
12 No te apresures a prestar el voto “hasta que la muerte nos
 separe”. Considera sus obligaciones, sus responsabilidades,
 su relación con tu crecimiento y con tu influencia sobre otras
15 vidas.


 Sólo conocí a una persona que creía en la partenogénesis;
 era soltera, un personaje encantador, sufría de demencia
18 incipiente, y un Científico Cristiano la sanó.
 He mencionado su caso a otros individuos, al
 echar mi pan sobre las aguas, y quizás esto haya hecho
21 meditar a los buenos, y a los malos tramar sus tontas insinua-
 ciones y mentiras, ya que a veces hasta las causas saludables
 provocan tales efectos. La perpetuación de las especies
24 florales por yemas o división de células es evidente, pero no
 doy crédito a la creencia de que la partenogénesis se aplica a
 la especie humana.


27 La Ciencia Cristiana presenta desarrollo, no acrecenta-
 miento; no manifiesta ningún crecimiento material de
 molécula a mente, sino una comunicación de
30 la Mente divina al hombre y al universo. En la de Dios,


 proporción en que la generación humana cese,
 los intactos eslabones del ser eterno y armonioso serán
33 espiritualmente discernidos; y el hombre, no de la tierra



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1 terrenal, sino coexistente con Dios, aparecerá. El hecho
 científico de que el hombre y el universo son desarrollados
3 en el Espíritu, y son por eso espirituales, está tan firmemente
 establecido en la Ciencia divina como lo está la prueba de
 que los mortales ganan el sentido de salud sólo a medida que
6 pierden el sentido de pecado y de enfermedad. Los mortales
 nunca pueden comprender la creación de Dios mientras
 creen que el hombre es un creador. Los hijos de Dios, ya
9 creados, serán conocidos sólo cuando el hombre encuentre la
 verdad del ser. Así es que el hombre verdadero e ideal apa-
 rece en la proporción en que el falso y material desaparece.
12 Ya no casarse o “darse en casamiento” no termina ni con la
 continuidad del hombre ni con su sentido de incremento del
 número en el plan infinito de Dios. Comprender espiritual-
15 mente que no hay sino un único creador, Dios, revela toda
 la creación, confirma las Escrituras, trae la dulce seguridad
 de que no hay separación, no hay dolor, y que el hombre es
18 imperecedero y perfecto y eterno.


 Si los Científicos Cristianos educan a sus propios vástagos
 espiritualmente, pueden educar a otros espiritualmente y no
21 estar en conflicto con el sentido científico de la creación de
 Dios. Algún día el hijo preguntará a su padre: “¿Guardas el
 Primer Mandamiento? ¿Tienes un solo Dios y creador, o es
24 el hombre un creador?” Si el padre le responde: “Dios crea
 al hombre por medio del hombre”, el hijo podría preguntar:
 “¿Enseñas que el Espíritu crea materialmente, o declaras
27 que el Espíritu es infinito y, por consiguiente, la materia está
 fuera de la cuestión?” Jesús dijo: “Los hijos de este siglo se
 casan, y se dan en casamiento; mas los que fueren tenidos
30 por dignos de alcanzar aquel siglo y la resurrección de entre
 los muertos, ni se casan, ni se dan en casamiento”.





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Capítulo 4 — La Ciencia Cristiana versus el espiritismo




Y si os dijeren:
Preguntad a los encantadores y a los adivinos,
que susurran hablando, responded:
¿No consultará el pueblo a su Dios? — Isaías.


De cierto, de cierto os digo,
que el que guarda mi palabra, nunca verá muerte.
Entonces los judíos le dijeron:
Ahora conocemos que tienes demonio. — Juan.

1 La existencia mortal es un enigma. Cada día es un misterio.
 El testimonio de los sentidos corporales no puede infor-
3 marnos qué es lo real y qué es lo ilusorio, pero las revelaciones
 de la Ciencia Cristiana abren la cerradura de los tesoros de la
 Verdad. Todo lo que es falso o pecaminoso jamás El Espíritu
6 puede entrar en la atmósfera del Espíritu. Hay único, infinito
 un único Espíritu. El hombre jamás es Dios, pero el hombre
 espiritual, creado a semejanza de Dios, refleja a Dios. En este
9 reflejo científico el Ego y el Padre son inseparables. La suposi-
 ción de que los seres corpóreos son espíritus, o que hay
 espíritus buenos y malos, es una equivocación.
12 La Mente divina mantiene todas las identidades, desde una
 brizna de hierba hasta una estrella, inconfundi-
 bles y eternas. Las preguntas son: ¿Qué son las
15 identidades de Dios? ¿Qué es el Alma? ¿Existe vida o alma en
 la cosa formada?



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1 Nada es real y eterno —nada es Espíritu— sino Dios y Su
 idea. El mal no tiene realidad. No es ni persona, lugar, ni
3 cosa, sino que es simplemente una creencia, una ilusión del
 sentido material.


 La identidad, o idea, de toda realidad continúa para
6 siempre; pero el Espíritu, o Principio divino de todo, no
 está en las formaciones del Espíritu. Alma es sinónimo de
 Espíritu, Dios, el Principio creativo, gobernante, infinito,
9 fuera de la forma finita, al cual las formas sólo reflejan.


 Cierra los ojos, y puede que sueñes que ves una flor, que
 la tocas y hueles. Así aprendes que la flor es un producto de
12 la así llamada mente, una formación del pensa-
 miento más bien que de la materia. Cierra los
 ojos nuevamente, y puede que veas panoramas, hombres y
15 mujeres. Así aprendes que también estos son imágenes que la
 mente mortal mantiene y desarrolla y que simulan la mente,
 la vida y la inteligencia. De los sueños también aprendes que
18 ni la mente mortal ni la materia es la imagen y semejanza de
 Dios, y que la Mente inmortal no está en la materia.


 Cuando la Ciencia de la Mente sea comprendida, se
21 encontrará que el espiritismo es esencialmente erróneo,
 que no tiene ninguna base ni origen científico,
 ninguna prueba ni poder fuera del testimonio
24 humano. Es el vástago de los sentidos físicos. No hay sen-
 sualidad en el Espíritu. Jamás pude creer en el espiritismo.


 La base y la estructura del espiritismo son igualmente
27 materiales y físicas. Sus espíritus son otras tantas cor-
 poralidades, limitadas y finitas en carácter y calidad. El
 espiritismo, por tanto, presupone que el Espíritu, que es
30 siempre infinito, es un ser corpóreo, una forma finita, una
 teoría contraria a la Ciencia Cristiana.



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1 No hay sino una única existencia espiritual: la Vida, de
 la cual el sentido corporal no puede tener conocimiento.
3 El Principio divino del hombre habla por medio del sentido
 inmortal. Si un cuerpo material —en otras palabras, el
 sentido mortal y material— fuera impregnado por el
6 Espíritu, ese cuerpo desaparecería para el sentido mortal,
 sería imperecedero. Una condición previa para estar en
 comunión con el Espíritu es ganar la vida espiritual.


9 Los así llamados espíritus no son nada más que comuni-
 cadores corpóreos. Tal como la luz destruye la oscuridad y
 en lugar de la oscuridad todo es luz, así (en la
12 Ciencia absoluta) el Alma, o Dios, es la única
 que da la verdad al hombre. La Verdad destruye la mortali-
 dad, y trae a luz la inmortalidad. La creencia mortal (el
15 sentido material de la vida) y la Verdad inmortal (el sentido
 espiritual) son la cizaña y el trigo, que no son unidas por el
 progreso, sino separadas.


18 La perfección no es expresada por medio de la imperfec-
 ción. El Espíritu no es puesto de manifiesto por medio de
 la materia, el antípoda del Espíritu. El error no es un tamiz
21 conveniente a través del cual pueda ser cernida la verdad.


 Como Dios, el bien, está siempre presente, se deduce
 en la lógica divina que el mal, el supuesto contrario del
24 bien, nunca está presente. En la Ciencia, el
 bien individual derivado de Dios, el infinito
 Todo-en-todo, puede fluir de los fallecidos a los mortales;
27 pero el mal no es comunicable ni científico. Un mortal
 pecador y terrenal no es la realidad de la Vida ni el medio
 por el cual la verdad pasa a la tierra. La alegría de la comu-
30 nicación se convierte en la burla del pecado, cuando el mal
 y el sufrimiento son comunicables. No es la comunión entre
 las personas, sino la ley divina la que comunica la verdad, la
33 salud y la armonía a la tierra y a la humanidad. Es tan
 imposible mezclar el fuego y la escarcha como el Espíritu y la



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1 materia. En ninguno de los dos casos el uno apoya el otro.


 El espiritismo llama material a una persona que vive en
3 este mundo, pero a otra, que ha muerto hoy pecadora y que
 supuestamente regresará a la tierra mañana, la denomina un
 espíritu. El hecho es que ni la una ni la otra es el Espíritu infi-
6 nito, porque el Espíritu es Dios, y el hombre es Su semejanza.


 La creencia de que un hombre, como espíritu, puede
 controlar a otro hombre, como materia, trastorna tanto la
9 individualidad como la Ciencia del hombre,
 porque el hombre es imagen. Dios controla al
 hombre, y Dios es el único Espíritu. Cualquier otro control o
12 atracción de un así llamado espíritu es una creencia mortal
 que debe conocerse por su fruto: la repetición del mal.


 Si el Espíritu, o Dios, se comunicara con los mortales o
15 los controlara por medio de la electricidad o cualquier otra
 forma de materia, el orden divino y la Ciencia del Espíritu
 omnipotente y omnipresente serían destruidos.


18 La creencia de que los cuerpos materiales vuelven al
 polvo, para resucitar en el más allá como cuerpos espirituales
 con sensaciones y deseos materiales, es inco-
21 rrecta. Igualmente incorrecta es la creencia de incorrectas
 que el espíritu está confinado dentro de un cuerpo finito y
 material, del cual es liberado por la muerte, y que, cuando es
24 liberado del cuerpo material, el espíritu retiene las sensacio-
 nes pertenecientes a ese cuerpo.


 Es una grave equivocación suponer que la materia es una
27 parte de la realidad de la existencia inteligente, o que el
 Espíritu y la materia, la inteligencia y la ausen-
 cia de inteligencia, pueden comunicarse entre


30 sí. Este error será destruido por la Ciencia.
 No puede hacerse de lo sensorio el vocero de lo espiritual,
 ni puede lo finito convertirse en el conducto de lo infinito.
33 No hay comunicación entre la así llamada existencia material



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1 y la vida espiritual, la cual no está sujeta a la muerte.


 Para estar en condiciones de comunicarse con el Espíritu,
3 las personas tienen que estar libres de los cuerpos orgánicos;
 y su regreso a un estado material, después de
 haberlo dejado, sería tan imposible como lo
6 sería la restauración de la bellota a su condición original, ya
 convertida en un brote que ha salido de la tierra. La semilla
 que ha germinado tiene una forma y un estado nuevos de
9 existencia. Cuando aquí o en el más allá la creencia de vida en
 la materia se extingue, el error que ha mantenido tal creencia
 se disuelve con la creencia, y nunca vuelve a su condición
12 antigua. Ninguna correspondencia ni comunión puede existir
 entre personas que están en sueños tan opuestos como la
 creencia de haber muerto y dejado un cuerpo material y la
15 creencia de vivir aún en un cuerpo orgánico y material.


 La oruga, transformada en un bello insecto, ya no es un
 gusano, ni vuelve el insecto a fraternizar con el gusano ni a
18 controlarlo. Semejante transformación regre-
 siva es imposible en la Ciencia. La oscuridad y sin puente
 la luz, la infancia y la madurez, la enfermedad y la salud, son
21 opuestas, creencias diferentes que jamás se amalgaman.
 ¿Quién dirá que la infancia puede expresar las ideas de la
 madurez, que la oscuridad puede representar la luz, que
24 estamos en Europa cuando nos encontramos en el hemisferio
 opuesto? No hay ningún puente a través de la sima que
 divide dos condiciones tan opuestas como la espiritual, o
27 incorpórea, y la física, o corpórea.


 En la Ciencia Cristiana jamás hay un paso retrógrado,
 jamás un regreso a posiciones superadas. Los así llamados
30 muertos y los vivos no pueden comunicarse, pues están en
 estados separados de existencia, o consciencia.



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1 Esta simple verdad pone al descubierto la suposición
 equivocada de que el hombre muere como materia pero que
3 vuelve a la vida como espíritu. Los así llama-
 dos muertos, a fin de reaparecer a aquellos que que no es


 están aún en la existencia reconocida por los
6 sentidos físicos, tendrían que ser tangibles y materiales
 —tener una investidura material— o los sentidos materiales
 no podrían reconocer a los así llamados muertos.


9 El espiritismo quisiera trasladar a los hombres desde el
 sentido espiritual de la existencia de regreso al sentido material
 de ella. Este tosco materialismo es científicamente imposible,
12 ya que para el Espíritu infinito no puede haber materia.


 Jesús dijo de Lázaro: “Nuestro amigo Lázaro duerme; mas
 voy para despertarle”. Jesús restableció a Lázaro mediante la
15 comprensión de que Lázaro nunca había muerto, Resucitando
 no mediante la admisión de que su cuerpo había a los muertos
 muerto y luego vuelto a vivir. Si Jesús hubiera creído que
18 Lázaro había vivido o muerto en su cuerpo, el Maestro
 hubiera estado en el mismo plano de creencia que aquellos
 que enterraron el cuerpo, y no hubiera podido resucitarlo.


21 Cuando puedes despertarte a ti mismo o a otros de la
 creencia de que todo tiene que morir, puedes entonces ejercer
 el poder espiritual de Jesús para reproducir la presencia de
24 aquellos que han creído haber muerto, pero no de otro modo.


 Hay un momento posible, en el que aquellos que viven en
 la tierra y aquellos llamados muertos, pueden comunicarse, y
27 ese es el momento que precede a la transición,
 el momento en que el eslabón entre sus creen-
 cias opuestas está siendo cortado. En el vestíbulo por el que
30 pasamos de un sueño a otro sueño, o cuando nos desperta-
 mos del sueño de la tierra a las grandes verdades de la Vida,
 los que se están yendo tal vez oigan la bienvenida gozosa de



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1 aquellos que se han ido antes. Los que se están yendo puede
 que susurren esta visión, nombren la faz que les sonríe y la
3 mano que los llama, así como alguien ante el Niágara, con los
 ojos abiertos únicamente a esa maravilla, olvida todo lo
 demás y expresa en voz alta su embeleso.


6 Cuando el ser sea comprendido, la Vida será reconocida
 no como material ni finita, sino como infinita, como Dios, el
 bien universal; y la creencia de que la vida, o
9 mente, estuvo alguna vez en una forma finita,
 o el bien en el mal, será destruida. Entonces se comprenderá
 que el Espíritu nunca entró en la materia y, por tanto, nunca
12 fue resucitado de la materia. Cuando ha avanzado al ser
 espiritual y a la comprensión de Dios, el hombre ya no puede
 comunicarse con la materia; ni puede retornar a ella, como
15 tampoco un árbol puede retornar a su semilla. Ni parecerá
 que el hombre es corpóreo, sino que será una consciencia
 individual, caracterizada por el Espíritu divino como idea,
18 no materia.


 Las creencias de sufrimiento, pecado y muerte son irreales.
 Cuando la Ciencia divina sea universalmente comprendida,
21 ellas no tendrán poder sobre el hombre, porque el hombre es
 inmortal y vive por autoridad divina.


 El gozo impecable —la perfecta armonía e inmortalidad
24 de la Vida, que posee belleza y bondad divinas ilimitadas sin
 un solo placer o dolor corporal— constituye el
 único hombre verdadero e indestructible, cuyo inmateriales
27 ser es espiritual. Este estado de existencia es científico y está
 intacto, una perfección discernible sólo para aquellos que
 tienen la comprensión final del Cristo en la Ciencia divina.
30 La muerte jamás puede apresurar este estado de existencia,
 porque hay que vencer la muerte y no someterse a ella, antes
 que aparezca la inmortalidad.


33 El reconocimiento del Espíritu y la infinitud no viene



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1 repentinamente aquí o en el más allá. El piadoso Policarpo
 dijo: “No puedo pasar de repente del bien al mal”. Tampoco
3 otros mortales logran el cambio del error a la verdad de un
 solo salto.


 La existencia continúa siendo una creencia del sentido
6 corporal hasta que la Ciencia del ser es alcanzada. El error trae
 en sí su propia destrucción tanto aquí como en el La segunda
 más allá, pues la mente mortal crea sus propias muerte
9 condiciones físicas. La muerte ocurrirá en el próximo plano de
 existencia así como en este, hasta que la comprensión espiritual
 de la Vida sea alcanzada. Entonces, y no hasta entonces, será
12 demostrado que “la segunda muerte no tiene potestad”.


 El período requerido para que este sueño de vida material,
 que lleva en sí sus así llamados placeres y dolores, se desva-
15 nezca de la consciencia, “nadie sabe... ni el Hijo, Un sueño
 sino el Padre”. Este período será de mayor o
 menor duración, de acuerdo con la tenacidad del error. ¿Qué
18 ventaja tendría, entonces, para nosotros o para los fallecidos,
 prolongar el estado material y así prolongar la ilusión, ya sea
 de un alma inerte o de un sentido que peca y sufre, una así
21 llamada mente encadenada a la materia?


 Aun si las comunicaciones de los espíritus con la cons-
 ciencia mortal fueran posibles, tales comunicaciones dismi-
24 nuirían maravillosamente más con cada etapa
 avanzada de la existencia. Los fallecidos se
 elevarían gradualmente por encima de la ignorancia y la
27 materialidad, y los espiritistas superarían sus creencias en el
 espiritismo material. El espiritismo relega a los así llamados
 muertos a un estado parecido al de capullos malogrados, a
30 un purgatorio desdichado, donde las oportunidades para el
 mejoramiento de los fallecidos se reducen hasta convertirse en
 nada y ellos vuelven a sus antiguos puntos de vista materiales.



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1 La flor que se marchita, el capullo malogrado, el roble
 nudoso, la bestia feroz —al igual que las discordias de
3 la enfermedad, el pecado y la muerte— son
 innaturales. Son las falsedades del sentido, las
 cambiantes desviaciones de la mente mortal; no son las
6 realidades eternas de la Mente.


 ¡Cuán irrazonable es la creencia de que estamos consu-
 miendo la vida y apresurándonos hacia la muerte, y que al
9 mismo tiempo nos estamos comunicando con
 la inmortalidad! Si los fallecidos están en con-
 cordancia con la mortalidad, o materia, no son espirituales,
12 sino que deben ser todavía mortales, que pecan, sufren y
 mueren. Entonces, ¿por qué recurrir a ellos —aun si fuera
 posible la comunicación— por pruebas de la inmortalidad
15 y aceptarlos como oráculos? Las comunicaciones deducidas
 de la ignorancia son de tendencia perniciosa.


 El espiritismo con sus acompañamientos materiales
18 destruiría la supremacía del Espíritu. Si el Espíritu llena
 todo el espacio, no necesita ningún método material para la
 transmisión de mensajes. El Espíritu no necesita de cables
21 ni de electricidad para ser omnipresente.


 El Espíritu no es materialmente tangible. ¿Cómo puede
 entonces comunicarse con el hombre por medio de efectos
24 materiales eléctricos? ¿Cómo pueden la majes-
 tad y la omnipotencia del Espíritu perderse?
 Dios no está en la mezcolanza donde la materia cuida de la
27 materia, donde el espiritismo hace muchos dioses, y se
 pretende que el hipnotismo y la electricidad sean los agentes
 del gobierno de Dios.


30 El Espíritu bendice al hombre, pero el hombre no sabe
 “de dónde viene”. Por medio de aquel, los enfermos son
 sanados, los afligidos son consolados y los pecadores son
33 reformados. Estos son los efectos de un único Dios uni­
 versal, el bien invisible que mora en la Ciencia eterna.



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1 El acto de describir la enfermedad —sus síntomas, locali-
 zación y letalidad— no es científico. Prevenir a la gente
3 contra la muerte es un error que tiende a asustar Pensamiento
 a muerte a aquellos que ignoran que la Vida es


 Dios. Podrían citarse miles de casos en que le
6 fue restituida la salud al paciente al cambiar sus pensamientos
 sobre la muerte.


 Un método mental científico es más saludable que el uso
9 de medicamentos, y tal método mental produce salud perma-
 nente. La Ciencia debe recorrer todo el terreno Hipótesis
 y desenterrar cada semilla sembrada por el error. falaces
12 El espiritismo confía en creencias e hipótesis humanas. La
 Ciencia Cristiana elimina estas creencias e hipótesis por
 medio de una comprensión más elevada de Dios, pues la
15 Ciencia Cristiana, basándose en el Principio divino, no en las
 personalidades materiales, en su revelación de la inmortali-
 dad, introduce la armonía del ser.


18 Jesús echaba fuera los espíritus malos, o creencias falsas.
 El apóstol Pablo exhortó a los hombres a que tuvieran la Mente
 que hubo en Cristo. Jesús hizo su propia obra por medio del
21 Espíritu único. Él dijo: “Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo
 trabajo”. Jamás describía la enfermedad, por lo que se puede
 deducir de los Evangelios, sino que sanaba la enfermedad.


24 El sanador que no es científico dice: “Estás enfermo. Tu
 cerebro está fatigado, y debes descansar. Tu cuerpo está débil
 y debe ser fortalecido. Sufres de postración
27 nerviosa y necesitas tratamiento”. La Ciencia
 objeta a todo esto, luchando por los derechos de la inteligencia
 y afirmando que la Mente controla el cuerpo y el cerebro.


30 La ciencia-Mente enseña que los mortales no tienen por qué
 can­sarse “de hacer bien”. Ella disipa la fatiga
 que pudie­ra resultar de hacer lo bueno. Dar no divina
33 nos empobrece en el servicio de nuestro Hacedor, ni retener



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1 nos enriquece. Tenemos fuerzas en proporción a nuestra
 comprensión de la verdad, y nuestras fuerzas no disminuyen
3 por proclamar la verdad. Una taza de café o de té no es el
 equivalente de la verdad, ya sea para inspirar un sermón o
 para apoyar la resistencia corporal.


6 Una comunicación atribuida al extinto Teodoro Parker
 dice lo siguiente: “Jamás hubo, ni habrá jamás, un espíritu
 inmortal”. Sin embargo, la misma revista
9 que contiene esta frase repite semanalmente
 la aserción de que las comunicaciones de los espíritus son
 nuestras únicas pruebas de la inmortalidad.


12 No abrigo ninguna duda respecto a la humanidad y
 filantropía de muchos espiritistas, pero no puedo coincidir
 con sus puntos de vista. Es el misticismo lo que El misticismo
15 da al espiritismo su fuerza. La Ciencia disipa el no es científico
 misterio y explica los fenómenos extraordinarios; pero la
 Ciencia jamás traslada los fenómenos del dominio de la
18 razón al reino del misticismo.


 No debiera parecer misterioso que la mente, sin la ayuda
 de las manos, pueda mover una mesa, cuando ya sabemos
21 que es el poder mental lo que mueve tanto la
 mesa como la mano. Hasta el “planchette”
 —el juguete francés que hace años divirtió a tanta gente—
24 confirmó el control de la mente mortal sobre su sustrato,
 llamado materia.


 Es la mente mortal la que convulsiona su sustrato, la
27 materia. Estos movimientos surgen de la volición de la
 creencia humana, pero no son ni científicos ni racionales.
 La mente mortal produce la inclinación de la mesa tan
30 ciertamente como hace poner la mesa para comer, y cree
 que esta maravilla emana de los espíritus y la electricidad.
 Esta creencia se basa en la convicción generalizada de que
33 la mente y la materia cooperan tanto visible como invisible-
 mente y que, por consiguiente, la materia es inteligente.



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1 No hay tanta evidencia para comprobar la comunicación
 entre los así llamados muertos y los vivos como la hay para
3 mostrar a los enfermos que la materia sufre y
 tiene sensación; sin embargo, esta última evi-
 dencia es destruida por la ciencia-Mente. Si los espiritistas
6 comprendieran la Ciencia del ser, su creencia en la práctica
 de los médium desaparecería.


 A lo sumo y basado en sus propias teorías, el espiritismo
9 sólo puede comprobar que ciertos individuos tienen una
 existencia que continúa después de la muerte y Ninguna prueba
 que mantienen su afiliación con la carne mortal; de inmortalidad
12 pero este hecho no ofrece ninguna certeza de la vida eterna.
 La aserción de un hombre de que es inmortal no comprueba
 que lo sea, como tampoco la afirmación opuesta, de que es
15 mortal, comprobaría que la inmortalidad es una mentira.
 El caso tampoco mejora cuando supuestos espíritus enseñan
 la inmortalidad. La Vida, el Amor, la Verdad, es la única
18 prueba de la inmortalidad.


 El hombre a semejanza de Dios, como es revelado en la
 Ciencia, no puede evitar ser inmortal. Aunque parece que la
21 hierba se seca y la flor se marchita, ellas reapare-
 cen. Borra los signos que expresan los números, taciones


 silencia los tonos de la música, entrega a los
24 gusanos el cuerpo llamado hombre y, no obstante, el
 Principio divino, productor, gobernante sigue viviendo —en
 el caso del hombre tan ciertamente como en el caso de los
27 números y la música— a pesar de las así llamadas leyes de la
 materia que definen al hombre como mortal. Aunque la
 desarmonía que resulta del sentido material oculta la armonía
30 de la Ciencia, la desarmonía no puede destruir el Principio
 divino de la Ciencia. En la Ciencia, la inmortalidad del
 hombre depende de la de Dios, el bien, y ocurre como una
33 consecuencia necesaria de la inmortalidad del bien.


 Es evidente que en algún sitio hay alguien que debe
 haber conocido a la persona fallecida que se supone es el



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1 que comunica, y es tan fácil leer los pensamientos distantes
 como los cercanos. Pensamos en un amigo ausente tan
3 fácilmente como pensamos en uno presente.
 No es más difícil leer la mente ausente de lo
 que es leer la presente. Chaucer escribió hace siglos, no
6 obstante, aún leemos su pensamiento en sus versos. ¿Qué es
 el estudio de los clásicos, sino el discernimiento de las mentes
 de Homero y Virgilio, de cuya existencia personal quizás
9 dudemos?


 Si los fallecidos han logrado alcanzar la vida espiritual, no
 pueden retornar a la existencia material, porque se trata de
12 diferentes estados de consciencia, y una persona
 no puede existir en dos estados diferentes de


 consciencia al mismo tiempo. Cuando dormi-
15 mos no nos comunicamos con el que sueña a nuestro lado a
 pesar de su proximidad física, porque ambos estamos o bien
 inconscientes o vagando en nuestros sueños por diferentes
18 laberintos de consciencia.


 De la misma manera se deduciría que, aun si nuestros
 amigos fallecidos estuvieran cerca de nosotros y se hallaran
21 en un estado tan consciente de existencia como antes del
 cambio que llamamos muerte, su estado de consciencia ten-
 dría que ser diferente del nuestro. Nosotros no estamos en
24 su estado, ni están ellos en el reino mental en que moramos
 nosotros. La comunicación entre ellos y nosotros se vería
 impedida por esta diferencia. Los estados mentales son de tal
27 modo desiguales, que la intercomunicación es tan imposible
 como lo sería la de un topo con un ser humano. Diferentes
 sueños y diferentes despertares denotan consciencias diferen-
30 tes. Deambulando por Australia, ¿buscamos la ayuda de los
 esquimales en sus viviendas de nieve?


 En un mundo de pecado y sensualidad que se apresura
33 hacia un mayor desarrollo de poder, es sabio considerar



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1 seriamente si es la mente humana o la Mente divina la que lo
 está influenciando a uno. Lo que los profetas de Jehová
3 hicieron, los adoradores de Baal no lo lograron; sin embargo,
 el artificio y el engaño pretendieron que podían igualar la
 obra de la sabiduría.


6 Sólo la Ciencia puede explicar los increíbles elementos
 buenos y malos que están saliendo ahora a la superficie.
 Los mortales tienen que encontrar refugio en la Verdad a fin
9 de escapar del error de estos postreros días. Nada es más
 antagónico a la Ciencia Cristiana que una creencia ciega sin
 comprensión, pues tal creencia oculta la Verdad y construye
12 sobre el error.


 Los milagros son imposibles en la Ciencia, y aquí la Ciencia
 está en desacuerdo con las religiones populares. La manifesta-
15 ción científica del poder proviene de la natu-
 raleza divina y no es sobrenatural, ya que la
 Ciencia es una explicación de la naturaleza. La creencia de que
18 el universo, incluyendo el hombre, está gobernado en general
 por leyes materiales, pero que ocasionalmente el Espíritu hace
 a un lado estas leyes, esta creencia menosprecia la sabiduría
21 omnipotente, y da a la materia precedencia sobre el Espíritu.


 Es contrario a la Ciencia Cristiana suponer que la vida es
 material u orgánicamente espiritual. Entre la Ciencia Cristiana
24 y todas las formas de superstición está firme-
 mente establecida una gran sima, tan infran-
 queable como aquella entre el hombre rico y Lázaro. Existe la
27 lectura de la mente mortal y la lectura de la Mente inmortal.
 Esta última es una revelación del propósito divino a través de la
 comprensión espiritual, por medio de la cual el hombre alcanza
30 el Principio divino y la explicación de todas las cosas. La
 lectura de la mente mortal y la lectura de la Mente inmortal
 son puntos de vista marcadamente opuestos, desde los cuales la
33 causa y el efecto son interpretados. El acto de leer la mente
 mortal investiga y toca únicamente las creencias humanas.



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1 La Ciencia es inmortal y no coordina ni con las premisas ni
 con las conclusiones de las creencias mortales.


3 Los antiguos profetas obtenían su previsión desde un
 punto de vista espiritual e incorpóreo, no por presagiar el
 mal ni por confundir la realidad con la ficción, Previsión
6 prediciendo el futuro desde una base de corpo-
 ralidad y de creencias humanas. Cuando están lo suficiente-
 mente avanzados en la Ciencia como para estar en armonía
9 con la verdad del ser, los hombres involuntariamente llegan a
 ser videntes y profetas, no controlados por demonios, espíri-
 tus, ni semidioses, sino por el Espíritu único. Es la prerroga-
12 tiva de la Mente divina y siempre presente, y del pensamiento
 que está en concordancia con esta Mente, conocer el pasado,
 el presente y el futuro.


15 Estar familiarizado con la Ciencia del ser nos capacita
 para comunicarnos más ampliamente con la Mente divina,
 para prever y predecir los acontecimientos que conciernen
18 al bienestar universal, para estar divinamente inspirados, sí,
 para alcanzar el ámbito de la Mente ilimitada.


 Comprender que la Mente es infinita, no es limitada por
21 la corporalidad, no dependiente del oído y del ojo para oír o
 ver ni de los músculos y de los huesos para la
 locomoción, es un paso hacia la ciencia-Mente, ilimitada
24 por medio de la cual discernimos la naturaleza y la existencia
 del hombre. Esta verdadera concepción del ser destruye la
 creencia del espiritismo en su mismo comienzo, pues sin la
27 concesión de que hay personalidades materiales llamadas
 espíritus, el espiritismo no tiene base alguna sobre la cual
 construir.


30 Todo lo que sabemos correctamente del Espíritu viene
 de Dios, el Principio divino, y se aprende mediante el Cristo
 y la Ciencia Cristiana. Si esta Ciencia ha sido
33 aprendida a fondo y asimilada debidamente,
 podemos conocer la verdad más exactamente de lo que puede



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1 el astrónomo leer las estrellas o calcular un eclipse. Esta
 lectura por la Mente es lo opuesto de la clarividencia. Es la
3 iluminación de la comprensión espiritual que demuestra la
 capacidad del Alma, no la del sentido material. Este sentido-
 Alma viene a la mente humana cuando esta se somete a la
6 Mente divina.


 Tales intuiciones revelan todo lo que constituye y perpe-
 túa la armonía, capacitándolo a uno para hacer el bien, pero
9 no el mal. Alcanzarás la Ciencia perfecta de la Valor de
 curación cuando seas capaz de leer la mente
 humana de esta manera y discernir el error que quieres
12 destruir. La samaritana dijo: “Venid, ved a un hombre que
 me ha dicho todo cuanto he hecho. ¿No será éste el Cristo?”


 Está registrado que Jesús, en cierta ocasión en que
15 viajaba con sus discípulos, conoció “los pensamientos de
 ellos”, los leyó científicamente. De igual manera discernía la
 enfermedad y sanaba a los enfermos. Por el mismo método,
18 acontecimientos de gran importancia fueron predichos con
 anticipación por los profetas hebreos. Nuestro Maestro
 reprendió la falta de este poder cuando dijo: “¡Hipócritas! que
21 sabéis distinguir el aspecto del cielo, ¡mas las señales de los
 tiempos no podéis!”


 Tanto los judíos como los gentiles pueden haber tenido
24 sentidos corporales agudos, pero los mortales necesitan el
 sentido espiritual. Jesús sabía que esa generación La hipocresía
 era mala y adúltera, que buscaba lo material más condenada
27 que lo espiritual. Sus estocadas contra el materialismo eran
 cortantes pero necesarias. Él nunca escatimó a la hipocresía
 la más severa condenación. Dijo: “Esto era necesario hacer,
30 sin dejar de hacer aquello”. El gran Maestro conocía tanto la
 causa como el efecto, sabía que la verdad se comunica a sí
 misma pero que nunca imparte el error.



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1 Una vez Jesús preguntó: “¿Quién... me ha tocado?”
 Suponiendo que esta pregunta era ocasionada por el con-
3 tacto físico solo, sus discípulos respondieron:
 “La multitud te aprieta”. Jesús sabía, lo que
 otros no, que no era la materia, sino la mente mortal cuyo
6 toque pedía ayuda. Al reiterar su pregunta, le respondió la fe
 de una mujer enferma. La percepción inmediata que él tuvo
 de esta llamada mental ilustró su espiritualidad. El concepto
9 equivocado de los discípulos sobre el hecho puso al descubierto
 su materialidad. Jesús poseía más susceptibilidad espiritual
 que los discípulos. Los opuestos provienen de direcciones
12 contrarias, y producen resultados disímiles.


 Los mortales desarrollan imágenes de pensamiento.
 Estas puede que parezcan ser apariciones al ignorante; pero
15 son misteriosas sólo porque es inusual ver
 pensamientos, aunque siempre podemos sentir pensamiento
 su influencia. Las casas embrujadas, las voces espectrales, los
18 ruidos extraños y las apariciones producidas en sesiones a
 oscuras, o bien entrañan artificios de embaucadores, o son
 imágenes y sonidos desarrollados involuntariamente por la
21 mente mortal. La vista es una cualidad del sentido físico
 tanto como la sensación. Entonces, ¿por qué es más difícil
 ver un pensamiento que sentirlo? Sólo la educación deter-
24 mina la diferencia. En realidad no hay ninguna.


 Los retratos, los cuadros de paisajes, los facsímiles de
 escritos, las peculiaridades de expresión, las frases que se
27 recuerdan, todo esto puede obtenerse del pensa-
 miento pictórico y de la memoria, tan fácilmente explicados
 como de los objetos perceptibles por medio de los sentidos.
30 La mente mortal ve lo que cree tan ciertamente como cree lo
 que ve. Siente, oye y ve sus propios pensamientos. Los
 cuadros son formados mentalmente antes que el artista
33 pueda llevarlos al lienzo. Así es con todas las concepciones



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1 materiales. Los adivinadores del pensamiento perciben estos
 cuadros del pensamiento. Los copian o los reproducen, aun
3 cuando se hayan perdido de la memoria de la mente en que
 se pueden descubrir.


 No es necesario que el pensamiento o que la persona que
6 mantiene el cuadro transferido esté individual y consciente-
 mente presente. Aunque los individuos hayan
 fallecido, su ambiente mental permanece para
9 ser discernido, descrito y transmitido. Aunque los cuerpos
 estén separados por leguas y sus asociaciones olvidadas, sus
 asociaciones flotan en la atmósfera general de la mente
12 humana.


 Los escoceses llaman a dicha visión “segunda vista”,
 cuando realmente es la primera vista en lugar de la segunda,
15 pues presenta hechos primordiales a la mente
 mortal. La Ciencia lo capacita a uno para leer
 la mente humana, pero no como un clarividente. Lo capacita
18 a uno para sanar por medio de la Mente, pero no como un
 mesmerista.


 La mina nada sabe de las esmeraldas dentro de sus rocas;
21 el mar nada sabe de las gemas dentro de sus cavernas, de los
 corales, de los afilados arrecifes, de los grandes Secretos
 barcos que flotan en su seno, o de los cuerpos
24 que yacen sepultados en sus arenas; sin embargo, todos estos
 están allí. No supongas que un concepto mental desaparece
 porque no piensas en él. El concepto verdadero jamás se
27 pierde. Las fuertes impresiones producidas en la mente
 mortal por la amistad o por cualquier sentimiento intenso
 son duraderas, y los adivinadores del pensamiento pueden
30 percibir y reproducir estas impresiones.


 La memoria puede reproducir voces por mucho tiempo
 silenciosas. Sólo tenemos que cerrar los ojos, y Amigos
33 surgen figuras ante nosotros que están a miles
 de millas de distancia o que han desaparecido completamente



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1 de la vista y del sentido físico, y esto sin estar soñando dormi-
 dos. Cuando soñamos despiertos podemos recordar aquello
3 que expresó el poeta Tennyson como deseo del corazón:


 el toque de una mano desaparecida,


6 La mente puede hasta tener conocimiento de la presencia de
 un sabor y de un olor, cuando ningún manjar toca el paladar
 y ningún aroma llega a la nariz.


9 ¿Cómo pueden distinguirse las ideas verdaderas de las
 ilusiones? Aprendiendo el origen de cada una. Las ideas son
 emanaciones de la Mente divina. Los pensamien-
12 tos, que proceden del cerebro o de la materia,
 son brotes de la mente mortal; son creencias mortales y
 materiales. Las ideas son espirituales, armoniosas y eternas.
15 Las creencias proceden de los así llamados sentidos materiales,
 que en ciertas ocasiones se supone que son materia-sustancia
 y en otras son llamadas espíritus.


18 Amar al prójimo como a uno mismo es una idea divina;
 pero esta idea jamás puede ser vista, sentida ni comprendida
 por medio de los sentidos físicos. Excita el órgano de la vene-
21 ración o de la fe religiosa, y el individuo manifiesta adoración
 profunda. Excita la tendencia opuesta, y él blasfema. Estos
 efectos, sin embargo, no proceden del cristianismo ni son
24 fenómenos espirituales, pues ambos emanan de la creencia
 mortal.


 La elocuencia repite el eco de las melodías de la Verdad y el
27 Amor. Eso se debe más bien a la inspiración que a la erudición.
 Muestra las posibilidades derivadas de la Mente La elocuencia
 divina, aunque se dice que es un don obtenido


30 mediante el estudio de libros o recibido por el
 impulso de los espíritus de los fallecidos. Cuando la elocuen-
 cia procede de la creencia de que el espíritu de un fallecido



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1 está hablando, ¿quién puede decir lo que la médium sin ayuda
 es capaz de saber o expresar? Este fenómeno solamente
3 muestra que las creencias de la mente mortal están desatadas.
 Olvidando su ignorancia, en la creencia de que otra mente
 está hablando por medio de ella, la médium puede volverse
6 inusitadamente elocuente. Al tener más fe en otros que en sí
 misma, y creer que otra persona posee su lengua y su mente,
 habla con soltura.


9 Destruye su creencia en la ayuda exterior, y su elocuencia
 desaparece. Vuelven las antiguas limitaciones de su creencia.
 Dice: “Soy incapaz de usar palabras que deslumbran, porque
12 no tengo instrucción”. Este ejemplo común confirma la
 palabra de las Escrituras respecto a un hombre: “Cual es su
 pensamiento en su corazón, tal es él”. Si uno cree que no
15 puede ser un orador sin haber estudiado o sin una condición
 sobreañadida, el cuerpo responde a esta creencia, y la lengua
 que antes era elocuente enmudece.


18 La Mente no depende necesariamente de procesos educa-
 tivos. Posee de por sí toda la belleza y la poesía, y el poder de
 expresarlas. El Espíritu, Dios, es oído cuando
21 los sentidos están en silencio. Todos somos
 capaces de hacer más de lo que hacemos. La influencia o
 acción del Alma confiere una libertad que explica los fenó-
24 menos de la improvisación y el fervor de los labios incultos.


 La materia no es inteligente ni creativa. El árbol no es el
 autor de sí mismo. El sonido no es el que origina la música,
27 y el hombre no es el padre del hombre. Caín
 muy naturalmente concluyó que si la vida
 estaba en el cuerpo, y el hombre la daba, el hombre tenía el
30 derecho de quitarla. Este incidente muestra que la creencia de
 que hay vida en la materia fue “homicida desde el principio”.


 Si la semilla es necesaria para producir trigo, y el trigo



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1 para producir harina, o si un animal puede originar otro,
 ¿cómo podemos entonces explicar su origen primario?
3 ¿Cómo fueron multiplicados los panes y los peces en las
 riberas de Galilea, y eso también sin harina o mónada de
 donde el pan o el pez pudieran venir?


6 La órbita de la tierra y la línea imaginaria llamada ecua-
 dor no son sustancia. El movimiento y la posición de la tierra
 son sostenidos por la Mente sola. Despójate del La Mente es
9 pensamiento de que pueda haber sustancia en
 la materia, y encontrarás que los movimientos y transiciones
 ahora posibles para la mente mortal son igualmente posibles
12 para el cuerpo. Entonces el ser será reconocido como espiri-
 tual, y la muerte será obsoleta, aunque ahora algunos insistan
 en que la muerte es el preludio necesario para la inmortalidad.


15 En sueños volamos a Europa y nos encontramos con un
 amigo lejano. El espectador ve el cuerpo en la cama, pero el
 supuesto habitante de ese cuerpo lo lleva por el Engaños
18 aire y sobre el océano. Esto muestra las posibi-
 lidades del pensamiento. Los que consumen opio y hachís
 viajan lejos mentalmente y hacen maravillas, sin embargo,
21 sus cuerpos permanecen en un sitio. Esto muestra lo que son
 la mentalidad y el conocimiento mortales.


 Admitir para uno mismo que el hombre es la propia
24 semejanza de Dios, libera al hombre para dominar la idea
 infinita. Esta convicción cierra la puerta a la
 muerte y la abre de par en par hacia la inmor-
27 talidad. La comprensión y el reconocimiento del Espíritu
 tienen que venir finalmente, y sería mejor que aprovechára-
 mos al máximo nuestro tiempo resolviendo los misterios del
30 ser por medio de una comprensión del Principio divino. Al
 presente no sabemos lo que el hombre es, pero ciertamente
 sabremos esto cuando el hombre refleje a Dios.



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1 El Revelador (el autor del Apocalipsis) nos habla de “un
 cielo nuevo y una tierra nueva”. ¿Te has figurado alguna vez
3 este cielo y esta tierra, habitados por seres bajo el control de la
 sabiduría suprema?


 Liberémonos de la creencia de que el hombre está separado
6 de Dios, y obedezcamos solamente al Principio divino, la
 Vida y el Amor. He aquí el gran punto de partida para todo
 crecimiento espiritual verdadero.


9 Es difícil para el pecador aceptar la Ciencia divina, porque
 la Ciencia expone que él es nada; pero cuanto más pronto el
 error sea reducido a su nada nativa, tanto más
12 pronto aparecerá la gran realidad del hombre y del hombre
 será comprendido su ser genuino. La destrucción del error de
 ningún modo es la destrucción de la Verdad o la Vida, sino
15 que es el reconocimiento de ellas.


 Absortos en el yo material, discernimos y reflejamos sólo
 de manera tenue la sustancia de la Vida, o Mente. La negación
18 del yo material ayuda al discernimiento de la individualidad
 espiritual y eterna del hombre, y destruye el conocimiento
 erróneo obtenido de la materia o por medio de lo que se
21 denomina los sentidos materiales.


 Ciertos postulados erróneos deben ser considerados aquí
 a fin de que las realidades espirituales puedan
24 ser mejor comprendidas.


 El primer postulado erróneo de la creencia es que la
 sustancia, la vida y la inteligencia son algo separado de Dios.


27 El segundo postulado erróneo es que el hombre es tanto
 mental como material.


 El tercer postulado erróneo es que la mente es tanto mala
30 como buena; cuando en realidad la Mente verdadera no puede
 ser mala ni el instrumento del mal, porque la Mente es Dios.


 El cuarto postulado erróneo es que la materia es inteligente



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1 y que el hombre tiene un cuerpo material que es parte de sí
 mismo.


3 El quinto postulado erróneo es que la materia encierra en
 sí misma lo concerniente a la vida y la muerte, que la materia
 no solamente es capaz de experimentar placer y dolor, sino
6 también capaz de impartir estas sensaciones. De la ilusión
 que este último postulado implica resulta la descomposición
 de los cuerpos mortales en lo que se llama muerte.


9 La mente no es una entidad dentro del cráneo con el
 poder de pecar ahora y para siempre.


 En los antiguos cuadros bíblicos, vemos una serpiente
12 enroscada alrededor del árbol del conocimiento y hablando
 con Adán y Eva. Esto representa la serpiente
 en el acto de recomendar a nuestros primeros
15 padres el conocimiento del bien y del mal, un conocimiento
 obtenido de la materia, o mal, en vez del Espíritu. La repre-
 sentación es todavía gráficamente exacta, pues el concepto
18 común del hombre mortal —una parodia del hombre de
 Dios— es un producto del conocimiento humano o sensuali-
 dad, un mero brote del sentido material.


21 Pon el error al descubierto, y él vuelve la mentira contra ti.
 Hasta que el hecho concerniente al error —o sea, su nada—
 aparezca, la exigencia moral no será satisfecha, y Poder
24 se carecerá de la capacidad para reducir el error opositor
 a la nada. Debiéramos ruborizarnos por llamar verdadero lo
 que sólo es una equivocación. El fundamento del mal se
27 asienta sobre una creencia en algo aparte de Dios. Esta
 creencia tiende a apoyar dos poderes opuestos, en vez de
 urgir solamente las reivindicaciones de la Verdad. La equivo-
30 cación de pensar que el error puede ser real, cuando es
 meramente la ausencia de la verdad, conduce a una creencia
 en la superioridad del error.


33 ¿Dices que aún no ha llegado la hora de reconocer el Alma



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1 como sustancial y capaz de controlar el cuerpo? Recuerda a
 Jesús, que hace casi diecinueve siglos demostró el poder del
3 Espíritu y dijo: “El que en mí cree, las obras que Privilegio
 yo hago, él las hará también”, y que también
 expresó: “La hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos
6 adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad”.
 “He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de
 salvación”, dijo Pablo.


9 La lógica divina y la revelación coinciden. Si creemos lo
 contrario, podemos estar seguros de que nuestra Lógica y
 lógica está errada o de que hemos interpretado revelación
12 mal la revelación. El bien nunca causa el mal, ni crea nada
 que pueda causar el mal.


 El bien no crea una mente susceptible de causar el
15 mal, porque el mal es el error opositor y no la verdad de la
 creación. La electricidad destructiva no es el producto del
 bien infinito. Cualquier cosa que contradiga la naturaleza
18 verdadera del Esse divino, aunque la fe humana pueda
 revestirlo con ropajes angelicales, no tiene fundamento.


 La creencia de que el Espíritu es finito a la vez que infi-
21 nito ha oscurecido toda la historia. En la Ciencia Cristiana,
 Espíritu, como un nombre propio, es el nombre Derivados
 del Ser Supremo. Significa cantidad y calidad,


24 y se aplica exclusivamente a Dios. Los deriva-
 dos calificativos de la palabra espíritu se refieren únicamente
 a calidad, no a Dios. El hombre es espiritual. Él no es Dios,
27 el Espíritu. Si el hombre fuera el Espíritu, entonces los
 hombres serían espíritus, dioses. Un espíritu finito sería
 mortal, y este es el error incorporado en la creencia de que lo
30 infinito puede estar contenido en lo finito. Esta creencia
 tiende a nublar nuestra comprensión del reino de los cielos y
 del reino de la armonía en la Ciencia del ser.



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1 Jesús enseñó que existe un único Dios, un único Espíritu,
 que hace al hombre a imagen y semejanza de Sí mismo, del
3 Espíritu, no de la materia. El hombre refleja la
 Verdad, la Vida y el Amor infinitos. La natura-
 leza del hombre, así comprendida, incluye todo lo que está
6 implícito en los vocablos “imagen” y “semejanza” como se
 usan en las Escrituras. La declaración verdaderamente
 cristiana y científica sobre la personalidad y sobre la relación
9 del hombre con Dios, con la demostración que la acompa-
 ñaba, enfureció a los rabinos, y ellos dijeron: “¡Crucifícale!
 ¡crucifícale!... según nuestra ley debe morir, porque se hizo a
12 sí mismo Hijo de Dios”.


 Los imperios y naciones orientales deben sus falsos
 gobiernos a los conceptos erróneos acerca de la Deidad que
15 allí prevalecen. La tiranía, la intolerancia y el derrama-
 miento de sangre, dondequiera que se encuentren, surgen de
 la creencia de que el infinito está formado según el modelo
18 de la personalidad, la pasión y el impulso mortales.


 El progreso de la verdad confirma sus reivindicaciones,
 y nuestro Maestro confirmó sus palabras mediante sus obras.
21 Su poder sanador provocaba rechazo, ingrati-
 tud y traición, que surgían de la sensualidad.
 De los diez leprosos a quienes Jesús sanó, sólo uno volvió
24 para dar gracias a Dios, es decir, para reconocer el Principio
 divino que lo había sanado.


 Nuestro Maestro leía fácilmente los pensamientos de
27 la humanidad, y este discernimiento era lo que mejor lo
 capacitaba para dirigir correctamente esos pensamientos;
 pero ¿qué se diría en esta época de un blasfemador infiel
30 que insinuara que Jesús usaba su poder incisivo para causar
 daño? Nuestro Maestro leía la mente mortal sobre una base
 científica, la de la omnipresencia de la Mente. Una aproxi-
33 mación a este discernimiento indica crecimiento espiritual
 y unión con las capacidades infinitas de la Mente única.
 Jesús no podía dañar a nadie con su lectura por la Mente.



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1 El efecto de su Mente era siempre el de sanar y salvar, y esta
 es la única Ciencia genuina de leer la mente mortal. Sus
3 sagrados motivos y propósitos fueron tergiver-
 sados por los pecadores de aquella época, como espiritual
 lo serían hoy en día si Jesús estuviera presente. Pablo dijo:
6 “El ocuparse del Espíritu es vida”. Nos acercamos a Dios,
 o la Vida, en proporción a nuestra espiritualidad, nuestra
 fidelidad a la Verdad y al Amor; y en esa misma proporción
9 conocemos toda necesidad humana y somos capaces de
 discernir el pensamiento de los enfermos y los pecadores con
 el propósito de sanarlos. Ninguna clase de error puede
12 ocultarse de la ley de Dios.


 Quienquiera que alcance este punto de cultura moral y
 bondad no puede dañar a otros, y tiene que hacerles bien.
15 La mayor o menor capacidad de un Científico Cristiano para
 discernir el pensamiento científicamente, depende de su
 genuina espiritualidad. Esta manera de leer la mente no es
18 clarividencia, pero es importante para el éxito en la curación,
 y es una de las características especiales de la misma.


 Vemos con agrado el aumento del conocimiento y el fin
21 del error, porque aun la inventiva humana debe tener su día,
 y queremos que ese día sea sucedido por la
 Ciencia Cristiana, por la realidad divina. La
24 medianoche predice el amanecer. Guiados por una estrella
 solitaria en medio de la oscuridad, los Magos de antaño
 predijeron el mesiazgo de la Verdad. ¿Se le cree al sabio de
27 hoy, cuando contempla la luz que anuncia el amanecer eterno
 del Cristo y describe su fulgor?


 Arrullado por ilusiones estupefacientes, el mundo está
30 dormido en la cuna de la infancia, pasando las horas entre
 sueños. El sentido material no revela las reali-
 dades de la existencia; pero el sentido espiritual espiritual
33 eleva la consciencia humana hasta la Verdad eterna. La



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1 humanidad avanza lentamente desde el sentido pecaminoso
 hasta la comprensión espiritual; la renuencia a aprender todas
3 las cosas correctamente ata con cadenas a la cristiandad.


 El Amor señalará finalmente la hora de la armonía, y
 seguirá la espiritualización, porque el Amor es Espíritu.
6 Antes que el error sea totalmente destruido,
 habrá interrupciones de la rutina material


 general. La tierra se tornará lúgubre y deso-
9 lada, pero el verano y el invierno, la sementera y la siega
 (aunque en formas cambiadas), continuarán hasta el fin,
 hasta la espiritualización final de todas las cosas. “La hora
12 más oscura precede al amanecer”.


 Este mundo material ya está convirtiéndose en la arena
 para las fuerzas en conflicto. De un lado habrá discordia y
15 consternación; del otro lado habrá Ciencia y
 paz. La desintegración de las creencias mate-
 riales tal vez parezca ser hambre y pestilencia, miseria y
18 congoja, pecado, enfermedad y muerte, que asumen nuevas
 fases hasta que aparece su nada. Estas perturbaciones conti-
 nuarán hasta el fin del error, cuando toda la discordancia
21 será absorbida por la Verdad espiritual.


 El error mortal desaparecerá en una quimicalización
 moral. Esta fermentación mental ha comenzado, y con-
24 tinuará hasta que todos los errores de creencia cedan a la
 comprensión. La creencia es mudable, pero la comprensión
 espiritual es inmutable.


27 A medida que esta consumación se acerque, el que haya
 modelado su curso de acuerdo con la Ciencia divina perdurará
 hasta el fin. A medida que el conocimiento
30 material disminuya y la comprensión espiri-
 tual aumente, los objetos verdaderos serán percibidos mental-
 mente en vez de materialmente.


33 Durante este conflicto final, mentes malignas se esforza-
 rán por encontrar medios con los cuales causar más mal;



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1 pero aquellos que disciernan la Ciencia Cristiana refrenarán
 el crimen. Ayudarán a expulsar el error. Mantendrán la ley
3 y el orden, y gozosamente esperarán la certeza de la perfec-
 ción final.


 En realidad, cuanto más se acerca la simulación del error
6 a la verdad y la así llamada materia se asemeja a su esencia, la
 mente mortal, más impotente se vuelve el error Semejanzas
 como una creencia. Según la creencia humana, peligrosas
9 el rayo es violento y la corriente eléctrica veloz, sin embargo,
 en la Ciencia Cristiana el vuelo de uno y la descarga de la
 otra se volverán inofensivos. Cuanto más destructiva se
12 vuelva la materia, tanto más aparecerá su nada, hasta que la
 materia alcance su cenit mortal en la ilusión y desaparezca
 para siempre. Cuanto más se aproxima una creencia falsa a
15 la verdad sin traspasar el límite donde, habiendo sido des-
 truida por el Amor divino, deja de ser aun una ilusión, tanto
 más madura se vuelve para la destrucción. Cuanto más
18 material la creencia, tanto más obvio su error, hasta que el
 Espíritu divino, supremo en su dominio, domina toda la
 materia, y el hombre es hallado a la semejanza del Espíritu,
21 su ser original.


 Los hechos más evidentes atraen contra sí mismos el
 mayor número de falsedades, porque sacan el error de su
24 escondite. Se requiere valor para enunciar la verdad; pues
 cuanto más levante su voz la Verdad, más alto gritará el error,
 hasta que su sonido inarticulado sea silenciado para siempre
27 en el olvido.


 “Dio Él Su voz, se derritió la tierra”. Esta frase de las
 Escrituras indica que toda la materia desaparecerá ante la
30 supremacía del Espíritu.


 El cristianismo está demostrando de nuevo la Vida que es
 Verdad, y la Verdad que es Vida, mediante la
33 obra apostólica de echar fuera el error y sanar a todavía


 los enfermos. La tierra no tiene compensación
 para las persecuciones que acompañan un nuevo paso en



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1 el cristianismo; pero la recompensa espiritual de los perse-
 guidos está asegurada en la elevación de la existencia por
3 encima de la discordia mortal y en el don del Amor divino.


 El profeta de hoy contempla en el horizonte mental las
 señales de estos tiempos, la reaparición del cristianismo que
6 sana a los enfermos y destruye el error, y ninguna Presagios
 otra señal será dada. El cuerpo no puede ser
 salvado sino por medio de la Mente. Una era material
9 interpreta mal la Ciencia del cristianismo, porque es la
 influencia sanadora del Espíritu (no de los espíritus), la cual
 los sentidos materiales no pueden comprender, pues sólo
12 puede percibirse espiritualmente. Los credos, las doctrinas
 y las hipótesis humanas no expresan la Ciencia Cristiana;
 mucho menos pueden demostrarla.


15 Más allá de las frágiles premisas de las creencias humanas,
 por encima del apresamiento de los credos que está cediendo,
 la demostración de la curación cristiana por la
18 Mente se yergue como una Ciencia revelada y
 práctica. Es imperiosa a través de todas las épocas como la
 revelación por Cristo de la Verdad, la Vida y el Amor, la que
21 permanece inviolada para que todos los hombres la compren-
 dan y la practiquen.


 Durante siglos —sí, desde siempre— la ciencia natural
24 no ha sido considerada como parte de ninguna religión, sin
 exceptuar el cristianismo. Aun ahora las multi- La ciencia


 tudes consideran que lo que llaman ciencia no
27 tiene ninguna conexión adecuada con la fe y la religión
 piedad. El misterio no amortaja las enseñanzas de Cristo, y
 ellas no son teóricas y fragmentarias, sino prácticas y com-
30 pletas; y al ser prácticas y completas, no están privadas de su
 vitalidad esencial.


 El camino por el cual se aprende la inmortalidad y la vida
33 no es eclesiástico, sino cristiano, no es humano, sino divino,



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1 no es físico, sino metafísico, no es material, sino científicamente
 espiritual. La filosofía, la ética y la superstición humanas no
3 ofrecen ningún Principio divino demostrable
 por el cual los mortales puedan escapar del
 pecado; sin embargo, escapar del pecado es lo que la Biblia
6 exige. “Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor”,
 dice el apóstol, y en seguida añade: “Porque Dios es el que en
 vosotros produce así el querer como el hacer, por Su buena
9 voluntad” (Filipenses 2:12, 13). La Verdad ha proporcionado
 la llave del reino, y con esta llave la Ciencia Cristiana ha
 abierto la puerta de la comprensión humana. Nadie puede
12 forzar la cerradura ni entrar por alguna otra puerta. Las
 enseñanzas comunes son materiales y no espirituales. La
 Ciencia Cristiana enseña sólo aquello que es espiritual y
15 divino, y no lo humano. La Ciencia Cristiana es infalible y
 Divina; el sentido humano de las cosas yerra porque es
 humano.


18 Aquellos individuos, que adoptan la teosofía, el espiri-
 tismo, o el hipnotismo, quizás posean naturalezas por encima
 de otros que rechazan sus creencias falsas. Por consiguiente,
21 mi contienda no es con el individuo, sino con el falso sistema.
 Amo a la humanidad y continuaré laborando y perseverando.


 Las corrientes calmas, poderosas, de la verdadera espiri-
24 tualidad, cuyas manifestaciones son la salud, la pureza y la
 inmolación del yo, tienen que profundizar la experiencia
 humana, hasta que se vea que las creencias de la existencia
27 material son una flagrante imposición, y el pecado, la
 enfermedad y la muerte den lugar eterno a la demostración
 científica del Espíritu divino y del hombre de Dios, espiritual
30 y perfecto.





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Capítulo 5 — El magnetismo animal desenmascarado




Porque del corazón salen los malos pensamientos,
los homicidios, los adulterios, las fornicaciones,
los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias.
Estas cosas son las que contaminan al hombre. — Jesús.


1 El mesmerismo o magnetismo animal fue dado a conocer
 por primera vez por Mesmer en Alemania, en 1775.
3 Según la Enciclopedia Americana, él consideraba esta así
 llamada fuerza, la cual él decía que podía ser
 ejercida por un organismo viviente sobre otro,
6 como un medio para aliviar la enfermedad. Sus proposicio-
 nes eran las siguientes:


 “Existe una influencia mutua entre los cuerpos celestes,
9 la tierra y las cosas animadas. Los cuerpos animales son
 susceptibles a la influencia de este agente, que se disemina a
 través de la sustancia de los nervios”.
12 En 1784, el gobierno francés ordenó a la facultad de
 medicina de la Universidad de París que investigara la teoría
 de Mesmer e informara sobre ella. De acuerdo con esta
15 orden se designó una comisión, y Benjamín Franklin fue
 uno de sus miembros. Esta comisión informó al gobierno lo
 siguiente:
18 “Con respecto a la existencia y utilidad del magnetismo
 animal, hemos llegado a la conclusión unánime de que no
 hay prueba de la existencia del fluido magnético animal;



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1 de que los efectos violentos, que se observan en la práctica
 pública del magnetismo, se deben a manipulaciones, o a la
3 excitación de la imaginación y las impresiones producidas
 sobre los sentidos; y de que hay un hecho más para registrar
 en la historia de los errores de la mente humana, y un impor-
6 tante experimento sobre el poder de la imaginación”.


 En 1837, se nombró una comisión de nueve personas,
 entre quienes se encontraban Roux, Bouillaud y Clarividencia,
9 Cloquet, que examinó durante varias sesiones
 los fenómenos exhibidos por un reputado clarividente. Su
 informe expuso los resultados como sigue:


12 “Los hechos prometidos por Monsieur Berna [el magne­
 tizador] como concluyentes y como adaptados para aclarar
 cuestiones fisiológicas y terapéuticas, no son, por cierto, conclu­
15 yentes a favor de la doctrina del magnetismo animal, y nada
 tienen en común ni con la fisiología ni con la terapéutica”.


 Este informe fue adoptado por la Real Academia de
18 Medicina de París.


 Las observaciones hechas por la autora acerca de la acción
 del magnetismo animal la convencen de que no Conclusiones
21 es un agente curativo, y que sus efectos sobre
 aquellos que lo practican, y sobre sus sujetos que no se resisten
 a él, conducen a la muerte moral y física.


24 Si el magnetismo animal parece aliviar o curar las
 enfermedades, esta apariencia es engañosa, ya que el error no
 puede eliminar los efectos del error. El malestar bajo el error
27 es preferible al bienestar. En ningún caso es el efecto del
 magnetismo animal, recientemente llamado hipnotismo, otra
 cosa que el efecto de la ilusión. Cualquier aparente beneficio
30 derivado de él, es proporcional a la fe que uno tenga en la
 magia esotérica.



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1 El magnetismo animal no tiene ningún fundamento
 científico, puesto que Dios gobierna todo lo que es real,
3 armonioso y eterno, y Su poder no es ni animal Mera
 ni humano. Siendo su base una creencia y esta negación
 una creencia animal, en la Ciencia el magnetismo animal,
6 mesmerismo o hipnotismo es una mera negación que no
 posee inteligencia, poder ni realidad, y en el sentido es un
 concepto irreal de la así llamada mente mortal.


9 Sólo hay una atracción real, la del Espíritu. La aguja que
 apunta hacia el polo simboliza este poder que todo lo abarca
 o la atracción de Dios, la Mente divina.


12 Los planetas no tienen más poder sobre el hombre que
 sobre su Hacedor, puesto que Dios gobierna el universo; pero
 el hombre, reflejando el poder de Dios, tiene dominio sobre
15 toda la tierra y sus huestes.


 Las formas menos intensas del magnetismo animal están
 desapareciendo, y sus aspectos agresivos se están dando a
18 conocer. Los telares del crimen, escondidos en Agentes
 los rincones oscuros del pensamiento mortal,
 están tejiendo a toda hora redes más complicadas y sutiles.
21 Tan secretos son los métodos actuales del magnetismo
 animal que entrampan la época sumiéndola en la indolencia,
 y producen precisamente la apatía sobre el asunto que el
24 criminal desea. Lo siguiente es un extracto del Boston Herald:


 “El mesmerismo es un problema que no se presta a fácil
 explicación y desarrollo. Implica el ejercicio de un control
27 despótico, y es mucho más probable que su poseedor abuse
 de él, en vez de emplearlo de otro modo para el individuo o la
 sociedad”.


30 La humanidad tiene que aprender que el mal no es poder.
 Su así llamado despotismo no es sino una fase de la nada. La
 Ciencia Cristiana arrasa el reino del mal, y preeminentemente



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1 promueve el afecto y la virtud en las familias y, por consi-
 guiente, en la comunidad. El Apóstol Pablo se refiere a la
3 personificación del mal como “el dios de este
 siglo”, y además la define como lo vergonzoso y mental
 como astucia. “Sin” [palabra que en inglés significa pecado]
6 era el dios de la luna de los asirios.


 La destrucción de las pretensiones de la mente mortal
 mediante la Ciencia, por la cual el hombre puede Liberación
9 escapar del pecado y la mortalidad, bendice a


 toda la familia humana. Como en el principio,
 sin embargo, esta liberación no se manifiesta científicamente
12 en el conocimiento tanto del bien como del mal, pues este
 último es irreal.


 Por otra parte, la ciencia-Mente está completamente
15 separada de todo conocimiento a medias y no pertinente,
 porque la ciencia-Mente es de Dios y demuestra el Principio
 divino, llevando a cabo los propósitos del bien solamente.
18 El máximo del bien es el Dios infinito y Su idea, el Todo-en-
 todo. El mal es una mentira supuesta.


 Tal como se denomina en la Ciencia Cristiana, el magne-
21 tismo animal o hipnotismo es el término específico para el
 error, o mente mortal. Es la creencia falsa de que El género
 la mente está en la materia, y que es tanto mala del error
24 como buena; que el mal es tan real como el bien y más
 poderoso. Esta creencia no tiene ni una sola cualidad de la
 Verdad. O es ignorante o es maliciosa. La forma maliciosa
27 del hipnotismo acaba en idiotez moral. Las verdades de la
 Mente inmortal sostienen al hombre, y aniquilan las fábulas
 de la mente mortal, cuyas pretensiones insustanciales y
30 llamativas, cual tontas polillas, queman sus propias alas y se
 reducen a polvo.


 En realidad, no hay mente mortal y, consecuentemente,
33 no hay transferencia del pensamiento mortal y Transferencia
 de la fuerza de voluntad. La vida y el ser son de de pensa­miento
 Dios. En la Ciencia Cristiana, el hombre no puede hacer



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1 daño, puesto que los pensamientos científicos son pensa-
 mientos verdaderos, que pasan de Dios al hombre.


3 Cuando tanto la Ciencia Cristiana como el magnetismo
 animal sean comprendidos, como lo serán en fecha no
 distante, se verá por qué la autora de este libro ha sido tan
6 injustamente perseguida y calumniada por lobos vestidos de
 ovejas.


 Agassiz, el célebre naturalista y autor, sabiamente ha dicho:
9 “Toda gran verdad científica pasa por tres etapas. Primero,
 la gente dice que está en conflicto con la Biblia. Después,
 dice que ya se había descubierto antes. Por último, dice que
12 siempre la había creído”.


 La Ciencia Cristiana va hasta el fondo de la acción men-
 tal, y revela la teodicea que indica lo correcto de toda acción
15 divina, como la emanación de la Mente divina, La perfección
 y el consiguiente error de la así llamada acción del gobierno


 opuesta: el mal, el ocultismo, la nigromancia, el
18 mesmerismo, el magnetismo animal, el hipnotismo.


 La medicina de la Ciencia es la Mente divina; y la desho-
 nestidad, la sensualidad, la falsedad, la venganza, la malicia,
21 son propensiones animales y de ningún modo
 las cualidades mentales que sanan a los enfer-
 mos. El hipnotizador emplea un error para destruir otro.
24 Si él cura la enfermedad por medio de una creencia, y una
 creencia originalmente causó la enfermedad, es un caso en
 que el error mayor vence el menor. Después de eso, este error
27 mayor ocupa el terreno y deja el caso peor que antes que
 fuera apresado por el error más fuerte.


 Nuestros tribunales consideran la evidencia para compro-
30 bar tanto el móvil como la ejecución de un
 crimen. ¿No está claro que tiene que ser la


 mente humana lo que impulsa el cuerpo a
33 cometer un acto malvado? ¿No es la mente mortal el asesino?



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1 Las manos, sin la mente mortal que las dirija, no podrían
 cometer un asesinato.


3 Los tribunales y jurados juzgan y sentencian a los mor-
 tales para refrenar el crimen, para evitar hechos de violencia
 o para castigarlos. Decir que estos tribunales
6 no tienen jurisdicción sobre la mente carnal o
 mortal sería contradecir precedentes y admitir que el poder
 de la ley humana está restringido a la materia, mientras que
9 la mente mortal, el mal, que es el delincuente verdadero,
 desafía la justicia y es recomendada a la clemencia. ¿Puede la
 materia cometer un crimen? ¿Puede la materia ser castigada?
12 ¿Puedes separar la mentalidad del cuerpo sobre el cual los
 tribunales tienen jurisdicción? La mente mortal, no la
 materia, es el criminal en todos los casos; y la ley humana
15 juzga el crimen con acierto, y los tribunales dictan sentencia
 razonablemente, de acuerdo con el móvil.


 Cuando nuestras leyes finalmente tomen conocimiento
18 del crimen mental y cesen de aplicar fallos legales solamente
 para castigar actos físicos, estas palabras del
 Juez Parmenter, de Boston, se harán históricas: importante
21 “No veo razón para que la metafísica no sea tan importante
 para la medicina como para la mecánica o la matemática”.


 Quienquiera que usa sus poderes mentales desarrollados
24 como un criminal escapado para cometer nuevas atrocidades
 según se le presenta la oportunidad, nunca está El mal
 a salvo. Dios lo arrestará. La justicia divina lo desatado
27 maniatará. Sus pecados serán piedras de molino colgadas de
 su cuello, sumergiéndolo en las profundidades de la ignomi-
 nia y la muerte. La agravación del error predice su perdición
30 y confirma el viejo axioma: “Aquel a quien los dioses quieren
 destruir, primero lo vuelven loco”.


 La distancia entre la práctica médica común El mal uso del
33 y la Ciencia Cristiana es de muchas leguas en la poder mental
 línea de luz; pero pasar del uso de medicamentos inanimados



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1 al mal uso criminal de la fuerza de voluntad humana en la
 curación es caer del nivel humano común al mismo lodo de
3 la iniquidad, obrar en contra del curso libre de la honestidad y
 la justicia, y resistir en vano la corriente que fluye hacia el cielo.


 Como nuestra nación, los Estados Unidos, la Ciencia
6 Cristiana tiene su Declaración de Independencia. Dios ha
 dotado al hombre con derechos inalienables,
 entre los cuales están el gobierno de sí mismo,


9 la razón y la conciencia. El hombre se gobierna
 a sí mismo debidamente sólo cuando es guiado correctamente
 y gobernado por su Hacedor, la Verdad y el Amor divinos.


12 Los derechos del hombre son invadidos cuando se inter-
 fiere en el orden divino, y el trasgresor mental incurre en la
 penalidad divina que este delito merece.


15 Que esta época, que juzga la Ciencia Cristiana, sancione
 sólo aquellos métodos que sean demostrables en la Verdad
 y conocidos por sus frutos, y clasifique todos
18 los demás como lo hizo San Pablo en su gran
 epístola a los Gálatas, cuando escribió lo siguiente:


 “Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulte-
21 rio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías,
 enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones,
 herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas
24 semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como
 ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no
 heredarán el reino de Dios. Mas el fruto del Espíritu es amor,
27 gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre,
 templanza; contra tales cosas no hay ley”.





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Capítulo 6 — La ciencia, la teología, la medicina




Mas os hago saber, hermanos,
que el evangelio anunciado por mí, no es según hombre;
pues yo ni lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno,
sino por revelación de Jesucristo. — Pablo.


 El reino de los cielos es semejante a la levadura
que tomó una mujer, y escondió en tres medidas de harina,
hasta que todo fue leudado. — Jesús.


1 En el año 1866, descubrí la Ciencia del Cristo o las leyes
 divinas de la Vida, la Verdad y el Amor, y
3 nombré mi descubrimiento Ciencia Cristiana.




 Dios con Su gracia me había estado preparando
 durante muchos años para la recepción de esta revelación final
6 del Principio divino absoluto de la curación mental científica.


 Este Principio apodíctico señala hacia la revelación de
 Emanuel, “Dios con nosotros”, la eterna presencia soberana,
9 que libra a los hijos de los hombres de todo
 mal “de que es heredera la carne”. Por medio


 de la Ciencia Cristiana, se inspira la religión y
12 la medicina con una naturaleza y esencia más divinas; nuevas
 alas son dadas a la fe y a la comprensión, y los pensamientos
 vuelven inteligentemente en amistad con Dios.
15 Al sentir tan perpetuamente la falsa consciencia de que
 la vida es inherente al cuerpo, y no obstante
 recordar que en realidad Dios es nuestra Vida,


18 bien podemos temblar ante la perspectiva de
 aquellos días en los cuales tengamos que decir: “No tengo en
 ellos contentamiento”.



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1 ¿De dónde me vino esta convicción celestial, una convic-
 ción antagónica al testimonio de los sentidos físicos? Según
3 San Pablo, era “el don de la gracia de Dios que me [había sido]
 dado según la operación de Su poder”. Era la ley divina de la
 Vida y el Amor, revelándome el hecho demostrable de que la
6 materia no posee ni sensación ni vida; que las experiencias
 humanas muestran la falsedad de todas las cosas materiales; y
 que los anhelos inmortales, “el precio de aprender el amor”,
9 establecen la verdad evidente de que la única que sufre es la
 mente mortal, pues la Mente divina no puede sufrir.


 Llegué a mis conclusiones dejando que la evidencia de esta
12 revelación se multiplicara con certeza matemática y que la
 demostración menor comprobara la mayor, así Evidencia
 como el producto de tres multiplicado por tres demostrable
15 es igual a nueve comprueba en forma concluyente que tres
 veces tres billones tiene que ser nueve billones, ni una frac-
 ción más ni una unidad menos.


18 Cuando evidentemente me encontraba cerca de los confi-
 nes de la existencia mortal, estando ya en la sombra del valle
 de muerte, aprendí estas verdades en la Ciencia La luz que
21 divina: que todo ser verdadero está en Dios, la


 Mente divina, y que la Vida, la Verdad y el Amor
 son todopoderosos y están siempre presentes; que lo opuesto
24 de la Verdad —llamado error, pecado, enfermedad, dolencia,
 muerte— es el falso testimonio del falso sentido material de
 que hay mente en la materia; que este falso sentido desarrolla,
27 en creencia, un estado subjetivo de la mente mortal que esta
 misma así llamada mente denomina materia, excluyendo así
 el verdadero sentido del Espíritu.


30 Mi descubrimiento, de que la mal llamada
 mente, mortal y que yerra, produce todo el


 organismo y la acción del cuerpo mortal, puso
33 mis pensamientos a trabajar por nuevos conductos y me guió



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1 a mi demostración de la proposición de que la Mente es
 Todo y la materia es nada, como factor principal en la
3 ciencia-Mente.


 La Ciencia Cristiana revela de modo incontrovertible
 que la Mente es Todo-en-todo, que las únicas realidades
6 son la Mente y la idea divina. Este gran hecho, Evidencia
 sin embargo, no se ve apoyado por la evidencia científica
 sensible, hasta que su Principio divino es demostrado en la
9 curación de los enfermos y queda así comprobado que es
 absoluto y divino. Una vez vista esta prueba, no es posible
 llegar a ninguna otra conclusión.


12 Durante tres años después de mi descubrimiento, busqué
 la solución de este problema de la curación-Mente, escudriñé
 las Escrituras y leí pocas otras cosas, me man-
15 tuve alejada de la sociedad y dediqué tiempo y
 energías al descubrimiento de una regla positiva.
 La búsqueda fue dulce, calma, y animada con la esperanza,
18 no egoísta ni deprimente. Yo sabía que el Principio de toda
 acción-Mente armoniosa es Dios, y que las curaciones cristia-
 nas primitivas eran producidas mediante una fe santa y
21 enaltecedora; pero tenía que conocer la Ciencia de esta
 curación, y llegué a conclusiones absolutas mediante la
 revelación divina, la razón y la demostración. La revelación
24 de la Verdad en el entendimiento me vino gradualmente y
 evidentemente por medio del poder divino. Cuando una
 nueva idea espiritual es traída a la tierra, la palabra profética
27 de Isaías nuevamente es cumplida: “Un niño nos es nacido,...
 y se llamará su nombre Admirable”.


 Jesús dijo una vez de sus lecciones: “Mi doctrina no es
30 mía, sino de Aquel que me envió. El que quiera hacer la
 voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo
 hablo por mi propia cuenta” (Juan 7:16, 17).


33 Las tres grandes verdades del Espíritu: la omnipotencia,



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1 la omnipresencia y la omnisciencia —el Espíritu que posee
 todo el poder, llena todo el espacio, constituye toda la Ciencia—
3 contradicen para siempre la creencia de que la
 materia pueda ser real. Estas verdades eternas


 revelan la existencia primigenio como la reali-
6 dad radiante de la creación de Dios, en la cual todo lo que Él
 ha hecho es declarado bueno por Su sabiduría.


 Fue así que contemplé, como nunca antes, la terrible
9 irrealidad llamada el mal. La equipolencia de Dios sacó a luz
 otra gloriosa proposición: la perfectibilidad del hombre y el
 establecimiento del reino de los cielos en la tierra.


12 Al seguir estas indicaciones de la revelación científica, la
 Biblia fue mi único libro de texto. Las Escrituras se ilumina-
 ron; la razón y la revelación se reconciliaron, y
15 después la verdad de la Ciencia Cristiana fue
 demostrada. Ni pluma ni lengua humana me enseñaron la
 Ciencia contenida en este libro, Ciencia y Salud; y ni lengua
18 ni pluma pueden derrocarla. Quizás este libro sea distorsio-
 nado por críticas superficiales o por estudiantes descuidados
 o maliciosos, y quizás sus ideas sean temporariamente mal
21 usadas y tergiversadas; pero la Ciencia y la verdad contenidas
 en él permanecerán para siempre para ser discernidas y
 demostradas.


24 Jesús demostró el poder de la Ciencia Cristiana para
 sanar mentes y cuerpos mortales. Pero este poder se perdió
 de vista, y debe ser otra vez espiritualmente
27 discernido, enseñado y demostrado de acuerdo ción perdida


 con el mandato de Cristo, “con las señales que
 [lo siguen]”. La Ciencia de este poder tiene que ser compren-
30 dida por todos aquellos que creen en Cristo y entienden
 espiritualmente la Verdad.


 No existe ninguna analogía entre las vagas hipótesis del



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1 agnosticismo, el panteísmo, la teosofía, el espiritismo o el mile­
 narismo y las verdades demostrables de la Ciencia Cristiana;
3 y encuentro que la voluntad, o la razón senso-
 ria de la mente humana, se opone a la Mente
 divina como es expresada por medio de la Ciencia divina.


6 La Ciencia Cristiana es natural, pero no física. La Ciencia
 de Dios y el hombre no es más sobrenatural que la ciencia de
 los números, aunque al apartarse del reino de
9 lo físico, como tiene que hacerlo la Ciencia de


 Dios, el Espíritu, algunos puedan negarle su
 derecho al nombre de Ciencia. El Principio de la metafísica
12 divina es Dios; la práctica de la metafísica divina es la utiliza-
 ción del poder de la Verdad sobre el error; sus reglas demues-
 tran su Ciencia. La metafísica divina revierte las hipótesis
15 pervertidas y físicas respecto a la Deidad, así como las explica-
 ciones de la óptica rechazan la imagen incidental o invertida y
 muestran lo que esta imagen invertida debe representar.


18 Un premio de cien libras, ofrecido por la Universidad de
 Oxford, Inglaterra, para el mejor ensayo sobre ciencias natu-
 rales —un ensayo destinado a contrarrestar la
21 tendencia de la época a atribuir efectos físicos a pertinente
 causas físicas, más bien que a una causa espiritual definitiva—
 es uno de los muchos incidentes que muestran que la Ciencia
24 Cristiana satisface el anhelo de espiritualidad de la raza
 humana.


 Después de un detenido examen de mi descubrimiento y
27 su demostración en la curación de los enfermos, se me hizo
 evidente este hecho: que la Mente gobierna el
 cuerpo, no parcialmente sino enteramente.
30 Sometí mi sistema metafísico de tratar la enfermedad a las
 pruebas prácticas más amplias. Desde entonces este sistema
 ha ganado terreno gradualmente, y comprobó ser, siempre que



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1 se empleó científicamente, el agente curativo más eficaz en la
 práctica médica.


3 ¿Existe más de una escuela de Ciencia Cristiana? La
 Ciencia Cristiana es demostrable. Hay, por consiguiente, un
 único método en su enseñanza. Aquellos que se apartan de
6 este método pierden el derecho a pertenecer a
 su escuela, y se adhieren a la escuela socrática,


 la platónica, la espenceriana o alguna otra
9 escuela. Esto quiere decir que adoptan y se adhieren a algún
 sistema particular de opiniones humanas. Aunque estas
 opiniones puedan tener destellos ocasionales de divinidad,
12 que han tomado prestado de esa Ciencia verdaderamente
 divina que se aparta de los sistemas hechos por los hombres,
 permanecen, no obstante, enteramente humanas en su origen
15 y tendencia y no son científicamente cristianas.


 Del infinito Uno en la Ciencia Cristiana procede un
 Principio y su idea infinita, y con esta infinitud vienen reglas
18 espirituales, leyes, y su demostración, que, como Principio
 el gran Dador, son las mismas “ayer, y hoy, y por invariable
 los siglos”; porque así son caracterizados el Principio divino
21 de la curación y la idea-Cristo en la epístola a los Hebreos.


 Cualquier teoría de la Ciencia Cristiana, que se aparta
 de lo que ya se ha declarado y comprobado que es verdad,
24 no ofrece ningún fundamento sobre el cual
 establecer una escuela genuina de esta Ciencia. fundamentos


 Además, si alguna así llamada nueva escuela
27 pretende ser la Ciencia Cristiana y, sin embargo, usa los
 descubrimientos de otro autor sin darle a ese autor el recono-
 cimiento debido, tal escuela es errónea, por cuanto inculca el
30 quebrantamiento de ese mandamiento divino en el decálogo
 hebreo: “No hurtarás”.


 Dios es el Principio de la metafísica divina. Puesto que



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1 hay un único Dios, sólo puede haber un único Principio
 divino de toda Ciencia; y tiene que haber reglas fijas para la
3 demostración de este Principio divino. La letra El Principio y
 de la Ciencia llega abundantemente a la huma-
 nidad hoy en día, pero su espíritu solamente viene poco a
6 poco. La parte vital, el corazón y alma de la Ciencia Cristiana,
 es el Amor. Sin esto, la letra no es más que el cuerpo muerto
 de la Ciencia, sin pulso, frío, inanimado.


9 Las proposiciones fundamentales de la metafísica divina
 se resumen en las cuatro proposiciones siguientes, para mí,
 evidentes por sí mismas. Aunque se reviertan, se Proposiciones
12 encontrará que estas proposiciones concuerdan reversibles
 en declaración y prueba, mostrando matemáticamente su
 relación exacta con la Verdad. De Quincey dice que la mate-
15 mática no tiene fundamento que no sea puramente metafísico.


 1. Dios es Todo-en-todo.


 2. Dios es el bien. El bien es la Mente.


18 3. Dios, el Espíritu, al ser todo, nada es materia.


 4. La Vida, Dios, el bien omnipotente, niegan la muerte,
 el mal, el pecado, la enfermedad. La enfermedad, el pecado,
21 el mal, la muerte, niegan el bien, el Dios omnipotente, la Vida.


 ¿Cuál de las negaciones en la cuarta proposición es verda-
 dera? Ambas no son, no pueden ser, verdaderas. De acuerdo
24 con las Escrituras, encuentro que Dios es veraz, pero “todo
 hombre [mortal] mentiroso”.


 La metafísica divina de la Ciencia Cristiana, como el
27 método en la matemática, comprueba la regla por inversión.
 Por ejemplo: No hay dolor en la Verdad, y no hay Inversiones
 verdad en el dolor; no hay nervio en la Mente, y metafísicas
30 no hay mente en el nervio; no hay materia en la Mente, y no
 hay mente en la materia; no hay materia en la Vida, y no hay
 vida en la materia; no hay materia en el bien, y no hay bien en
33 la materia.



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1 La usanza clasifica ambos, el mal y el bien juntos, como
 mente; por lo tanto, para ser comprendida, la autora denomina
3 mente mortal a la enferma y pecadora humani-
 dad, queriendo decir con este término la carne de la mente


 opuesta al Espíritu, la mente humana y el mal
6 en contraste con la Mente divina, o la Verdad y el bien. La
 definición, que no es espiritualmente científica, de la mente,
 está basada en la evidencia de los sentidos físicos, la cual
9 hace muchas mentes y llama a la mente tanto humana como
 divina.


 En la Ciencia, la Mente es una, e incluye noúmeno y
12 fenómenos, Dios y Sus pensamientos.


 Mente mortal es un solecismo del lenguaje, y entraña un
 uso impropio de la palabra mente. Puesto que la Mente es
15 inmortal, la frase mente mortal implica algo
 que no es verdadero y por tanto, irreal; y la
 manera en que la frase es usada para enseñar la Ciencia
18 Cristiana, tiene la finalidad de designar aquello que no tiene
 existencia verdadera. Por cierto, si pudiera sugerirse una
 palabra o frase más adecuada, se usaría; pero al expresar la
21 nueva lengua tenemos que recurrir a veces a la antigua e
 imperfecta, y el vino nuevo del Espíritu tiene que ser vertido
 en los odres viejos de la letra.


24 La Ciencia Cristiana explica toda causa y todo efecto
 como mentales, no físicos. Levanta del Alma y del cuerpo el
 velo del misterio. Muestra la relación científica La causalidad
27 del hombre con Dios, desenreda las ambigüe-
 dades entrelazadas del ser y libera el pensamiento aprisionado.
 En la Ciencia divina, el universo, incluyendo el hombre, es
30 espiritual, armonioso y eterno. La Ciencia muestra que lo que
 se denomina materia no es más que el estado subjetivo de lo
 que la autora denomina mente mortal.


33 Aparte de la oposición usual a todo lo nuevo, el único



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1 gran obstáculo para la recepción de esa espiritualidad, por
 medio de la cual viene la comprensión de la ciencia-Mente, es
3 lo inadecuado de los términos materiales para
 las declaraciones metafísicas, y la consiguiente
 dificultad de expresar ideas metafísicas de tal manera de
6 hacerlas comprensibles a cualquier lector, quien no haya
 demostrado personalmente la Ciencia Cristiana como está
 expuesta en mi descubrimiento. Job dice: “El oído prueba las
9 palabras, como el paladar gusta lo que uno come”. La gran
 dificultad es dar la impresión correcta cuando se retraducen
 los términos materiales a la lengua espiritual original.


12 Traducción científica de la Mente inmortal
 Dios: El Principio, la Vida, la Verdad, el Amor,


15 Hombre: La idea espiritual de Dios, individual,


 Idea: Una imagen en la Mente; el objeto


18 inmediato de la comprensión. —Webster.


 Traducción científica de la mente mortal


21 Físico. Creencias malas, pasiones y apetitos, temor, voluntad
 depravada, justificación propia, orgullo, envidia,


 engaño, odio, venganza, pecado, enfermedad,
24 malestar, muerte.


  Segundo Grado: Las creencias malas desapareciendo.
 Moral. Humanidad, honradez, afecto, compa-
27 sión, esperanza, fe, mansedumbre, templanza.



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1 Tercer Grado: Comprensión.
 Espiritual. Sabiduría, pureza, comprensión espiritual, poder
3 espiritual, amor, salud, santidad.


 En el tercer grado la mente mortal desaparece, y el hombre
 como la imagen de Dios aparece. La Ciencia revierte de tal
6 manera la evidencia ante los sentidos humanos El universo
 corporales que confirma en nuestros corazones espiritual
 esta declaración de las Escrituras: “Los primeros serán postre-
9 ros, y los postreros, primeros”, para que Dios y Su idea puedan
 ser para nosotros lo que la divinidad realmente es y necesaria-
 mente tiene que ser: aquello que todo lo incluye.


12 Una perspectiva correcta de la Ciencia Cristiana y de su
 adaptación a la curación incluye muchísimo más de lo que se
 ve a primera vista. Las obras sobre metafísica
15 dejan sin tocar el punto más importante. Jamás la Ciencia
 colocan la corona del Mesías sobre el poder de la Mente, ni
 obtienen la victoria sobre los enemigos físicos —o sea, la
18 extinción de toda creencia en la materia, el mal, la enfermedad
 y la muerte— ni insisten sobre el hecho de que Dios es todo y
 que, por tanto, la materia no es más que una imagen en la
21 mente mortal.


 La Ciencia Cristiana enfatiza enérgicamente el pensamiento
 de que Dios no es corpóreo, sino incorpóreo, esto Personalidad
24 es, sin cuerpo. Los mortales son corpóreos, pero divina
 Dios es incorpóreo.


 Como las palabras persona y personal se usan común e
27 ignorantemente, a menudo conducen, cuando son aplicadas
 a la Deidad, a concepciones confusas y erróneas acerca de
 la divinidad y su distinción de la humanidad. Si el término
30 personalidad, al aplicarlo a Dios, significa personalidad infi-
 nita, entonces Dios es Persona infinita, en el sentido de per-
 sonalidad infinita, pero no en el sentido inferior. Una Mente
33 infinita en una forma finita es una absoluta imposibilidad.



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1 El término individualidad también está expuesto a obje-
 ciones, porque un individuo puede ser uno de una serie, uno
3 de muchos, como un hombre individual, un caballo indivi-
 dual; mientras que Dios es Uno, no uno de una serie, sino uno
 solo y sin equivalente.


6 Dios es Espíritu; por tanto, el lenguaje del Espíritu tiene
 que ser, y es, espiritual. La Ciencia Cristiana no atribuye
 naturaleza ni significación físicas al Ser Supremo El lenguaje
9 o a Su manifestación; sólo los mortales hacen
 esto. El lenguaje esencial de Dios es mencionado en el último
 capítulo del Evangelio de Marcos como la nueva lengua, cuyo
12 significado espiritual es logrado mediante “las señales que la
 siguen”.


 Ni oído oyó, ni labio habló, el lenguaje puro del Espíritu.
15 Nuestro Maestro enseñaba la espiritualidad por símiles y
 parábolas. Como un estudiante de lo divino,
 él revelaba a Dios a los hombres, ilustrando y
18 demostrando la Vida y la Verdad en sí mismo y por su poder
 sobre los enfermos y los pecadores. Las teorías humanas son
 inadecuadas para interpretar el Principio divino entrañado en
21 los milagros (las maravillas) efectuados por Jesús y especial-
 mente en su poderosa, suprema, incomparable y triunfal
 salida de la carne.


24 La evidencia obtenida de los cinco sentidos físicos sólo
 se relaciona con la razón humana; y debido a
 la opacidad a la luz verdadera, la razón humana de los sentidos
27 refleja de manera tenue y transmite débilmente las obras
 y palabras de Jesús. La Verdad es una revelación.


 Jesús ordenó a sus discípulos que se guardasen de la
30 levadura de los fariseos y de los saduceos, la que La levadura de
 definió como doctrinas humanas. Su parábola la Verdad
 de la “levadura que tomó una mujer, y escondió en tres medidas



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1 de harina, hasta que todo fue leudado”, da impulso a la
 inferencia de que la levadura espiritual significa la Ciencia
3 del Cristo y su interpretación espiritual, inferencia muy por
 encima de las aplicaciones meramente eclesiásticas y forma-
 les de la ilustración.


6 ¿No indicaba esta parábola una enseñanza moral con una
 profecía, prediciendo el segundo advenimiento del Cristo, la
 Verdad, a la carne, escondido en sagrado secreto del mundo
9 visible?


 Los siglos pasan, pero esta levadura de la Verdad está
 siempre activa. Tiene que destruir la masa entera del error,
12 y ser así eternamente glorificada en la libertad espiritual del
 hombre.


 En su significado espiritual, la Ciencia, la Teología y la
15 Medicina son los medios del pensamiento divino, los cuales
 incluyen leyes espirituales que emanan del poder Lo humano
 y de la gracia invisibles e infinitos. La parábola y lo divino


18 quizás significa que estas leyes espirituales,
 pervertidas por un sentido material y perverso de la ley, están
 metafísicamente representadas por tres medidas de harina, es
21 decir, tres modalidades del pensamiento mortal. En todas las
 formas mortales del pensamiento, el polvo es dignificado
 como el estado natural de los hombres y de las cosas, y las
24 modalidades del movimiento material son honradas con el
 nombre de leyes. Esto continúa hasta que la levadura del
 Espíritu cambia enteramente el pensamiento mortal, como el
27 fermento cambia las propiedades químicas de la harina.


 Las definiciones de la ley material, como son dadas por
 las ciencias naturales, representan un reino necesariamente
30 dividido contra sí mismo, porque estas defini-
 ciones describen la ley como física, no espiritual. tradicciones
 Por tanto, contradicen los decretos divinos y violan la ley del
33 Amor, en la cual la naturaleza y Dios son uno y el orden
 natural del cielo desciende a la tierra.



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1 Cuando dotamos la materia con un vago poder espiritual
 —esto es, cuando lo hacemos en nuestras teorías, pues es claro
3 que no podemos realmente dotar la materia con Dilema
 lo que no posee ni puede poseer— negamos al
 Todopoderoso, porque tales teorías conducen a una de dos
6 cosas. O bien presuponen la evolución por sí misma y la
 autonomía de la materia, o suponen que la materia es el
 producto del Espíritu. Aceptar la primera proposición de este
9 dilema y considerar la materia como un poder en sí y de por
 sí, es dejar al creador fuera de Su propio universo; mientras
 que aceptar la otra proposición del dilema y considerar a Dios
12 como creador de la materia, no sólo es hacerlo responsable de
 todos los desastres, físicos y morales, sino enunciarlo como su
 fuente, haciéndolo culpable así de mantener un perpetuo
15 desgobierno en la forma y bajo el nombre de ley natural.


 En un sentido Dios es idéntico a la naturaleza, pero esta
 naturaleza es espiritual y no está expresada en la materia. El
18 legislador, cuyo rayo paraliza o postra de muerte Dios y la
 al niño en oración, no es el ideal divino del Amor naturaleza
 omnipresente. Dios es el bien natural, y es representado sólo
21 por la idea de la bondad; mientras que el mal debiera ser
 considerado como innatural, porque es opuesto a la natura-
 leza del Espíritu, Dios.


24 Al observar la salida del sol, uno encuentra que contradice
 la evidencia ante los sentidos creer que la tierra está en movi-
 miento y el sol inmóvil. Tal como la astronomía El sol y
27 revierte la percepción humana del movimiento el Alma
 del sistema solar, así la Ciencia Cristiana revierte la aparente
 relación entre el Alma y el cuerpo y hace el cuerpo tributario
30 de la Mente. Así es con el hombre, que no es sino el servidor
 humilde de la Mente en reposo, aunque al sentido finito le



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1 parezca de otra manera. Pero jamás comprenderemos esto
 mientras admitamos que el alma está en el cuerpo o la mente
3 en la materia, y que el hombre está incluido en lo carente de
 inteligencia. El Alma, o el Espíritu, es Dios, inmutable y
 eterna; y el hombre coexiste con el Alma, Dios, y la refleja,
6 porque el hombre es la imagen de Dios.


 La Ciencia revierte el falso testimonio de los sentidos
 físicos, y mediante esta reversión los mortales llegan a los
9 hechos fundamentales del ser. Entonces inevi-
 tablemente surge la pregunta: ¿Está un hombre testimonio
 enfermo si los sentidos materiales indican que está bien de
12 salud? ¡No!, pues la materia no puede establecer condiciones
 para el hombre. ¿Y está bien si los sentidos dicen que está
 enfermo? Sí, está sano en la Ciencia en la cual la salud es lo
15 normal y la enfermedad es lo anormal.


 La salud no es una condición de la materia, sino de la
 Mente; ni pueden los sentidos materiales dar testimonio
18 confiable sobre el tema de la salud. La Ciencia
 de la curación-Mente muestra que es imposible los sentidos
 que algo que no sea la Mente pueda dar testimonio verídico
21 o exhibir el estado verdadero del hombre. Por lo tanto, el
 Principio divino de la Ciencia, revirtiendo el testimonio de
 los sentidos físicos, revela que el hombre existe armoniosa-
24 mente en la Verdad, que es la única base de la salud; y así la
 Ciencia niega toda enfermedad, sana a los enfermos, derroca
 la falsa evidencia y refuta la lógica materialista.


27 Cualquier conclusión a favor o en contra, deducida de la
 supuesta sensación en la materia o de la supuesta conciencia
 que tiene la materia de la salud o la enfermedad, en lugar de
30 revertir el testimonio de los sentidos físicos, confirma ese
 testimonio como legítimo y así conduce a la enfermedad.


 Cuando Colón dio aliento más libre al
33 mundo, la ignorancia y la superstición encade-
 naron al viejo e intrépido navegante, y tuvo que enfrentar



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1 la deshonra y el hambre; pero aún más cruel hubiera sido su
 destino si su descubrimiento hubiese minado las inclinaciones
3 favoritas de una filosofía sensoria.


 Copérnico trazó el mapa del sistema estelar, y antes que
 él hablara, la astrografía era caótica, y el espacio celeste no
6 estaba correctamente explorado.


 Los magos caldeos leían en las estrellas el destino de los
 imperios y la fortuna de los hombres. Aunque ninguna
9 revelación más elevada que el horóscopo les fue Belleza
 desplegada en el empíreo, la tierra y el cielo
 brillaban, y pájaros y flores gozaban en la perenne y alegre luz
12 solar de Dios, dorada con la Verdad. Así tenemos la bondad y
 la hermosura para alegrar el corazón; pero el hombre, aban-
 donado a las hipótesis del sentido material inexplicadas por la
15 Ciencia, es como el cometa errante o la estrella desolada
 —“un fatigado buscador de un hogar que no se ve”.


 La rotación diaria de la tierra es invisible al ojo físico, y el
18 sol parece moverse de este a oeste, en vez de la tierra de oeste
 a este. Hasta que fue refutado por perspectivas Revelaciones
 más claras de los hechos imperecederos, este
21 falso testimonio de la vista engañó el juicio e indujo a conclu-
 siones falsas. La ciencia muestra que las apariencias son a
 menudo erróneas, y corrige estos errores por la simple regla
24 de que lo mayor controla lo menor. El sol es la inmovilidad
 central en lo que concierne a nuestro sistema solar, y la tierra
 gira alrededor del sol una vez al año, además de rotar sobre su
27 propio eje diariamente.


 Como queda así indicado, el orden astronómico imita la
 acción del Principio divino; y el universo, el reflejo de Dios, se
30 aproxima así más a la realidad espiritual, y se relaciona con la
 Ciencia divina tal como es manifestada en el eterno gobierno
 del universo.



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1 La evidencia de los sentidos físicos a menudo revierte la
 Ciencia verdadera del ser, y crea así un reino de discordia,
3 asignando poder aparente al pecado, la enferme-
 dad y la muerte; pero las grandes verdades de la opositor
 Vida, correctamente comprendidas, derrotan esta tríada de
6 errores, contradicen sus falsos testigos y revelan el reino de
 los cielos, el verdadero reino de la armonía en la tierra. La
 reversión de la Ciencia del Alma, por parte de los sentidos
9 materiales, fue expuesta de manera práctica hace mil nove-
 cientos años mediante las demostraciones de Jesús; sin
 embargo, estos así llamados sentidos todavía hacen la mente
12 mortal tributaria al cuerpo mortal, y designan ciertas partes
 de la materia, tales como el cerebro y los nervios, como las
 sedes del dolor y el placer, desde las cuales la materia informa
15 a esta así llamada mente su estado de felicidad o sufrimiento.


 El foco óptico es otra prueba de la ilusión del sentido
 material. En la retina del ojo, el cielo y las copas de los árboles
18 parecen unir las manos, las nubes y el océano,
 encontrarse y mezclarse. El barómetro —ese
 pequeño profeta de tormenta y bonanza que niega el testimo-
21 nio de los sentidos— señala buen tiempo en medio de nubes
 oscuras y lluvias torrenciales. La existencia está llena de
 ejemplos de ilusiones similares que todo pensador puede
24 recordar por sí mismo.


 Para el sentido material, el corte de la vena yugular quita
 la vida; pero para el sentido espiritual y en la
27 Ciencia, la Vida continúa inalterada y el ser es tual de la vida
 eterno. La vida temporal es un falso sentido de la existencia.


 Nuestras teorías cometen el mismo error con respecto al
30 Alma y al cuerpo que el que cometió Ptolomeo con respecto
 al sistema solar. Insisten en que el alma está en el cuerpo y
 que la mente, por tanto, es tributaria de la materia. La ciencia



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1 de la astronomía ha destruido la falsa teoría en cuanto a las
 relaciones de los cuerpos celestes, y la Ciencia Cristiana sin
3 duda destruirá el error mayor en cuanto a nues-
 tros cuerpos terrestres. Entonces aparecerán la ptolemaico


 idea y el Principio verdaderos del hombre. El
6 desacierto ptolemaico no pudo afectar la armonía del ser
 como lo hace el error con respecto al alma y al cuerpo, el cual
 revierte el orden de la Ciencia y asigna a la materia el poder
9 y la prerrogativa del Espíritu, de modo que el hombre se
 convierte en la criatura absolutamente más débil e inarmó-
 nica del universo.


12 La verdad de la Mente muestra de manera concluyente
 cómo es que la materia parece ser, pero no es.
 La Ciencia divina, elevándose por encima de
15 las teorías físicas, excluye la materia, resuelve las cosas en
 pensamientos y reemplaza los objetos del sentido material por
 ideas espirituales.


18 El término Ciencia Cristiana fue introducido por la
 autora para designar el sistema científico de la curación divina.


 La revelación consiste en dos partes:


21 1. El descubrimiento de esta Ciencia divina de la cura­
 ción-Mente, mediante un sentido espiritual de las Escrituras
 y mediante las enseñanzas del Consolador, como fue prome-
24 tido por el Maestro.


 2. La prueba, por la demostración actual, de que los así
 llamados milagros de Jesús no pertenecían especialmente a
27 una dispensación ya terminada, sino que ilustraban un
 Principio divino en operación continua. La operación de este
 Principio indica la eternidad del orden científico y de la
30 continuidad del ser.


 La Ciencia Cristiana difiere de la ciencia
 material, pero no por eso es menos científica.
33 Al contrario, la Ciencia Cristiana es preeminentemente



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1 científica, pues está basada en la Verdad, el Principio de toda
 ciencia.


3 La ciencia física (así llamada) es conocimiento humano,
 una ley de la mente mortal, una creencia ciega, un Sansón
 despojado de su fuerza. Cuando a esta creencia La ciencia
6 humana le faltan organizaciones que la apoyen, física, una


 sus fundamentos desaparecen. Al no tener
 fuerza moral, base espiritual ni Principio santo propios, esta
9 creencia confunde el efecto con la causa y procura encontrar
 vida e inteligencia en la materia, limitando así la Vida y
 aferrándose a la discordia y la muerte. En una palabra, la
12 creencia humana es una conclusión ciega del razonamiento
 material. Este es un sentido mortal y finito de las cosas, que
 el Espíritu inmortal silencia para siempre.


15 El universo, lo mismo que el hombre, ha de ser interpre-
 tado mediante la Ciencia desde su Principio divino, Dios, y
 entonces puede ser comprendido; pero cuando Interpreta­ción
18 se explica sobre la base del sentido físico y se
 representa como sujeto a desarrollo, madurez y decadencia,
 el universo, lo mismo que el hombre, es, y tiene que continuar
21 siendo, un enigma.


 La adhesión, la cohesión y la atracción son propiedades
 de la Mente. Pertenecen al Principio divino y apoyan el
24 equilibrio de esa fuerza-pensamiento que lanzó Toda fuerza
 a la tierra en su órbita y dijo a la ola orgullosa:
 “Hasta aquí, y no más”.


27 El Espíritu es la vida, la sustancia y la continuidad de
 todas las cosas. Andamos sobre fuerzas. Retíralas, y la
 creación tiene que desplomarse. El conocimiento humano
30 las llama fuerzas de la materia; pero la Ciencia divina declara
 que pertenecen por entero a la Mente divina, son inherentes
 a esta Mente, y así las restituye a su justo lugar y clasificación.


33 Los elementos y las funciones del cuerpo físico y del



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1 mundo físico cambiarán a medida que la mente mortal cambie
 sus creencias. Lo que ahora se considera la mejor condición
3 para la salud orgánica y funcional del cuerpo
 humano, puede que ya no sea encontrada indis-
 pensable para la salud. Se hallará que las condiciones morales
6 siempre son armoniosas y saludables. Ni la inacción ni la
 acción excesiva orgánicas están fuera del control de Dios; y el
 hombre se encontrará normal y natural para el pensamiento
9 mortal transformado, y en consecuencia, más armonioso en
 sus manifestaciones de lo que era en los estados anteriores
 que la creencia humana creaba y sancionaba.


12 A medida que el pensamiento humano cambie de una
 etapa a otra de dolor consciente y de consciente ausencia de
 dolor, pesar y alegría —del temor a la esperanza y de la fe a
15 la comprensión— la manifestación visible será finalmente el
 hombre gobernado por el Alma, no por el sentido material.
 Al reflejar el gobierno de Dios, el hombre se gobierna a sí
18 mismo. Cuando está subordinado al Espíritu divino, el
 hombre no puede ser controlado por el pecado o la muerte,
 comprobando así que nuestras teorías materiales sobre las
21 leyes de la salud no tienen valor.


 Las estaciones vendrán y se irán con cambios de tiempo y
 ciclos, frío y calor, latitud y longitud. El agricultor encontrará
24 que estos cambios no pueden afectar sus cose-
 chas. “Como un vestido los mudarás, y serán
 mudados”. El marino tendrá dominio sobre la atmósfera y las
27 grandes profundidades, sobre los peces del mar y las aves del
 cielo. El astrónomo ya no mirará hacia las estrellas, mirará
 desde ellas hacia el universo; y el floricultor encontrará su flor
30 antes que la semilla.


 Así se comprobará finalmente que la materia es nada más
 que una creencia mortal, totalmente incapaz de afectar a un



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1 hombre mediante su supuesta acción orgánica o supuesta
 existencia. El error ya no se usará para declarar la verdad.
3 El problema de la nada, o del “polvo al polvo”,
 será resuelto, y la mente mortal estará desorde-
 nada y vacía, pues la mortalidad cesará cuando el hombre se
6 contemple a sí mismo como el reflejo de Dios, tal como el
 hombre ve su reflejo en un espejo.


 Toda Ciencia es divina. El pensamiento humano jamás
9 proyectó la más mínima parte del ser verdadero. La creencia
 humana ha buscado e interpretado a su manera Una falta de
 el eco del Espíritu, y así parece haberlo revertido originalidad
12 y repetido materialmente; pero la mente humana jamás
 produjo un tono verdadero ni emitió un sonido positivo.


 El punto en cuestión entre la Ciencia Cristiana por una
15 parte y la teología popular por la otra es este: ¿Explicará la
 Ciencia la causa y el efecto como si fueran tanto Preguntas
 naturales como espirituales? ¿O todo lo que esté antagónicas
18 más allá de la percepción de los sentidos materiales será
 llamado sobrenatural, y dejado a merced de hipótesis
 especulativas?


21 He presentado la Ciencia Cristiana y su aplicación al
 tratamiento de la enfermedad tal como las he descubierto.
 He demostrado por medio de la Mente los
24 efectos de la Verdad sobre la salud, la longevi-
 dad y la moral de los hombres; y no he encontrado nada en
 los sistemas antiguos o modernos sobre lo cual fundar el
27 mío, excepto las enseñanzas y las demostraciones de nuestro
 gran Maestro y las vidas de los profetas y apóstoles. La Biblia
 ha sido mi única autoridad. No he tenido ninguna otra guía
30 en el “recto y angosto camino” de la Verdad.


 Si la cristiandad se resiste a que la autora aplique la



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1 palabra Ciencia al cristianismo, o cuestiona el uso que ella
 hace de la palabra Ciencia, no por eso la autora perderá su fe
3 en el cristianismo ni perderá el cristianismo su Ciencia y
 influencia sobre ella. Si Dios, el Todo-en-todo, cristianismo
 es el creador del universo espiritual, incluyendo el hombre,
6 entonces todo lo que tenga derecho a ser clasificado como
 verdad, o Ciencia, tiene que estar comprendido en un conoci-
 miento o una comprensión de Dios, porque no puede haber
9 nada más allá de la divinidad ilimitable.


 Los términos Ciencia Divina, Ciencia Espiritual, Ciencia
 del Cristo o Ciencia Cristiana, o Ciencia solamente, son
12 empleados indistintamente por la autora, según Términos
 los requerimientos del contexto. Estos términos científicos
 sinónimos representan todo lo que se relaciona con Dios, la
15 Mente infinita, suprema, eterna. Puede decirse, sin embargo,
 que el término Ciencia Cristiana se relaciona especialmente
 con la Ciencia como es aplicada a la humanidad. La Ciencia
18 Cristiana revela a Dios, no como el autor del pecado, la
 enfermedad y la muerte, sino como el Principio divino, el Ser
 Supremo, la Mente, exento de todo mal. Enseña que la materia
21 es la falsedad, no la verdad, de la existencia; que los nervios,
 el cerebro, el estómago, los pulmones y demás, no tienen
 —como materia— ninguna inteligencia, vida, ni sensación.


24 No hay ciencia física, puesto que toda la verdad procede
 de la Mente divina. Por tanto, la verdad no es humana, y no
 es una ley de la materia, porque la materia no es No hay
27 un legislador. La Ciencia es una emanación de cien­cia física
 la Mente divina, y ella sola es capaz de interpretar a Dios
 correctamente. Tiene un origen espiritual, no material. Es
30 una expresión divina, el Consolador que guía a toda la verdad.


 La Ciencia Cristiana refuta lo que se llama ciencia natural,
 dado que esta está construida sobre las falsas hipótesis de que
33 la materia es su propia legisladora, que la ley está fundada



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1 sobre condiciones materiales, y que estas son definitivas y
 predominan sobre el poder de la Mente divina. El bien es
3 natural y primitivo. Para sí mismo no es milagroso.


 El término Ciencia, correctamente comprendido, se refiere
 únicamente a las leyes de Dios y a Su gobierno del universo,
6 inclusive del hombre. De esto se deduce que los La Ciencia
 hombres de negocios y los cultos eruditos han
 encontrado que la Ciencia Cristiana amplía su resistencia y
9 sus poderes mentales, amplía su percepción del carácter, les
 da agudeza y amplitud de comprensión, y una habilidad para
 exceder su capacidad ordinaria. La mente humana, imbuida
12 de esta comprensión espiritual, se vuelve más elástica, es
 capaz de mayor resistencia, se libera en cierto grado de sí
 misma y requiere menos reposo. Un conocimiento de la
15 Ciencia del ser desarrolla las habilidades y posibilidades
 latentes del hombre. Extiende la atmósfera del pensamiento,
 dando a los mortales acceso a ámbitos más amplios y más
18 altos. Eleva al pensador a su ambiente nativo de discerni-
 miento y perspicacia.


 Un aroma se torna beneficioso y agradable sólo en la
21 proporción en que se esparza en la atmósfera circundante.
 Lo mismo sucede con nuestro conocimiento de la Verdad.
 Así como uno no reñiría con su prójimo por haberlo desper-
24 tado de una pesadilla cataléptica, tampoco debiera resistir la
 Verdad, que expulsa —sí, que destruye para siempre con el
 testimonio superior del Espíritu— la así llamada evidencia de
27 la materia.


 La Ciencia se relaciona con la Mente, no con la materia.
 Descansa sobre un Principio fijo y no sobre el juicio de
30 la sensación falsa. La suma de dos cantidades
 en matemática tiene que producir siempre el


 mismo resultado. Así es con la lógica. Si tanto
33 la proposición mayor como la menor de un silogismo son
 correctas, la conclusión, si es deducida debidamente, no



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1 puede ser falsa. Así, en la Ciencia Cristiana, no hay discor-
 dias ni contradicciones, porque su lógica es tan armoniosa
3 como el razonamiento de un silogismo correctamente plan-
 teado o el de una suma debidamente computada en aritmé-
 tica. La Verdad es siempre verídica, y no puede tolerar error
6 alguno en la premisa o en la conclusión.


 Si deseas conocer el hecho espiritual, lo puedes descubrir
 revirtiendo la fábula material, ya sea que la
9 fábula esté a favor o en contra, ya sea que esté
 de acuerdo con tus nociones preconcebidas o sea completa-
 mente contraria a ellas.


12 El panteísmo puede ser definido como una creencia en la
 inteligencia de la materia, una creencia que la Ciencia derroca.
 En esos días habrá “gran tribulación, cual no la Teorías
15 ha habido desde el principio del mundo”; y la
 tierra hará eco al clamor: “¿Has venido [Verdad] acá para
 atormentarnos antes de tiempo?” El magnetismo animal, el
18 hipnotismo, el espiritismo, la teosofía, el agnosticismo, el
 panteísmo y la infidelidad son antagónicos al ser verdadero y
 fatales para su demostración; como también lo son algunos
21 otros sistemas.


 Debemos abandonar la farmacéutica y emprender el
 estudio de la ontología: “la ciencia del ser verdadero”.
24 Debemos examinar en profundidad el realismo La ontología
 en vez de aceptar sólo el sentido exterior de las es necesaria
 cosas. ¿Podemos recoger melocotones de un pino, o aprender
27 de la discordia la concordia del ser? Sin embargo, así de
 racionales son algunas de las ilusiones predominantes a lo
 largo del sendero que la Ciencia tiene que recorrer en su
30 misión reformadora entre los mortales. El nombre mismo,
 ilusión, señala la nada.


 El sibarita puede que objete la poca importancia que
33 la autora da a los placeres de la mesa. El pecador ve, en el
 sistema enseñado en este libro, que las exigencias de



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1 Dios deben ser cumplidas. El intelecto mediocre se alarma por
 el constante recurrir a la Mente. El temperamento licencioso se
3 desanima dadas sus exiguas perspectivas espiri-
 tuales. Cuando todos los hombres son convida-
 dos a la fiesta, vienen las excusas. Uno tiene una labranza,
6 otro tiene negocios, y por lo tanto, no pueden aceptar.


 Es en vano hablar deshonestamente de la Ciencia divina,
 que destruye toda discordia, cuando tú puedes Excusas para
9 demostrar la realidad de la Ciencia. Es insen-
 sato dudar que la realidad esté en perfecta armonía con Dios,
 el Principio divino —si la Ciencia, cuando sea comprendida y
12 demostrada, destruirá toda discordia— ya que admites que
 Dios es omnipotente; porque de esta premisa se deduce que el
 bien y sus dulces armonías tienen todo el poder.


15 La Ciencia Cristiana, correctamente comprendida, liberaría
 la mente humana de las creencias materiales que luchan contra
 las realidades espirituales; y estas creencias
18 materiales tienen que ser negadas y echadas
 fuera para hacer lugar a la verdad. No puedes añadir nada al
 contenido de una vasija que ya está llena. Al esforzarse por
21 mucho tiempo por debilitar la fe del adulto en la materia y por
 inculcarle un grano de fe en Dios —un atisbo de la capacidad
 del Espíritu de hacer el cuerpo armonioso— la autora ha
24 recordado con frecuencia el amor de nuestro Maestro por los
 niños, y comprendido cuán cierto es que los que son como
 ellos pertenecen al reino celestial.


27 Si el pensamiento se sobresalta por la fuerza con que la
 Ciencia reivindica la supremacía de Dios, o la Verdad, y duda
 de la supremacía del bien, ¿no debiéramos, por el Todo mal es
30 contrario, asombrarnos de las vigorosas preten-
 siones del mal y dudar de ellas, y ya no pensar que es natural
 amar el pecado e innatural abandonarlo, ya no imaginar que
33 el mal está siempre presente y el bien ausente? La verdad



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1 no debiera parecer tan sorprendente e innatural como el
 error, y el error no debiera parecer tan real como la verdad.
3 La enfermedad no debiera parecer tan real como la salud.
 No hay error en la Ciencia, y nuestras vidas tienen que estar
 gobernadas por la realidad para estar en armonía con Dios,
6 el Principio divino de todo ser.


 Una vez destruida por la Ciencia divina, la falsa evidencia
 ante los sentidos corporales desaparece. De ahí la oposición
9 del hombre sensorio a la Ciencia del Alma y el
 significado de las Escrituras: “Los designios de la la carnalidad
 carne son enemistad contra Dios”. El hecho central de la Biblia
12 es la superioridad del poder espiritual sobre el poder físico.


 La teología


 ¿Debe venir la Ciencia Cristiana por medio de las iglesias
15 cristianas, como insisten algunas personas? Esta Ciencia ya
 ha venido, de la manera señalada por Dios,
 pero las iglesias no parecen estar preparadas
18 para recibirla, según el dicho de las Escrituras: “A lo suyo
 vino, y los suyos no le recibieron”. Una vez Jesús dijo: “Yo te
 alabo, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escon-
21 diste estas cosas de los sabios y entendidos, y las has revelado
 a los niños. Sí, Padre, porque así Te agradó”. Como antaño,
 el espíritu del Cristo, que quita las ceremonias y las doctrinas
24 de los hombres, no es aceptado hasta que los corazones
 humanos son preparados para ello.


 La misión de Jesús confirmó la profecía, y explicó los así
27 llamados milagros de los tiempos antiguos como demostra-
 ciones naturales del poder divino, demostracio-
 nes que no fueron comprendidas. Las obras de y el Mesías
30 Jesús establecieron su derecho al mesiazgo. En respuesta
 a la pregunta de Juan: “¿Eres tú aquel que había de venir?”,



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1 Jesús contestó afirmativamente, enumerando sus obras en
 lugar de referirse a su doctrina, confiado en que esta exhibi-
3 ción del divino poder para sanar contestaría la pregunta
 plenamente. De ahí su respuesta: “Id, y haced saber a Juan
 las cosas que oís y veis. Los ciegos ven, los cojos andan, los
6 leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son
 resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio; y
 bienaventurado es el que no halle tropiezo en mí”. En otras
9 palabras, él dio su bendición a todo aquel que no negara que
 tales efectos, que vienen de la Mente divina, comprueban la
 unidad de Dios, el Principio divino que saca a luz toda
12 armonía.


 Los fariseos de antaño expulsaron de sus sinagogas la
 idea espiritual y al hombre que la vivía, y conservaron sus
15 creencias materialistas acerca de Dios. El sistema El Cristo
 de curación de Jesús no recibió ninguna ayuda rechazado
 ni aprobación de parte de otros sistemas de sanidad o religio-
18 sos, de doctrinas de la física o de la teología; y aún no ha sido
 generalmente aceptado. Hoy, como antaño, inconsciente de
 la reaparición de la idea espiritual, la creencia ciega le cierra
21 la puerta, y condena la curación de los enfermos y de los
 pecadores si se efectúa por medio de cualquier teoría que no
 sea material y doctrinal. Previendo este rechazo al idealismo,
24 a la verdadera idea de Dios —a esta salvación de todo error
 físico y mental— Jesús preguntó: “Cuando venga el Hijo del
 Hombre, ¿hallará fe en la tierra?”


27 ¿Le confirieron las doctrinas de Juan el Bautista el poder
 para sanar o lo dotaron de la concepción más verdadera del
 Cristo? Una vez este justo predicador dirigió la Las dudas
30 atención de sus discípulos hacia Jesús, “el Cordero de Juan
 de Dios”; no obstante, después cuestionó seriamente las señales



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1 del advenimiento mesiánico y envió a Jesús la pregunta:
 “¿Eres tú aquel que había de venir?”


3 ¿Era mayor la fe de Juan que la de la samaritana?, la cual
 dijo: “¿No será éste el Cristo?” Hubo también
 cierto centurión de cuya fe Jesús mismo declaró: con las obras
6 “Ni aun en Israel he hallado tanta fe”.


 En Egipto, fue la Mente la que salvó a los israelitas de
 la creencia en las plagas. En el desierto, el agua brotó de la
9 peña en abundancia y el maná cayó del cielo. Los israelitas
 miraban a la serpiente de bronce, y al instante creían que
 quedaban sanados de las picaduras venenosas de las víboras.
12 Durante la prosperidad nacional, los milagros acompañaron
 los triunfos de los hebreos; pero cuando se apartaron de la
 idea verdadera, comenzó su desmoralización. Hasta en el
15 cautiverio entre naciones extranjeras, el Principio divino
 hizo maravillas para el pueblo de Dios en el horno de fuego
 ardiendo y en los palacios de los reyes.


18 El judaísmo era la antítesis del cristianismo, porque el
 judaísmo engendró la forma limitada de una religión nacional
 o tribal. Era un sistema finito y material, expre-
21 sado en teorías especiales concernientes a Dios, antagónico
 al hombre, a los métodos de sanidad, y a un culto religioso.
 Que se hizo “igual a Dios” fue una de las acusaciones de los
24 judíos contra aquel que plantó el cristianismo sobre el funda-
 mento del Espíritu, que enseñó según era inspirado por el
 Padre y que no quiso reconocer ninguna vida, inteligencia ni
27 sustancia fuera de Dios.


 La concepción judaica de Dios como Yahveh, Jehová, o
 solamente como un héroe poderoso y rey, no ha Conoci­mientos
30 cedido totalmente el lugar al verdadero conoci-
 miento de Dios. Los credos y los rituales no han lavado sus



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1 manos de las tradiciones rabínicas. Hoy en día el grito de
 las épocas pasadas se repite: “¡Crucifícale!” A cada paso de
3 avance, la verdad es aún enfrentada con espada y lanza.


 La palabra mártir, del griego, significa testigo; pero aque-
 llos que testificaban la Verdad eran tantas veces perseguidos
6 hasta la muerte, que finalmente la palabra mártir Testimonio de
 quedó limitada en su significado y así ha llegado los mártires
 a designar siempre a quien sufre por sus convicciones. La
9 nueva fe en el Cristo, la Verdad, despertó tanto odio en los
 opositores del cristianismo, que los seguidores de Cristo
 fueron quemados, crucificados, y perseguidos de otras
12 maneras; y fue así como los derechos humanos llegaron a ser
 santificados por el patíbulo y la cruz.


 Las doctrinas creadas por los hombres están decayendo.
15 No se han fortalecido en tiempos de tribulación. Desprovistas
 del poder-Cristo, ¿cómo pueden ilustrar las
 doctrinas de Cristo o los milagros de la gracia? poder-Cristo
18 Negar la posibilidad de la curación cristiana roba al cristia-
 nismo el elemento mismo que le dio fuerza divina y su éxito
 asombroso e inigualable en el siglo primero.


21 El verdadero Logos es evidentemente la Ciencia Cristiana,
 la ley natural de la armonía que vence la discordia, no porque
 esta Ciencia sea sobrenatural o preternatural, ni Base de los
24 porque sea una infracción de la ley divina, sino milagros
 porque es la ley inmutable de Dios, el bien. Jesús dijo: “Yo
 sabía que siempre me oyes”; y resucitó a Lázaro de entre los
27 muertos, calmó la tempestad, sanó a los enfermos, anduvo
 sobre las aguas. Hay autoridad divina para creer en la supe-
 rioridad del poder espiritual sobre la resistencia material.


30 Un milagro cumple con la ley de Dios, pero no viola esa
 ley. Este hecho parece en la actualidad más misterioso que el



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1 milagro mismo. El Salmista cantó: “¿Qué tuviste, oh mar, que
 huiste? ¿Y tú, oh Jordán, que te volviste atrás? Oh montes,
3 ¿por qué saltasteis como carneros, y vosotros,
 collados, como corderitos? A la presencia de
 Jehová tiembla la tierra, a la presencia del Dios de Jacob”. El
6 milagro no introduce ningún desorden, sino que revela el
 orden primordial, estableciendo la Ciencia de la ley inmutable
 de Dios. Sólo la evolución espiritual es digna del ejercicio del
9 poder divino.


 El mismo poder que sana el pecado sana también la enfer-
 medad. Esta es “la hermosura de la santidad”: que cuando la
12 Verdad sana a los enfermos, echa fuera los
 males, y cuando la Verdad echa fuera el mal


 llamado enfermedad, sana a los enfermos.
15 Cuando Cristo echó fuera el demonio de la mudez, “aconteció
 que salido el demonio, el mudo habló”. Existe hoy en día el
 peligro de repetir la falta de los judíos por limitar el Santo de
18 Israel y preguntar: “¿Podrá [Dios] poner mesa en el desierto?”
 ¿Qué no puede hacer Dios?


 Se ha dicho, y con razón, que el cristianismo tiene que ser
21 Ciencia, y que la Ciencia tiene que ser cristianismo, de lo
 contrario uno de los dos es falso e inútil; pero
 ninguno de los dos carece de importancia o de la Ciencia y el


24 verdad, y son iguales en la demostración. Esto
 comprueba que el uno es idéntico al otro. El cristianismo
 como Jesús lo enseñó no era un credo ni un sistema de cere-
27 monias ni un don especial de un Jehová ritualista; sino que
 era la demostración del Amor divino echando fuera el error y
 sanando a los enfermos, no meramente en el nombre del
30 Cristo, o la Verdad, sino en demostración de la Verdad, como
 tiene que ser el caso en los ciclos de la luz divina.



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1 Jesús estableció su iglesia y mantuvo su misión sobre el
 fundamento espiritual de la curación-Cristo. Enseñó a sus
3 seguidores que su religión tenía un Principio
 divino que podía echar fuera el error y sanar
 tanto a los enfermos como a los pecadores. Él no pretendió
6 tener inteligencia, acción, ni vida separadas de Dios. A pesar
 de la persecución que esto trajo sobre él, utilizó su poder
 divino para salvar a los hombres tanto corporal como
9 espiritualmente.


 La pregunta, tanto entonces como ahora, era: ¿Cómo
 sanaba Jesús a los enfermos? Su respuesta a esta pregunta
12 fue rechazada por el mundo. Él recurrió a sus
 discípulos: “¿Quién dicen los hombres que es el antiguo
 Hijo del Hombre?” Eso es: ¿Quién o qué es lo que así se
15 identifica con la expulsión de los demonios y la curación de
 los enfermos? Ellos contestaron: “Unos, Juan el Bautista;
 otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas”.
18 A estos profetas se los consideraba muertos, y esta respuesta
 puede indicar que alguna gente creía que Jesús era un
 médium, controlado por el espíritu de Juan o de Elías.


21 Esta fantasía fantasmal fue repetida por Herodes mismo.
 Que un rey malvado y marido disoluto no tuviera en alto
 aprecio la Ciencia divina y la gran obra del Maestro, no era
24 sorprendente; porque, ¿cómo podía semejante pecador com-
 prender lo que los discípulos no entendían totalmente? Pero
 aun Herodes se preguntaba si Jesús estaba controlado por el
27 santo predicador. De ahí la aserción de Herodes: “A Juan yo
 le hice decapitar; ¿quién, pues, es éste?” No era de admirarse
 que Herodes deseara ver al nuevo Maestro.


30 Los discípulos comprendieron a su Maestro mejor que
 otros; pero no comprendieron todo lo que dijo
 e hizo, o no lo hubieran interrogado tantas veces. dubitativos
33 Jesús pacientemente persistió en enseñar y demostrar la



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1 verdad del ser. Sus discípulos vieron este poder de la Verdad
 sanar a los enfermos, echar fuera el mal, resucitar a los
3 muertos; pero la finalidad de esta maravillosa obra no fue
 discernida espiritualmente, ni siquiera por ellos, hasta
 después de la crucifixión, cuando su inmaculado Maestro se
6 presentó ante ellos vencedor de la enfermedad, el pecado, la
 dolencia, la muerte y la tumba.


 Anhelando ser comprendido, el Maestro preguntó nueva-
9 mente: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?” Esta pregunta
 reiterada quería decir: ¿Quién o qué es lo que está capacitado
 para hacer esta obra tan misteriosa para la mente popular?
12 En su rechazo a la respuesta ya dada y en su reiteración de la
 pregunta, está claro que Jesús refutó por completo la estrecha
 opinión implícita en lo que ellos citaron que se decía de él
15 corrientemente.


 Con su impetuosidad usual, Simón contestó por sus
 hermanos, y su respuesta expuso una gran verdad: “¡Tú
18 eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente!” Eso es: Una respues­ta
 El Mesías es lo que has proclamado, el Cristo, el divina
 espíritu de Dios, de la Verdad, la Vida y el Amor, que sana
21 mentalmente. Esta aserción le mereció la bendición de Jesús:
 “Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo
 reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos”;
24 es decir, ¡el Amor te ha mostrado el camino de la Vida!


 Antes de esto, el impetuoso discípulo había sido llamado
 sólo por sus nombres comunes, Simón Barjonás, o hijo de
27 Jonás; pero entonces el Maestro le dio un nom-
 bre espiritual en estas palabras: “Y yo también


 te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca [el
30 significado de la palabra griega petros, o piedra] edificaré mi
 iglesia; y las puertas del Hades [el mundo de los muertos



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1 o el sepulcro] no prevalecerán contra ella”. En otras palabras,
 Jesús se proponía fundar su sociedad, no en el Pedro personal
3 como un mortal, sino en el poder de Dios que estaba detrás
 de la declaración de Pedro acerca del Mesías verdadero.


 Entonces le fue evidente a Pedro que la Vida, la Verdad y el
6 Amor divinos, y no una personalidad humana, era el sanador
 de los enfermos, y una roca, un fundamento
 firme en el reino de la armonía. Sobre esta base sublime
9 espiritualmente científica Jesús explicaba sus curaciones, las
 cuales parecían milagrosas a los extraños. Él mostró que las
 enfermedades no eran echadas fuera por la corporalidad, la
12 materia médica ni por la higiene, sino por el Espíritu divino,
 que echaba fuera los errores de la mente mortal. La supremacía
 del Espíritu era el fundamento sobre el cual Jesús edificaba.
15 Su resumen sublime indica la religión del Amor.


 Jesús estableció en la era cristiana el precedente para todo
 cristianismo, toda teología y curación. Los cristianos están
18 bajo órdenes tan directas ahora, como lo esta-
 ban entonces, de ser semejantes a Cristo, poseer con Jesús
 el espíritu-Cristo, seguir el ejemplo de Cristo, y sanar a los
21 enfermos así como a los pecadores. Le es más fácil al cristia-
 nismo echar fuera la enfermedad que el pecado, porque los
 enfermos están más dispuestos a deshacerse del dolor que los
24 pecadores a abandonar los así llamados pecaminosos placeres
 de los sentidos. Los cristianos pueden comprobar esto hoy
 tan fácilmente como fue comprobado hace siglos.


27 Nuestro Maestro dijo a todo seguidor: “¡Id por todo el
 mundo y predicad el evangelio a toda criatura!... ¡Sanad
 enfermos!... ¡Amarás a tu prójimo como a ti
30 mismo!” Era esta teología de Jesús lo que sanaba saludable
 a los enfermos y a los pecadores. Es su teología en este libro,
 y el significado espiritual de esta teología, lo que sana a los



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1 enfermos y hace que “deje el impío su camino, y el hombre
 inicuo sus pensamientos”. Era la teología de nuestro Maestro
3 lo que los impíos procuraban destruir.


 Desde el comienzo hasta el fin, las Escrituras están llenas
 de relatos del triunfo del Espíritu, la Mente, sobre la materia.
6 Moisés comprobó el poder de la Mente mediante Maravillas y
 lo que los hombres llamaron milagros; igual
 hicieron Josué, Elías y Eliseo. La era cristiana fue introducida
9 con señales y prodigios. Las reformas generalmente han sido
 acompañadas por el derramamiento de sangre y la persecu-
 ción, aun cuando el fin ha sido la luz y la paz; pero la reforma
12 actual, nueva, aunque antigua, en la fe religiosa, enseñará a
 los hombres a contener, paciente y sabiamente, la marea de
 amargura sectaria cada vez que suba.


15 Las decisiones por votos de los Concilios Eclesiásticos
 sobre lo que debe o no debe considerarse Sagrada Escritura;
 las equivocaciones manifiestas en las antiguas
18 versiones; las treinta mil variantes en el Antiguo oscurecida
 Testamento, y las trescientas mil en el Nuevo, estos hechos
 muestran cómo un sentido mortal y material penetró furti-
21 vamente en el divino registro, oscureciendo, en cierta
 medida, con su propio matiz las páginas inspiradas. Pero las
 equivocaciones no pudieron oscurecer enteramente la
24 Ciencia divina de las Escrituras, visible desde el Génesis
 hasta el Apocalipsis, ni dañar la demostración de Jesús, ni
 anular la obra curativa de los profetas, quienes previeron que
27 “la piedra que desecharon los edificadores” vendría a ser
 “cabeza del ángulo”.


 El ateísmo, el panteísmo, la teosofía y el agnosticismo se
30 oponen a la Ciencia Cristiana, como a la religión común;
 pero eso no quiere decir que el inválido pro-
 fano o ateo no pueda ser sanado por la Ciencia beneficiados
33 Cristiana. La condición moral de tal hombre exige el



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1 remedio de la Verdad más de lo que se necesita en la mayoría
 de los casos; y la Ciencia es más que usualmente eficaz en el
3 tratamiento de las dolencias morales.


 Nadie puede afirmar realmente que Dios es un ser corpó-
 reo. La Biblia Lo representa como diciendo: “No podrás ver Mi
6 rostro; porque no Me verá hombre, y vivirá”.
 No material, sino espiritualmente Lo conoce-
 mos como la Mente divina, como la Vida, la Verdad y el
9 Amor. Obedeceremos y adoraremos en la proporción en que
 comprendamos la naturaleza divina y Lo amemos con com-
 prensión, no luchando más acerca de la corporalidad, sino
12 regocijándonos en la afluencia de nuestro Dios. La religión
 será entonces del corazón y no de la cabeza. La humanidad
 ya no será tiránica y proscriptora por falta de amor, colando
15 mosquitos y tragando camellos.


 Adoramos espiritualmente sólo cuando dejamos de adorar
 materialmente. La devoción espiritual es el alma del cristia-
18 nismo. La adoración por medio de la materia
 es paganismo. Los rituales judaicos y otros no
 son sino símbolos y sombras de la adoración verdadera. “Los
21 verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en
 verdad”.


 El Jehová de las tribus judías era un Dios ideado por el
24 hombre, propenso a la ira, al arrepentimiento y a la mutabili-
 dad humana. El Dios de la Ciencia Cristiana es el Antropo­
 Amor divino, universal, eterno, que no cambia, morfismo
27 y que no causa el mal, la enfermedad ni la muerte. Es sin
 dudas lamentablemente cierto que la Escritura más antigua
 está revertida. En el principio creó Dios al hombre a Su
30 imagen, a la imagen de Dios; pero los mortales quisieran
 procrear al hombre, y hacer a Dios a su propia imagen
 humana. ¿Qué es el dios de un mortal, sino un mortal
33 ampliado?



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1 Esto indica la distancia entre las religiones teológicas y
 ritualistas de todas las épocas y la verdad predicada por
3 Jesús. Se requiere más que profesión de fe para Se requiere
 la demostración cristiana. Pocos comprenden


 los preceptos divinos de Jesús para vivir y sanar
6 o se adhieren a ellos. ¿Por qué? Porque sus preceptos requieren
 que el discípulo se corte la mano derecha y se saque el ojo
 derecho, es decir, que deseche hasta las creencias y prácticas
9 más preciadas, que deje todo por el Cristo.


 Toda revelación (¡tal es el pensamiento popular!) debe
 proceder de las escuelas y por la línea de descendencia de
12 eruditos y eclesiásticos, como se corona a los
 reyes de una dinastía real. Al sanar a los enfer- monopolio


 mos y a los pecadores, Jesús dejó en claro el
15 hecho de que el efecto sanador resultaba de la comprensión
 del Principio divino y del espíritu-Cristo que gobernaba al
 Jesús corpóreo. Para este Principio no hay dinastía, no hay
18 monopolio eclesiástico. Su única cabeza coronada es la
 soberanía inmortal. Su único sacerdote es el hombre espiri-
 tualizado. La Biblia declara que todos los creyentes son
21 hechos “reyes y sacerdotes para Dios”. Los extraños no
 comprendieron entonces, ni comprenden ahora, este
 gobierno del Cristo; por consiguiente no pueden demostrar
24 el poder sanador de Dios. Ni puede esta manifestación del
 Cristo ser comprendida hasta que su Principio divino es
 científicamente entendido.


27 La adopción de la religión científica y de la curación divina
 disminuirá el pecado, la enfermedad y la muerte. Que nuestros
 púlpitos hagan justicia a la Ciencia Cristiana.
30 Que tenga una representación justa en la prensa. un cambio
 Dadle el lugar en nuestras instituciones de enseñanza ahora
 ocupados por la teología escolástica y la fisiología, y ella



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1 erradicará la enfermedad y el pecado en menos tiempo del
 que los viejos sistemas, ideados para dominarlos, han reque-
3 rido para establecerse y propagarse a sí mismos.


 Antiguamente, los seguidores del Cristo, o la Verdad,
 medían el cristianismo por su poder sobre la enfermedad, el
6 pecado y la muerte; pero las religiones modernas Dos
 generalmente omiten todos estos poderes menos rei­vindicaciones


 uno: el poder sobre el pecado. Debemos buscar
9 el manto indiviso, el Cristo íntegro, como nuestra primera
 prueba de cristianismo, porque sólo el Cristo, la Verdad,
 puede proporcionarnos la evidencia absoluta.


12 Si la suave palma de la mano, tendida para recibir un
 salario señorial, y el arte arquitectónico, que hace estremecer
 de belleza domo y espira, niegan la entrada al
15 pobre y al extraño, cierran al mismo tiempo la
 puerta al progreso. En vano el pesebre y la cruz relatan su
 historia al orgullo y la soberbia. La sensualidad paraliza la
18 mano derecha, y hace que la izquierda se desprenda de lo divino.


 Como en el tiempo de Jesús, también hoy en día la tiranía
 y el orgullo necesitan ser echados fuera del templo con azotes,
21 y la humildad y la Ciencia divina ser bienveni-
 das. Las fuertes cuerdas de la demostración
 científica, tal como Jesús las retorció y blandió, todavía son
24 necesarias para depurar los templos de su vano tráfico en la
 adoración mundana y hacerlos moradas dignas del Altísimo.


 La medicina


27 ¿Cuál fue la primera, la Mente o la medicina? Si la Mente
 fue la primera y era existente de por sí, entonces la Mente,
 no la materia, tiene que haber sido la primera
30 medicina. Al ser Dios Todo-en-todo, Él hizo la precedencia
 medicina; pero esa medicina era la Mente. No pudo haber
 sido la materia, que se aparta de la naturaleza y del carácter
33 de la Mente, Dios. La Verdad es el remedio de Dios para



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1 el error de toda clase, y la Verdad destruye sólo lo que no es
 verdadero. De ahí el hecho de que, tanto hoy como ayer, el
3 Cristo echa fuera los males y sana a los enfermos.


 Está claro que Dios no emplea los medicamentos o la
 higiene, ni los provee para uso del hombre; de otro modo
6 Jesús los hubiera recomendado y usado en sus
 curaciones. Los enfermos están más deplora-
 blemente perdidos que los pecadores, si los enfermos no
9 pueden confiar en la ayuda de Dios y los pecadores sí pue-
 den. La Mente divina jamás llamó medicina a la materia, y
 la materia requirió de una creencia material y humana antes
12 que pudiera ser considerada como medicina.


 Algunas veces la mente humana usa un error para reme-
 diar otro. Forzada a escoger entre dos dificultades, la mente
15 humana toma la menor para aliviar la mayor.
 Sobre esta base, salva de la inanición mediante es curativo
 el robo, y calma el dolor con anodinos. Admites que la mente
18 tiene cierta influencia sobre el cuerpo, pero concluyes que el
 estómago, la sangre, los nervios, los huesos, etc., mantienen la
 preponderancia de poder. Controlado por esta creencia,
21 continúas en la vieja rutina. Te apoyas en lo inerte y en lo que
 no es inteligente, sin darte cuenta jamás de cómo esto te priva
 de la superioridad disponible de la Mente divina. El cuerpo
24 no es controlado científicamente mediante una mente
 negativa.


 La Mente es la gran creadora, y no puede haber ningún
27 poder excepto aquel que es derivado de la Mente. Si la
 Mente fue la primera cronológicamente, es la
 primera potencialmente, y tiene que ser la
30 primera eternamente, entonces da a la Mente la gloria, el
 honor, el dominio y el poder debidos, por toda la eternidad,
 a su santo nombre. Los métodos de curación inferiores y
33 que no son espirituales tal vez traten de que la Mente y los
 medicamentos se coaliguen, pero los dos no se mezclarán



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1 científicamente. ¿Por qué desearíamos que lo hagan, puesto
 que nada bueno puede resultar de ello?


3 Si la Mente es lo primero y superior, confiemos en la
 Mente, que no necesita ninguna cooperación de poderes
 inferiores, aun si estos así llamados poderes fueran reales.


6 Nada es el escudero, cuando el rey está presente;


 Retírase la estrella, al alborear del sol la luz valiente.


 Las diversas creencias mortales formuladas en la filosofía
9 humana, la fisiología, la higiene, son principalmente predica-
 ciones de la materia, y ofrecen débiles destellos El Alma y
 de Dios, o la Verdad. Cuanto más material una el sentido
12 creencia, más obstinadamente tenaz su error; cuanto más
 fuertes son las manifestaciones de los sentidos corporales,
 más débiles las indicaciones del Alma.


15 La fuerza de voluntad humana no es Ciencia. La voluntad
 humana pertenece a los así llamados sentidos materiales, y su
 uso ha de ser condenado. Emplear la voluntad
18 para sanar a los enfermos no es la práctica


 metafísica de la Ciencia Cristiana, sino que es
 puro magnetismo animal. La fuerza de voluntad humana
21 puede infringir los derechos del hombre. Produce el mal
 continuamente, y no es un factor en el realismo del ser.
 La Verdad, y no la voluntad corporal, es el poder divino que
24 dice a la enfermedad: “Calla, enmudece”.


 Debido a que la Ciencia divina lucha con la así llamada
 ciencia física, así como la Verdad lucha con el error, las anti-
27 guas escuelas aún se oponen a ella. La ignoran-
 cia, el orgullo o el prejuicio cierran la puerta a
 todo lo que no está estereotipado. Cuando la Ciencia del ser
30 sea comprendida universalmente, cada hombre será su propio
 médico, y la Verdad será la panacea universal.


 Se pregunta hoy en día si los inspirados sanadores de la
33 antigüedad comprendían la Ciencia de la curación cristiana,



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1 o si captaban sus dulces tonos, como el músico innato capta
 los tonos de la armonía sin poder explicarlos. Tan divina-
3 mente imbuidos estaban ellos del espíritu de la Sanadores de
 Ciencia, que la falta de la letra no podía impe-
 dir su obra; y esa letra, sin el espíritu, hubiera hecho nula su
6 práctica.


 La lucha por el restablecimiento de los inválidos conti-
 núa, no entre métodos materiales, sino entre las mentes
9 mortales y la Mente inmortal. La victoria
 estará del lado del paciente sólo cuando la
 Mente inmortal, mediante el Cristo, la Verdad, subyugue la
12 creencia humana en la enfermedad. No importa qué
 método material uno adopte, ya sea la fe en los medicamen-
 tos, la confianza en la higiene o en otro medio curativo de
15 orden inferior.


 La curación científica tiene esta ventaja sobre otros
 métodos: que en ella la Verdad controla el error. De este
18 hecho surgen sus efectos tanto éticos como
 físicos. Por cierto, sus efectos éticos y físicos
 están indisolublemente conectados. Si hay algún misterio
21 en la curación cristiana, es el misterio que la piedad siempre
 presenta a los impíos, el misterio que siempre surge de la
 ignorancia acerca de las leyes de la Mente eterna e infalible.


24 Otros métodos se empeñan en enfrentar el error con
 el error, y así aumentan el antagonismo de una forma de
 materia contra otras formas de materia o error, La materia
27 y la guerra entre el Espíritu y la carne conti-
 núa. Debido a este antagonismo, la mente mortal tiene que
 debilitar continuamente el poder que ella misma se arroga.


30 La teología de la Ciencia Cristiana incluye la curación de
 los enfermos. El primer artículo de fe que nuestro Maestro



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1 planteó a sus alumnos fue el de sanar, y él comprobó su fe por
 sus obras. Los cristianos de la antigüedad eran sanadores.
3 ¿Por qué se ha perdido este elemento del cristia-
 nismo? Porque nuestros sistemas de religión
 están más o menos gobernados por nuestros sistemas de
6 medicina. La primera idolatría fue la fe en la materia. Las
 escuelas han hecho que la moda sea la fe en los medicamentos,
 más bien que la fe en la Deidad. Al confiar en la materia para
9 destruir su propia discordia, la salud y la armonía han sido
 sacrificadas. Tales sistemas están desprovistos de la vitalidad
 del poder espiritual, por el cual el sentido material se convierte
12 en siervo de la Ciencia y la religión se torna semejante al Cristo.


 La medicina material sustituye por medicamentos el poder
 de Dios —o sea, el poder de la Mente— para sanar el cuerpo.
15 El escolasticismo se aferra, para la salvación,
 a la persona, en vez de al Principio divino del


 hombre Jesús; y su Ciencia, el agente curativo
18 de Dios, es silenciada. ¿Por qué? Porque la verdad despoja
 los medicamentos materiales de su poder imaginario y reviste
 de supremacía el Espíritu. La Ciencia es el “extranjero que
21 está dentro de tus puertas”, no recordada, pese a que sus
 efectos enaltecedores comprueban prácticamente su origen y
 eficacia divinos.


24 La Ciencia divina deriva su sanción de la Biblia, y el origen
 divino de la Ciencia es demostrado por medio de la santa
 influencia de la Verdad al sanar la enfermedad


27 y el pecado. Este poder sanador de la Verdad
 tiene que haber sido muy anterior al período en como Dios
 que Jesús vivió. Es tan antiguo como el “Anciano de días”.
30 Vive a través de toda la Vida, y se extiende por todo el espacio.


 La metafísica divina está reducida ahora a un sistema, a
 una forma comprensible y adaptada al pensamiento de la



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1 época en que vivimos. Este sistema capacita al estudiante
 para demostrar el Principio divino, sobre el


3 cual estaba basada la obra sanadora de Jesús,
 y las reglas sagradas para su aplicación actual a la curación
 de la enfermedad.


6 A fines del siglo diecinueve demostré las reglas divinas
 de la Ciencia Cristiana. Estas fueron sometidas a la prueba
 práctica más amplia, y en todas partes, cuando se aplicaron
9 honestamente bajo circunstancias donde la demostración era
 humanamente posible, esta Ciencia demostró que la Verdad
 no había perdido nada de su eficacia divina y sanadora, aun
12 cuando habían transcurrido siglos desde que Jesús practicó
 estas reglas en las colinas de Judea y en los valles de Galilea.


 Aunque esta obra contiene la Ciencia completa de la
15 curación-Mente, jamás creas que puedes absorber el signifi-
 cado íntegro de la Ciencia mediante una simple Lectura y
 lectura de este libro. El libro necesita ser estu-
18 diado, y la demostración de las reglas de la curación científica
 te plantará firmemente sobre la base espiritual de la Ciencia
 Cristiana. Esta prueba te eleva por encima de los fósiles que
21 decaen de teorías ya anticuadas, y te capacita para comprender
 las realidades espirituales del ser hasta ahora no alcanzadas y
 aparentemente en penumbras.


24 Nuestro Maestro sanó a los enfermos, practicó la curación
 cristiana, y enseñó las generalidades del Principio divino de
 dicha curación a sus discípulos; pero no dejó
27 ninguna regla precisa para demostrar este


 Principio de la curación y prevención de la
 enfermedad. Esta regla habría de ser descubierta en la Ciencia
30 Cristiana. Un afecto puro se expresa en bondad, pero sólo la
 Ciencia revela el Principio divino de la bondad y demuestra
 sus reglas.


33 Jesús nunca habló de la enfermedad como peligrosa o difícil



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1 de sanar. Cuando sus discípulos le trajeron un caso que no
 habían podido sanar, él les dijo: “¡Oh generación incrédula!”,
3 dando a entender que el poder requerido para
 sanar estaba en la Mente. Él no recetaba medi-
 cinas, no exigía obediencia a las leyes materiales, sino que
6 obraba en abierta desobediencia a ellas.


 Ni la anatomía ni la teología jamás han descrito al hom-
 bre como creado por el Espíritu, como el hombre de Dios.
9 La primera explica que los hombres de los
 hombres, o “los hijos de los hombres”, son


 creados corporal en vez de espiritualmente y
12 como emergiendo de la más baja, en vez de la más elevada,
 concepción del ser. Tanto la anatomía como la teología
 definen al hombre como un ser físico y mental a la vez, y
15 dejan la mente a merced de la materia para toda función,
 formación y manifestación. La anatomía enfoca al hombre
 en todo punto materialmente. Pierde el Espíritu, abandona
18 el tono verdadero y acepta la discordia. La anatomía y la
 teología rechazan el Principio divino que produce al hombre
 armonioso, y se ocupan —la una totalmente, la otra princi-
21 palmente— de la materia, denominando hombre aquello que
 no es la contraparte, sino la falsificación, del hombre de
 Dios. Después la teología trata de explicar cómo hacer de
24 este hombre un cristiano, cómo, desde esta base de división
 y discordia, producir la concordia y la unidad del Espíritu y
 Su semejanza.


27 La fisiología exalta la materia, destrona la Mente y pre-
 tende gobernar al hombre mediante la ley material en vez de
 la espiritual. Cuando la fisiología no logra dar La fisiología
30 salud o vida mediante este proceso, ignora el
 Espíritu divino por considerarlo incapaz de prestar ayuda o
 no dispuesto a darla en momentos de necesidad física.
33 Cuando los mortales pecan, este gobierno de las escuelas los
 deja bajo la dirección de una teología que admite que Dios es
 el sanador del pecado pero no de la enfermedad, a pesar de



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1 que nuestro gran Maestro demostró que la Verdad podía
 salvar tanto de la enfermedad como del pecado.


3 La Mente supera los medicamentos tanto en la curación de
 la enfermedad como en la curación del pecado. El medio más
 excelente es la Ciencia divina en todos los casos. Desatinos y
6 ¿Es la materia médica una ciencia o un cúmulo desatinados
 de teorías humanas especulativas? La receta que tiene éxito en
 un caso fracasa en otro, y esto se debe a los diferentes estados
9 mentales de los pacientes. Estos estados no son comprendidos,
 y son dejados sin explicación excepto en la Ciencia Cristiana.
 La regla y la perfección de su operación nunca varían en la
12 Ciencia. Si no tienes éxito en algún caso, es porque no has
 demostrado suficientemente la vida del Cristo, la Verdad, en
 tu propia vida, porque no has obedecido la regla y comprobado
15 el Principio de la Ciencia divina.


 Un médico de la vieja escuela advirtió muy seriamente:
 “Sabemos que la mente afecta el cuerpo en cierto grado, y
18 aconsejamos a nuestros pacientes que tengan
 esperanza y buen ánimo y que tomen la menor vieja escuela
 cantidad de medicina posible; pero la mente jamás puede
21 curar dificultades orgánicas”. La lógica es deficiente, y los
 hechos la contradicen. La autora ha sanado enfermedades
 llamadas orgánicas con la misma facilidad con que ha sanado
24 enfermedades puramente funcionales, y sin ningún poder
 sino la Mente divina.


 Puesto que Dios, la Mente divina, gobierna todo, no parcial,
27 sino supremamente, pronosticar la enfermedad no dignifica la
 terapéutica. Todo lo que guía espiritualmente
 el pensamiento beneficia la mente y el cuerpo.
30 Necesitamos comprender las afirmaciones de la Ciencia
 divina, desechar la superstición y demostrar la verdad según
 el Cristo. Hoy en día casi no hay ciudad, pueblo o aldea,



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1 donde no se encuentren testigos y monumentos vivientes
 a la virtud y al poder de la Verdad, tal como son aplicados
3 mediante este sistema cristiano de sanar la enfermedad.


 Hoy en día, el poder sanador de la Verdad se demuestra
 extensamente como una Ciencia inmanente y eterna, en vez
6 de la exhibición de un fenómeno. Su adveni-
 miento es la nueva venida del evangelio: “En la principal
 tierra paz, buena voluntad para con los hombres”. Esta venida,
9 como fue prometida por el Maestro, es para su establecimiento
 como una dispensación permanente entre los hombres; pero
 la misión de la Ciencia Cristiana ahora, como en los tiempos
12 de sus primeras demostraciones, no es principalmente de
 curación física. Ahora, como entonces, señales y prodigios
 se efectúan en la curación metafísica de la enfermedad física;
15 pero estas señales son solamente para demostrar su origen
 divino, para atestiguar la realidad de la misión más elevada
 del poder-Cristo de quitar los pecados del mundo.


18 La ciencia (así llamada) de la física quisiera hacer creer a
 uno que tanto la materia como la mente están sujetas a la
 enfermedad, y eso, también, pese a las protestas Doctrina
21 del individuo y a que es contraria a la ley de la
 Mente divina. Este punto de vista humano infringe el libre
 arbitrio moral del hombre; y es tan evidentemente erróneo
24 para la autora, y lo será para todos los demás algún día
 futuro, como la prácticamente rechazada doctrina de la
 predestinación de las almas a la condenación o la salvación.
27 La doctrina de que la armonía del hombre está gobernada
 por condiciones físicas durante todos sus días terrenales, y
 que después él es expulsado de su propio cuerpo por la
30 acción de la materia —o sea, la doctrina de la superioridad
 de la materia sobre la Mente— se está desvaneciendo.


 Las huestes de Esculapio están inundando el mundo con
33 enfermedades, porque ignoran que la mente y el cuerpo



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1 humanos son mitos. Ciertamente, a veces tratan a los enfer-
 mos como si no hubiera más que un solo factor en el caso;
3 pero representan el cuerpo, no la mente, como
 este único factor. No es posible que la Mente
 infinita creara un remedio fuera de sí misma, pero la mente
6 humana, que yerra, que es finita, tiene una necesidad absoluta
 de algo más allá de sí misma para su redención y curación.


 Merecen gran respeto los motivos y la filantropía de la clase
9 más elevada de médicos. Sabemos que si ellos comprendieran
 la Ciencia de la curación-Mente, y poseyeran el Intenciones
 poder más amplio que ella confiere para benefi-
12 ciar al género humano física y espiritualmente, se regocijarían
 con nosotros. Aun esta sola reforma en la medicina liberaría
 finalmente a la humanidad de la terrible y opresiva esclavitud
15 impuesta ahora por teorías falsas, de la cual las multitudes
 gustosamente escaparían.


 La creencia mortal dice que la muerte ha sido ocasio-
18 nada por un susto. El temor jamás detuvo el ser y su acción.
 La sangre, el corazón, los pulmones, el cerebro, El hombre
 etc., no tienen nada que ver con la Vida, Dios.


21 Todas las funciones del hombre verdadero
 están gobernadas por la Mente divina. La mente humana no
 tiene poder para matar o curar, y no tiene control sobre el
24 hombre de Dios. La Mente divina, que hizo al hombre,
 mantiene Su propia imagen y semejanza. La mente humana
 se opone a Dios y hay que despojarse de ella, como declara
27 San Pablo. Todo lo que realmente existe es la Mente divina y
 su idea, y en esta Mente se encuentra que el ser entero es
 armonioso y eterno. El camino recto y estrecho es ver y
30 reconocer esta realidad, ceder a este poder y seguir las indica-
 ciones de la verdad.


 Tenemos pruebas abrumadoras de que la mente mortal
33 pretende gobernar todos los órganos del cuerpo mortal. Pero



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1 esta así llamada mente es un mito, y por su propio consenti-
 miento tiene que ceder a la Verdad. Empuñaría el cetro de un
3 monarca, mas es impotente. La Mente divina e La mente mortal
 inmortal le quita toda su supuesta soberanía, y destronada
 salva a la mente mortal de sí misma. La autora se ha esforzado
6 por hacer de este libro el Esculapio de la mente así como del
 cuerpo, para que pueda dar esperanza a los enfermos y sanar-
 los, aunque ellos no sepan cómo se efectúa la obra. La Verdad
9 tiene un efecto sanador, aunque no sea comprendida totalmente.


 La anatomía describe la acción muscular como producida
 por la mente en un caso y no en otro. Tales errores acosan
12 todas las teorías materiales, en las cuales una
 declaración contradice la otra una y otra vez.


 Se relata que en una ocasión Sir Humphry Davy
15 aparentemente curó un caso de parálisis simplemente intro-
 duciendo un termómetro en la boca del paciente. Hizo esto
 meramente para averiguar la temperatura del cuerpo del
18 paciente; pero el enfermo supuso que esta ceremonia era para
 sanarlo y, en consecuencia, se restableció. Un hecho como
 este ilustra nuestras teorías.


21 Las investigaciones y experimentos médicos de la autora
 habían preparado su pensamiento para la metafísica de la
 Ciencia Cristiana. Todo apoyo material le había Experimentos
24 fallado en su búsqueda de la verdad; y ahora ella médicos


 puede comprender por qué, y puede percibir los
 medios por los cuales los mortales son divinamente conduci-
27 dos hacia una fuente espiritual para la salud y la felicidad.


 Sus experimentos en homeopatía la habían hecho escéptica
 en cuanto a los métodos curativos materiales. Jahr enumera,
30 desde el aconitum hasta el zincum oxydatum,
 los síntomas generales, las señales característi-
 cas, que requieren diferentes remedios; pero frecuentemente



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1 el medicamento está atenuado a tal grado que no permanece
 ni un vestigio de él. Así aprendemos que no es el medica-
3 mento lo que expulsa la enfermedad o cambia alguno de los
 síntomas de la enfermedad.


 La autora ha atenuado natrum muriaticum (sal común
6 de mesa) hasta que no quedó ni una sola propiedad salina.
 La sal “se había hecho insípida”; y no obstante,
 con una gota de esa atenuación en un vaso de
9 agua, y una cucharadita del agua administrada a intervalos
 de tres horas, ella ha curado a un paciente que estaba entrando
 en la última etapa de fiebre tifoidea. La atenuación mayor y
12 más potente de la homeopatía se eleva por encima de la mate-
 ria hacia la mente. Este descubrimiento guía hacia más luz.
 De él se puede aprender que es o bien la fe humana o la Mente
15 divina el sanador, y que no hay eficacia en los medicamentos.


 Dices que un forúnculo es doloroso; pero eso es imposible,
 pues la materia sin la mente no es dolorosa. El forúnculo
18 simplemente manifiesta, mediante la inflama-
 ción y la hinchazón, una creencia en el dolor, y del dolor
 esta creencia es llamada forúnculo. Ahora administra men-
21 talmente a tu paciente una alta atenuación de la verdad, y esta
 pronto sanará el forúnculo. El hecho de que el dolor no puede
 existir donde no hay mente mortal para sentirlo, es una prueba
24 de que esta así llamada mente produce su propio dolor, es
 decir, su propia creencia en el dolor.


 Lloramos porque otros lloran, bostezamos porque ellos
27 bostezan, y tenemos viruela porque otros la tienen; pero
 la mente mortal, no la materia, contiene y es
 portadora de la infección. Cuando este conta-
30 gio mental sea comprendido, seremos más cuidadosos con
 nuestras condiciones mentales, y evitaremos el parloteo
 excesivo sobre la enfermedad, así como evitaríamos abogar
33 por el crimen. Ni la simpatía ni la sociedad deberían jamás



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1 tentarnos a abrigar el error en forma alguna, y por cierto que
 no deberíamos ser defensores del error.


3 La enfermedad, lo mismo que otras condiciones mentales,
 surge por asociación. Puesto que es una ley de la mente mor-
 tal que ciertas enfermedades debieran ser consideradas como
6 contagiosas, esta ley obtiene crédito a través de la asociación,
 evocando el temor que crea la imagen de la enfermedad y su
 consiguiente manifestación en el cuerpo.


9 Este hecho en la metafísica es ilustrado en el incidente
 que sigue: Se le hizo creer a un hombre que él ocupaba la
 cama donde un enfermo de cólera había muerto. Cólera
12 Inmediatamente se le presentaron los síntomas imaginario
 de esta enfermedad, y el hombre murió. El hecho fue que no
 se había contagiado de cólera por contacto material, porque
15 ningún enfermo de cólera había estado en esa cama.


 Si un niño está expuesto a contagio o infección, la madre
 se asusta y dice: “Mi hijo se va a enfermar”. La ley de la mente
18 mortal y los propios temores de la madre gobier-
 nan a su niño más de lo que la mente del niño
 se gobierna a sí misma, y producen los resultados mismos
21 que podrían haberse prevenido mediante la comprensión
 opuesta. Luego se cree que la exposición al contagio produjo
 el mal.


24 No es Científica Cristiana, y sus afectos requieren mejor
 dirección, esa madre que dice a su hijo: “Te ves enfermo”,
 “Te ves cansado”, “Necesitas descanso” o “Necesitas una
27 medicina”.


 Tal madre corre hacia su pequeña, que cree haberse
 lastimado la cara al caer sobre la alfombra, y le dice gimiendo
30 de manera más infantil que su hija: “Mamá sabe que te has
 hecho daño”. El método mejor y más eficaz que toda madre
 debiera adoptar es decir: “¡Oh, no hagas caso! No estás



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1 lastimada, así que no creas que lo estás”. Pronto la niña olvida
 el accidente y vuelve a jugar.


3 Cuando los enfermos se restablecen mediante el uso de
 medicamentos, es la ley de una creencia general, que culmina
 en fe individual, lo que sana; y conforme a esta El poder de los
6 fe serán los resultados. Aunque quites la con-


 fianza individual en el medicamento, todavía
 no has desligado el medicamento de la fe general. El quí-
9 mico, el botánico, el farmacéutico, el médico y la enfermera
 equipan la medicina con su fe, y las creencias que están en
 mayoría rigen. Cuando la creencia general atribuye al inani-
12 mado medicamento tal o cual efecto, el disentimiento indivi-
 dual o fe, a menos que descanse en la Ciencia, es sólo una
 creencia sostenida por una minoría, y tal creencia es gober-
15 nada por la mayoría.


 La creencia universal en la física pesa contra las elevadas
 y poderosas verdades de la metafísica cristiana. Esta creencia
18 general errónea, que sostiene la medicina y
 produce todos los resultados médicos, actúa
 contra la Ciencia Cristiana; y el porcentaje de poder del lado
21 de esta Ciencia tiene que preponderar en gran manera sobre
 el poder de la creencia popular a fin de sanar un solo caso de
 enfermedad. La mente humana obra más poderosamente
24 para contrarrestar las discordias de la materia y las enferme-
 dades de la carne, en la proporción en que pone menos peso
 en el platillo material o carnal de la balanza y más peso en el
27 platillo espiritual. La homeopatía disminuye el medicamento,
 pero la potencia del remedio aumenta a medida que el medi-
 camento desaparece.


30 El vegetarianismo, la homeopatía y la hidropatía han
 disminuido la medicación; pero si los medicamentos son
 un antídoto contra las enfermedades, ¿por
33 qué reducir el antídoto? Si los medicamentos de los


 son algo bueno, ¿está bien decir que cuanto
 menos cantidad se tome tanto mejor? Si los medicamentos



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1 poseen virtudes intrínsecas o cualidades curativas inteligen-
 tes, estas cualidades tienen que ser mentales. ¿Quién dio
3 nombres a los medicamentos, y qué los hizo buenos o malos,
 beneficiosos o perjudiciales, para los mortales?


 Un caso de hidropesía, desahuciado por los facultativos,
6 cayó en mis manos. Era un caso terrible. Se le habían
 practicado punciones, y no obstante, mientras
 yacía en la cama, la paciente parecía un barril.


9 Le receté la cuarta atenuación de argentum
 nitratum con ocasionales dosis muy atenuadas de sulphuris.
 Ella mejoró perceptiblemente. Como entonces yo creía un
12 tanto en las teorías corrientes de la práctica médica, y al
 enterarme de que su médico anterior había recetado estos
 remedios, empecé a temer que se agravaran los síntomas
15 debido a su uso prolongado, y así se lo dije a la paciente;
 pero ella no estaba dispuesta a dejar estos remedios mien-
 tras se estaba restableciendo. Entonces se me ocurrió darle
18 píldoras no medicinales y observar el resultado. Así lo hice,
 y continuó mejorando. Finalmente me dijo que dejaría su
 medicina por un día y se expondría a los efectos. Después
21 de probar esto, me informó que podría pasar dos días sin
 píldoras; pero al tercer día volvió a padecer y se alivió
 tomándolas. Así continuó, tomando las píldoras no medici-
24 nales —y recibiendo mis visitas ocasionales— pero sin
 emplear ningún otro medio, y fue curada.


 La metafísica, como se enseña en la Ciencia Cristiana,
27 es el próximo paso sublime más allá de la homeopatía. En
 la metafísica, la materia desaparece del remedio Sublime
 por completo, y la Mente toma su legítimo y
30 supremo lugar. La homeopatía toma muy en cuenta los



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1 síntomas mentales en su diagnóstico de la enfermedad.
 La Ciencia Cristiana se ocupa totalmente de la causa mental
3 al juzgar y destruir la enfermedad. Triunfa donde la homeo-
 patía fracasa, sólo porque su único Principio reconocido de la
 curación es la Mente, y toda la fuerza del elemento mental es
6 empleada mediante la Ciencia de la Mente, la cual jamás
 comparte sus derechos con la materia inanimada.


 La Ciencia Cristiana extermina el medicamento, y se
9 apoya en la Mente sola como Principio curativo, recono-
 ciendo que la Mente divina tiene todo el poder. La manera de
 La homeopatía mentaliza un medicamento con operar de


12 tal repetición de atenuaciones de pensamiento,
 que el medicamento llega a asemejarse más a la mente
 humana que al sustrato de esta así llamada mente, al cual
15 denominamos materia; y el poder de acción del medicamento
 es aumentado proporcionalmente.


 Si los medicamentos son parte de la creación de Dios, la
18 cual (según el relato del Génesis) Él declaró buena, entonces
 los medicamentos no pueden ser venenosos.
 Si Él pudiera crear medicamentos intrínseca-


21 mente malos, entonces jamás debieran usarse.
 Si es que Él crea medicamentos y los destina para uso médico,
 ¿por qué no los utilizó Jesús, y no los recomendó para el
24 tratamiento de la enfermedad? La materia no es creativa por
 sí misma, pues no es inteligente. Es la mente mortal que yerra
 la que confiere el poder que el medicamento parece poseer.


27 Los narcóticos aquietan la mente mortal, y así alivian el
 cuerpo; pero dejan tanto la mente como el cuerpo peores por
 esta sumisión. La Ciencia Cristiana afecta toda la corporali-
30 dad —a saber, la mente y el cuerpo— y presenta la prueba de
 que la Vida es continua y armoniosa. La Ciencia neutraliza
 el error y a la vez lo destruye. La humanidad mejora por esta
33 patología espiritual y profunda.



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1 Está registrado que la profesión de la medicina se originó
 en la idolatría entre los sacerdotes paganos, quienes rogaban
3 a los dioses que sanasen a los enfermos y desig-
 naron a Apolo como “el dios de la medicina”.


 Se supone que él dictó la primera receta, según
6 “Historia de cuatro mil años de medicina”. Aquí cabe desta-
 car que Apolo también fue considerado como el que enviaba
 la enfermedad, “el dios de la pestilencia”. Hipócrates se tornó
9 de la imagen de los ídolos a los medicamentos vegetales y
 minerales para sanar. Esto se consideró como un progreso
 en la medicina; pero lo que necesitamos es la verdad que sana
12 tanto la mente como el cuerpo. La historia futura de la
 medicina material quizás llegue a corresponderse con la de
 su dios material, Apolo, quien fue expulsado del cielo y
15 padeció grandes sufrimientos en la tierra.


 Los medicamentos, las cataplasmas y el aguardiente son
 estúpidos sustitutos de la dignidad y la potencia de la Mente
18 divina y su eficacia para sanar. Es lamentable
 guiar a los hombres a la tentación a través de
 los desvíos de este mundo desolado, victimizando al género
21 humano con recetas intoxicantes para los enfermos, hasta
 que la mente mortal adquiere un apetito cultivado por las
 bebidas fuertes, y hombres y mujeres se vuelven beodos
24 detestables.


 Las evidencias de progreso y de espiritualización nos
 saludan a cada paso. Los sistemas de medicación se están
27 desprendiendo de la materia y dejando entrar
 así el estrato más elevado de la materia: la mente de avance
 mortal. La homeopatía, un paso más avanzado que la alopa-
30 tía, está haciendo esto. La materia está saliendo de la medi-
 cina; y la mente mortal, de una mayor atenuación que el
 medicamento, está gobernando la píldora.


33 Una mujer en la ciudad de Lynn, Massachusetts, fue
 eterizada y murió como consecuencia de ello, aunque sus



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1 médicos insistieron en que sería peligroso hacer una opera-
 ción quirúrgica necesaria sin el éter. Después de la autopsia,
3 su hermana atestiguó que la fallecida protestó
 contra la inhalación del éter, y dijo que este la
 mataría, pero fue obligada a inhalarlo por sus médicos. Le
6 sujetaron las manos, y fue forzada a someterse. El caso se
 llevó a los tribunales. La evidencia resultó concluyente,
 pronunciándose el fallo de que la muerte había sido ocasio-
9 nada, no por el éter, sino por el temor a inhalarlo.


 ¿Es cirugía hábil o científica no tomar en cuenta las
 condiciones mentales y tratar a la paciente como si fuera sólo
12 materia sin mente, y como si la materia fuese el Las condicio­nes
 único factor a ser consultado? Si estos cirujanos mentales
 no científicos hubiesen entendido la metafísica, en cuenta
15 habrían considerado el estado mental de la mujer y no se
 habrían arriesgado a tal tratamiento. Hubieran calmado su
 temor o hubieran operado sin éter.


18 El resultado final comprobó que esta mujer de Lynn
 murió de los efectos producidos por la mente mortal, y no
 por la enfermedad o la operación.


21 Las escuelas médicas tratan de averiguar el estado del
 hombre recurriendo a la materia en vez de la Mente. Exami­
 nan los pulmones, la lengua y el pulso para
24 cerciorarse de cuánta armonía, o salud, la
 materia está permitiendo a la materia, cuánto dolor o placer,
 acción o estancamiento, una forma de materia está conce-
27 diendo a otra forma de materia.


 Ignorante del hecho de que la creencia del hombre produce
 la enfermedad y todos sus síntomas, el médico común está
30 propenso a aumentar la enfermedad con su propia mente,



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1 cuando debiera ocuparse de la tarea de destruirla mediante
 el poder de la Mente divina.


3 Los sistemas de la física actúan contra la metafísica, y
 viceversa. Cuando los mortales abandonan la base material
 de acción por la espiritual, los medicamentos pierden su
6 fuerza sanadora, porque no tienen ningún poder innato.
 Sin el apoyo de la fe que en él se pone, el inanimado medica-
 mento se vuelve impotente.


9 El movimiento del brazo es tan dependiente de la
 dirección de la mente mortal como lo son la acción orgánica
 y la secreción de las vísceras. Cuando esta así
12 llamada mente deja el cuerpo, el corazón se
 torna tan inerte como la mano.


 La anatomía considera que los nervios son necesarios
15 para transmitir el mandato de la mente al músculo y así
 causar la acción; pero ¿qué dice la anatomía
 cuando los tendones se contraen y se inmovili-
18 zan? ¿Ha cesado la mente mortal de hablarles, o les ha
 ordenado que sean impotentes? ¿Pueden los músculos, los
 huesos, la sangre y los nervios rebelarse contra la mente en un
21 caso y no en otro, y acalambrarse a pesar de la protesta mental?


 A menos que los músculos actúen por sí mismos en todo
 momento, nunca lo hacen, nunca son capaces de actuar en
24 contra de la dirección mental. Si los músculos pueden cesar
 de actuar y volverse rígidos de acuerdo con su preferencia
 —ser deformes o simétricos, según les plazca o les ordene la
27 enfermedad— tienen que dirigirse por sí mismos. ¿Por qué,
 entonces, consultar la anatomía para aprender cómo gobierna
 la mente mortal el músculo, si sólo vamos a aprender de la
30 anatomía que el músculo no es así gobernado?


 ¿Es el hombre un hongo material sin Mente La Mente sobre
 que lo ayude? ¿Es una coyuntura rígida o un
33 músculo contraído el resultado de una ley así como lo es la



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1 condición flexible y elástica de un miembro sano, y es Dios el
 legislador?


3 Dices: “Me he quemado el dedo”. Esta es una declaración
 exacta, más exacta de lo que supones; porque es la mente
 mortal, y no la materia, la que lo quema. La inspiración
6 sagrada ha creado estados mentales que han sido capaces de
 anular la acción de las llamas, como en el caso bíblico de los
 tres jóvenes hebreos cautivos, echados al horno babilónico;
9 mientras que un estado mental opuesto podría producir
 combustión espontánea.


 En 1880, el Estado de Massachusetts se negó a aceptar
12 un proyecto de ley tiránica que restringía la práctica de la
 medicina. Si los Estados hermanos siguen este Reglamentos
 ejemplo, en armonía con nuestra Constitución restrictivos
15 y Declaración de Derechos, violentarán menos aquel senti-
 miento inmortal de la Declaración de la Independencia:
 “El hombre está dotado por su Hacedor con ciertos derechos
18 inalienables, entre los cuales están la vida, la libertad y la
 búsqueda de la felicidad”.


 Los estatutos opresivos de los Estados, referentes a la
21 medicina, hacen recordar a uno las palabras de la célebre
 Madame Roland, cuando se arrodilló ante una estatua de la
 Libertad, erigida cerca de la guillotina: “¡Oh Libertad, qué
24 crímenes se cometen en tu nombre!”


 El médico común, que examina los síntomas corporales,
 que dice al paciente que está enfermo y que trata el caso según
27 su diagnóstico físico, naturalmente induciría la La metafísica
 propia enfermedad que está tratando de curar,
 aunque no estuviese ya determinada por la mente mortal. Tales
30 equivocaciones inconscientes no ocurrirían, si esta vieja clase
 de filántropos buscara tan profundamente la causa y el efecto
 en la mente como en la materia. El médico se pone de acuerdo
33 con su “adversario pronto”, pero bajo términos diferentes



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1 de los del metafísico; pues el médico de la materia se pone de
 acuerdo con la enfermedad, mientras que el metafísico se
3 pone de acuerdo sólo con la salud y desafía la enfermedad.


 La Ciencia Cristiana trae al cuerpo la luz solar de la
 Verdad, que vigoriza y purifica. La Ciencia Cristiana obra
6 como un alterante, neutralizando el error con
 la Verdad. Cambia las secreciones, expulsa los
 humores, disuelve los tumores, relaja los músculos rígidos y
9 restaura la salud a los huesos cariados. El efecto de esta Ciencia
 es estimular la mente humana hacia un cambio de base, sobre
 la cual pueda ceder a la armonía de la Mente divina.


12 Los experimentos han aprobado el hecho de que la Mente
 gobierna el cuerpo, no sólo en un caso, sino en todos los casos.
 Las indestructibles facultades del Espíritu existen Éxito
15 sin las condiciones de la materia y también sin
 las creencias erróneas de una así llamada existencia material.
 Aplicando en la práctica las reglas de la Ciencia, la autora ha
18 restablecido la salud en casos de enfermedades tanto agudas
 como crónicas, en sus formas más graves. Se han cambiado
 las secreciones, se ha renovado la estructura, se han alargado
21 las extremidades encogidas, se ha devuelto la flexibilidad a
 las articulaciones anquilosadas, y los huesos cariados se han
 restaurado a su estado de salud. He restituido lo que se
24 denomina la sustancia perdida de los pulmones, y se han
 establecido organismos sanos donde la enfermedad era
 orgánica. La Ciencia Cristiana sana la enfermedad orgánica
27 tan seguramente como sana lo que se llama enfermedad
 funcional, pues sólo se requiere una comprensión más
 completa del Principio divino de la Ciencia Cristiana para
30 demostrar la regla más elevada.


 Con el respeto debido a los facultativos,
 ama­ble­mente cito al Dr. Benjamin Rush,


33 famo­so profesor de la práctica de la medicina
 de Filadelfia. Él declaró que “es imposible calcular el mal



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1 cometido por Hipócrates, primero por haber marcado la
 naturaleza con su nombre, y luego por haberla soltado sobre
3 los enfermos”.


 El Dr. Benjamin Waterhouse, catedrático de la Universidad
 de Harvard, declaró estar “harto del charlatanismo erudito”.


6 El Dr. James Johnson, cirujano de Guillermo IV, Rey de
 Inglaterra, dijo:


 “Declaro mi concienzuda opinión, fundada en prolongada
9 observación y reflexión, que si no hubiese un solo médico,
 cirujano, boticario, partero, químico farmacéutico, droguero,
 o medicamento sobre la faz de la tierra, habría menos enfer-
12 medad y menos mortalidad”.


 El Dr. Mason Good, un docto catedrático de Londres,
 dijo:


15 “Los efectos de la medicina en el organismo humano son
 dudosos en grado sumo; excepto, por cierto, que ya ha des-
 truido más vidas que la guerra, la peste y el hambre juntos”.


18 El Dr. Chapman, Profesor de los Institutos y Práctica
 de la Física en la Universidad de Pensilvania, en un ensayo
 publicado dijo:


21 “Consultando los registros de nuestra ciencia, no podemos
 evitar nuestra repugnancia ante la multitud de hipótesis que
 nos han sido impuestas en diferentes ocasiones. En ninguna
24 parte se hace mayor despliegue de imaginación; y tal vez
 una exhibición tan amplia de la inventiva humana pudiera
 halagar nuestra vanidad, si no estuviera más que compensada
27 por el panorama humillante de tanto absurdo, contradicción
 y falsedad. Tratar de armonizar las contradicciones de las
 doctrinas médicas es, por cierto, una tarea tan impracticable
30 como la de poner en orden los vapores fugaces a nuestro
 alrededor, o de reconciliar las antipatías fijas de la naturaleza
 que constantemente se repelen. Oscura y perpleja, nuestra



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1 errante carrera recuerda al Cíclope de Homero, andando a
 tientas alrededor de su cueva”.


3 Sir John Forbes, M.D., F.R.S., miembro del Real Colegio
 de Médicos de Londres, dijo:


 “Ninguna clasificación sistemática o teórica de las enferme-
6 dades o de los agentes terapéuticos, hasta ahora promulgada,
 es verdadera o remotamente parecida a la verdad, y ninguna
 puede adoptarse como una guía segura en la práctica”.


9 Es justo decir que, generalmente, la clase culta de los médi-
 cos se compone de hombres y mujeres espléndidos, por tanto,
 son más científicos que aquellos que falsamente pretenden
12 profesar la Ciencia Cristiana. Pero todos los sistemas huma-
 nos, basados en premisas materiales, carecen de la unción de
 la Ciencia divina. Mucho queda aún por decir y hacer antes
15 que toda la humanidad sea salvada y todos los microbios
 mentales de pecado y todos los gérmenes-pensamientos
 enfermizos sean exterminados.


18 Si tú o yo pareciéramos morir, no estaríamos muertos.
 El aparente deceso, causado por una mayoría de creencias
 humanas de que el hombre tiene que morir, o producido por
21 asesinos mentales, no refuta en lo más mínimo la Ciencia
 Cristiana; más bien evidencia la verdad de su proposición
 básica de que los pensamientos mortales gobiernan, en
24 creencia, la materialidad mal llamada vida en el cuerpo o en
 la materia. Pero permanece supremo el hecho eterno de que
 la Vida, la Verdad y el Amor salvan del pecado, la enfermedad
27 y la muerte. “Cuando esto corruptible se haya vestido de
 incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad
 [Ciencia divina], entonces se cumplirá la palabra que está
30 escrita: Sorbida es la muerte en victoria” (San Pablo).





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Capítulo 7 — La fisiología



Por tanto os digo:
No os afanéis por vuestra vida,
qué habéis de comer o qué habéis de beber;
ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir.
¿No es la vida más que el alimento,
y el cuerpo más que el vestido? — Jesús.


Envió Su palabra, y los sanó,
y los libró de su ruina. — Salmos.


1 La fisiología es una de las manzanas del “árbol del conoci-
 miento”.* El mal declaró que comer esta fruta abriría
3 los ojos del hombre y lo haría como un dios. En vez de hacer
 eso, cerró los ojos de los mortales al señorío sobre la tierra
 dado por Dios al hombre.
6 Medir la capacidad intelectual por el tamaño del cerebro,
 y la fuerza por el ejercicio de los músculos, es subyugar la
 inteligencia, hacer mortal la mente y colocar
9 esta así llamada mente a merced de la organi-
 zación material y de la materia carente de inteligencia.


 La obediencia a las así llamadas leyes físicas de la salud
12 no ha detenido la enfermedad. Las enfermedades se han
 multiplicado desde que las teorías materiales, hechas por los
 hombres, ocuparon el lugar de la verdad espiritual.
15 Dices que la indigestión, la fatiga, el insomnio, causan
 desórdenes de estómago y dolores de cabeza.
 Consultas entonces tu cerebro para recordar
18 qué te ha hecho daño, cuando tu remedio consiste en olvidar
 *Según la versión King James de la Biblia



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1 todo eso; pues la materia no tiene sensación propia, y la
 mente humana es lo único que puede producir dolor.


3 Tal como piensa un hombre, así es él. La mente es lo
 único que siente, actúa o impide la acción. Ignorante de esto,
 o evadiendo la responsabilidad implícita, el esfuerzo sanador
6 se hace en el lado equivocado, y así se pierde el control
 consciente sobre el cuerpo.


 El mahometano cree en una peregrinación a la Meca para
9 la salvación de su alma. El médico común cree en su receta,
 y el farmacéutico cree en el poder de sus medica-
 mentos para salvar la vida de un hombre. La


12 creencia del mahometano es una ilusión reli-
 giosa, la del médico y el farmacéutico es una equivocación
 médica.


15 La mente humana que yerra es inarmónica en sí misma.
 De ella resulta el cuerpo inarmónico. Ignorar a Dios por
 considerarlo de poca utilidad en la enfermedad Salud al
18 es una equivocación. En vez de rechazarlo en


 momentos de problemas corporales, y esperar
 la hora de fortaleza para reconocerlo, debiéramos aprender
21 que Él puede hacer todas las cosas por nosotros tanto en la
 enfermedad como en la salud.


 No pudiendo recobrar la salud adhiriéndose a la fisiología
24 y la higiene, el inválido desesperado a menudo las abandona,
 y en su necesidad extrema y sólo como último recurso, se
 torna a Dios. El inválido tiene menos fe en la Mente divina
27 que en los medicamentos, el aire y el ejercicio, o hubiera
 recurrido primero a la Mente. El predominio del poder le es
 concedido a la materia por casi todos los sistemas de medi-
30 cina; pero cuando la Mente hace valer finalmente su dominio
 sobre el pecado, la enfermedad y la muerte, entonces se
 encuentra que el hombre es armonioso e inmortal.



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1 ¿Debiéramos implorar a un Dios corpóreo para que
 sane a los enfermos por Su voluntad personal, o debiéramos
3 comprender el Principio divino e infinito que sana? Si no nos
 elevamos más alto que la fe ciega, la Ciencia de la curación no
 es alcanzada, y la existencia-Alma, en lugar de la existencia–
6 sentido, no es comprendida. Entendemos la Vida en la Ciencia
 divina sólo a medida que vivimos por encima del sentido
 corporal y lo corregimos. La proporción en que aceptamos las
9 reivindicaciones del bien o las del mal determina la armonía
 de nuestra existencia, nuestra salud, nuestra longevidad y
 nuestro cristianismo.


12 No podemos servir a dos señores ni percibir la Ciencia
 divina con los sentidos materiales. Los medicamentos y la
 higiene no pueden usurpar con éxito el lugar
15 y el poder de la fuente divina de toda salud y
 perfección. Si Dios hizo al hombre a la vez bueno y malo, así
 tiene que permanecer el hombre. ¿Qué puede mejorar la obra
18 de Dios? Por otra parte, un error en la premisa tiene que
 aparecer en la conclusión. Para tener un único Dios y aprove-
 char el poder del Espíritu, debes amar a Dios supremamente.


21 “El deseo de la carne es contra el Espíritu”. La carne y el
 Espíritu no pueden unirse en acción más de lo que el bien
 puede coincidir con el mal. No es sabio tomar
24 una posición indecisa y a medias, o tratar de
 valerse igualmente del Espíritu y de la materia, de la Verdad y
 del error. Hay un único camino —a saber, Dios y Su idea—
27 que conduce al ser espiritual. El gobierno científico del
 cuerpo tiene que ser alcanzado por medio de la Mente divina.
 Es imposible ganar el control sobre el cuerpo por cualquier
30 otro medio. En este punto fundamental, el tímido conserva-
 durismo es absolutamente inadmisible. Sólo por medio de
 una confianza radical en la Verdad puede ser realizado el
33 poder científico de la curación.


 Sustituir una vida buena por buenas palabras, un carácter



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1 íntegro por una apariencia de rectitud, es un pobre subterfugio
 de los débiles y mundanos, quienes piensan que el estándar de
3 la Ciencia Cristiana es demasiado elevado para ellos.


 Si los platillos de una balanza están calibrados, quitar un
 solo peso de uno de los platillos da preponderancia al opuesto.
6 Cualquier influencia que pongas en el lado de
 la materia, la quitas de la Mente, que de otro


 modo preponderaría sobre todo lo demás. Tu
9 creencia milita contra tu salud, cuando debiera alistarse del
 lado de la salud. Cuando estás enfermo (según la creencia),
 corres apresurado tras los medicamentos, investigas las así
12 llamadas leyes materiales de la salud, y dependes de ellas para
 sanarte, a pesar de que ya te has metido en el pantano de la
 enfermedad precisamente mediante esta creencia falsa.


15 Debido a que los sistemas hechos por los hombres insis-
 ten en que el hombre se enferma, se torna inútil, sufre y
 muere, todo en consonancia con las leyes de
18 Dios, ¿hemos de creerlo? ¿Hemos de creer en
 una autoridad que niega el mandamiento espiritual de Dios
 relativo a la perfección, una autoridad que Jesús comprobó
21 que era falsa? Él hizo la voluntad del Padre. Sanó las enfer-
 medades desafiando lo que se llama ley material, pero de
 acuerdo con la ley de Dios, la ley de la Mente.


24 He discernido la enfermedad en la mente humana, y
 reconocido el temor que el paciente le tenía, meses antes que
 la así llamada enfermedad hiciera su aparición
27 en el cuerpo. Al ser la enfermedad una creencia, prevista
 una ilusión latente de la mente mortal, la sensación no apare-
 cería si el error de la creencia fuese enfrentado y destruido
30 por la verdad.


 Pongamos atención ahora a una palabra
 que se comprenderá mejor de aquí en adelante: cambiada
33 quimicalización. Por quimicalización quiero decir el proceso



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1 que la mente y el cuerpo mortales experimentan en el cambio
 de la creencia de una base material a una espiritual.


3 Cada vez que ha ocurrido un agravamiento de los sínto-
 mas debido a la quimicalización mental, he visto las señales
 mentales, dándome la certeza que el peligro
6 había pasado, antes que el paciente sintiera el
 cambio; y le he dicho al paciente: “Estás sano”, a veces para su
 desconcierto, cuando no lo creía. Pero siempre sucedía como
9 yo lo había predicho.


 Menciono estos hechos para mostrar que la enfermedad
 tiene un origen mental y mortal, que la fe en las reglas de la
12 salud o en los medicamentos engendra y fomenta la enferme-
 dad atrayendo la mente hacia el tema del malestar, excitando
 el temor a la enfermedad y medicinando el cuerpo para evi-
15 tarla. La fe depositada en estas cosas debiera encontrar apoyos
 más fuertes y una morada más elevada. Si comprendiésemos
 el control de la Mente sobre el cuerpo, no tendríamos ninguna
18 fe en los medios materiales.


 La Ciencia no sólo revela el origen de toda enfermedad
 como mental, sino que también declara que toda enfermedad
21 es sanada por la Mente divina. No puede haber La Mente es la
 curación excepto por esta Mente, por mucho que única sanadora
 confiemos en un medicamento o en cualquier otro medio
24 hacia el cual la fe o el esfuerzo humanos es dirigido. Es la
 mente mortal, no la materia, la que trae a los enfermos cual-
 quier bien que parezcan recibir de la materialidad. Pero los
27 enfermos jamás son sanados realmente excepto por medio del
 poder divino. Sólo la acción de la Verdad, la Vida y el Amor
 puede dar armonía.


30 Todo lo que enseña al hombre a tener otras leyes y a
 reconocer otros poderes que no sean la Mente
 divina es anticristiano. El bien que un medica-
33 mento venenoso parece hacer es un mal, pues roba al hombre



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1 la confianza en Dios, la Mente omnipotente y, según la
 creencia, envenena el organismo humano. La Verdad no es la
3 base de la teogonía. Los modos de la materia no forman ni un
 sistema moral ni uno espiritual. La discordia que exige méto-
 dos materiales es el resultado del ejercicio de la fe en los modos
6 materiales, la fe en la materia en lugar de la fe en el Espíritu.


 ¿Comprendía Jesús menos que Graham o Cutter las
 funciones orgánicas del hombre? Las ideas cristianas presen-
9 tan ciertamente lo que las teorías humanas
 excluyen: el Principio de la armonía del hom-
 bre. El texto: “Todo aquel que vive y cree en mí, no morirá
12 eternamente” no sólo contradice los sistemas humanos, sino
 que indica la Verdad que se sostiene a sí misma y es eterna.


 Las exigencias de la Verdad son espirituales, y llegan al
15 cuerpo por medio de la Mente. El mejor intérprete de las
 necesidades del hombre dijo: “No os afanéis por vuestra vida,
 qué habéis de comer o qué habéis de beber”.


18 Si hay leyes materiales que impiden la enfermedad, enton-
 ces, ¿qué la causa? No la ley divina, pues Jesús sanaba a los
 enfermos y echaba fuera el error, siempre en oposición, nunca
21 en obediencia, a la física.


 La causalidad espiritual es la única cuestión a ser conside-
 rada, pues más que ninguna otra la causalidad espiritual se
24 relaciona con el progreso humano. La época
 parece preparada para abordar este tema, para
 reflexionar un tanto sobre la supremacía del Espíritu, y al
27 menos tocar el borde del manto de la Verdad.


 La descripción del hombre como puramente físico, o como
 material y espiritual a la vez —pero en todo caso dependiente
30 de su organización física— es la caja de Pandora, de la cual
 han salido todos los males, especialmente la desesperación.
 La materia, que toma en sus propias manos el poder divino y



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1 pretende ser una creadora, es una ficción, en la cual el paga-
 nismo y la lujuria son tan sancionados por la sociedad que la
3 humanidad ha contraído su contagio moral.


 Por medio del discernimiento del opuesto espiritual de la
 materialidad, o sea, el camino mediante el Cristo, la Verdad, el
6 hombre reabrirá con la llave de la Ciencia divina El paraíso
 las puertas del Paraíso que las creencias huma-
 nas han cerrado, y él mismo encontrará que no ha caído, que es
9 recto, puro y libre, que no necesita consultar almanaques sobre
 las probabilidades de su vida o del tiempo, que no necesita
 estudiar cerebrología para saber hasta qué punto es hombre.


12 El control de la Mente sobre el universo, incluyendo el
 hombre, ya no es una pregunta no respondida, sino que es
 Ciencia demostrable. Jesús ilustró el Principio
15 divino y el poder de la Mente inmortal sanando respondida
 la enfermedad y el pecado y destruyendo los fundamentos de
 la muerte.


18 Equivocando su origen y naturaleza, el hombre cree ser
 una combinación de materia y Espíritu. Cree que el Espíritu
 es tamizado a través de la materia, transpor-
21 tado por un nervio, expuesto a expulsión por
 la operación de la materia. ¡Lo intelectual, lo moral, lo
 espiritual —sí, la imagen de la Mente infinita— sujetos a lo
24 carente de inteligencia!


 No existe más afinidad entre la carne y el Espíritu que
 entre Belial y el Cristo.


27 Las así llamadas leyes de la materia no son sino falsas
 creencias de que la inteligencia y la vida están presentes donde
 la Mente no está. Estas falsas creencias son la causa promo-
30 tora de todo pecado y enfermedad. La verdad opuesta, de que
 la inteligencia y la vida son espirituales, nunca materiales,
 destruye el pecado, la enfermedad y la muerte.


33 El error fundamental reside en la suposición de que el
 hombre es un producto material y que el conocimiento del bien



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1 o del mal, que él tiene mediante los sentidos corporales, consti-
 tuye su felicidad o su desdicha.


3 Teorizar sobre el desarrollo del hombre de hongos a monos
 y de monos a hombres no conduce a nada en la Evolución
 dirección correcta y muchísimo en la incorrecta. sin Dios


6 El materialismo clasifica la especie humana como si se
 elevara desde la materia. ¿Cómo se mantiene entonces la
 especie material, si el hombre pasa a través de lo que llama-
9 mos muerte y la muerte es el Rubicón de la espiritualidad?
 El Espíritu no puede formar un eslabón verdadero en esta
 supuesta cadena del ser material. Pero la Ciencia divina revela
12 la eterna cadena de la existencia como ininterrumpida y
 enteramente espiritual; sin embargo, esto puede ser compren-
 dido sólo a medida que el sentido falso del ser desaparece.


15 Si el hombre fue primero un ser material, tiene que haber
 pasado a través de todas las formas de la materia para llegar a
 ser hombre. Si el cuerpo material es el hombre, Grados de
18 el hombre es una porción de materia, o polvo.
 Por el contrario, el hombre es la imagen y semejanza del
 Espíritu; y la creencia de que hay Alma en el sentido o Vida
21 en la materia se encuentra en los mortales, alias la mente
 mortal, a la cual se refiere el apóstol cuando dice que debemos
 “despojarnos del viejo hombre”.


24 ¿Qué es el hombre? ¿Es cerebro, corazón, sangre, huesos,
 etc., la estructura material? Si el hombre verdadero está en el
 cuerpo material, quitas una parte del hombre
27 cuando le amputas un miembro; el cirujano
 destruye la esencia del hombre y los gusanos la aniquilan. Pero
 la pérdida de un miembro o la lesión de un tejido a menudo
30 vivifica las cualidades de un hombre; y el infortunado lisiado
 tal vez demuestre más nobleza que el escultural atleta, ense-
 ñándonos por su impedimento mismo que “un hombre es un
33 hombre, a pesar de todo”.


 Cuando admitimos que la materia (el corazón, la sangre,



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1 el cerebro, actuando por medio de los cinco sentidos físicos)
 constituye el hombre, no vemos cómo puede
3 la anatomía distinguir entre la humanidad y


 lo animal, o determinar cuándo el hombre es
 verdaderamente hombre y ha progresado más allá de sus
6 progenitores animales.


 Cuando la suposición, de que el Espíritu está dentro de
 lo que crea y el alfarero está sujeto al barro, es
9 individualizada, la Verdad es reducida al nivel
 del error, y se requiere que lo sensible sea hecho manifiesto
 por medio de lo insensible.


12 Lo que se denomina materia no manifiesta nada sino
 una mentalidad material. Ni la sustancia del Espíritu ni la
 manifestación del Espíritu es obtenible mediante la materia.
15 El Espíritu es positivo. La materia es lo contrario del
 Espíritu, la ausencia del Espíritu. Para el Espíritu positivo
 pasar a través de una condición negativa sería la destrucción
18 del Espíritu.


 La anatomía declara que el hombre es estructural. La
 fisiología continúa esta explicación, midiendo la El hombre no
21 fuerza humana mediante los huesos y los tendo-
 nes, y la vida humana mediante la ley material. El hombre es
 espiritual, individual y eterno; la estructura material es mortal.


24 La frenología considera al hombre bribón u honesto
 según el desarrollo del cráneo; pero la anatomía, la fisiología,
 la frenología, no definen la imagen de Dios, el verdadero
27 hombre inmortal.


 La razón humana y la religión reconocen lentamente las
 realidades espirituales, y por eso continúan acudiendo a la
30 materia para eliminar el error que sólo la mente humana ha
 creado.


 Los ídolos de la civilización son mucho más fatales para
33 la salud y la longevidad que los ídolos de la barbarie. Los
 ídolos de la civilización despiertan menos fe que el budismo



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1 en una inteligencia suprema gobernante. Los esquimales
 restablecen la salud mediante encantamientos tan conscien-
3 temente como lo hacen los médicos civilizados mediante sus
 métodos más elaborados.


 ¿Es la civilización sólo una forma más elevada de idolatría,
6 para que el hombre tenga que inclinarse ante un cepillo para
 frotar la piel, ante franelas, baños, dietas, ejercicios y aire?
 Nada, salvo el poder divino, es capaz de hacer tanto por el
9 hombre como este puede hacer por sí mismo.


 Los pasos del pensamiento, al ascender por encima de los
 puntos de vista materiales, son lentos, y presagian una larga
12 noche al viajero; pero los ángeles de Su presencia Ascensión del
 —las intuiciones espirituales que nos dicen que pensamiento
 “la noche está avanzada, y se acerca el día”— son nuestros
15 guardianes en las tinieblas. Quienquiera que abra el camino
 en la Ciencia Cristiana es un peregrino y forastero que traza
 la senda a generaciones aún por nacer.


18 El trueno del Sinaí y el Sermón del Monte van tras las
 épocas y las sobrepasarán, reprendiendo en su curso todo error
 y proclamando el reino de los cielos en la tierra. La Verdad está
21 revelada. Sólo necesita ser practicada.


 La creencia mortal es lo único que capacita a un medica-
 mento para curar dolencias mortales. La anatomía admite
24 que la mente está en alguna parte del hombre,
 aunque fuera de la vista. Entonces, si un indivi-
 duo está enfermo, ¿por qué tratar sólo el cuerpo y administrar
27 una dosis de desesperación a la mente? ¿Por qué declarar que
 el cuerpo está enfermo y describir esta enfermedad a la mente,
 paladeándola cual dulce manjar y manteniéndola ante el
30 pensamiento tanto del médico como del paciente? Debiéramos
 comprender que la causa de la enfermedad se encuentra en la
 mente humana y mortal, y que su curación viene de la Mente
33 divina e inmortal. Debiéramos impedir que las imágenes de la



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1 enfermedad tomen forma en el pensamiento, y debiéramos
 borrar los esbozos de la enfermedad ya formulados en la
3 mente de los mortales.


 Cuando haya menos recetas médicas, y se piense menos
 en los temas de sanidad, habrá mejores constitu-
6 ciones y menos enfermedades. Antiguamente,
 ¿quién oyó hablar alguna vez de dispepsia, meningitis cere-
 broespinal, fiebre del heno y alergia a las rosas?


9 ¡Qué ultraje a la hermosura de la naturaleza decir que
 una rosa, la sonrisa de Dios, puede producir sufrimiento!
 El gozo de su presencia, su belleza y fragancia, debieran elevar
12 el pensamiento y disipar cualquier sentido de temor o fiebre.
 Es profano imaginar que el perfume del trébol y el hálito del
 heno recién cortado puedan causar inflamación glandular,
15 estornudos y punzadas nasales.


 Si un pensamiento fortuito denominándose dispepsia,
 hubiese tratado de tiranizar a nuestros antepasados, habría
18 sido rechazado por la independencia y laborio-
 sidad de ellos. Entonces la gente disponía de


 menos tiempo para el egoísmo, los mimos y las
21 conversaciones malsanas de sobremesa. La cantidad exacta
 de alimento que el estómago podía digerir no se discutía de
 acuerdo con Cutter ni era relacionada con las leyes sanitarias.
24 La creencia de un hombre en aquellos días no era tan rigurosa
 sobre los jugos gástricos. “Experimentos médicos”, de Beau­
 mont, no gobernaba la digestión.


27 La atmósfera húmeda y la gélida nieve enrojecían las
 mejillas saludables de nuestros antepasados, pero ellos nunca
 se daban el lujo de tener los bronquios inflama- Creencias


30 dos. Eran tan inocentes como Adán, antes de
 que comiera el fruto del falso conocimiento,
 respecto a la existencia de tubérculos y comprimidos, pulmo-
33 nes y píldoras.


 “Donde la ignorancia es bendición, es tonto ser sabio”,



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1 dice el poeta inglés, y hay verdad en su sentir. La acción de la
 mente mortal sobre el cuerpo no era tan perjudicial antes que
3 las inquisitivas Evas modernas emprendieran el Nuestras Evas
 estudio de obras médicas y los Adanes pusilá-
 nimes atribuyeran su propia caída y la suerte de su descen-
6 dencia a la debilidad de sus mujeres.


 La costumbre primitiva de no afanarse por el alimento
 dejaba libres el estómago y los intestinos para funcionar en
9 obediencia a la naturaleza, y daba al evangelio una oportuni-
 dad para manifestarse en sus gloriosos efectos sobre el cuerpo.
 No se hacía desfilar un horrible cortejo de enfermedades ante
12 la imaginación. Había menos libros sobre la digestión y más
 “sermones en piedras, y el bien en todas las cosas”. Cuando
 el mecanismo de la mente humana dé lugar a la Mente
15 divina, el egoísmo y el pecado, la enfermedad y la muerte,
 perderán su punto de apoyo.


 El temor humano a los miasmas cargaría de enfermedades
18 el aire del Edén, y agobiaría a la humanidad con males super-
 puestos y conjeturales. La mente mortal es el peor enemigo
 del cuerpo, mientras que la Mente divina es su mejor amigo.


21 ¿Deberían todos los casos de enfermedades orgánicas
 ser tratados por un médico común, y debería el Científico
 Cristiano recurrir a la verdad sólo en los casos
24 de histeria, hipocondría y alucinación? Una


 enfermedad no es más real que otra. Toda enfer-
 medad es el resultado de la educación, y la enfermedad no
27 puede llevar sus nocivos efectos más allá del camino trazado
 por la mente mortal. Se supone que es la mente humana, no
 la materia, la que siente, sufre, goza. De ahí que los tipos
30 determinados de enfermedades agudas están tan prontos a
 ceder ante la Verdad como los tipos menos definidos y las
 formas crónicas de enfermedad. La Verdad trata el contagio
33 más maligno con perfecta seguridad.



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1 La mente humana produce lo que se denomina enferme-
 dad orgánica tan ciertamente como produce la histeria, y
3 tiene que renunciar a todos sus errores, enfer-
 medades y pecados. He demostrado esto más


 allá de todo reparo. La evidencia del poder
6 sanador de la Mente divina y de su absoluto control es para
 mí tan cierta como la evidencia de mi propia existencia.


 La mente y el cuerpo mortales son uno. Ninguno existe
9 sin el otro, y ambos tienen que ser destruidos por la Mente
 inmortal. La materia, o el cuerpo, no es sino
 un concepto falso de la mente mortal. Esta así
12 llamada mente construye su propia superestructura, de la cual
 el cuerpo material es la parte más tosca; pero desde el princi-
 pio hasta el fin, el cuerpo es un concepto sensorio y humano.


15 En la alegoría bíblica de la creación material, Adán, o el
 error, que representa la teoría errónea de que hay vida e inteli-
 gencia en la materia, tuvo que poner nombres a Los efectos de
18 todo lo que era material. Estos nombres indica-
 ban las propiedades, cualidades y formas de la materia. Pero
 una mentira, lo opuesto de la Verdad, no puede dar nombres
21 a las cualidades y los efectos de lo que se denomina materia, y
 crear las así llamadas leyes de la carne, ni puede una mentira
 mantener, en ninguna dirección, la preponderancia de poder
24 contra Dios, el Espíritu y la Verdad.


 Si una dosis de veneno es ingerida por equivocación y
 el paciente muere, aunque médico y paciente
27 están esperando resultados favorables, te pre-


 guntas: ¿fue la creencia humana lo que causó
 esta muerte? Por cierto que sí, y tan directamente como si el
30 veneno hubiera sido tomado intencionalmente.


 En tales casos unas pocas personas creen que la poción
 tomada por el paciente es inofensiva, pero la vasta mayoría



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1 de la humanidad, aunque no sepa nada de este caso parti-
 cular ni de esta persona en especial, cree que el arsénico, la
3 estricnina, o cualquier droga empleada, es venenosa, porque
 es clasificada como un veneno por la mente mortal. Por
 consiguiente, el resultado está controlado por la mayoría de
6 opiniones, no por la minoría infinitesimal de opiniones en el
 aposento del enfermo.


 La herencia no es una ley. La causa remota o creencia
9 en la enfermedad no es peligrosa por su prioridad y la
 conexión de los pensamientos mortales pasados con los
 presentes. La causa predisponente y la causa ocasional son
12 mentales.


 Quizás un adulto tenga una deformidad producida antes
 de su nacimiento por el miedo de su madre. Cuando es
15 arrebatado de la creencia humana y basado en la Ciencia o
 la Mente divina, para la cual todas las cosas son posibles, ese
 caso crónico no es difícil de curar.


18 La mente mortal, actuando desde la base de sensación en
 la materia, es magnetismo animal; pero esta así llamada
 mente, de la cual procede todo el mal, se contra-
21 dice a sí misma, y tiene que ceder finalmente a


 la Verdad eterna, o la Mente divina, expresada
 en la Ciencia. En proporción a nuestra comprensión de la
24 Ciencia Cristiana, somos liberados de la creencia en la heren-
 cia, de que hay mente en la materia o magnetismo animal; y
 desarmamos el pecado de su poder imaginario en proporción
27 a nuestra comprensión espiritual del estado del ser inmortal.


 Por ignorar los métodos y la base de la curación meta-
 física, es posible que intentes unirla con el hipnotismo, el
30 espiritismo, la electricidad; pero ninguno de estos métodos
 puede ser mezclado con la curación metafísica.


 Quienquiera que alcance la comprensión de la Ciencia



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1 Cristiana en su verdadero significado efectuará las curas
 instantáneas de las cuales ella es capaz; pero esto sólo puede
3 hacerse tomando la cruz y siguiendo al Cristo en la vida diaria.


 La Ciencia puede sanar a los enfermos que no están en
 presencia de sus sanadores, así como a aquellos presentes,
6 pues el espacio no es obstáculo para la Mente. Pacientes
 La Mente inmortal sana lo que el ojo no ha visto; ausentes
 pero la capacidad espiritual de comprender el pensamiento y
9 sanar mediante el poder-Verdad se gana sólo en la medida en
 que el hombre se encuentra, no justificándose a sí mismo,
 sino reflejando la naturaleza divina.


12 Todo método médico tiene sus defensores. La preferencia
 de la mente mortal por cierto método crea una demanda por
 ese método, y entonces el cuerpo parece reque-
15 rir tal tratamiento. Incluso puedes educar un


 caballo sano a tal grado en fisiología, que se
 resfriará sin su manta, mientras que el animal salvaje, dejado
18 a sus instintos, aspira el viento con deleite. La epizootia es
 una afección desarrollada humanamente, de la cual un
 caballo salvaje tal vez jamás padecería.


21 Los tratados sobre anatomía, fisiología y salud, sostenidos
 por lo que se llama ley material, son los pro-
 motores de las dolencias y las enfermedades.
24 No debiera ser proverbial que mientras sigas leyendo obras
 médicas seguirás enfermándote.


 El ama de casa diligente —que estudia su libro de Jahr
27 con píldoras y polvos homeopáticos en mano, lista para
 hacerte sudar, mover el intestino o dormir— sin darse cuenta
 está sembrando las semillas de la confianza en la materia,
30 y los miembros de su familia quizás pronto cosechen los
 efectos de esta equivocación.


 Tanto las descripciones de las enfermedades que hacen



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1 los médicos como los anuncios de la charlatanería son fuentes
 prolíficas de enfermedades. Puesto que la mente mortal es el
3 labrador del error, debiera enseñársele a no dañar el cuerpo y
 a desarraigar su falsa siembra.


 El paciente que sufre trata de sentirse satisfecho cuando
6 ve ocupados a los que procuran sanarlo, y su fe en los esfuer-
 zos de ellos es una ayuda, en cierto modo, para El punto de vista
 ellos y para él; pero en la Ciencia, uno debe
9 comprender la ley resucitadora de la Vida. Esta es la semilla
 dentro de sí misma que da fruto según su género, de la que se
 habla en el Génesis.


12 Los médicos no debieran comportarse como si la Mente no
 existiera, ni sostener que toda causalidad es la materia en vez de
 la Mente. Por ignorar que la mente humana gobierna el cuerpo,
15 su fenómeno, quizás el inválido añada, sin darse cuenta, más
 temor al reservorio mental ya desbordante de esa emoción.


 Los médicos no debieran implantar la enfermedad en el
18 pensamiento de sus pacientes, como lo hacen tan frecuente-
 mente, declarando que la enfermedad es un
 hecho inamovible, aun antes de disponerse a


21 desarraigar la enfermedad mediante la fe mate-
 rial que ellos inspiran. En lugar de proporcionar temor al
 pensamiento, debieran tratar de corregir este elemento
24 turbulento de la mente mortal mediante la influencia del Amor
 divino que echa fuera el temor.


 Cuando el hombre es gobernado por Dios, la Mente
27 siempre presente que entiende todas las cosas, el hombre sabe
 que para Dios todas las cosas son posibles. El único camino
 hacia esta Verdad viviente, que sana a los enfermos, se halla
30 en la Ciencia de la Mente divina como fue enseñada y demos-
 trada por Cristo Jesús.


 Para reducir la inflamación, disolver un tumor, o curar la
33 enfermedad orgánica, he encontrado que la Verdad divina



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1 es más potente que todos los remedios inferiores. ¿Y por qué
 no, puesto que la Mente, Dios, es la fuente y la condición de
3 toda existencia? Antes de decidir que el cuerpo, La decisión
 la materia, sufre un desarreglo, uno debiera
 preguntar: “¿Quién eres tú, para que alterques con el Espíritu?
6 ¿Puede la materia hablar por sí misma, o es de ella que mana
 la vida?” La materia, que no puede ni sufrir ni gozar, no tiene
 asociación con el dolor y el placer, pero la creencia mortal sí
9 tiene tal asociación.


 Cuando manipulas a los pacientes, confías en la electrici-
 dad y en el magnetismo más que en la Verdad;
12 y por esa razón, empleas la materia en vez de la no es científica
 Mente. Debilitas o destruyes tu poder cuando recurres a
 cualquier otro medio excepto el espiritual.


15 Es insensato declarar que manipulas a los pacientes pero
 que no das importancia a la manipulación. Si esto es así, ¿por
 qué manipular? En realidad, manipulas porque ignoras los
18 efectos perniciosos del magnetismo, o no eres lo suficiente-
 mente espiritual como para depender del Espíritu. En cual-
 quiera de los casos debes mejorar tu condición mental hasta
21 que finalmente logres la comprensión de la Ciencia Cristiana.


 Si eres demasiado material como para amar la Ciencia
 de la Mente y estás satisfecho con buenas palabras en vez
24 de buenos efectos, si te apegas al error y temes
 confiar en la Verdad, entonces se presenta de
 nuevo la pregunta: “Adán, ¿dónde estás tú?” Es innecesario
27 recurrir a algo que no sea la Mente para convencer a los
 enfermos de que estás haciendo algo por ellos, porque si son
 sanados, generalmente lo saben y quedan satisfechos.


30 “Donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro
 corazón”. Si tienes más fe en los medicamentos que en la
 Verdad, esta fe te inclinará hacia el lado de la materia y el error.
33 Cualquier poder hipnótico que puedas ejercer disminuirá



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1 tu capacidad para llegar a ser un Científico Cristiano, y
 viceversa. El acto de sanar a los enfermos sólo por medio
3 de la Mente divina, de echar fuera el error con la Verdad,
 muestra tu posición como un Científico Cristiano.


 Las exigencias de Dios se dirigen sólo al pensamiento;
6 pero las pretensiones de la mortalidad, y las que son denomi-
 nadas leyes de la naturaleza, pertenecen a la
 materia. ¿Cuáles, entonces, hemos de aceptar
9 como legítimas y capaces de producir el más elevado bien
 humano? No podemos obedecer tanto a la fisiología como al
 Espíritu, porque uno destruye absolutamente el otro, y uno u
12 otro tiene que ser supremo en los afectos. Es imposible obrar
 desde dos puntos de vista distintos. Si lo intentamos, pronto
 “estimaremos al uno y menospreciaremos al otro”.


15 Las hipótesis de los mortales son antagónicas a la Ciencia
 y no pueden mezclarse con ella. Esto les es claro a los que
 sanan a los enfermos sobre la base de la Ciencia.


18 El gobierno de la Mente sobre el cuerpo debe reempla-
 zar las así llamadas leyes de la materia. La obediencia a
 la ley material impide la plena obediencia a la
21 ley espiritual, la ley que vence las condiciones
 materiales y pone la materia bajo los pies de la Mente. Los
 mortales ruegan a la Mente divina que sane a los enfermos,
24 e inmediatamente excluyen la ayuda de la Mente usando
 medios materiales, obrando así en contra de sí mismos y de
 sus oraciones y negando la capacidad otorgada por Dios al
27 hombre para demostrar el poder sagrado de la Mente. Las
 súplicas por medicamentos y leyes de salud proceden de
 algún triste incidente, o si no, de la ignorancia acerca de la
30 Ciencia Cristiana y su poder trascendente.


 Admitir que la enfermedad es una condición sobre la
 cual Dios no tiene control es suponer que el poder omnipo-
33 tente es impotente en algunas ocasiones. La ley del Cristo,



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1 o la Verdad, hace todas las cosas posibles para el Espíritu;
 pero las así llamadas leyes de la materia tratarían de inutilizar
3 el Espíritu, y exigir obediencia a códigos materialistas, apar-
 tándose así de la base de un único Dios, un único legislador.
 Suponer que Dios constituye leyes de desarmonía es una
6 equivocación; las discordias no tienen apoyo de la naturaleza
 o de la ley divina, por más que se diga lo contrario.


 ¿Puede el agricultor, de acuerdo con la creencia, producir
9 una cosecha sin sembrar la semilla y esperar su germinación
 según las leyes de la naturaleza? La respuesta es no, y sin
 embargo, las Escrituras nos informan que el pecado, o el
12 error, causó primero la condenación del hombre a labrar
 la tierra, e indican que la obediencia a Dios eliminará esta
 necesidad. La Verdad jamás hizo necesario el error, ni ideó
15 una ley para perpetuar el error.


 Las supuestas leyes que resultan en cansancio y enferme-
 dad no son Sus leyes, pues la legítima y única acción posible
18 de la Verdad es la producción de la armonía.
 Las leyes de la naturaleza son leyes del Espíritu; naturaleza son


 pero los mortales comúnmente reconocen como
21 ley aquello que oculta el poder del Espíritu. La Mente divina
 legítimamente le exige al hombre toda su obediencia, afecto
 y fuerza. No se hace reserva para lealtad menor alguna.
24 La obediencia a la Verdad le da al hombre poder y fuerza.
 La sumisión al error provoca la pérdida de poder.


 La Verdad echa fuera todos los males y métodos materia-
27 listas con la verdadera ley espiritual, la ley que da vista a los
 ciegos, oído a los sordos, voz a los mudos, pies
 a los cojos. Si la Ciencia Cristiana no honra la
30 creencia humana, honra la comprensión espiritual; y sólo la
 Mente única tiene derecho a ser honrada.



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1 Las así llamadas leyes de la salud son simplemente leyes de
 la creencia mortal. Al ser erróneas las premisas, las conclusio-
3 nes son equivocadas. La Verdad no hace leyes para regular la
 enfermedad, el pecado y la muerte, pues estos son desconocidos
 para la Verdad y no debieran ser reconocidos como realidad.


6 La creencia produce los resultados de la creencia, y las
 penalidades que impone duran tanto como la creencia y
 son inseparables de ella. El remedio consiste en sondar el
9 problema hasta el fondo, en encontrar y echar fuera, mediante
 negación, el error de creencia que produce un desorden
 mortal, nunca honrando la creencia errónea con el título de
12 ley ni prestándole obediencia. La Verdad, la Vida y el Amor
 son las únicas exigencias legítimas y eternas sobre el hombre,
 y son legisladores espirituales que imponen la obediencia por
15 medio de estatutos divinos.


 Controlado por la inteligencia divina, el hombre es armo-
 nioso y eterno. Cualquier cosa gobernada mediante una creen-
18 cia falsa es discordante y mortal. Decimos que Leyes de la
 el hombre sufre por los efectos del frío, del calor, creencia humana
 de la fatiga. Esto es una creencia humana, no la verdad del
21 ser, pues la materia no puede sufrir. Sólo la mente mortal
 sufre, no porque una ley de la materia ha sido transgredida,
 sino porque una ley de esta así llamada mente ha sido desobe-
24 decida. He demostrado esto como una regla de la Ciencia
 divina al destruir la ilusión del sufrimiento producido por lo
 que se denomina una ley física fatalmente quebrantada.


27 Una mujer, a quien curé de tuberculosis, siempre respiraba
 con gran dificultad cuando el viento era del este. Me senté a
 su lado en silencio por unos momentos. Comenzó a respirar
30 suavemente. Las inspiraciones eran profundas y naturales.
 Le pedí entonces que mirara la veleta. Miró y vio que seña-
 laba exactamente hacia el este. El viento no había cambiado,



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1 pero su pensamiento acerca de él sí y por eso su dificultad para
 respirar había desaparecido. El viento no había producido la
3 dificultad. Mi tratamiento metafísico cambió la acción de su
 creencia sobre los pulmones, y jamás volvió a sufrir a causa
 de los vientos del este, sino que su salud le fue restablecida.


6 Ningún sistema de higiene, excepto la Ciencia Cristiana,
 es puramente mental. Antes de que este libro fuera publicado,
 otros libros estaban en circulación, los cuales
9 trataban sobre “medicina mental” y “curación


 por la mente”, obrando mediante el poder de
 las corrientes magnéticas de la tierra para regular la vida y la
12 salud. Tales teorías y tales sistemas de la así llamada curación
 por la mente, que han surgido, son tan materiales como los
 sistemas predominantes de medicina. Tienen su nacimiento
15 en la mente mortal, la cual presenta una concepción humana
 en nombre de la Ciencia para igualar la Ciencia divina de la
 Mente inmortal, así como los hechiceros de Egipto se esfor-
18 zaron por emular las maravillas hechas por Moisés. Tales
 teorías no tienen relación con la Ciencia Cristiana, la cual
 descansa sobre la concepción de que Dios es la única Vida,
21 sustancia e inteligencia, y excluye la mente humana como
 factor espiritual en la obra sanadora.


 Jesús echó fuera el mal y sanó a los enfermos, no sólo sin
24 medicamentos, sino sin hipnotismo, el cual es el Jesús y
 reverso del poder ético y patológico de la Verdad. el hipnotismo


 La práctica mental errónea puede parecer por un tiempo
27 que beneficia a los enfermos, pero el restablecimiento no es
 permanente. Esto se debe a que los métodos erróneos actúan
 sobre y mediante el estrato material de la mente humana,
30 llamado cerebro, el cual es sólo una consolidación mortal de
 la mentalidad material y sus supuestas actividades.


 Un paciente bajo la influencia de la mente mortal es sanado



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1 solamente quitando la influencia de esta mente sobre él,
 vaciando su pensamiento del estímulo y de la
3 reacción falsos de la fuerza de voluntad y llenán-
 dolo con las divinas energías de la Verdad.


 La Ciencia Cristiana destruye las creencias materiales
6 mediante la comprensión del Espíritu, y la minuciosidad de
 este trabajo determina la salud. Las fuerzas mentales humanas
 que yerran sólo pueden hacer daño bajo cualquier nombre
9 o pretexto con que se empleen; pues el Espíritu y la materia,
 el bien y el mal, la luz y las tinieblas, no pueden mezclarse.


 El mal es una negación, porque es la ausencia de la
12 verdad. Es nada, porque es la ausencia de algo. El mal es negativo
 Es irreal, porque presupone la ausencia de Dios, y se destruye


 el omnipotente y omnipresente. Todo mortal
15 debe aprender que no hay poder ni realidad en el mal.


 El mal se impone a sí mismo. Dice: “Soy una entidad real,
 dominando el bien”. Esta falsedad debiera despojar el mal de
18 toda pretensión. El único poder del mal es el de destruirse a
 sí mismo. Jamás puede destruir ni un ápice del bien. Todo
 intento del mal por destruir el bien es un fracaso, y sólo ayuda
21 a castigar perentoriamente al que hace el mal. Si concedemos
 la misma realidad a la discordia que a la armonía, la discordia
 tiene sobre nosotros una demanda tan duradera como la que
24 tiene la armonía. Si el mal es tan real como el bien, el mal
 es también inmortal. Si la muerte es tan real como la Vida,
 la inmortalidad es un mito. Si el dolor es tan real como la
27 ausencia del dolor, ambos tienen que ser inmortales; y si es
 así, la armonía no puede ser la ley del ser.


 La mente mortal es ignorante de sí misma, o jamás podría
30 engañarse a sí misma. Si la mente mortal supiera cómo ser
 mejor, sería mejor. Puesto que tiene que creer
 en algo aparte de sí misma, entroniza la materia ignorante
33 como deidad. La mente humana ha sido una idólatra desde



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1 el comienzo, teniendo otros dioses y creyendo en algo más
 que en la única Mente.


3 Como los mortales no comprenden ni siquiera la existen-
 cia mortal, cuán ignorantes deben ser de la Mente que todo
 lo sabe y de Sus creaciones.


6 Aquí puedes ver cómo el así llamado sentido material
 crea sus propias formas de pensamiento, les da nombres
 materiales, y luego las adora y les teme. Con ceguedad
9 pagana, le atribuye a algún dios o medicina materiales una
 capacidad más allá de sí mismo. Las creencias de la mente
 humana la roban y la esclavizan y luego imputan este resul-
12 tado a otra personificación ilusoria, llamada Satanás.


 Las válvulas del corazón, que se abren y cierran para el
 pasaje de la sangre, obedecen el mandato de la
15 mente mortal tan directamente como lo hace
 la mano, que, según se admite, es movida por la voluntad.
 La anatomía acepta la causa mental de la última acción, pero
18 no de la primera.


 Decimos: “Mi mano lo ha hecho”. ¿Qué es este mi, sino
 la mente mortal, la causa de toda acción materialista? Toda
21 acción voluntaria, así como la mal denominada involuntaria,
 del cuerpo mortal está gobernada por esta así llamada mente,
 no por la materia. No hay acción involuntaria. La Mente
24 divina incluye toda acción y volición, y el hombre en la
 Ciencia está gobernado por esta Mente. La mente humana
 intenta clasificar la acción como voluntaria e involuntaria, y
27 sufre por el intento.


 Si suprimes esta mente que yerra, el cuerpo material y
 mortal pierde toda apariencia de vida o acción, y entonces
30 esta así llamada mente dice de sí misma que
 está muerta; pero la mente humana aún man-
 tiene en creencia un cuerpo, por medio del cual actúa y que
33 ante la mente humana parece vivir, un cuerpo igual al que
 tenía antes de la muerte. Este cuerpo es desechado sólo a



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1 medida que la mente mortal que yerra cede ante Dios, la
 Mente inmortal, y el hombre es hallado a Su imagen.


3 Lo que se denomina enfermedad no existe. No es ni mente
 ni materia. La creencia de pecado, la cual se ha hecho terrible
 en fuerza e influencia, es un error inconsciente Pensamientos
6 al comienzo, un pensamiento embrionario sin


 motivo; pero después gobierna al así llamado
 hombre. Pasiones, apetitos depravados, deshonestidad, envi-
9 dia, odio, venganza, maduran y derivan en acciones, sólo para
 pasar de la vergüenza y la congoja a su castigo final.


 La existencia mortal es un sueño de dolor y placer en la
12 materia, un sueño de pecado, enfermedad y muerte; y es como
 el sueño que tenemos cuando dormimos, en
 el cual cada uno reconoce que su condición es
15 enteramente un estado mental. Tanto en el sueño despierto
 como en el dormido, el soñador piensa que su cuerpo es
 material y que el sufrimiento está en ese cuerpo.


18 La sonrisa del que duerme indica la sensación producida
 físicamente por el placer de un sueño. Del mismo modo, el
 dolor y el placer, la enfermedad y la ansiedad, son trazados en
21 los mortales por señales inequívocas.


 La enfermedad es un producto del error que surge de la
 ignorancia o del temor mortales. El error ensaya el error.
24 Lo que causa la enfermedad no puede curarla. La tierra de
 cultivo de la enfermedad es la mente mortal, y tienes una
 abundante o escasa cosecha de enfermedades, de acuerdo con
27 las semillas de temor. El pecado y el temor a la enfermedad
 deben ser desarraigados y echados fuera.


 Cuando la oscuridad cubre la tierra, los sentidos físicos
30 no tienen evidencia inmediata del sol. Los ojos El sentido cede a
 humanos no saben dónde está el astro del día,
 ni si existe. La astronomía da la información deseada res-
33 pecto al sol. Los sentidos humanos o materiales ceden a



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1 la autoridad de esta ciencia, y están dispuestos a dejar a la
 astronomía la explicación de la influencia del sol sobre la
3 tierra. Si los ojos no ven el sol durante una semana, aún
 creemos que existen la luz y el calor solares. La ciencia (en
 este caso llamada natural) eleva el pensamiento humano
6 por encima de las teorías más rudimentarias de la mente
 humana, y echa fuera un temor.


 De igual manera los mortales no debieran negar el poder
9 de la Ciencia Cristiana para establecer la armonía y explicar
 el efecto de la mente mortal sobre el cuerpo, aunque no se
 vea la causa, como tampoco debieran negar la existencia de
12 la luz solar cuando el astro diurno desaparece, o dudar que el
 sol ha de reaparecer. Los pecados ajenos no debieran hacer
 sufrir a los hombres buenos.


15 Llamamos material al cuerpo; pero es tan ciertamente la
 mente mortal, de acuerdo con su grado, como lo es el cerebro
 material, el cual se supone que proporciona la
18 evidencia de todos los pensamientos o cosas
 mortales. La mente mortal humana, por una perversión
 inevitable, hace que todas las cosas partan desde el pensa-
21 miento mortal más bajo en lugar del más elevado. Lo reverso
 es el caso con todas las formaciones de la Mente divina
 inmortal. Ellas proceden de la fuente divina; y por eso, al
24 investigarlas, ascendemos constantemente en el ser infinito.


 De la mente mortal proviene la reproducción de la espe-
 cie humana, primero la creencia en la materia inanimada, y
27 después en la animada. Según el pensamiento
 mortal, el desarrollo de la mente mortal embrio-
 naria comienza en la parte inferior y basal del cerebro, y por
30 evolución continúa en una escala ascendente, manteniéndose
 siempre en la línea directa de la materia, porque la materia es
 la condición subjetiva de la mente mortal.



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1 Luego tenemos la formación de la así llamada mente mor-
 tal embrionaria, después los hombres mortales o los mortales,
3 todo esto pese a que la materia es una creencia, ignorante de sí
 misma, ignorante de lo que se supone que produce. El mortal
 dice que un germen inconsciente e inanimado está produciendo
6 mortales, tanto el cuerpo como la mente; y sin embargo, ni una
 mente mortal ni la Mente inmortal es hallada en el cerebro o
 en otra parte de la materia o en los mortales.


9 Esta creencia humana embrionaria y materialista, llamada
 hombre mortal, a su vez se llena a sí misma con La estatura
 pensamientos de dolor y placer, de vida y muerte, humana
12 y se organiza a sí misma en cinco así llamados sentidos, los
 cuales muy pronto miden la mente por el tamaño de un
 cerebro y el volumen de un cuerpo, denominado hombre.


15 El nacimiento, el crecimiento, la madurez y el deterioro
 humanos son como la hierba que brota de la tierra con
 bellas hojas verdes, para después marchitarse y La fragilidad
18 volver a su nada nativa. Esta apariencia mortal humana
 es temporal; nunca se une con el ser inmortal, sino que final-
 mente desaparece, y se encuentra que el hombre inmortal,
21 espiritual y eterno, es el hombre verdadero.


 El bardo hebreo, influenciado por los pensamientos
 mortales, pulsó así su lira con aires melancólicos sobre la
24 existencia humana:


 El hombre, como la hierba son sus días;


 Florece como la flor del campo,


27 Que pasó el viento por ella, y pereció,


 Cuando la esperanza se elevó más alto en el corazón humano,
30 el cantó:


 En cuanto a mí, veré Tu rostro en justicia;


 Estaré satisfecho cuando despierte a Tu semejanza.


 · · · · · · · ·


33 Porque contigo está el manantial de la vida;


 En Tu luz veremos la luz.



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1 El cerebro no puede dar ninguna idea del hombre de Dios.
 No puede tener conocimiento de la Mente. La materia no es
3 el órgano de la Mente infinita.


 A medida que los mortales renuncien a la ilusión de que
 hay más de una Mente, más de un Dios, el hombre a seme-
6 janza de Dios aparecerá, y este hombre eterno no incluirá en
 esa semejanza elemento material alguno.


 A medida que se encuentra que una base de vida mate-
9 rial y teórica es una comprensión equivocada de la existen-
 cia, el Principio espiritual y divino del hombre El nacimiento
 alborea en el pensamiento humano, y lo guía
12 “donde estaba el niño”, es decir, al nacimiento de una idea
 antigua y nueva a la vez, al sentido espiritual del ser y de lo que
 la Vida incluye. Así toda la tierra será transformada por la
15 Verdad en sus alas de luz, ahuyentando las tinieblas del error.


 El pensamiento humano tiene que liberarse de la mate-
 rialidad y esclavitud que se ha impuesto a sí
18 mismo. No se debiera preguntar más a la cabeza, espiritual
 al corazón o a los pulmones: ¿Qué perspectivas de vida tiene
 el hombre? La Mente no está indefensa. La inteligencia no
21 enmudece ante lo carente de inteligencia.


 Por su propia volición, ni una brizna de hierba brota, ni
 un vástago retoña en el valle, ni una hoja despliega sus lindas
24 formas, ni una flor surge de su celda enclaustrada.


 La Ciencia del ser revela al hombre y la inmortalidad
 como basados en el Espíritu. El sentido físico define al
27 hombre mortal como basado en la materia, y desde esta
 premisa infiere la mortalidad del cuerpo.


 Los sentidos ilusorios tal vez imaginen afinidades
30 con sus opuestos; pero en la Ciencia Cristiana, la Verdad
 jamás se mezcla con el error. La Mente no
 tiene ninguna afinidad con la materia y por
33 consiguiente, la Verdad es capaz de echar fuera los males
 de la carne. La Mente, Dios, exhala el aroma del Espíritu,



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1 la atmósfera de la inteligencia. La creencia de que una
 sustancia pastosa dentro del cráneo es la mente es un escar-
3 nio a la inteligencia, un remedo de la Mente.


 Somos Científicos Cristianos sólo a medida que abandona-
 mos nuestra confianza en lo que es falso y captamos lo verda-
6 dero. No somos Científicos Cristianos hasta que dejamos todo
 por el Cristo. Las opiniones humanas no son espirituales.
 Proceden de lo que oyen los oídos, de la corporalidad en
9 lugar del Principio, y de lo mortal en lugar de lo inmortal.
 El Espíritu no está separado de Dios. El Espíritu es Dios.


 El poder que yerra es una creencia material, una mal
12 llamada fuerza que es ciega, el vástago de la voluntad y no
 de la sabiduría, de la mente mortal y no de la
 inmortal. Es la catarata turbulenta, la llama
15 devoradora, el soplo de la tempestad. Es el relámpago y el
 huracán, todo lo que es egoísta, malvado, deshonesto e impuro.


 El poder moral y el espiritual pertenecen al Espíritu,
18 quien mantiene “los vientos en Sus puños”; y esta enseñanza
 concuerda con la Ciencia y la armonía. En la
 Ciencia, no puedes tener ningún poder opuesto verdadero
21 a Dios, y los sentidos físicos tienen que renunciar a su falso
 testimonio. Tu influencia a favor del bien depende del peso
 que eches en el platillo correcto de la balanza. El bien que
24 haces e incorporas te da el único poder obtenible. El mal no
 es poder. Es un escarnio a la fuerza, que muy pronto delata
 su debilidad y cae, para jamás levantarse.


27 Andamos en las huellas de la Verdad y el Amor al seguir el
 ejemplo de nuestro Maestro en la comprensión de la metafísica
 divina. El cristianismo es la base de la curación verdadera.
30 Todo lo que mantiene el pensamiento humano en línea con
 el amor abnegado recibe directamente el poder divino.


 Fui llamada a visitar al señor Clark en Lynn, quien había



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1 estado postrado en cama seis meses con una enfermedad de
 la cadera, causada por una caída sobre una estaca cuando
3 era muy niño. Al entrar en la casa me encontré La Mente sana
 con su médico, quien me dijo que el paciente se una enfermedad


 estaba muriendo. El médico acababa de sondar
6 la úlcera en la cadera, y dijo que el hueso tenía una caries de
 varios centímetros. Hasta me mostró la sonda, la cual eviden-
 ciaba la condición del hueso. El doctor salió. El señor Clark
9 yacía con los ojos fijos y sin vista. El sudor de la muerte
 humedecía su frente. Me acerqué a su cama. En unos pocos
 momentos su semblante cambió; la palidez de la muerte dio
12 paso a un color normal. Los párpados se cerraron suavemente
 y la respiración se hizo natural; estaba dormido. Como a los
 diez minutos abrió los ojos y dijo: “Me siento como un hombre
15 nuevo. Mi sufrimiento ha desaparecido por completo”. Era
 entre las tres y las cuatro de la tarde cuando esto tuvo lugar.


 Le dije que se levantara, se vistiera y cenara con su familia.
18 Así lo hizo. Al día siguiente lo vi en su jardín. Desde entonces
 no lo he visto, pero se me ha informado que a las dos semanas
 volvió al trabajo. La supuración de la llaga cesó, y la llaga fue
21 sanada. La condición enfermiza había sido continua desde
 que se lastimó de niño.


 Desde que se restableció, he sido informada que su médico
24 alega haberlo curado, y que su madre ha sido amenazada
 con reclusión en un manicomio por decir: “No fue ningún
 otro sino Dios y esa mujer quienes lo sanaron”. No puedo
27 confirmar la verdad de ese informe, pero lo que vi e hice por
 ese hombre, y lo que su médico dijo del caso, ocurrió tal como
 lo he narrado.


30 Me ha sido demostrado que la Vida es Dios y que el poder



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1 del Espíritu omnipotente no comparte su fuerza con la
 materia o con la voluntad humana. Recapacitando sobre esta
3 breve experiencia, no puedo dejar de percibir la coincidencia
 de la idea espiritual del hombre con la Mente divina.


 Un cambio en la creencia humana cambia todos los
6 síntomas físicos y determina que un caso mejore Cambio de
 o empeore. Cuando la creencia falsa de uno es creencia
 corregida, la Verdad envía un informe de salud por todo
9 el cuerpo.


 La destrucción del nervio auditivo y la parálisis del
 nervio óptico no son necesarias para asegurar la sordera y la
12 ceguera; pues si la mente mortal dice: “Estoy sorda y ciega”,
 lo estará, sin un nervio lesionado. Toda teoría opuesta a este
 hecho (según aprendí en la metafísica) presupondría que el
15 hombre, quien es inmortal en la comprensión espiritual, es
 un mortal en la creencia material.


 La historia auténtica de Kaspar Hauser es una indicación
18 útil sobre la fragilidad e inadecuación de la mente mortal.
 Comprueba, fuera de toda duda, que la educa-
 ción constituye esta así llamada mente, y que,
21 a su vez, la mente mortal se manifiesta a sí misma en el cuerpo
 mediante el falso sentido que imparte. Encarcelado en una
 mazmorra, donde ni luz ni sonido podían llegarle, Kaspar
24 tenía a la edad de diecisiete años todavía la mentalidad de
 una criatura, llorando y parloteando sin más inteligencia que
 un bebé, e ilustrando la descripción de Tennyson:


27 Una criatura llorando en la noche,


 una criatura llorando por la luz,


 y sin más lenguaje que un llanto.


30 Su caso comprueba que el sentido material es sólo una
 creencia formada por la educación sola. La luz que nos alegra



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1 le causaba a él una creencia de dolor intenso. Los ojos se le
 inflamaban con la luz. Después que al balbuceante muchacho
3 se le enseñó a decir unas pocas palabras, pidió que lo llevaran
 otra vez a su mazmorra y dijo que jamás sería feliz en otra
 parte. Fuera de la tétrica oscuridad y el frío silencio no
6 encontraba paz. Todo sonido lo convulsionaba de angustia.
 Todo lo que comía, excepto su pan negro, le producía vómitos
 violentos. Todo lo que a nuestros sentidos educados les da
9 placer, a él le causaba dolor por medio de esos mismos senti-
 dos entrenados en una dirección opuesta.


 El punto que cada uno debe decidir es, si es la mente mortal
12 o la Mente inmortal la causativa. Debiéramos
 abandonar la base de la materia por la Ciencia
 metafísica y su Principio divino.


15 Todo lo que proporciona la semblanza de una idea
 gobernada por su Principio nos incita a pensar. Por medio
 de la astronomía, la historia natural, la química, la música, la
18 matemática, el pensamiento pasa naturalmente del efecto de
 vuelta a la causa.


 Los estudios académicos apropiados son necesarios. La
21 observación, la inventiva, el estudio y el pensamiento original
 son expansivos y debieran promover el crecimiento de la mente
 mortal fuera de sí misma, fuera de todo lo que es mortal.


24 Es la maraña de barbarismos de la enseñanza lo que
 deploramos, el mero dogma, la teoría especulativa, la ficción
 nauseabunda. Las novelas, notables sólo por sus cuadros
27 exagerados, ideales imposibles y ejemplos de depravación,
 llenan a nuestros jóvenes lectores con gustos y sentimientos
 equivocados. El comercialismo literario está rebajando el
30 estándar intelectual para conformar el bolsillo y satisfacer
 una frívola demanda de diversión en vez de una de supera-
 ción. Los puntos de vista incorrectos rebajan el estándar de
33 la verdad.



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1 Si el conocimiento materialista es poder, no es sabiduría.
 No es más que una fuerza ciega. El hombre ha buscado
3 “muchas perversiones”, mas todavía no ha encontrado que
 es verdad que el conocimiento puede salvarlo de los terribles
 efectos del conocimiento. El poder de la mente mortal sobre
6 su propio cuerpo es poco comprendido.


 Es mejor el sufrimiento que despierta la mente mortal
 de su sueño carnal, que los falsos placeres que
9 tienden a perpetuar este sueño. Sólo el pecado destruido


 trae la muerte, pues el pecado es el único ele-
 mento de destrucción.


12 “Temed... a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo
 en el infierno”, dijo Jesús. Un estudio cuidadoso de este texto
 muestra que aquí la palabra alma significa un sentido falso o
15 consciencia material. El mandato fue una advertencia para
 guardarse, no de Roma, Satanás ni de Dios, sino del pecado.
 La enfermedad, el pecado y la muerte no son concomitantes
18 de la Vida o la Verdad. Ninguna ley los apoya. No tienen
 ninguna relación con Dios con la cual establecer su poder.
 El pecado hace su propio infierno, y la bondad su propio cielo.


21 Los libros que eliminan de la mente mortal la enfermedad
 —y borran así las imágenes y los pensamien-
 tos de enfermedad, en lugar de grabarlos con
24 descripciones contundentes y detalles médicos— ayudarán a
 disminuir la enfermedad y a destruirla.


 Más de un caso irremediable de enfermedad es inducido
27 por un solo examen post mórtem, no por infección ni
 por contacto con un virus material, sino por el temor a la
 enfermedad y por la imagen presentada ante la mente; es un
30 estado mental, que luego es delineado en el cuerpo.


 La prensa sin darse cuenta propaga muchos pesares y
 enfermedades entre la familia humana. Esto lo hace al dar



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1 nombres a las enfermedades y al publicar largas descripciones
 que reflejan nítidamente imágenes de enfermedad en el pensa-
3 miento. Un nombre nuevo para una dolencia
 afecta a la gente como un nombre parisiense


 para una vestimenta de moda. Todos se apre-
6 suran a obtenerla. La descripción minuciosa de una enfer-
 medad les cuesta a muchos el bienestar de sus días terrenales.
 ¡Qué precio por el conocimiento humano! Pero el precio no
9 excede el costo original. Dios dijo del árbol del conoci-
 miento, que produce el fruto del pecado, la enfermedad y la
 muerte: “El día que de él comieres, ciertamente morirás”.


12 Cuanto menos se diga de la estructura y de las leyes
 físicas, y más se piense y se diga acerca de la ley Estándares más
 moral y espiritual, más elevado será el estándar elevados para


15 de vida y más serán alejados los mortales de la
 imbecilidad o de la enfermedad.


 Debiéramos dominar el temor en vez de cultivarlo. Fue
18 la ignorancia de nuestros antepasados en el área de los cono-
 cimientos, ahora difundidos en la tierra, lo que los hizo más
 resistentes que nuestros diestros fisiólogos, más honestos que
21 nuestros melifluos políticos.


 Se nos dice que el alimento simple que comían nuestros
 antepasados los ayudaba a mantenerse saludables, pero eso
24 es un error. Su dieta no curaría la dispepsia en Dieta y
 esta época. Con reglas de salud en la cabeza y
 los alimentos más digeribles en el estómago, aún así habría
27 dispépticos. Muchas de las constituciones físicas endebles de
 nuestros días jamás se robustecerán hasta que las opiniones
 individuales mejoren y la creencia mortal pierda alguna parte
30 de su error.


 La mente del doctor llega a la de su paciente. El doctor
 debiera reprimir su temor a la enfermedad, o su creencia en la
33 realidad y la fatalidad de esta dañará a sus pacientes aun más



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1 que su calomel y su morfina, pues el estrato más elevado de
 la mente mortal tiene en creencia más poder para dañar al
3 hombre que el sustrato, la materia. Un paciente Daño causado
 escucha el fallo del doctor como un criminal
 escucha su sentencia de muerte. El paciente puede parecer
6 calmado ante esto, pero no lo está. Su entereza quizás lo
 sostenga, pero su temor, que ya ha desarrollado la enfermedad
 que está ganando el dominio, es aumentado por las palabras
9 del médico.


 El doctor materialista, aunque humanitario, es un
 artista que delinea su pensamiento relativo a la enfermedad,
12 y luego completa sus dibujos con diseños de los La enfermedad
 libros de texto. Es mejor evitar que se forme la retratada
 enfermedad en la mente mortal y que después aparezca en el
15 cuerpo; pero hacer esto requiere atención. El pensamiento
 de enfermedad es formado antes que uno vea a un doctor y
 antes que el doctor se disponga a disiparla mediante un
18 contrairritante, quizás mediante un emplasto, mediante la
 aplicación de un cáustico o aceite de ricino, o mediante una
 operación quirúrgica. Por otra parte, dando otra dirección a
21 la fe, el médico prescribe medicamentos, hasta que la elastici-
 dad del pensamiento mortal fortuitamente causa una vigo-
 rosa reacción sobre sí mismo, y reproduce un cuadro de
24 formaciones saludables y armoniosas.


 La creencia del paciente es más o menos moldeada y
 formada por la creencia de su doctor en el caso, aunque el
27 doctor no diga nada para apoyar su teoría. Sus pensamientos
 y los de su paciente se entremezclan, y los pensamientos más
 fuertes dominan los más débiles. De ahí la importancia de
30 que los doctores sean Científicos Cristianos.


 Si bien los músculos del herrero están sumamente
 desarrollados, no se deduce que el ejercicio ha
33 producido este resultado o que el brazo que se la materia
 usa menos tiene que ser débil. Si la materia fuese la causa



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1 de la acción, y si los músculos, sin la volición de la mente
 mortal, pudieran levantar el martillo y golpear el yunque,
3 podría creerse que es cierto que el martilleo desarrolla los
 músculos. El martinete no aumenta de tamaño por el ejer-
 cicio. ¿Por qué no, ya que los músculos son tan materiales
6 como la madera y el hierro? Porque nadie cree que la mente
 está produciendo tal resultado en el martillo.


 Los músculos no obran por sí mismos. Si la mente no
9 los mueve, están inmóviles. De ahí la gran verdad de que la
 Mente sola desarrolla y fortalece al hombre por medio de su
 mandato, en razón de que ella exige poder y lo proporciona.
12 No es debido al ejercicio muscular, sino por causa de la fe del
 herrero en el ejercicio, que su brazo se vuelve más fuerte.


 Los mortales desarrollan sus propios cuerpos o los
15 enferman, según los influencien mediante la mente mortal.
 Saber si este desarrollo es producido consciente Temor latente
 o inconscientemente es de menor importancia
18 que un conocimiento del hecho. Las proezas del gimnasta
 comprueban que ha dominado latentes temores mentales.
 La devoción del pensamiento a un logro honesto hace el
21 logro posible. Las excepciones sólo confirman esta regla,
 comprobando que el fracaso es ocasionado por una fe dema-
 siado débil.


24 Si Blondin hubiese creído que era imposible caminar
 por la cuerda sobre los abismos de agua del Niágara, jamás
 podría haberlo hecho. Su creencia de que podía hacerlo dio a
27 sus fuerzas-pensamiento, llamadas músculos, la flexibilidad
 y el poder que el no científico pudiera atribuir a un aceite
 lubricante. Su temor debe haber desaparecido antes que su
30 poder de llevar a cabo su resolución pudiera aparecer.


 Cuando Homero cantaba acerca de los dioses griegos, el



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1 Olimpo estaba a oscuras, pero mediante sus versos los dioses
 adquirieron vida en la creencia de una nación. La adoración
3 pagana empezó con la musculatura, pero la ley Homero y
 del Sinaí elevó el pensamiento al cántico de
 David. Moisés hizo avanzar una nación a la adoración de Dios
6 en Espíritu en vez de materia, e ilustró las grandes capacidades
 humanas del ser concedidas por la Mente inmortal.


 Quienquiera que sea incompetente para explicar el Alma
9 haría bien en no emprender la explicación del cuerpo. La Vida
 es, siempre ha sido, y siempre será independiente Un mortal no
 de la materia; pues la Vida es Dios, y el hombre es el hombre
12 es la idea de Dios, no formado materialmente, sino espiritual-
 mente, y no sujeto a la descomposición y al polvo. El Salmista
 dijo: “Le hiciste señorear sobre las obras de Tus manos; todo
15 lo pusiste debajo de sus pies”.


 La gran verdad en la Ciencia del ser de que el hombre
 verdadero era, es, y siempre será perfecto, es incontrovertible;
18 pues si el hombre es la imagen, el reflejo, de Dios, no está
 invertido ni subvertido, sino que es recto y semejante a Dios.


 El supuesto antípoda del Espíritu divino e infinito es lo
21 así llamado alma o espíritu humanos, en otras palabras, los
 cinco sentidos, la carne que lucha contra el Espíritu. Estos
 así llamados sentidos materiales tienen que ceder al Espíritu
24 infinito, denominado Dios.


 San Pablo dijo: “Pues me propuse no saber entre
 vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado”
27 (1 Cor. 2:2). La Ciencia Cristiana dice: Me propongo no
 saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a este
 glorificado.





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Capítulo 8 — Los pasos de la Verdad



Señor, acuérdate del oprobio de Tus siervos;
oprobio de muchos pueblos,
que llevo en mi seno.
Porque Tus enemigos, oh Jehová, han deshonrado,
porque Tus enemigos han deshonrado
los pasos de Tu ungido. — Salmos.


1 El mejor sermón jamás predicado es la Verdad practicada
 y demostrada mediante la destrucción del pecado,
3 la enfermedad y la muerte. Sabiendo eso y
 sabiendo también que un único afecto sería
 supremo en nosotros y dirigiría nuestras vidas, Jesús dijo:
6 “Ninguno puede servir a dos señores”.


 No podemos edificar con seguridad sobre fundamentos
 falsos. La Verdad hace una nueva criatura, en quien las cosas
9 viejas pasan y “todas son hechas nuevas”. Las pasiones, el
 egoísmo, los falsos apetitos, el odio, el temor, toda sensualidad,
 ceden a la espiritualidad, y la superabundancia del ser está
12 del lado de Dios, el bien.


 No podemos llenar vasijas que ya están llenas. Primero
 deben ser vaciadas. Desnudemos el error.
15 Entonces, cuando soplen los vientos de Dios,
 no nos arrebujaremos con nuestros harapos.


 La manera de extraer el error de la mente mortal es verter
18 la verdad mediante inundaciones de Amor. La perfección
 cristiana no se logra sobre ninguna otra base.


 Injertar lo santo en lo profano, suponer que el pecado



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1 pueda ser perdonado sin que se lo abandone, es tan insensato
 como colar mosquitos y tragar camellos.


3 La unidad científica que existe entre Dios y el hombre
 tiene que ser forjada en la práctica de la vida, y la voluntad
 de Dios tiene que hacerse universalmente.


6 Si los hombres aportaran al estudio de la Ciencia de la
 Mente la mitad de la fe que conceden a los así llamados
 dolores y placeres del sentido material, no irían Estudio de
9 de mal en peor, hasta ser disciplinados con la
 prisión y el patíbulo; sino que toda la familia humana sería
 redimida por medio de los méritos del Cristo, por medio de
12 la percepción y la aceptación de la Verdad. Para este glorioso
 resultado la Ciencia Cristiana enciende la antorcha de la
 comprensión espiritual.


15 Fuera de esta Ciencia todo es mutable; mas el hombre
 inmortal, en concordancia con el Principio divino de su ser,
 Dios, ni peca ni sufre ni muere. Los días de
18 nuestro peregrinaje se multiplicarán en lugar
 de disminuir, cuando el reino de Dios venga en la tierra;
 porque el camino verdadero conduce a la Vida en vez de a la
21 muerte, y la experiencia terrenal revela la naturaleza finita
 del error y las capacidades infinitas de la Verdad, en las cuales
 Dios da al hombre señorío sobre toda la tierra.


24 Nuestras creencias acerca de un Ser Supremo contradicen
 la práctica que surge de ellas. El error abunda donde la Verdad
 debiera “sobreabundar”. Admitimos que Dios Creencia y
27 tiene poder absoluto, es “nuestro pronto auxilio práctica
 en las tribulaciones”, y sin embargo, confiamos en un medi-
 camento o en el hipnotismo para sanar la enfermedad, como
30 si la materia insensible o la mente mortal que yerra, tuviera
 más poder que el Espíritu omnipotente.


 La opinión común admite que un hombre puede res­
33 friarse al hacer el bien, y que este resfriado puede producir



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1 una enfermedad pulmonar fatal; como si el mal pudiera
 sojuzgar la ley del Amor e impedir la recompensa Segura
3 por hacer el bien. En la Ciencia del cristianismo, recompensa


 la Mente —la omnipotencia— tiene todo-poder,
 asigna segura recompensa a la justicia y muestra que la materia
6 no puede sanar ni hacer enfermar, crear ni destruir.


 Si comprendiésemos a Dios en vez de meramente creer en
 Él, esta comprensión establecería la salud. La acusación de
9 los rabinos: “Se hizo a sí mismo Hijo de Dios”,
 fue realmente la justificación de Jesús, pues
 para el cristiano el único espíritu verdadero es semejante a
12 Dios. Este pensamiento incita a una adoración y una abnega-
 ción más exaltadas. La percepción espiritual revela las
 posibilidades del ser, destruye la confianza en todo lo que no
15 sea Dios y así hace al hombre la imagen de su Hacedor de
 hecho y en verdad.


 Estamos propensos a creer ya sea en más de un Gobernante
18 Supremo o en algún poder inferior a Dios. Nos imaginamos
 que la Mente puede ser aprisionada en un cuerpo sensorio.
 Cuando el cuerpo material se ha desintegrado, cuando el mal
21 ha sobrecargado la creencia de vida en la materia y la ha
 destruido, entonces los mortales creen que el Principio
 imperecedero, o Alma, escapa de la materia y sigue viviendo;
24 pero esto no es cierto. La muerte no es una pasadera hacia
 la Vida, la inmortalidad y la bienaventuranza. Suicidio y
 El así llamado pecador es un suicida. El pecado pecado
27 mata al pecador y seguirá matándolo en tanto continúe
 pecando. La espuma y la furia del vivir ilegítimo y del terror
 y la tristeza del morir debieran desaparecer en las riberas del
30 tiempo; entonces las olas del pecado, del pesar y de la muerte
 baten en vano.


 Dios, el bien divino, no mata a un hombre con el fin de
33 darle Vida eterna, pues Dios solo es la vida del hombre. Dios



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1 es al mismo tiempo el centro y la circunferencia del ser.
 Es el mal que muere; el bien no muere.


3 Todas las formas del error apoyan las falsas conclusiones
 de que hay más de una Vida, que la historia material es tan
 real y viviente como la historia espiritual, que
6 el error mortal es tan definitivamente mental


 como la Verdad inmortal; y que hay dos entida-
 des y seres separados y antagónicos, dos poderes —a saber,
9 el Espíritu y la materia— que resultan en una tercera persona
 (el hombre mortal), quien lleva a cabo las ilusiones del
 pecado, la enfermedad y la muerte.


12 Se admite que el primer poder es el bien, una inteligencia
 o Mente denominada Dios. El segundo así llamado poder,
 el mal, es la desemejanza del bien. No puede, por tanto, ser
15 mente aunque así se lo llame. El tercer poder, el hombre
 mortal, es una supuesta mezcla del primero y el segundo
 de esos poderes antagónicos, la inteligencia y la falta de
18 inteligencia, del Espíritu y la materia.


 Tales teorías son evidentemente erróneas. No pueden
 jamás resistir la prueba de la Ciencia. Juzgándolas por sus
21 frutos, son malas. ¿Cuándo comprenderán las
 épocas el Ego, y se darán cuenta de que no hay científicas
 más que un único Dios, una única Mente o inteligencia?


24 Las teorías falsas y que se imponen a sí mismas han dado
 a los pecadores la noción de que ellos pueden crear lo que
 Dios no puede, a saber, mortales pecadores a imagen de Dios,
27 así usurpando el nombre sin la naturaleza de la imagen o
 reflejo de la Mente divina; pero en la Ciencia nunca puede
 decirse que el hombre tiene una mente propia, distinta de
30 Dios, el todo Mente.


 La creencia de que Dios vive en la materia es panteísta.
 El error, que dice que el Alma está en el cuerpo, la Mente está
33 en la materia, y el bien está en el mal, debe desdecir eso y dejar



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1 de hacer tales declaraciones; de lo contrario, Dios continuará
 estando oculto para la humanidad, y los mortales pecarán
3 sin saber que están pecando, se apoyarán en la materia en
 lugar del Espíritu, tropezarán por la cojera, se caerán por la
 borrachera, se consumirán con enfermedades, todo por su
6 ceguera, su falso sentido acerca de Dios y el hombre.


 ¿Cuándo será desenmascarado el error de creer que hay
 vida en la materia y que el pecado, la enfermedad y la muerte
9 son creaciones de Dios? ¿Cuándo se compren-
 derá que la materia no tiene ni inteligencia, vida, perfecta
 ni sensación, y que la creencia opuesta es la fuente prolífica
12 de todo sufrimiento? Dios creó todo por medio de la Mente,
 e hizo todo perfecto y eterno. ¿Dónde está entonces, la
 necesidad de la recreación o la procreación?


15 Envueltos en las nieblas del error (el error de creer que
 la materia pueda ser inteligente para bien o mal), podemos
 obtener claras vislumbres de Dios sólo a medida Percepción
18 que las nieblas se disipan, o a medida que se


 disuelven hasta tal tenuidad que percibimos la
 imagen divina en alguna palabra o hecho que indica la idea
21 verdadera: la supremacía y realidad del bien, la nada e irreali-
 dad del mal.


 Cuando nos damos cuenta de que hay sólo una Mente,
24 la ley divina de amar a nuestro prójimo como a nosotros
 mismos es revelada; mientras que una creencia
 en muchas mentes gobernantes impide la incli-
27 nación normal del hombre hacia la Mente única, el Dios único,
 y guía el pensamiento humano por conductos opuestos
 donde reina el egoísmo.


30 El egoísmo inclina la balanza de la existencia humana
 hacia el lado del error, no hacia la Verdad. La negación de la
 unidad de la Mente arroja nuestro peso, no en el platillo del
33 Espíritu, Dios, el bien, sino en el de la materia.


 Cuando comprendemos plenamente nuestra relación con



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1 el Divino, no podemos tener ninguna otra Mente que la Suya,
 ningún otro Amor, sabiduría o Verdad, ningún otro sentido
3 de la Vida, y ninguna consciencia de la existencia de la
 materia o error.


 El poder de la voluntad humana debiera ser ejercido
6 únicamente en subordinación a la Verdad; de lo contrario,
 guiará mal el juicio y soltará las propensiones
 más bajas. Es de la incumbencia del sentido


9 espiritual gobernar al hombre. El pensamiento
 humano, material y que yerra, actúa perjudicialmente sobre
 el cuerpo y por medio de él.


12 La fuerza de voluntad es capaz de todo mal. Nunca
 puede sanar a los enfermos, porque es la oración del injusto;
 mientras que el ejercicio de los sentimientos —la esperanza,
15 la fe, el amor— es la oración del justo. Esta oración, gobernada
 por la Ciencia en vez de los sentidos, sana a los enfermos.


 En la relación científica entre Dios y el hombre, encontra-
18 mos que todo lo que bendice a uno bendice a todos, como lo
 mostró Jesús con los panes y los peces, por ser el Espíritu, no
 la materia, la fuente de provisión.


21 ¿Envía Dios la enfermedad, dando a la madre un hijo por
 el breve espacio de unos pocos años, y luego quitándoselo
 por medio de la muerte? ¿Está Dios creando de El nacimiento
24 nuevo lo que ya ha creado? Las Escrituras son


 terminantes sobre este punto, declarando que
 Su obra fue acabada, que nada es nuevo para Dios y que esa
27 obra era buena.


 ¿Puede haber nacimiento o muerte para el hombre, la
 imagen y semejanza espiritual de Dios? En lugar de enviar
30 la enfermedad y la muerte, Dios las destruye, y saca a luz la
 inmortalidad. La Mente omnipotente e infinita hizo todo e
 incluye todo. Esta Mente no comete equivocaciones y pos-
33 teriormente las corrige. Dios no hace que el hombre peque,
 esté enfermo o muera.


 Hay creencias malas, llamadas a menudo espíritus malos;



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1 pero estos males no son el Espíritu, pues no hay mal en el
 Espíritu. Puesto que Dios es Espíritu, el mal se hace más
3 aparente y detestable en la proporción en que
 avanzamos espiritualmente, hasta que desapa-
 rece de nuestras vidas. Este hecho comprueba nuestra posi-
6 ción, porque toda declaración científica en el cristianismo
 tiene su prueba. Un error en la declaración conduce a un
 error en la acción.


9 Dios no es el creador de una mente malvada. Por cierto,
 el mal no es la Mente. Tenemos que aprender que el mal es el
 horrible engaño e irrealidad de la existencia.
12 El mal no es supremo; el bien no está indefenso; del mal
 ni son primarias las así llamadas leyes de la materia y secun-
 daria la ley del Espíritu. Sin esta lección, perdemos de vista
15 al Padre perfecto, o el Principio divino del hombre.


 El cuerpo no es lo primero y el Alma lo último, ni es el
 mal más poderoso que el bien. La Ciencia del
18 ser repudia las imposibilidades evidentes de
 por sí, tal como la amalgamación de la Verdad y el error en
 causa o efecto. La Ciencia separa la cizaña del trigo al
21 tiempo de la siega.


 Sólo hay una única causa primaria. Por lo tanto, no puede
 haber efecto de ninguna otra causa, y no puede haber realidad
24 en nada que no proceda de esta causa grande y Una sola
 única. El pecado, la enfermedad, la dolencia y la causa primaria
 muerte no pertenecen a la Ciencia del ser. Ellos son los errores
27 que presuponen la ausencia de la Verdad, la Vida o el Amor.


 La realidad espiritual es el hecho científico en todas las
 cosas. El hecho espiritual, repetido en la acción del hombre
30 y de todo el universo, es armonioso y es el ideal de la Verdad.
 Los hechos espirituales no están invertidos; la discordia
 opuesta, que no tiene ninguna semejanza con la espiritualidad,
33 no es real. La única evidencia de esta inversión es obtenida



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1 del error supuesto, el cual no ofrece ninguna prueba de Dios,
 el Espíritu, o de la creación espiritual. El sentido material
3 define todas las cosas materialmente, y tiene un sentido finito
 de lo infinito.


 Las Escrituras dicen: “En Él vivimos, y nos movemos, y
6 tenemos nuestro ser”.* ¿Qué es entonces este aparente poder,
 independiente de Dios, que causa la enfermedad Autoridad
 y la cura? ¿Qué es, sino un error de creencia,


9 una ley de la mente mortal, equivocada en todo
 sentido, abrazando el pecado, la enfermedad y la muerte? Es el
 antípoda mismo de la Mente inmortal, de la Verdad y de la ley
12 espiritual. No está de acuerdo con la bondad del carácter de
 Dios que Él haga enfermar al hombre, luego deje que el hombre
 se sane a sí mismo; es absurdo suponer que la materia pueda
15 tanto causar la enfermedad como curarla o que el Espíritu,
 Dios, produzca la enfermedad y deje el remedio a la materia.


 John Young, de Edimburgo, escribe: “Dios es el padre de
18 la mente y de nada más”. Tal declaración es la “voz del que
 clama en el desierto” de las creencias humanas y prepara
 el camino de la Ciencia. Aprendamos de lo real y eterno, y
21 preparémonos para el reino del Espíritu, el reino de los cielos,
 el reino y gobierno de la armonía universal, que no puede
 perderse ni permanecer invisible para siempre.


24 La Mente, no la materia, es causalidad. Un cuerpo mate-
 rial sólo expresa una mente material y mortal. Un hombre
 mortal posee este cuerpo, y lo hace armonioso La enferme­dad
27 o discordante de acuerdo con las imágenes de


 pensamiento grabadas en él. Abrazas tu cuerpo
 en tu pensamiento, y debieras delinear en él pensamientos
30 de salud, no de enfermedad. Debieras expulsar todos los
 pensamientos de enfermedad y pecado y de otras creencias
 *Según la versión King James de la Biblia



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1 incluidas en la materia. El hombre, al ser inmortal, tiene una
 vida perfecta e indestructible. Es la creencia mortal lo que
3 hace el cuerpo discordante y enfermo en la proporción en
 que la ignorancia, el temor o la voluntad humana gobierna a
 los mortales.


6 La Mente, suprema sobre todas sus formaciones y gober-
 nándolas todas, es el sol central de sus propios sistemas de
 ideas, la vida y la luz de toda su vasta creación; Totalidad de
9 y el hombre es tributario a la Mente divina. El
 cuerpo o la mente material y mortal no es el hombre.


 El mundo se desplomaría sin la Mente, sin la inteligencia
12 que mantiene los vientos en sus puños. Ni la filosofía ni el
 escepticismo pueden impedir la marcha de la Ciencia que
 revela la supremacía de la Mente. El inmanente sentido del
15 poder-Mente realza la gloria de la Mente. La cercanía, no la
 distancia, da encanto a esta vista.


 Los minerales compuestos o el conjunto de sustancias
18 que componen la tierra, las relaciones que las masas consti-
 tuyentes mantienen entre sí, las magnitudes,
 distancias y revoluciones de los cuerpos celes-
21 tes, no tienen importancia verdadera, cuando recordamos
 que todos ellos tienen que dar lugar al hecho espiritual por la
 traducción del hombre y el universo nuevamente al Espíritu.
24 En la proporción en que esto se haga, se encontrará que el
 hombre y el universo son armoniosos y eternos.


 Las sustancias materiales o formaciones terrenales, los
27 cálculos astronómicos y toda la parafernalia de las teorías
 especulativas, basadas en las hipótesis de leyes materiales, o
 de vida e inteligencia residentes en la materia, se desvanece-
30 rán finalmente, sorbidos en el cálculo infinito del Espíritu.


 El sentido espiritual es una capacidad consciente y cons-
 tante de comprender a Dios. Muestra la superioridad de la fe



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1 por las obras sobre la fe en las palabras. Sus ideas son expre-
 sadas sólo en “nuevas lenguas”; y estas son interpretadas
3 mediante la traducción del original espiritual al lenguaje que
 el pensamiento humano pueda comprender.


 El Principio y la prueba del cristianismo son discernidos
6 mediante el sentido espiritual. Están expuestos en las
 demostraciones de Jesús, que muestran —por
 su curación de los enfermos, expulsión de los


9 males y destrucción de la muerte, “el postrer
 enemigo que será destruido”— su desestimación de la materia
 y sus así llamadas leyes.


12 Sabiendo que el Alma y sus atributos eran manifestados
 eternamente por medio del hombre, el Maestro sanaba a los
 enfermos, daba vista a los ciegos, oído a los sordos, pies a los
15 cojos, sacando a luz así la acción científica de la Mente divina
 sobre mentes y cuerpos humanos y dando una mejor com-
 prensión del Alma y la salvación. Jesús sanaba la enfermedad
18 y el pecado mediante el mismo y único proceso metafísico.


 La expresión mente mortal realmente es un solecismo,
 pues la Mente es inmortal, y la Verdad traspasa el error
21 de la mortalidad como un rayo de sol penetra
 la nube. Debido a que, en obediencia a la ley
 inmutable del Espíritu, esta así llamada mente se destruye a
24 sí misma, la denomino mortal. El error siembra vientos y
 recoge torbellinos.


 Lo que se llama materia, al no tener inteligencia, no puede
27 decir: “Sufro, muero, estoy enferma o estoy bien”. Es la así
 llamada mente mortal la que proclama esto y
 a la que le parece que realiza sus pretensiones.
30 Para el sentido mortal, el pecado y el sufrimiento son reales,
 pero el sentido inmortal no incluye ningún mal ni pestilencia.
 Debido a que el sentido inmortal no tiene error de sentido,
33 no tiene sentido de error; por lo tanto no tiene un elemento
 destructivo.



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1 Si el cerebro, los nervios, el estómago, son inteligentes
 —si nos hablan, nos dicen su condición e informan cómo
3 se sienten— entonces el Espíritu y la materia, la Verdad y el
 error, se entremezclan y producen la enfermedad y la salud,
 el bien y el mal, la vida y la muerte; ¿y quién dirá si es la
6 Verdad o el error el mayor?


 Las sensaciones del cuerpo tienen que ser, o bien las
 sensaciones de una así llamada mente mortal o las de la
9 materia. Los nervios no son mente. ¿No es
 comprobable que la Mente no es mortal y que la tiene sensación
 materia no tiene sensación? ¿No es igualmente cierto que
12 la materia no aparece en la comprensión espiritual del ser?


 La sensación de enfermedad y el impulso de pecar
 parecen encontrarse en la mente mortal. Cuando brota una
15 lágrima, ¿no es esta así llamada mente la que produce el
 efecto visible en la glándula lacrimal? Sin la mente mortal,
 la lágrima no podría aparecer; y esta acción muestra la
18 naturaleza de todo lo así llamado causa y efecto materiales.


 Ya no debiera decirse en Israel que “los padres comieron
 las uvas agrias, y los dientes de los hijos tienen la dentera”.
21 La simpatía hacia el error debiera desaparecer. La Ciencia
 hace imposible la transmisión de pensamientos de una mente
 que yerra a otra.


24 Si es verdad que los nervios tienen sensación, que la
 materia tiene inteligencia, que el organismo material es lo
 que causa que los ojos vean y los oídos oigan,
27 entonces, cuando el cuerpo se desmaterializa,
 estas facultades tienen que perderse, porque su inmortalidad
 no está en el Espíritu; mientras que el hecho es que sólo por la
30 desmaterialización y espiritualización del pensamiento puede
 concebirse que estas facultades son inmortales.


 Los nervios no son la fuente del dolor o del placer. Sufrimos



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1 o gozamos en nuestros sueños, pero este dolor o placer no es
 comunicado por medio de un nervio. Un diente que ha sido
3 extraído a veces vuelve a doler en la creencia y el dolor parece
 estar en su antiguo lugar. Un miembro que ha sido ampu-
 tado ha continuado en la creencia causando dolor a su dueño.
6 Si la sensación de dolor en el miembro puede volver, puede
 prolongarse, ¿por qué no puede reaparecer el miembro?


 ¿Por qué ha de venir el dolor, en vez del placer, a este
9 sentido mortal? Porque el recuerdo del dolor es más vívido
 que el recuerdo del placer. He visto un intento inconsciente
 de rascar la punta de un dedo amputado hacía varios meses.
12 Cuando ya no está el nervio que decimos que había ocasio-
 nado el dolor, y el dolor aún persiste, se comprueba que la
 sensación está en la mente mortal, no en la materia. Revierte
15 el proceso; quita esta así llamada mente en vez de un pedazo
 de carne, y los nervios no tienen sensación.


 Los mortales tienen un método propio, que no es dirigido
18 ni sostenido por Dios. Producen una rosa por medio de
 semilla y tierra, y ponen la rosa en contacto con Falsedades
 los nervios olfatorios para olerla. En la presti-
21 digitación y el crédulo frenesí, los mortales creen que espíri-
 tus invisibles producen las flores. Sólo Dios crea y viste los
 lirios del campo, y esto lo hace por medio de la Mente, no de
24 la materia.


 Debido a que todos los métodos de la Mente no son
 comprendidos, decimos que los labios o las manos han de
27 moverse para comunicar el pensamiento, que
 las ondas del aire transmiten el sonido, y posi-


 blemente que otros métodos entrañan los así
30 llamados milagros. Las realidades del ser, su acción normal
 y el origen de todas las cosas son invisibles para el sentido
 mortal; mientras que los movimientos irreales e imitativos de la
33 creencia mortal, que quisieran revertir el método y la acción



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1 inmortales, son considerados como reales. Quienquiera que
 contradiga esta suposición de la mente mortal acerca de la
3 realidad es llamado un engañador, o se dice que está engañado.
 Se ha dicho de un hombre: “Cual es su pensamiento en su
 corazón, tal es él”; de ahí que como comprende espiritualmente
6 un hombre, tal es él en verdad.


 La mente mortal concibe alguna cosa como líquida o sólida
 y luego la clasifica materialmente. Los hechos inmortales y
9 espirituales existen aparte de esta concepción
 mortal y material. Dios, el bien, existe y se
 expresa por Sí mismo, aunque sea indefinible como un todo.
12 Cada paso hacia la bondad es un alejamiento de la materiali-
 dad y es una tendencia hacia Dios, el Espíritu. Las teorías
 materiales paralizan parcialmente esta atracción hacia el bien
15 infinito y eterno mediante una atracción opuesta hacia lo
 finito, temporario y discordante.


 El sonido es una impresión mental hecha en la creencia
18 mortal. El oído realmente no oye. La Ciencia divina revela
 que el sonido es comunicado mediante los sentidos del Alma,
 mediante la comprensión espiritual.


21 Mozart sentía más de lo que expresaba. El éxtasis de sus
 más grandiosas sinfonías jamás fue oído. Fue un músico
 superior a lo que el mundo conocía. Esto era


24 aún más notablemente cierto con respecto a
 Beethoven, quien por mucho tiempo fue irre-
 mediablemente sordo. Las melodías y los sones mentales de la
27 música más dulce superan el sonido del que se está consciente.
 La música es el ritmo de la cabeza y del corazón. La mente
 mortal es el arpa de muchas cuerdas, que emite discordancia
30 o armonía, según sea humana o divina la mano que la tañe.


 Antes que el conocimiento humano se hundiera profun-
 damente en un falso sentido de las cosas —en una creencia en
33 orígenes materiales que desechan la Mente única y la verdadera



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1 fuente del ser— es posible que las impresiones provenientes
 de la Verdad fueran tan claras como el sonido, y que llegaran
3 como sonido a los profetas primitivos. Si el medio para oír es
 enteramente espiritual, es normal e indestructible.


 Si la percepción de Enoc hubiera estado confinada en la
6 evidencia ante sus sentidos materiales, jamás hubiera podido
 “caminar con Dios” ni ser guiado a la demostración de la
 vida eterna.


9 Adán, representado en las Escrituras como formado del
 polvo, es una lección objetiva para la mente humana. Los
 sentidos materiales, igual que Adán, se originan Adán y
12 en la materia y vuelven al polvo: se comprueba los sentidos
 que no tienen inteligencia. Salen como entraron, porque aún
 son el error, no la verdad del ser. Cuando se aprenda que el
15 sentido espiritual, y no el material, transmite las impresiones
 de la Mente al hombre, entonces el ser será comprendido y se
 hallará que es armonioso.


18 Nos postramos ante la materia, y abrigamos pensamientos
 finitos acerca de Dios como el idólatra pagano. Los mortales
 se inclinan a temer y a obedecer lo que consi-
21 deran un cuerpo material más que a un Dios
 espiritual. Todo conocimiento material, tal como el primi-
 tivo “árbol del conocimiento”*, les multiplica sus dolores,
24 pues las ilusiones mortales quisieran robar a Dios, matar al
 hombre, y mientras tanto quisieran aderezar su mesa con
 bocados caníbales y dar las gracias.


27 ¡Qué sentido tan transitorio es la vista mortal, si pensamos
 que una herida en la retina puede acabar con el poder de la luz
 y del cristalino! Pero la vista verdadera o el
30 sentido verdadero no se pierde. Ni la edad ni los del Alma
 accidentes pueden interferir los sentidos del Alma, y no existen
 otros sentidos que sean verdaderos. Es evidente que el cuerpo,
33 como materia, no tiene sensación propia, y no hay olvido para
 el Alma y sus facultades. Los sentidos del Espíritu no tienen
 *Según la versión King James de la Biblia



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1 dolor, y están siempre en paz. Nada puede ocultarles la
 armonía de todas las cosas y el poder y la permanencia de
3 la Verdad.


 Si el Espíritu, el Alma, pudiera pecar o perderse, entonces
 el ser y la inmortalidad se perderían, junto con todas las
6 facultades de la Mente; pero el ser no puede
 perderse mientras Dios exista. El Alma y la
 materia están necesariamente en desacuerdo debido a sus
9 naturalezas opuestas. Los mortales no conocen la realidad de
 la existencia, porque la materia y la mortalidad no reflejan las
 verdades del Espíritu.


12 La visión espiritual no está subordinada a altitudes
 geométricas. Todo lo que es gobernado por Dios jamás está,
 ni por un instante, privado de la luz y el poder de la inteligen-
15 cia y la Vida.


 A veces somos llevados a creer que la oscuridad es tan real
 como la luz; pero la Ciencia afirma que la oscuridad es sólo
18 un sentido mortal de la ausencia de la luz, a
 cuya llegada la oscuridad pierde la apariencia
 de realidad. Así el pecado y el pesar, la enfermedad y la
21 muerte, son la supuesta ausencia de la Vida, Dios, y huyen
 como fantasmas del error ante la verdad y el amor.


 Con su prueba divina, la Ciencia revierte la evidencia del
24 sentido material. Toda cualidad y condición de la mortalidad
 se pierde, sorbida en la inmortalidad. El hombre mortal es el
 antípoda del hombre inmortal en origen, en existencia y en su
27 relación con Dios.


 Porque comprendía la superioridad e inmortalidad del
 bien, Sócrates no temió el veneno de la cicuta. La fe misma de
30 su filosofía desdeñó el temor físico. Habiendo
 buscado el estado espiritual del hombre, reco-
 noció la inmortalidad del hombre. La ignorancia y la mali-
33 cia de aquella época hubieran matado al venerable filósofo



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1 a causa de su fe en el Alma y su indiferencia por el cuerpo.


 ¿Quién dirá que el hombre está vivo hoy, pero que puede
3 estar muerto mañana? ¿Qué es lo que ha motivado a la Vida,
 Dios, a tan extraños resultados? Aquí cesan las La serpiente,
 teorías, y la Ciencia devela el misterio y resuelve el error
6 el problema del hombre. El error muerde el calcañar de la
 verdad, pero no puede matar la verdad. La Verdad hiere la
 cabeza del error, destruye el error. La espiritualidad asedia
9 abiertamente el materialismo. ¿De qué lado estamos peleando?


 La comprensión de que el Ego es la Mente, y de que
 hay una sola Mente o inteligencia, comienza de inmediato
12 a destruir los errores del sentido mortal y a
 proporcionar la verdad del sentido inmortal.
 Esta comprensión hace el cuerpo armonioso; hace de los
15 nervios, los huesos, el cerebro, etc., siervos, en lugar de amos.
 Si el hombre es gobernado por la ley de la Mente divina, su
 cuerpo está en sumisión a la Vida, la Verdad y el Amor
18 eternos. La gran equivocación de los mortales es suponer
 que el hombre, la imagen y semejanza de Dios, es a la vez
 materia y Espíritu, a la vez bueno y malo.


21 Si la decisión se dejara a los sentidos corporales, el mal
 parecería ser el amo del bien, y la enfermedad ser la regla de
 la existencia, mientras que la salud parecería la excepción, la
24 muerte lo inevitable, y la vida una paradoja. Pablo preguntó:
 “¿Qué concordia [tiene] Cristo con Belial?” (2 Corintios 6:15).


 Cuando dices: “El cuerpo del hombre es material”, yo
27 digo con Pablo: Desea más bien “estar [ausente] del cuerpo,
 y [presente] al Señor”. Abandona tu creencia
 material de que hay mente en la materia, y ten
30 una sola Mente, a saber, Dios; porque esta Mente forma



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1 su propia semejanza. La pérdida de la identidad del hombre
 por medio del entendimiento que la Ciencia confiere es
3 imposible; y la noción de tal posibilidad es más absurda que
 concluir que los tonos musicales individuales se pierden en
 el origen de la armonía.


6 Las escuelas médicas pueden informarnos que la obra
 sanadora de la Ciencia Cristiana y la conversión cristiana y
 experiencia peculiares de Pablo —que comprue-
9 ban que la Mente se distingue científicamente de de Pablo
 la materia— son indicios de condiciones mentales y corpo-
 rales innaturales, incluso de catalepsia e histeria; sin
12 embargo si acudimos a las Escrituras, ¿qué leemos? Pues
 esto: “¡El que guarda mi palabra, nunca verá muerte!” y
 “¡De aquí en adelante a nadie conocemos según la carne!”


15 Que los métodos científicos son superiores a otros, se ve
 por sus efectos. Una vez que has vencido una condición
 enfermiza del cuerpo por medio de la Mente, esa La fatiga
18 condición jamás recurre, y has ganado un punto es mental
 en la Ciencia. Cuando la mentalidad dé reposo al cuerpo,
 la próxima tarea te fatigará menos, porque estás resolviendo
21 el problema del ser en la metafísica divina; y en la proporción
 en que comprendas el control que la Mente tiene sobre la así
 llamada materia, serás capaz de demostrar este control.
24 El remedio científico y permanente para la fatiga es aprender
 el poder de la Mente sobre el cuerpo o sobre cualquier ilusión
 de cansancio físico, y así destruir esta ilusión, porque la
27 materia no puede estar cansada y sobrecargada.


 Dices: “El trabajo me fatiga”. Pero ¿qué es este me?
 ¿Es músculo o mente? ¿Cuál es el que está cansado y habla
30 así? Sin la mente, ¿podrían los músculos estar cansados?
 ¿Hablan los músculos, o hablas tú por ellos? La materia no



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1 es inteligente. La mente mortal lleva a cabo la conversación
 falsa, y aquello que afirma el cansancio, produjo ese cansancio.


3 Tú no dices que una rueda está fatigada; y sin embargo, el
 cuerpo es tan material como la rueda. Si no fuera por lo que
 la mente humana dice del cuerpo, el cuerpo,
6 igual que la rueda inanimada, nunca se cansaría. se fatiga
 Tener consciencia de la Verdad nos descansa más que horas
 de reposo en la inconsciencia.


9 Se supone que el cuerpo dice: “Estoy enfermo”. Los infor-
 mes de la enfermedad pueden formar una coalición con los
 informes del pecado, y decir: “Soy la malicia, la
12 lujuria, el apetito, la envidia, el odio”. Lo que


 hace que tanto el pecado como la enfermedad
 sean difíciles de curar es que la mente humana es la pecadora,
15 reacia a corregirse a sí misma, y cree que el cuerpo puede
 enfermarse independientemente de la mente mortal y que la
 Mente divina no tiene jurisdicción sobre el cuerpo.


18 ¿Por qué orar por la recuperación de los enfermos, si no
 tienes fe en la buena voluntad y capacidad de Dios para
 sanarlos? Si crees en Dios, ¿por qué sustituyes
21 con medicamentos el poder del Todopoderoso, afín al pecado
 y empleas medios que conducen sólo a modos materiales de
 obtener ayuda, en vez de volverte en la hora de necesidad hacia
24 Dios, el Amor divino, que es un socorro siempre presente?


 Trata una creencia en la enfermedad como tratarías el
 pecado, con rechazo súbito. Resiste la tentación de creer en la
27 materia como si fuera inteligente, como si tuviera sensación o
 poder.


 Las Escrituras dicen: “Los que esperan a Jehová... correrán,
30 y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán”. El significado
 de ese pasaje no se pervierte al aplicarlo literalmente a los
 momentos de fatiga, porque lo moral y lo físico son como uno
33 en sus resultados. Cuando despertemos a la verdad del ser,



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1 toda enfermedad, dolor, debilidad, cansancio, pesar, pecado,
 muerte, serán desconocidos, y el sueño mortal cesará para
3 siempre. Mi método de tratar la fatiga se aplica a todas las
 dolencias corporales, puesto que la Mente debería ser, y es,
 suprema, absoluta y definitiva.


6 En matemática, no multiplicamos cuando debiéramos
 restar, y luego decimos que el producto es correcto. Tampoco
 podemos decir en la Ciencia que los músculos
9 dan fuerzas, que los nervios dan dolor o placer, y resultado
 o que la materia gobierna, y luego esperar que el resultado sea
 la armonía. No son los músculos, los nervios, ni los huesos,
12 sino la mente mortal la que hace que todo el cuerpo esté
 “enfermo, y todo el corazón desfallecido”*; mientras que la
 Mente divina sana.


15 Cuando esto sea entendido, nunca afirmaremos con
 respecto al cuerpo lo que no deseamos ver manifestado.
 No llamaremos débil al cuerpo, si lo queremos fuerte; porque
18 la creencia en la debilidad tiene que encontrarse en la mente
 humana antes de que pueda manifestarse en el cuerpo, y la
 destrucción de la creencia será la eliminación de sus efectos.
21 La Ciencia no incluye reino de discordia, sino que gobierna
 armoniosamente. “El deseo”, dice el poeta, “es siempre padre
 del pensamiento”.


24 Podemos oír una dulce melodía y, sin embargo, malenten-
 der la ciencia que la gobierna. Aquellos que son sanados a
 través de la Ciencia metafísica, al no comprender Comienzo
27 el Principio de la curación, pueden malenten-
 derlo, y atribuir su recuperación a un cambio de aire o de dieta,
 sin rendirle a Dios el honor debido a Él solo. La inmunidad
30 completa contra la creencia en el pecado, el sufrimiento y la
 muerte puede que no se alcance en este período, pero podemos
 esperar una disminución de estos males; y este comienzo
33 científico está en la dirección correcta.
 *Según la versión King James de la Biblia



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1 Oímos decir: “Diariamente hago ejercicios al aire libre.
 Tomo baños fríos para vencer una predisposición a resfriarme;
3 y sin embargo, tengo continuos resfriados,
 catarros y tos”. Tales admisiones debieran
 abrirle los ojos a la gente sobre la ineficacia de la higiene
6 material, e inducir a los sufrientes a buscar la causa y la cura
 en otras direcciones.


 El instinto es mejor que la razón mal dirigida, como lo
9 declara la naturaleza misma. La violeta alza sus ojos azules
 para saludar la primavera temprana. Las hojas aplauden cual
 adoradoras incansables de la naturaleza. El pinzón de las
12 nieves canta y se remonta entre ráfagas de viento; no tiene
 catarro por haberse mojado las patas, y consigue una residen-
 cia de verano con más facilidad que un nabab. La atmósfera
15 de la tierra, más benigna que la atmósfera de la mente mortal,
 le deja a esta el catarro. Los resfriados, la tos y el contagio son
 engendrados únicamente por las teorías humanas.


18 La mente mortal produce sus propios fenómenos, y luego
 los atribuye a otra cosa, como un gatito que se
 mira en el espejo y piensa que ve otro gatito.


21 Una vez un clérigo adoptó una dieta de pan y agua para
 aumentar su espiritualidad. Al encontrar que su salud se
 debilitaba, abandonó su abstinencia, y aconsejó a otros que
24 nunca recurrieran a la dietética para crecer en gracia.


 La creencia de que el ayuno o la comida abundante mejora
 a los hombres moral o físicamente es uno de los frutos del
27 “árbol del conocimiento del bien y del mal”*,
 del cual Dios dijo: “No comeréis de él”. La
 mente mortal forma todas las condiciones del cuerpo mortal
30 y controla el estómago, los huesos, los pulmones, el corazón,
 la sangre, etc., tan directamente como la volición o la volun-
 tad mueve la mano.
 *Según la versión King James de la Biblia



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1 Conocí a una persona que desde la niñez adoptó el sistema
 de Graham para curar la dispepsia. Durante muchos años,
3 sólo comió pan y verduras, y no bebió más que Inanición y
 agua. Habiéndose agravado su dispepsia, decidió dispepsia
 que su dieta debía ser más estricta, y de ahí en adelante tomó
6 sólo una comida cada veinticuatro horas, esta comida consis-
 tía en una sola rebanada delgada de pan, sin agua. Su médico
 también le recomendó que no mojara su reseca garganta
9 hasta después de tres horas de haber comido. Pasó muchos
 penosos años hambriento y débil, casi en estado de inanición,
 y finalmente decidió morir, habiendo agotado la pericia de
12 los médicos, quienes bondadosamente le informaron que su
 única alternativa era ciertamente la muerte. En este punto la
 Ciencia Cristiana lo salvó, y ahora goza de perfecta salud, sin
15 vestigio alguno del antiguo padecimiento.


 Él aprendió que el sufrimiento y la enfermedad eran
 las creencias que los mortales se imponen a sí mismos y no
18 las verdades del ser; que Dios jamás decretó la enfermedad,
 jamás promulgó una ley por la cual el ayuno debiera ser un
 medio de obtener la salud. De ahí que la casi inanición no
21 es aceptable para la sabiduría, y está igualmente lejos de la
 Ciencia, en la cual el ser está sostenido por Dios, la Mente.
 Estas verdades, al abrirle los ojos, le aliviaron el estómago,
24 y comió sin sufrimiento, “dando gracias a Dios”; pero nunca
 disfrutó de su alimento como había imaginado que lo haría
 cuando, aún esclavo de la materia, pensaba en las ollas de
27 carne de Egipto, sintiendo el hambre de la niñez y sin estar
 disciplinado por la negación del yo y la Ciencia divina.


 Esta comprensión recién nacida, de que ni los alimentos
30 ni el estómago, sin el consentimiento de la
 mente mortal, pueden hacer que uno sufra,
 trae consigo otra lección: que la gula es una ilusión sensual,



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1 y que este fantasma de la mente mortal desaparece a medida
 que comprendemos mejor nuestra existencia espiritual y
3 ascendemos la escala de la vida.


 Esta persona aprendió que el alimento afecta el cuerpo
 sólo porque la mente mortal tiene sus métodos materiales de
6 operación, uno de los cuales es creer que el alimento apro-
 piado suministra nutrición y fuerza al organismo humano.
 También aprendió que la mente mortal hace un cuerpo
9 mortal, en tanto que la Verdad regenera esa mente carnal y
 alimenta el pensamiento con el pan de la Vida.


 El alimento tuvo menos poder para ayudarlo o perjudi-
12 carlo después que se valió del hecho de que la Mente gobierna
 al hombre, y que también tuvo menos fe en los así llamados
 placeres y dolores de la materia. Afanándose menos por lo
15 que había de comer o beber, consultando menos el estómago
 y más a Dios sobre la economía de vivir, recuperó sus fuerzas
 y peso rápidamente. Por muchos años había sido mantenido
18 vivo, según se creía, sólo por haberse adherido más estric-
 tamente a la higiene y a los medicamentos y, sin embargo,
 seguía enfermo todo el tiempo. Entonces abandonó los
21 medicamentos y la higiene material y quedó sano.


 Aprendió que un dispéptico estaba muy lejos de ser la
 imagen y semejanza de Dios, lejos de “[señorear] en los peces
24 del mar, en las aves de los cielos, en las bestias”, si comer un
 trozo de carne animal podía dominarlo. Finalmente llegó a
 la conclusión de que Dios jamás hizo un dispéptico, mientras
27 que el temor, la higiene, la fisiología y la física habían hecho
 que él lo fuera, en contra de los mandatos de Dios.


 Al buscar una cura para la dispepsia, no consultes en
30 manera alguna la materia, y come lo que te
 pongan delante “sin preguntar nada por moti-
 vos de conciencia”. Tenemos que destruir la creencia falsa de
33 que la vida y la inteligencia están en la materia, y plantarnos



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1 en lo que es puro y perfecto. Pablo dijo: “Andad en el Espíritu,
 y no satisfagáis los deseos de la carne”. Tarde o temprano
3 aprenderemos que las cadenas de la capacidad finita del
 hombre son forjadas por la ilusión de que él vive en el cuerpo,
 no en el Alma, en la materia, no en el Espíritu.


6 La materia no expresa el Espíritu. Dios es el Espíritu
 infinito y omnipresente. Si el Espíritu es todo y está en
 todas partes, ¿qué es y dónde está la materia?
9 Recuerda que la verdad es mayor que el error, que el cuerpo
 y no podemos poner lo mayor dentro de lo menor. El Alma
 es el Espíritu, y el Espíritu es mayor que el cuerpo. Si el
12 Espíritu alguna vez estuvo dentro del cuerpo, el Espíritu sería
 finito, y por lo tanto, no podría ser Espíritu.


 La pregunta: “¿Qué es la Verdad?” convulsiona el mundo.
15 Muchos están prontos para dar respuesta a esta pregunta con
 la seguridad que proviene de la comprensión;
 pero son más los que están cegados por sus
18 antiguas ilusiones y tratan de “demorar la respuesta”. “Si el
 ciego guiare al ciego, ambos caerán en el hoyo”.


 Los esfuerzos del error para responder esta pregunta
21 mediante alguna ología son vanos. La racionalidad espiritual
 y el libre pensamiento acompañan la Ciencia que está aproxi-
 mándose y no pueden ser reprimidos. Ellos emanciparán a la
24 humanidad, y reemplazarán los métodos no científicos y las
 así llamadas leyes.


 Las campanadas que debieran despertar el pensamiento
27 adormecido de su sueño erróneo son parcialmente desoídas;
 pero la final trompeta no ha sonado, o esto no
 sería así. Maravillas, calamidades y pecados
30 abundarán mucho más a medida que la verdad urja a los
 mortales con sus reivindicaciones resistidas; pero la terrible
 osadía del pecado destruye el pecado, y presagia el triunfo de
33 la verdad. Dios hará que haya trastorno, hasta que “venga
 Aquel cuyo es el derecho”. La longevidad está aumentando



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1 y el poder del pecado disminuyendo, pues el mundo siente el
 efecto alterativo de la verdad a través de todos los poros.


3 A medida que las crudas huellas del pasado desaparezcan
 de los senderos del presente que se están disolviendo, com-
 prenderemos mejor la Ciencia que gobierna estos cambios,
6 y plantaremos nuestros pies en terreno más firme. Todo
 placer o dolor sensorio se destruye a sí mismo mediante el
 sufrimiento. Debiera haber progreso sin dolor, acompañado
9 de vida y paz en vez de discordia y muerte.


 En los registros de diecinueve siglos, hay muchas sectas
 pero no suficiente cristianismo. Siglos atrás, los fanáticos
12 religiosos estaban dispuestos a aclamar a un
 Dios antropomórfico y ataviar a Su represen-
 tante con pompa y esplendor; mas no fue esta la manera en
15 que apareció la verdad. Antaño fue la cruz el signo central
 de la verdad, y lo es hoy. El látigo moderno es menos mate-
 rial que el azote romano, pero es igualmente cortante. El frío
18 desdén, la resistencia obstinada, la oposición de las iglesias,
 de las leyes del estado y de la prensa, siguen siendo los pre-
 cursores del pleno aparecer de la verdad.


21 Un cristianismo más elevado y más práctico, que demues-
 tra justicia y satisface las necesidades de los mortales en la
 enfermedad y en la salud, se halla a la puerta de esta época,
24 pidiendo ser admitido. ¿Vas a abrir o a cerrar la puerta a este
 ángel visitante, quien llega en la quietud de la mansedumbre,
 como antaño vino al patriarca a mediodía?


27 La Verdad trae los elementos de la libertad. Sobre su
 estandarte está el lema inspirado por el Alma: “La esclavi-
 tud está abolida”. El poder de Dios libera al
30 cautivo. Ningún poder puede resistir el Amor
 divino. ¿Qué es este supuesto poder que se opone a Dios?



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1 ¿De dónde viene? ¿Qué es aquello que ata al hombre con
 cadenas de hierro al pecado, la enfermedad y la muerte?
3 Todo lo que esclavice al hombre es opuesto al gobierno
 divino. La Verdad hace libre al hombre.


 Puedes reconocer cuando la Verdad empieza a liderar
6 por el escaso número y la fidelidad de sus seguidores. Así es
 como la marcha del tiempo lleva hacia adelante Ordalías de
 el estandarte de la libertad. Los poderes de este la verdad
9 mundo lucharán, y ordenarán a sus centinelas que no dejen
 que la verdad trasponga la guardia hasta que se suscriba a sus
 sistemas; pero la Ciencia, no haciendo caso a las bayonetas
12 caladas, sigue su marcha. Siempre hay algún tumulto, pero
 hay quienes cierran filas alrededor del estandarte de la verdad.


 La historia de los Estados Unidos, como toda historia,
15 ilustra el poder de la Mente, y muestra que el poder humano
 es proporcional al modo correcto de pensar
 que incorpora. Unas pocas frases inmortales,
18 exhalando la omnipotencia de la justicia divina, han sido
 potentes como para romper cadenas despóticas y abolir el
 poste de azotar y el mercado de esclavos; pero la opresión no
21 terminó a causa del derramamiento de sangre, ni salió el soplo
 de la libertad de la boca del cañón. El Amor es el libertador.


 La abolición legal de la servidumbre no remunerada en
24 los Estados Unidos fue difícil; pero la abolición de la esclavi-
 tud mental es tarea más ardua. Las tendencias La esclavitud
 despóticas, inherentes a la mente mortal y que abolida
27 continuamente germinan en nuevas formas de tiranía, tienen
 que ser desarraigadas mediante la acción de la Mente divina.


 Hombres y mujeres de todas las regiones y las razas todavía
30 son esclavos del sentido material, ignorantes de cómo obtener
 su libertad. Los derechos del hombre fueron vindicados en
 una sola región y en el plano más bajo de la vida humana,



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1 cuando la esclavitud africana fue abolida en los Estados Unidos.
 Eso sólo fue un presagio de más pasos hacia la proscripción
3 de una esclavitud mundial, que se halla en planos más eleva-
 dos de la existencia y bajo formas más sutiles y depravadoras.


 La voz de Dios a favor del esclavo africano aún resonaba
6 en los Estados Unidos, cuando la voz del heraldo de esta
 nueva cruzada dio la nota tónica de la libertad
 universal, pidiendo un reconocimiento más
9 pleno de los derechos del hombre como Hijo de Dios, exi-
 giendo que las cadenas del pecado, la enfermedad y la muerte
 fueran removidas de la mente humana y que su libertad fuera
12 ganada, no mediante la guerra entre los hombres, no con
 bayoneta y sangre, sino mediante la Ciencia divina del Cristo.


 Dios ha construido una plataforma más elevada de dere-
15 chos humanos, y la ha construido sobre reivindicaciones más
 divinas. Estas reivindicaciones no son hechas
 por medio de códigos o credos, sino en demos-
18 tración de “en la tierra paz, buena voluntad para con los
 hombres”. Los códigos humanos, la teología escolástica, la
 medicina y la higiene materiales encadenan la fe y la com-
21 prensión espiritual. La Ciencia divina parte estas cadenas, y
 el derecho inherente del hombre de tributar homenaje sólo a
 su Hacedor se impone a sí mismo.


24 Vi ante mí a los enfermos, consumiendo años de servi-
 dumbre a un amo irreal en la creencia de que los gobernaba
 el cuerpo, en vez de la Mente.


27 A los lisiados, los sordos, los mudos, los ciegos, los
 enfermos, los sensuales, los pecadores, quise salvar de
 la esclavitud de sus propias creencias y de los
30 sistemas educativos de los faraones, quienes
 hoy, como antaño, mantienen a los hijos de Israel en servi-
 dumbre. Vi ante mí el terrible conflicto, el Mar Rojo y el
33 desierto; pero seguí avanzando con fe en Dios, confiando
 en la Verdad, el fuerte libertador, para que me guiara hacia



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1 la tierra de la Ciencia Cristiana, donde las cadenas caen y los
 derechos del hombre son plenamente conocidos y reconocidos.


3 Vi que la ley de la creencia mortal incluía todo error, y que
 así como las leyes opresoras son combatidas y se les enseña
 a los mortales su derecho a la libertad, así las
6 pretensiones de los sentidos que esclavizan


 deben ser negadas y reemplazadas. La ley de
 la Mente divina tiene que acabar con la servidumbre humana,
9 o los mortales continuarán sin conocer los derechos inaliena-
 bles del hombre y sujetos a una esclavitud sin esperanza,
 porque algunos educadores públicos permiten una ignorancia
12 respecto al poder divino, una ignorancia que es el fundamento
 de continua servidumbre y de sufrimiento humano.


 Al discernir los derechos del hombre, no podemos dejar de
15 prever el fin de toda opresión. La esclavitud no es el estado
 legítimo del hombre. Dios hizo libre al hombre. Libertad
 Pablo dijo: “Soy libre de nacimiento”.* Todos
18 los hombres debieran ser libres. “Donde está el Espíritu del
 Señor, allí hay libertad”. El Amor y la Verdad liberan, pero
 el mal y el error conducen al cautiverio.


21 La Ciencia Cristiana alza el estandarte de la libertad y
 exclama: “¡Seguidme! ¡Escapad de la esclavitud de la enfer-
 medad, del pecado y de la muerte!” Jesús trazó Estandarte
24 el camino. Ciudadanos del mundo, ¡aceptad la de la libertad
 “libertad gloriosa de los hijos de Dios”, y sed libres! Este es
 vuestro derecho divino. La ilusión del sentido material, y no
27 la ley divina, os ha atado, enredado vuestros miembros libres,
 mutilado vuestras capacidades, debilitado vuestro cuerpo, y
 desfigurado la tabla de vuestro ser.


30 Si Dios hubiese instituido leyes materiales para gobernar
 al hombre, la desobediencia a las cuales hubiera enfermado al
 hombre, Jesús no hubiera desestimado esas leyes, sanando en
 *Según la versión King James de la Biblia



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1 directa oposición a ellas y en desafío a todas las condiciones
 materiales.


3 La transmisión de la enfermedad o de ciertas idiosincrasias
 de la mente mortal sería imposible si se aprendiera esta gran
 realidad del ser, a saber, que nada inarmónico
6 puede entrar en el ser, porque la Vida es Dios.
 La herencia es un tema prolífico para que la creencia mortal
 prenda sus teorías; pero si aprendemos que nada es real sino
9 lo justo, no tendremos herencias peligrosas, y los males de la
 carne desaparecerán.


 La esclavización del hombre no es legítima. Cesará cuando
12 el hombre tome posesión de su legado de libertad, su dominio
 dado por Dios sobre los sentidos materiales.
 Algún día los mortales impondrán su libertad


15 en el nombre de Dios Todopoderoso. Entonces
 controlarán sus propios cuerpos mediante la comprensión de
 la Ciencia divina. Al abandonar sus creencias actuales, recono-
18 cerán la armonía como la realidad espiritual y la discordancia
 como la irrealidad material.


 Si seguimos el mandato de nuestro Maestro: “No os afanéis
21 por vuestra vida”, jamás dependeremos de las condiciones, la
 estructura o el funcionamiento orgánico corpóreos, sino que
 seremos amos del cuerpo, dictaremos sus condiciones, y lo
24 formaremos y controlaremos con la Verdad.


 No existe poder aparte de Dios. La omnipotencia tiene
 todo el poder, y reconocer cualquier otro poder es des-
27 honrar a Dios. El humilde Nazareno derrocó
 la suposición de que el pecado, la enfermedad


 y la muerte tienen poder. Él comprobó que
30 eran impotentes. El orgullo de los sacerdotes debió haberse
 sentido humillado cuando vieron que la demostración del
 cristianismo superaba la influencia de su fe muerta y de sus
33 muertas ceremonias.



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1 Si la Mente no es el amo del pecado, la enfermedad y la
 muerte, ellos son inmortales, pues ya está comprobado que
3 la materia no los ha destruido, sino que es su base y apoyo.


 Debiéramos vacilar antes de decir que Jehová peca o
 sufre; pero si el pecado y el sufrimiento son las realidades del
6 ser, ¿de dónde emanaron? Dios hizo todo lo
 que ha sido hecho, y la Mente significa Dios,
 la infinitud, no la finitud. No muy alejada de la infidelidad
9 está la creencia que une a tales opuestos como la enfermedad
 y la salud, la santidad y la impiedad, que llama a ambos los
 vástagos del espíritu, y al mismo tiempo admite que el Espíritu
12 es Dios, virtualmente declarándolo bueno en un caso y malo
 en el otro.


 Mediante consenso universal, la creencia mortal se ha
15 constituido a sí misma en una ley para atar a los mortales a
 la enfermedad, al pecado y a la muerte. Esta
 creencia generalizada es llamada equivocada-
18 mente ley material, y el individuo que la defiende está equi-
 vocado en la teoría y en la práctica. La así llamada ley de la
 mente mortal, conjetural y especulativa, es anulada por la ley
21 de la Mente inmortal, y una ley falsa debe ser pisoteada.


 Si Dios hace que el hombre enferme, la enfermedad debe
 ser buena, y su opuesto, la salud, debe ser mala, porque todo lo
24 que Él crea es bueno y perdurará para siempre. La enferme­dad
 Si la transgresión de la ley de Dios produce la


 enfermedad, es correcto enfermarse; y no podría-
27 mos si quisiéramos, y no debiéramos si pudiéramos, anular
 los decretos de la sabiduría. Es la transgresión de una
 creencia de la mente mortal, no de una ley de la materia ni
30 de la Mente divina, lo que causa la creencia en la enferme-
 dad. El remedio es la Verdad, no la materia, la verdad de que
 la enfermedad es irreal.



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1 Si la enfermedad es real, pertenece a la inmortalidad; si
 es verdadera, es parte de la Verdad. ¿Intentarías destruir, con
3 o sin medicamentos, una cualidad o condición de la Verdad?
 Pero si la enfermedad y el pecado son ilusiones, el desperta-
 miento de este sueño mortal, o ilusión, nos llevará a la salud,
6 la santidad y la inmortalidad. Este despertamiento es el
 eterno advenimiento del Cristo, el aparecimiento avanzado
 de la Verdad, que echa fuera el error y sana a los enfermos.
9 Esta es la salvación que viene a través de Dios, el Principio
 divino, el Amor, como fue demostrado por Jesús.


 Sería contrario a nuestras ideas más elevadas de Dios
12 suponerlo capaz de arreglar primero la ley y la causalidad
 con el fin de producir ciertos resultados malos, Dios nunca es
 y luego castigar a las indefensas víctimas de Su inco­herente
15 volición por hacer lo que no podían evitar hacer. El bien no es,
 no puede ser, el autor de pecados experimentales. Dios, el bien,
 es tan incapaz de producir la enfermedad como la bondad de
18 causar el mal y la salud de ocasionar la enfermedad.


 ¿Comete la sabiduría desatinos que más tarde deben
 ser rectificados por el hombre? ¿Produce una ley de Dios
21 la enfermedad, y puede el hombre poner esa
 ley bajo sus pies al sanar la enfermedad? De
 acuerdo con las Sagradas Escrituras, los enfermos jamás
24 son realmente sanados por los medicamentos, la higiene o
 cualquier otro método material. Estos meramente evaden
 la cuestión. Son jarabes calmantes para hacer dormir a los
27 niños, satisfacer la creencia mortal y calmar el temor.


 Creemos que estamos sanados cuando una dolencia
 desaparece, aunque es probable que reaparezca; pero
30 nunca sanamos completamente hasta que la
 probabilidad de enfermar es eliminada. Al
 ser la así llamada mente mortal, o mente de los mortales,
33 la causa remota, que predispone y es excitante de todo
 sufrimiento, la causa de la dolencia tiene que ser obliterada



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1 por medio del Cristo en la Ciencia divina, o los así llamados
 sentidos físicos obtendrán la victoria.


3 A menos que un mal sea debidamente enfrentado y entera-
 mente vencido por la Verdad, ese mal nunca será derrotado.
 Si Dios no destruye el pecado, la enfermedad y Destrucción
6 la muerte, ellos no son destruidos en la mente
 de los mortales, sino que parecen ser inmortales a esta así
 llamada mente. Lo que Dios no puede hacer, el hombre no
9 necesita intentarlo. Si Dios no sana a los enfermos, estos no
 son sanados, pues ningún poder inferior iguala el Todo‐poder
 infinito; pero Dios, la Verdad, la Vida, el Amor, sí sana a los
12 enfermos por medio de la oración del justo.


 Si Dios crea el pecado, si el bien produce el mal, si la
 verdad resulta en error, entonces la Ciencia y el cristianismo
15 están indefensos; pero no hay poderes ni leyes antagónicos,
 espirituales o materiales, creando y gobernando al hombre
 mediante una guerra perpetua. Dios no es el autor de las
18 discordias mortales. Por tanto, aceptamos la conclusión de que
 las discordias sólo tienen una existencia ficticia, son creencias
 mortales que la Verdad y el Amor divinos destruyen.


21 Mantenerte superior al pecado, porque Dios te hizo supe-
 rior al pecado y gobierna al hombre, es verdadera sabiduría.
 Temer el pecado es malentender el poder del


24 Amor y la Ciencia divina del ser en la relación
 del hombre con Dios, dudar de Su gobierno y
 no confiar en Su cuidado omnipotente. Mantenerte superior
27 a la enfermedad y la muerte es igualmente sabio, y está de
 acuerdo con la Ciencia divina. Es imposible temerlas cuando
 comprendes plenamente a Dios y sabes que no son parte de
30 Su creación.


 El hombre, gobernado por su Hacedor, no teniendo otra
 Mente —plantado en la declaración del Evangelista de que
33 “todas las cosas por Él [el Verbo de Dios] fueron hechas, y



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1 sin Él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho”— puede
 triunfar sobre el pecado, la enfermedad y la muerte.


3 Muchas teorías relativas a Dios y al hombre no hacen al
 hombre armonioso ni a Dios digno de ser amado. Las creen-
 cias que comúnmente abrigamos sobre la felici-
6 dad y la vida no proporcionan evidencia intacta poder divino
 y permanente de una u otra. Sólo en la Ciencia divina se
 encuentra la seguridad para las reivindicaciones del ser
9 armonioso y eterno.


 Las Escrituras nos informan que “todas las cosas son
 posibles para Dios”, todo lo bueno es posible para el Espíritu;
12 pero nuestras teorías prevalecientes prácticamente niegan
 esto, y hacen posible la curación sólo por medio de la materia.
 Estas teorías tienen que ser falsas, pues las Escrituras son
15 verdaderas. El cristianismo no es falso, mas las religiones
 que contradicen su Principio son falsas.


 En nuestra época, el cristianismo está demostrando de
18 nuevo el poder del Principio divino, como lo hizo hace más
 de mil novecientos años, sanando a los enfermos y triunfando
 sobre la muerte. Jesús jamás enseñó que los medicamentos,
21 el alimento, el aire y el ejercicio podían dar salud a un hombre,
 o que podían destruir la vida humana; ni ilustró estos errores
 mediante su práctica. Él atribuía la armonía del hombre a la
24 Mente, no a la materia, y jamás intentó anular la sentencia
 de Dios, la cual selló la condenación de Dios al pecado, la
 enfermedad y la muerte.


27 En el sagrado santuario de la Verdad hay voces de solemne
 significado, pero no les prestamos atención. Es sólo cuando
 los así llamados placeres y dolores del sentido
30 desaparecen de nuestras vidas, que encontramos que siguen
 señales indudables del entierro del error y de la resurrección
 a la vida espiritual.


33 No hay ni lugar ni oportunidad en la Ciencia para error de



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1 ninguna clase. Cada día nos exige pruebas más convincentes
 en lugar de profesiones de poder cristiano. Estas pruebas
3 consisten únicamente en la destrucción del
 pecado, la enfermedad y la muerte mediante
 el poder del Espíritu, como Jesús los destruía. Este es un
6 elemento de progreso, y el progreso es la ley de Dios, cuya ley
 exige de nosotros sólo lo que ciertamente podemos cumplir.


 En medio de la imperfección, la perfección es vista y
9 reconocida sólo gradualmente. Las épocas tienen que laborar
 lentamente hacia la perfección. Cuánto tiempo La perfección
 pasará antes que lleguemos a la demostración


12 del ser científico, nadie lo sabe, ni aun “el Hijo,
 sino el Padre”; pero la falsa pretensión del error continúa sus
 engaños hasta que la meta de la bondad es diligentemente
15 merecida y alcanzada.


 La sombra de Su diestra se posa ya sobre la hora. Tú que
 sabes discernir el aspecto del cielo —la señal material— cuánto
18 más debieras discernir la señal mental, y lograr La misión
 la destrucción del pecado y de la enfermedad,
 venciendo los pensamientos que los producen, y compren-
21 diendo la idea espiritual que los corrige y destruye. Revelar
 esta verdad fue la misión de nuestro Maestro para toda la
 humanidad, incluyendo los corazones que lo rechazaron.


24 Cuando los números han sido divididos de acuerdo con
 una regla fija, el cociente es tan incuestionable como las
 pruebas científicas que yo he hecho de los efectos Eficacia de
27 de la verdad en los enfermos. El hecho contrario la verdad
 relativo a cualquier enfermedad es requerido para curarla.
 Declarar la verdad tiene por objeto reprender y destruir el
30 error. ¿Por qué no ha de ser eficaz la verdad en cuanto a la
 enfermedad, la cual es sólo el resultado de la desarmonía?



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1 Las pociones espirituales sanan, mientras que las lociones
 materiales interfieren la verdad, así como el ritualismo y los
3 credos obstruyen la espiritualidad. Si confiamos en la materia,
 no confiamos en el Espíritu.


 Todo lo que inspire con sabiduría, Verdad o Amor —sea
6 una canción, un sermón o la Ciencia— bendice a la familia
 humana con migajas de consuelo de la mesa del Migajas de
 Cristo, alimentando a los hambrientos y dando consuelo
9 agua viva a los sedientos.


 Debiéramos familiarizarnos más con el bien que con el
 mal, y guardarnos de las creencias falsas con tanta vigilancia
12 como aseguramos nuestras puertas contra la
 intrusión de ladrones y asesinos. Debiéramos


 amar a nuestros enemigos y ayudarlos sobre
15 la base de la Regla de Oro; pero evitar echar perlas delante de
 aquellos que las pisotean, así robándose a sí mismos y a otros.


 Si los mortales mantuvieran una vigilancia adecuada
18 sobre la mente mortal, la cría de males que la infestan sería
 expulsada. Tenemos que comenzar con esta así Purificando
 llamada mente y vaciarla de pecado y enferme-
21 dad, o el pecado y la enfermedad jamás cesarán. Los códigos
 actuales de los sistemas humanos desilusionan al fatigado
 buscador de una teología divina, adecuada para la educación
24 correcta del pensamiento humano.


 El pecado y la enfermedad tienen que ser pensados antes
 de que puedan manifestarse. Tienes que controlar los pensa-
27 mientos malos en el primer momento, o ellos te controlarán
 en el segundo. Jesús declaró que mirar cosas prohibidas
 para codiciarlas era quebrantar un precepto moral. Él ponía
30 mucho énfasis en la acción de la mente humana, invisible a
 los sentidos.


 Los pensamientos y propósitos malos no tienen más
33 alcance ni hacen más daño de lo que la creencia de uno
 permite. Los malos pensamientos, las concupiscencias y los



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1 propósitos maliciosos no pueden ir, cual polen errante, de una
 mente humana a otra, encontrando alojamiento insospechado,
3 si la virtud y la verdad construyen una fuerte defensa. Es
 mejor consentir que un médico infectado de viruela te asista
 que ser tratado mentalmente por alguien que no obedece los
6 requerimientos de la Ciencia divina.


 Los maestros de escuela y los lectores en las iglesias
 debieran ser elegidos tomando en cuenta su moral tan
9 directamente como su cultura o su capacidad
 para leer correctamente. Los semilleros del
 carácter debieran ser fuertemente guarnecidos con virtud.
12 Los exámenes escolares son unilaterales; no es tanto la
 educación académica como una cultura moral y espiritual,
 lo que lo eleva más a uno. Los pensamientos puros y enal-
15 tecedores del maestro, constantemente impartidos a los
 alumnos, llegarán más alto que los cielos de la astronomía;
 mientras que la mente envilecida e inescrupulosa, aunque
18 adornada con gemas de erudición, degradará los caracteres
 que debe instruir y elevar.


 Los médicos, a quienes recurren los enfermos en su
21 indefensión, debieran ser modelos de virtud. Debieran ser
 sabios guías espirituales hacia la salud y la
 esperanza. A los que tiemblan al borde de la
24 tumba, quienes no comprenden la Verdad divina que es la
 Vida y que perpetúa el ser, los médicos debieran ser capaces
 de enseñarla. Entonces, cuando el alma está dispuesta y la
27 carne es débil, los pies del paciente pueden ser plantados en
 la roca, Cristo Jesús, la idea verdadera del poder espiritual.


 Los clérigos, que son los que ocupan las atalayas del
30 mundo, debieran alzar el estandarte de la Verdad. Debieran
 elevar espiritualmente a sus oyentes de tal
 modo que les guste lidiar con una idea nueva y los clérigos
33 correcta y ampliar sus conceptos. El amor al cristianismo,



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1 más bien que el amor a la popularidad, debiera estimular
 la labor y el progreso clericales. La verdad debiera emanar
3 del púlpito, pero jamás ser estrangulada allí. Un privilegio
 especial se ha conferido al ministerio del evangelio. ¿Cómo
 ha de usarse? Sagradamente, en interés de la humanidad,
6 no de las sectas.


 ¿No es la reputación profesional y los emolumentos, en
 vez de la dignidad de las leyes de Dios, lo que muchos líderes
9 buscan? ¿No son los motivos inferiores los que inducen los
 ataques enfurecidos contra los individuos que reiteran las
 enseñanzas de Cristo, en apoyo de su prueba mediante el
12 ejemplo de que la Mente divina sana tanto la enfermedad
 como el pecado?


 Una madre es el educador más poderoso, ya sea a favor o
15 en contra del crimen. Sus pensamientos forman el embrión
 de otra mente mortal, e inconscientemente la
 moldean, ya sea por un modelo que le es odioso sabilidad de


18 o por medio de la influencia divina, “conforme
 al modelo que se te ha mostrado en el monte”. De ahí la
 importancia de la Ciencia Cristiana, de la cual aprendemos
21 acerca de la Mente única y la disponibilidad del bien como el
 remedio contra toda congoja.


 Los hijos debieran obedecer a sus padres; la insubordina-
24 ción es un mal que marchita los capullos del gobierno propio.
 Los padres debieran enseñar a sus hijos lo más
 temprano posible las verdades de la salud y la
27 santidad. Los niños son más dóciles que los adultos, y
 aprenden más fácilmente a amar las simples verdades que los
 harán felices y buenos.


30 Jesús amaba a los niños por estar libres del mal y por su
 receptividad al bien. Mientras la madurez está vacilando
 entre dos opiniones o batallando contra falsas creencias, la
33 juventud da pasos fáciles y rápidos hacia la Verdad.



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1 Una niñita, que ocasionalmente había escuchado mis
 explicaciones, se hizo una profunda herida en un dedo.
3 Pareció no darse cuenta. Al preguntársele sobre ello, con-
 testó ingenuamente: “No hay sensación en la materia”. Se fue
 corriendo, con ojos alegres, y añadió poco después: “Mamá,
6 el dedo no me duele”.


 Podrían haber pasado meses o años antes de que sus
 padres hicieran a un lado sus medicamentos, o alcanzasen
9 la altura mental que su hijita logró con tanta
 naturalidad. Las creencias y teorías más obsti-
 nadas de los padres a menudo ahogan la buena semilla en
12 sus mentes y en las de sus vástagos. La superstición, como
 “las aves del cielo”, arrebata la buena semilla antes que haya
 brotado.


15 A los niños debiera enseñárseles la curación-Verdad, la
 Ciencia Cristiana, entre sus primeras lecciones, y a evitar que
 hablen o abriguen teorías o pensamientos acerca La enseñanza
18 de la enfermedad. Para prevenir la experiencia de los niños
 del error y sus sufrimientos, mantén fuera de las mentes de
 tus hijos los pensamientos pecaminosos o enfermizos. Estos
21 últimos deben excluirse sobre el mismo principio que los
 anteriores. Esto hace la Ciencia Cristiana tempranamente
 accesible.


24 Algunos inválidos no están dispuestos a conocer las
 verdades o a oír acerca de la falacia de la materia y sus supues-
 tas leyes. Se entregan un poco más a sus dioses Inválidos
27 materiales, se aferran a una creencia de que hay engañados
 vida e inteligencia en la materia, y esperan que este error haga
 más por ellos de lo que están dispuestos a admitir que el
30 único Dios viviente y verdadero puede hacer. Impacientes
 con tus explicaciones, y no dispuestos a investigar la Ciencia
 de la Mente que los liberaría de sus padecimientos, abrazan
33 las creencias falsas y sufren las consecuencias engañosas.



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1 Los motivos y actos no son valorados correctamente antes de
 ser comprendidos. Es mejor esperar hasta que aquellos a quienes
3 deseas beneficiar estén preparados para la bendi-
 ción, pues la Ciencia está produciendo cambios espera
 tanto en el carácter personal como en el universo material.


6 Obedecer el mandato de las escrituras: “Salid de en medio
 de ellos, y apartaos”, es incurrir en el desagrado de la sociedad;
 pero este desagrado, más que las lisonjas, lo capacita a uno
9 para ser cristiano. Al perder su crucifijo, dijo la niña católica:
 “Nada me queda sino Cristo”. “Si Dios es por nosotros, ¿quién
 contra nosotros?”


12 Abandonar la Verdad en tiempos de persecución muestra
 que nunca comprendimos la Verdad. De la cámara nupcial de
 la sabiduría vendrá la advertencia: “No os
15 conozco”. Las oportunidades desaprovechadas desaprovechadas
 nos reprenderán cuando intentemos reclamar los beneficios
 de una experiencia que no hemos hecho nuestra, cuando
18 tratemos de cosechar lo que no hemos sembrado y deseemos
 entrar ilícitamente en las labores de otros. La Verdad a
 menudo permanece sin ser buscada, hasta que buscamos este
21 remedio para las congojas humanas porque estamos sufriendo
 duramente a causa del error.


 Los intentos de conquistar la sociedad y así ganar el domi-
24 nio sobre la humanidad, surgen de la debilidad mundana. El
 que deja todo por el Cristo renuncia a la popularidad y gana el
 cristianismo.


27 La sociedad es un jurado insensato que escucha sólo a una
 de las partes del caso. La justicia a menudo llega demasiado
 tarde para obtener el veredicto. Las personas
30 que tienen trabajo mental para hacer no tienen la intolerancia
 tiempo para murmurar acerca de leyes o testimonios falsos.
 Reconstruir la tímida justicia y colocar la verdad por encima
33 de la falsedad es obra del tiempo.


 La cruz es el emblema central de la historia. Es la
 estrella polar en la demostración de la curación cristiana,



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1 la demostración mediante la cual el pecado y la enfermedad
 son destruidos. Las sectas, que soportaron el látigo de sus
3 predecesores, azotan a su vez con él a aquellos que han
 avanzado más allá de los credos.


 Suprimamos la riqueza, la fama y las organizaciones
6 sociales, que no pesan ni una pizca en la balanza de Dios,
 y obtenemos unas perspectivas más claras del
 Principio. Disolvamos las camarillas, nivele-


9 mos la riqueza con la honestidad, dejemos que
 el mérito sea juzgado de acuerdo con la sabiduría y obtenemos
 mejores perspectivas de la humanidad.


12 El hombre malvado no es el gobernante de su prójimo
 honrado. Entiéndase que el triunfo en el error es derrota en
 la Verdad. El lema de la Ciencia Cristiana es bíblico: “Deje el
15 impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos”.


 Para constatar nuestro progreso, debemos saber dónde
 están puestos nuestros afectos y a quién reconocemos y
18 obedecemos como Dios. Si el Amor divino se
 nos hace más cercano, más amado y más real,
 la materia se está sometiendo al Espíritu. Los objetivos que
21 perseguimos y el espíritu que manifestamos revelan nuestro
 punto de vista, y muestran lo que estamos ganando.


 La mente mortal es la sede reconocida de los motivos
24 humanos. Forma los conceptos materiales y produce toda
 acción discordante del cuerpo. Si la acción
 procede de la Mente divina, la acción es armo-
27 niosa. Si viene de la mente mortal, que yerra, es discordante
 y acaba en pecado, enfermedad y muerte. Esas dos fuentes
 opuestas nunca se mezclan en el manantial o en la corriente.
30 La Mente perfecta emite perfección, pues Dios es la Mente.
 La mente mortal e imperfecta emite sus propias semejanzas,
 de las cuales dijo el sabio: “Todo es vanidad”.



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1 La naturaleza proclama la ley natural y espiritual y el
 Amor divino, pero la creencia humana interpreta mal la
3 naturaleza. Las regiones árticas, los trópicos
 soleados, las montañas gigantescas, los vientos
 alados, las olas poderosas, los valles verdes, las flores festivas
6 y los cielos gloriosos, todos señalan a la Mente, la inteligencia
 espiritual que reflejan. Los apóstoles florales son jeroglíficos
 de la Deidad. Los soles y planetas enseñan grandiosas leccio-
9 nes. Las estrellas embellecen la noche, y las pequeñas hojas
 giran naturalmente hacia la luz.


 En el orden de la Ciencia, en el cual el Principio está por
12 encima de lo que refleja, todo es una grandiosa armonía.
 Cambia esta declaración, supón que la Mente es Movimiento
 gobernada por la materia o que el Alma está en perpetuo
15 el cuerpo, y pierdes la nota tónica del ser y hay discordia
 continua. La Mente es movimiento perpetuo. Su símbolo es
 la esfera. Las rotaciones y revoluciones del universo de la
18 Mente continúan eternamente.


 Los mortales avanzan hacia el bien o hacia el mal a medida
 que el tiempo se desliza. Si los mortales no son progresivos,
21 los fracasos pasados serán repetidos hasta que Se exige
 toda labor equivocada sea borrada o rectificada. progreso
 Si ahora estamos satisfechos con obrar mal, tenemos que
24 aprender a detestar esto. Si ahora estamos contentos con la
 ociosidad, tenemos que descontentarnos con ella. Recuerda
 que la humanidad debe, tarde o temprano, ya sea por el
27 sufrimiento o por la Ciencia, ser convencida del error que
 hay que vencer.


 Al tratar de deshacer los errores del sentido, uno debe
30 pagar plena y honradamente hasta el último cuadrante,
 hasta que todo error sea finalmente sometido a la Verdad.
 El método divino de pagar el salario del pecado entraña
33 desenmarañar nuestros enredos y aprender por experiencia
 cómo distinguir entre el sentido y el Alma.



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1 “El Señor al que ama, disciplina”. El que conoce la
 voluntad de Dios o las exigencias de la Ciencia divina y
3 las obedece, incurre en la hostilidad de la envidia; y el que
 rehúsa obedecer a Dios es disciplinado por el Amor.


 Los tesoros sensuales están guardados “donde la polilla y
6 el orín corrompen”. La mortalidad es su perdición. El pecado
 los invade y les quita sus placeres fugaces. Los
 afectos del sensualista son tan imaginarios,
9 caprichosos e irreales como sus placeres. La falsedad, la
 envidia, la hipocresía, la malicia, el odio, la venganza y
 demás, roban los tesoros de la Verdad. Despojado de sus
12 vestiduras, ¡qué espectáculo tan burlesco es el pecado!


 La Biblia enseña la transformación del cuerpo mediante
 la renovación que hace el Espíritu. Quítese el significado
15 espiritual de las Escrituras, y esa compilación
 no puede hacer más por los mortales de lo que
 pueden los rayos de la luna derretir un río helado. El error
18 de los siglos es predicar sin practicar.


 La sustancia de toda devoción es el reflejo y la demostra-
 ción del Amor divino, que sanan la enfermedad y destruyen
21 el pecado. Nuestro Maestro dijo: “Si me amáis, guardad mis
 mandamientos”.


 Nuestra mira, un punto más allá de la fe, debiera ser
24 encontrar los pasos de la Verdad, el camino a la salud y la
 santidad. Debiéramos esforzarnos por alcanzar la altura
 del Horeb donde Dios es revelado; y la piedra angular de
27 toda construcción espiritual es la pureza. El bautismo por
 el Espíritu, que lava el cuerpo de todas las impurezas de la
 carne, significa que los de limpio corazón ven a Dios y están
30 acercándose a la Vida espiritual y su demostración.


 Es “más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja”,
 que entrar las creencias pecaminosas en el reino de los



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1 cielos, la armonía eterna. Por medio del arrepentimiento, el
 bautismo espiritual y la regeneración, los mortales se despojan
3 de sus creencias materiales y de su falsa indivi-
 dualidad. Es sólo una cuestión de tiempo hasta espiritual
 que “todos Me [conozcan a Mí, Dios], desde el más pequeño
6 de ellos hasta el más grande”. La negación de las pretensiones
 de la materia es un gran paso hacia las alegrías del Espíritu,
 hacia la libertad humana y el triunfo final sobre el cuerpo.


9 Hay un único camino que conduce al cielo, la armonía,
 y el Cristo en la Ciencia divina nos muestra este camino.
 Es no conocer otra realidad —no tener otra
12 consciencia de la vida— que el bien, Dios y Su
 reflejo, y elevarse sobre los así llamados dolores y placeres
 de los sentidos.


15 El amor propio es más opaco que un cuerpo sólido.
 En paciente obediencia a un Dios paciente, laboremos por
 disolver con el solvente universal del Amor el adamante del
18 error —la voluntad propia, la justificación propia y el amor
 propio— que lucha contra la espiritualidad y es la ley del
 pecado y la muerte.


21 El vestido de la Vida es la Verdad. Según la Biblia, las
 verdades del ser son comúnmente malinterpretadas, pues
 está escrito: “Repartieron entre sí mis vestidos,
24 y sobre mi ropa echaron suertes”. La Ciencia
 divina del hombre está tejida en una sola tela consistente, sin
 costura ni rasgón. La mera especulación o superstición no se
27 apropia de parte alguna del divino vestido, mientras que la
 inspiración restaura todas las partes del manto de justicia
 del Cristo.


30 Los postes indicadores de la Ciencia divina muestran
 el camino por el cual anduvo nuestro Maestro, y requie-
 ren de los cristianos las pruebas que él dio, en lugar de
33 mera profesiones de fe. Puede que ocultemos al mundo la



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1 ignorancia espiritual, pero jamás podemos tener buen éxito
 en la Ciencia y la demostración del bien espiritual por medio
3 de la ignorancia o la hipocresía.


 El Amor divino, que volvió inofensiva la víbora vene-
 nosa, que libró a los hombres del aceite hirviendo, del horno
6 de fuego ardiendo, de las fauces del león, puede Milagros
 sanar al enfermo en toda época y triunfar sobre antiguos


 el pecado y la muerte. Coronó las demostracio-
9 nes de Jesús con poder y amor no superados. Pero la misma
 “Mente... que hubo también en Cristo Jesús”* tiene que
 acompañar la letra de la Ciencia a fin de confirmar y repetir
12 las demostraciones antiguas de los profetas y apóstoles.
 Que esas maravillas no se repitan con mayor frecuencia
 hoy, proviene no tanto de la falta de deseo como de la falta
15 de crecimiento espiritual.


 El barro no puede replicar al alfarero. La cabeza, el
 corazón, los pulmones, y los miembros, no nos informan
18 que están mareados, enfermos, tuberculosos,
 o cojos. Si esta información es trasmitida, la
 mente mortal la transmite. Ni la Mente inmortal e infalible
21 ni la materia, el substrato inanimado de la mente mortal,
 pueden llevar a cabo tal telegrafía; pues Dios es “muy limpio...
 de ojos para ver el mal”, y la materia no tiene inteligencia ni
24 sensación.


 La Verdad no tiene consciencia del error. El Amor no tiene
 sentido del odio. La Vida no tiene asociación
27 con la muerte. La Verdad, la Vida y el Amor
 son una ley de aniquilación para todo lo que les es deseme-
 jante, porque no proclaman nada excepto a Dios.


30 La enfermedad, el pecado y la muerte no son los frutos
 de la Vida. Son discordias que la Verdad destruye. La
 perfección no vivifica la imperfección. Puesto que Dios
 *Según la versión King James de la Biblia



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1 es bueno y la fuente de todo el ser, Él no produce deformidad
 moral o física; por tanto, tal deformidad no es real, sino una
3 ilusión, el espejismo del error. La Ciencia divina Deformidad y
 revela estas grandiosas verdades. Sobre la base perfección
 de ellas Jesús demostró la Vida, sin jamás temer ni obedecer
6 el error en forma alguna.


 Si dedujéramos todas nuestras concepciones acerca del
 hombre por lo que se ve entre la cuna y la tumba, la felicidad
9 y la bondad no tendrían morada en el hombre, y los gusanos
 lo despojarían de la carne; pero Pablo escribe: “La ley del
 Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del
12 pecado y de la muerte”.


 El hombre que experimenta el nacimiento, la madurez y
 la decadencia es como las bestias y los vegetales, sujeto a leyes
15 de decadencia. Si el hombre fuera polvo en la
 primera etapa de su existencia, podríamos


 admitir la hipótesis de que retorna finalmente
18 a su condición primitiva; pero el hombre jamás fue ni más ni
 menos que hombre.


 Si el hombre se extingue en la muerte o surge de la mate­
21 ria hacia el ser, debe haber un instante en que Dios está sin
 Su completa manifestación, en que no hay pleno reflejo de la
 Mente infinita.


24 El hombre en la Ciencia no es ni joven ni viejo. No tiene
 nacimiento ni muerte. No es una bestia, un vegetal ni una
 mente migratoria. No pasa de la materia a la
27 Mente, de lo mortal a lo inmortal, del mal al


 bien o del bien al mal. Tales admisiones nos
 precipitan a las tinieblas y al dogma. Hasta la poesía de
30 Shakespeare representa la vejez como infancia, como
 indefensión y decadencia, en vez de asignar al hombre la
 grandeza eterna y la inmortalidad del desarrollo, el poder
33 y el prestigio.



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1 El error de pensar que estamos envejeciendo, y los bene-
 ficios de destruir esa ilusión, son ilustrados en un extracto
3 de la historia de una mujer inglesa, publicado en la revista
 médica llamada “The Lancet”, de Londres.


 Decepcionada en amores en su juventud, enloqueció y
6 perdió toda noción del tiempo. Creyendo que aún seguía
 viviendo el momento que la separó de su
 amado, sin notar los años, se paraba diaria-
9 mente ante la ventana esperando su llegada. En este estado
 mental permaneció joven. Al no tener consciencia del tiempo,
 literalmente no envejeció. Unos viajeros americanos la vieron
12 cuando tenía setenta y cuatro años, y supusieron que era una
 mujer joven. Ella no tenía en el rostro señal de preocupacio-
 nes, ninguna arruga ni canas, sino que la juventud se posaba
15 suavemente sobre sus mejillas y su frente. Al pedírseles que
 adivinaran su edad, aquellos no familiarizados con su histo-
 ria conjeturaban que debía tener menos de veinte años.


18 Este caso de juventud conservada nos proporciona un
 indicio útil, sobre el cual un Franklin podría trabajar con
 más certeza que cuando atrajo de las nubes al rayo cautivado.
21 Los años no la habían envejecido, porque no había advertido
 el paso del tiempo ni había pensado que estaba envejeciendo.
 Los resultados físicos de su creencia de que era joven mani-
24 festaron la influencia de tal creencia. No podía envejecer
 mientras se creyera joven, pues el estado mental gobernaba
 el físico.


27 Las imposibilidades nunca ocurren. Un solo caso como
 el anterior comprueba que es posible ser joven a los setenta
 y cuatro años; y lo primordial de esta ilustración demuestra
30 claramente que la decrepitud no obedece a ninguna ley, ni es
 una necesidad de la naturaleza, sino una ilusión.


 Lo infinito nunca comenzó ni jamás terminará. La Mente



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1 y sus formaciones jamás pueden ser aniquiladas. El hombre
 no es un péndulo, oscilando entre el mal y el bien, el gozo y
3 el pesar, la enfermedad y la salud, la vida y la
 muerte. La Vida y sus facultades no se miden
 por medio de calendarios. Lo perfecto y lo inmortal son la
6 semejanza eterna de su Hacedor. El hombre no es de ningún
 modo un germen material que surge de lo imperfecto y se
 esfuerza por alcanzar el Espíritu, por encima de su origen.
9 El arroyo no se eleva más alto que su fuente.


 Medir la vida por medio de años solares roba la juven-
 tud y da fealdad a la vejez. El sol radiante de la virtud y la
12 verdad coexiste con el ser. El estado completo del hombre
 es su eterno mediodía, no atenuado por un sol declinante.
 A medida que lo físico y material, el sentido transitorio de
15 belleza, se desvanece, el resplandor del Espíritu debiera
 alborear sobre el ánimo extasiado con glorias luminosas e
 imperecederas.


18 Jamás registres la edad. Los datos cronológicos no son
 parte de la vasta eternidad. Los registros de horario de
 nacimiento y defunción son otras tantas cons-
21 piraciones contra el estado completo de hom-
 bres y mujeres. Si no fuera por el error de medir y limitar
 todo lo que es bueno y bello, el hombre gozaría de más de
24 setenta años y aún mantendría su vigor, lozanía y promesa.
 El hombre, gobernado por la Mente inmortal, es siempre
 bello y sublime. Cada año que pasa desarrolla sabiduría,
27 belleza y santidad.


 La Vida es eterna. Debiéramos descubrir esto y comenzar
 a demostrarlo. La Vida y la bondad son inmortales. Entonces
30 demos forma a nuestros puntos de vista de la
 existencia con belleza, lozanía y continuidad,


 más bien que con vejez y decrepitud.


33 Las creencias agudas y las crónicas reproducen sus propios



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1 tipos. La creencia aguda de la vida física aparece en un período
 remoto, y no es tan desastrosa como la creencia crónica.


3 He visto a la vejez recuperar dos de los elementos que
 había perdido: la vista y los dientes. Una mujer de ochenta
 y cinco años, a quien conocí, recobró la vista.
6 A otra mujer, a los noventa, le salieron nuevos
 dientes, incisivos, colmillos, premolares y un molar. Un
 hombre de sesenta años había conservado su dentadura
9 superior e inferior completa sin una caries.


 La belleza, así también como la verdad, es eterna; pero
 la belleza de las cosas materiales desaparece, evanescente y
12 fugaz como la creencia mortal. La costumbre,
 la educación y la moda dan forma a los están-
 dares transitorios de los mortales. La inmortalidad, exenta
15 de vejez o decadencia, tiene una gloria propia: el resplandor
 del Alma. Los hombres y las mujeres inmortales son mode-
 los del sentido espiritual, trazados por la Mente perfecta,
18 y reflejan aquellos conceptos más elevados de belleza que
 trascienden todo sentido material.


 El atractivo y la gracia son independientes de la materia.
21 El ser posee sus cualidades antes de ser percibidas humana-
 mente. La belleza es una cosa de la vida, que
 mora para siempre en la Mente eterna y refleja
24 los encantos de Su bondad en expresión, forma, contorno y
 color. Es el Amor el que pinta los pétalos con miríadas de
 matices, brilla en el cálido rayo de sol, traza en la nube el
27 arco de belleza, blasona la noche con gemas estelares y cubre
 la tierra de hermosura.


 Los adornos de la persona son pobres sustitutos para los
30 encantos del ser, que brillan resplandecientes y eternos sobre
 la vejez y la decadencia.


 La receta para la belleza es tener menos ilusión y
33 más Alma, retirarse de la creencia de dolor o placer en el



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1 cuerpo a la inmutable calma y gloriosa libertad de la armonía
 espiritual.


3 El Amor jamás pierde de vista la hermosura. Su halo se
 posa sobre su objeto. Uno se maravilla de que un amigo pueda
 parecer menos que bello. Los hombres y las
6 mujeres de edad más madura y mayor experien-
 cia debieran madurar en salud e inmortalidad, en lugar de
 caer en las tinieblas o la tristeza. La Mente inmortal alimenta
9 el cuerpo con frescura y belleza celestiales, suministrándole
 bellas imágenes de pensamiento y destruyendo las angustias
 del sentido que cada día lleva a una tumba más cercana.


12 El escultor se vuelve del mármol a su modelo a fin de
 perfeccionar su concepción. Todos somos escultores, elabo-
 rando variadas formas, moldeando y cincelando Escultura
15 el pensamiento. ¿Cuál es el modelo ante la mente mental
 mortal? ¿Es la imperfección, el gozo, el pesar, el pecado,
 el sufrimiento? ¿Has aceptado el modelo mortal? ¿Estás
18 reproduciéndolo? Entonces eres acosado en tu trabajo por
 escultores depravados y formas horribles. ¿No oyes a toda la
 humanidad hablar del modelo imperfecto? El mundo lo está
21 manteniendo ante tu vista continuamente. El resultado es
 que estás propenso a seguir esos patrones inferiores, limitar
 la obra de tu vida y adoptar en tu experiencia el diseño
24 anguloso y la deformidad de los modelos de la materia.


 Para remediar esto, debemos primero volver nuestra
 mirada en la dirección correcta, y luego seguir ese camino.
27 Debemos formar modelos perfectos en el pensa-
 miento y mirarlos continuamente, o nunca los
 tallaremos en vidas grandes y nobles. Dejemos que el
30 altruismo, la bondad, la misericordia, la justicia, la salud,
 la santidad, el amor —el reino de los cielos— reinen en
 nosotros, y el pecado, la enfermedad y la muerte disminuirán
33 hasta que finalmente desaparezcan.



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1 Aceptemos la Ciencia, renunciemos a todas las teorías
 basadas en el testimonio del sentido, abandonemos los
3 modelos imperfectos y los ideales ilusorios; y tengamos
 así un único Dios, una única Mente, y ese único perfecto,
 produciendo Sus propios modelos de excelencia.


6 Dejemos que aparezcan el “varón y hembra” de la crea-
 ción de Dios. Sintamos la energía divina del Espíritu, que
 nos lleva a renovación de vida y no reconoce
9 ningún poder mortal ni material como capaz
 de destruir. Regocijémonos de que estamos sometidos a las
 divinas “autoridades... que hay”. Tal es la Ciencia verdadera
12 del ser. Cualquier otra teoría de la Vida, o Dios, es engañosa
 y mitológica.


 La Mente no es la autora de la materia, y la creadora
15 de ideas no es la creadora de ilusiones. O bien no hay
 omnipotencia, o la omnipotencia es el único poder. Dios es
 el infinito, y la infinitud jamás comenzó, jamás terminará y
18 no incluye nada desemejante a Dios. ¿De dónde, entonces,
 procede la materia, sin alma?


 La Vida, igual que el Cristo, es la misma “ayer, y hoy,
21 y por los siglos”. La organización y el tiempo nada tienen
 que ver con la Vida. Tú dices: “Yo soñé anoche”. Sueños
 ¡Qué equivocación es esa! El Yo es el Espíritu.
24 Dios nunca se adormece, y Su semejanza nunca sueña.
 Los mortales son los soñadores adánicos.


 El dormir y la apatía son fases del sueño de que la vida,
27 la sustancia y la inteligencia son materiales. El sueño noc-
 turno mortal está a veces más cerca de la verdad del ser que
 los pensamientos de los mortales cuando están despiertos.
30 El sueño nocturno tiene menos materia que lo acompañe.
 Se libera de algunas cadenas materiales. No alcanza los
 cielos, pero hace sus vuelos mundanos bastante etéreos.


33 El hombre es el reflejo del Alma. Es el opuesto directo
 de la sensación material, y existe un único Ego. Incurrimos



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1 en el error cuando dividimos el Alma en almas, multiplica-
 mos la Mente en mentes y suponemos que el error es mente,
3 después que la mente está en la materia y que la Desatinos
 materia es un legislador, que lo que no es inteli-
 gencia actúa como inteligencia, y que la mortalidad es la
6 matriz de la inmortalidad.


 La existencia mortal es un sueño; la existencia mortal
 no tiene entidad verdadera, pero dice: “Soy yo”. El Espíritu
9 es el Ego que jamás sueña, sino que comprende El Espíritu es
 todas las cosas; que jamás yerra y siempre está
 consciente; que jamás cree, sino que sabe; que jamás nace y
12 jamás muere. El hombre espiritual es la semejanza de este
 Ego. El hombre no es Dios, mas como un rayo de luz que
 viene del sol, el hombre, el producto de Dios, refleja a Dios.


15 El cuerpo y la mente mortales son uno, y ese uno es lla-
 mado hombre; pero un mortal no es el hombre, pues el hombre
 es inmortal. Puede que un mortal esté cansado La existencia
18 o dolorido, que goce o sufra, de acuerdo con el


 sueño que tenga mientras duerme. Cuando ese
 sueño se desvanece, el mortal se da cuenta de que no está
21 experimentando ninguna de estas sensaciones del sueño. Para
 el observador, el cuerpo yace indiferente, apacible e insensible,
 y la mente parece estar ausente.


24 Ahora bien, yo pregunto: ¿Hay más realidad en el sueño
 despierto de la existencia mortal que en el sueño dormido?
 No puede haberla, ya que todo lo que parece ser un hombre
27 mortal es un sueño mortal. Quita la mente mortal, y la mate-
 ria no tiene más sentido como hombre que el que tiene como
 árbol. Mas el hombre espiritual y verdadero es inmortal.


30 Sobre este escenario de la existencia prosigue la danza de
 la mente mortal. Los pensamientos mortales se persiguen
 unos a otros cual copos de nieve, y caen al suelo. La Ciencia
33 revela que la Vida no está a merced de la muerte, ni la
 Ciencia admitirá que la felicidad esté jamás a merced de las
 circunstancias.



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1 El error no es real, por lo tanto, no es más imperativo a
 medida que se apresura a la destrucción de sí
3 mismo. La así llamada creencia de la mente


 mortal que aparenta ser un absceso no debiera
 volverse más dolorosa antes de supurar, ni una fiebre agravarse
6 antes de cesar.


 El terror es tan grande en ciertas etapas de la creencia
 mortal como para conducir la creencia por nuevos senderos.
9 En la ilusión de la muerte, los mortales despier-
 tan al conocimiento de dos hechos: (1) que no
 están muertos; (2) que sólo han atravesado las puertas de
12 una nueva creencia. La Verdad resuelve la nada del error
 precisamente de estas maneras. La enfermedad, tanto como
 el pecado, es un error que únicamente el Cristo, la Verdad,
15 puede destruir.


 Debemos enterarnos cómo el género humano gobierna el
 cuerpo, si es mediante la fe en la higiene, en los medicamentos
18 o en la fuerza de voluntad. Debiéramos averi-
 guar si gobierna el cuerpo mediante la creencia la mente mortal
 en la necesidad de la enfermedad y la muerte, el pecado y el
21 perdón, o si lo gobierna por la comprensión más elevada de
 que la Mente divina perfecciona, actúa sobre la así llamada
 mente humana mediante la verdad, guía la mente humana
24 a renunciar a todo error, a descubrir que la Mente divina
 es la única Mente, y la sanadora del pecado, la enfermedad,
 la muerte. Este proceso de la comprensión espiritual más
27 elevada mejora a la humanidad hasta que el error desaparece,
 y no queda nada que merezca perecer o ser castigado.


 La ignorancia, como el mal intencional, no es Ciencia.
30 La ignorancia debe ser vista y corregida antes que podamos
 alcanzar la armonía. Las creencias inarmóni-
 cas que roban a la Mente, llamándola materia,
33 y deifican sus propias nociones, se aprisionan a sí mismas



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1 dentro de lo que ellas crean. Están en guerra con la Ciencia,
 y como dijo nuestro Maestro: “Si un reino está dividido
3 contra sí mismo, tal reino no puede permanecer”.


 La ignorancia humana acerca de la Mente y de las energías
 recuperadoras de la Verdad ocasiona el único escepticismo
6 respecto a la patología y teología de la Ciencia Cristiana.


 Cuando las falsas creencias humanas se enteran, aunque
 sea un poco, de su propia falsedad, empiezan a desaparecer.
9 Un conocimiento del error y de sus operaciones El hombre eterno
 debe preceder aquella comprensión de la Verdad reconocido
 que destruye el error, hasta que todo el error mortal y mate-
12 rial finalmente desaparece y la eterna verdad, el hombre
 creado por el Espíritu y del Espíritu, es comprendido y reco-
 nocido como la verdadera semejanza de su Hacedor.


15 La falsa evidencia del sentido material contrasta nota-
 blemente con el testimonio del Espíritu. El sentido material
 levanta su voz con la arrogancia de la realidad y dice:


18 Soy enteramente deshonesto, y nadie lo sabe. Puedo
 engañar, mentir, cometer adulterio, robar, asesinar, y eludo
 la detección mediante lisonjera villanía. Con
21 propensión animal, engaño en los sentimientos, del sentido
 fraudulencia en los propósitos, pienso hacer de mi corta vida
 un día de gala. ¡Qué cosa tan bonita es el pecado! ¡Cómo
24 triunfa el pecado, donde el buen propósito espera! El mundo
 es mi reino. Estoy entronizado en la suntuosidad de la mate-
 ria. Pero un toque, un accidente, la ley de Dios, pueden en
27 cualquier momento aniquilar mi paz, pues todos mis gozos
 imaginarios son fatales. Cual lava que estalla, me expando
 sólo para mi propia desesperación, y brillo con el resplandor
30 del fuego consumidor.


 El Espíritu, dando testimonio opuesto, dice:


 Yo soy el Espíritu. El hombre, cuyos sentidos son



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1 espirituales, es mi semejanza. Él refleja la comprensión infi-
 nita, pues Yo soy la Infinitud. La hermosura de la santidad,
3 la perfección del ser, la gloria imperecedera,
 todas son Mías, pues Yo soy Dios. Yo doy la
 inmortalidad al hombre, pues Yo soy la Verdad. Yo incluyo e
6 imparto toda felicidad, pues Yo soy el Amor. Yo doy vida, sin
 comienzo ni fin, pues Yo soy la Vida. Yo soy supremo y doy
 todo, pues Yo soy la Mente. Yo soy la sustancia de todo, pues
9 Yo soy el que soy.


 Espero, querido lector, estar guiándote a la comprensión
 de tus derechos divinos, la armonía que te es concedida por
12 el cielo, que, a medida que leas, veas que no hay Prerrogativas
 causa (fuera del sentido mortal y material, que


 yerra, que no es poder) capaz de enfermarte o
15 hacerte un pecador; y espero que estés venciendo este falso
 sentido. Conociendo la falsedad del así llamado sentido
 material, puedes imponer tu prerrogativa de vencer la creencia
18 en el pecado, la enfermedad o la muerte.


 Si crees en el mal y lo practicas a sabiendas, puedes inme-
 diatamente cambiar tu proceder y obrar bien. La materia no
21 puede presentar ninguna oposición a los esfuer-
 zos correctos contra el pecado o la enfermedad, correcto es


 porque la materia es inerte, sin mente. Así
24 también, si crees que estás enfermo, puedes alterar esta creen-
 cia y acción erróneas sin impedimento de parte del cuerpo.


 No creas en ninguna supuesta necesidad de pecar, enfer-
27 mar o morir, sabiendo (como debieras saber) que Dios jamás
 requiere obediencia a una así llamada ley material, puesto
 que no existe tal ley. La creencia en el pecado y la muerte es
30 destruida por la ley de Dios, la cual es la ley de la Vida y no de
 la muerte, de la armonía en vez de la discordia, del Espíritu
 en vez de la carne.


33 La exigencia divina: “Sed, pues, vosotros perfectos” es



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1 científica, y los pasos humanos que conducen a la perfección
 son indispensables. Son coherentes quienes, velando y orando,
3 pueden “correr, y no cansarse;... caminar, y no
 fatigarse”, quienes logran el bien rápidamente
 y mantienen su posición, o lo ganan lentamente y no se
6 rinden al desaliento. Dios requiere perfección, pero no hasta
 que se pelee la batalla entre el Espíritu y la carne y se logre la
 victoria. Dejar de comer, beber o vestirse materialmente
9 antes de que las verdades espirituales de la existencia se hayan
 ganado paso a paso, no es legítimo. Cuando esperamos
 pacientemente en Dios y buscamos con rectitud la Verdad,
12 Él endereza nuestra vereda. Los mortales imperfectos captan
 la perfección espiritual final lentamente; pero empezar bien y
 continuar la lucha de demostrar el gran problema del ser, es
15 hacer mucho.


 Durante las épocas sensuales, puede que la Ciencia
 Cristiana absoluta no sea alcanzada antes del cambio
18 llamado muerte, pues no tenemos el poder de demostrar lo
 que no comprendemos. Pero el yo humano debe ser evan-
 gelizado. Dios exige que aceptemos esta tarea con amor hoy
21 mismo, y que abandonemos lo material tan pronto como sea
 práctico, y nos ocupemos en lo espiritual, lo cual determina
 lo exterior y verdadero.


24 Si te aventuras sobre la tranquila superficie del error y
 simpatizas con el error, ¿qué perturbará las aguas? ¿Qué
 arrancará la máscara al error?


27 Si echas tu barca sobre las siempre agitadas pero saludables
 aguas de la verdad, encontrarás tempestades. De tu bien se
 hablará mal. Esto es la cruz. Tómala y llévala, La cruz
30 pues por medio de ella ganas y te ciñes la corona. y la corona
 Peregrino en la tierra, tu morada es el cielo; extranjero, eres
 el huésped de Dios.





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Capítulo 9 — La creación



Firme es Tu trono desde entonces;
Tú eres eternamente. — Salmos.


Porque sabemos que toda la creación gime a una,
y a una está con dolores de parto hasta ahora;
y no sólo ella, sino que también nosotros mismos,
que tenemos las primicias del Espíritu,
nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos,
esperando la adopción,
la redención de nuestro cuerpo. — Pablo.


1 La Verdad eterna está cambiando el universo. A medida
 que los mortales se desprenden de sus pañales mentales,
3 el pensamiento se expande en expresión. “Sea Teorías
 la luz” es la exigencia perpetua de la Verdad y el inadecuadas


 Amor, cambiando el caos en orden y la disonan-
6 cia en la música de las esferas. Las míticas teorías humanas
 de la creación, clasificadas antiguamente como la crítica más
 elevada, surgían de eruditos cultos en Roma y en Grecia, pero
9 ellos no aportaron ningún fundamento para las perspectivas
 exactas de la creación por la Mente divina.


 El hombre mortal ha hecho un pacto con sus ojos para
12 empequeñecer a la Deidad con concepciones
 humanas. En liga con el sentido material, los


 mortales adoptan perspectivas limitadas de
15 todas las cosas. Ningún hombre debiera afirmar que Dios es
 corpóreo o material.


 La forma humana, o finitud física, no puede ser hecha la
18 base de ninguna idea verdadera de la Deidad infinita. Ojo no
 vio el Espíritu, ni oído oyó Su voz.



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1 El progreso quita los grilletes humanos. Lo finito tiene
 que ceder a lo infinito. Al avanzar hacia un plano más alto
3 de acción, el pensamiento se eleva del sentido
 material al espiritual, de lo escolástico a lo
 inspirador, y de lo mortal a lo inmortal. Todas las cosas son
6 creadas espiritualmente. La Mente, no la materia, es la crea-
 dora. El Amor, el Principio divino, es el Padre y la Madre del
 universo, incluyendo el hombre.


9 La teoría de tres personas en un único Dios (es decir, una
 Trinidad personal o Tri-unidad) sugiere poli-
 teísmo, en lugar del único siempre presente
12 Yo soy. “Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es”.


 El eterno Yo soy no está restringido ni comprimido dentro
 de los límites estrechos de la humanidad física, ni puede ser
15 Él comprendido correctamente por medio de
 conceptos mortales. La forma precisa de Dios


 debe ser de poca importancia en comparación
18 con la pregunta sublime: ¿Qué es la Mente infinita o el Amor
 divino?


 ¿Quién es el que exige nuestra obediencia? Aquel que,
21 en el lenguaje de las Escrituras, “hace según Su voluntad en
 el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, y no hay
 quien detenga Su mano, y Le diga: ¿Qué haces?”


24 Ninguna forma ni combinación física es adecuada para
 representar el Amor infinito. Un sentido finito y material
 acerca de Dios conduce al formalismo y a la intolerancia;
27 enfría el espíritu del cristianismo.


 Una Mente ilimitada no puede proceder de limitaciones
 físicas. La finitud no puede presentar la idea o la vastedad de
30 la infinitud. Una mente que se origina en una
 fuente finita o material tiene que ser limitada y ilimitada
 finita. La Mente infinita es la creadora, y la creación es la



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1 imagen o idea infinita que emana de esta Mente. Si la Mente
 está dentro y fuera de todas las cosas, entonces todo es Mente;
3 y esta definición es científica.


 Si la materia, así llamada, es sustancia, entonces el Espíritu,
 la desemejanza de la materia, debe ser sombra; y la sombra no
6 puede producir la sustancia. La teoría de que
 el Espíritu no es la única sustancia y el único
 creador es heterodoxia panteísta, que resulta en enfermedad,
9 pecado y muerte; es la creencia en un alma corporal y una
 mente material, un alma gobernada por el cuerpo y una mente
 en la materia. Esta creencia es panteísmo superficial.


12 La Mente crea Su propia semejanza en ideas, y la sustancia
 de una idea está muy lejos de ser la supuesta sustancia de la
 materia carente de inteligencia. Por lo tanto, el Padre Mente
15 no es el padre de la materia. Los sentidos materiales y las
 concepciones humanas quisieran traducir las ideas espiri-
 tuales en creencias materiales, y quisieran decir que un Dios
18 antropomórfico, en lugar del Principio infinito —en otras
 palabras, el Amor divino— es el padre de la lluvia, quien
 “engendró las gotas del rocío”, quien saca “las constelaciones
21 de los cielos” y guía a “la Osa Mayor con sus hijos”.


 La mente finita manifiesta toda clase de errores, y com-
 prueba así que la teoría material de que hay mente en la
24 materia es el antípoda de la Mente. ¿Quién ha
 encontrado que la vida o el amor finitos son
 suficientes para responder a las exigencias de la miseria y
27 congoja humanas, para silenciar los deseos, para satisfacer las
 aspiraciones? La Mente infinita no puede estar limitada a una
 forma finita, o la Mente perdería su carácter infinito como el
30 Amor inagotable, la Vida eterna, la Verdad omnipotente.


 Se requeriría una forma infinita para contener la Mente
 infinita. Realmente, la frase forma infinita entraña una
33 contradicción de términos. El hombre finito no puede ser



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1 la imagen y semejanza del Dios infinito. Una concepción
 mortal, corpórea o finita de Dios no puede abarcar las glorias
3 de la Vida y del Amor ilimitados e incorpóreos. Lo físico infinito
 De ahí el insatisfecho anhelo humano por algo es imposible
 mejor, más elevado, más sagrado, de lo que proporciona una
6 creencia material en un Dios y un hombre físicos. La insufi-
 ciencia de esta creencia para proveer la idea verdadera com-
 prueba la falsedad de la creencia material.


9 El hombre es más que una forma material con una mente
 adentro, que tiene que escapar de su ambiente a Reflejo de
 fin de ser inmortal. El hombre refleja la infini-
12 tud, y este reflejo es la idea verdadera de Dios.


 Dios expresa en el hombre la idea infinita desarrollán-
 dose a sí misma para siempre, ampliándose y elevándose más
15 y más desde una base ilimitada. La Mente manifiesta todo lo
 que existe en la infinitud de la Verdad. No sabemos más del
 hombre como la verdadera imagen y semejanza divinas, de lo
18 que sabemos de Dios.


 El Principio infinito es reflejado por la idea infinita y la
 individualidad espiritual, pero los así llamados sentidos mate-
21 riales no tienen conocimiento ni del Principio ni de su idea.
 Las capacidades humanas son ampliadas y perfeccionadas
 en la proporción en que la humanidad gana la concepción
24 verdadera del hombre y de Dios.


 Los mortales tienen un sentido muy imperfecto del hombre
 espiritual y del alcance infinito de su pensamiento. A él le
27 pertenece la Vida eterna. Puesto que el hombre Permanencia
 jamás nace y jamás muere, le sería imposible,
 bajo el gobierno de Dios en la Ciencia eterna, caer de su
30 estado elevado.


 Por medio del sentido espiritual puedes discernir el
 corazón de la divinidad, y empezar así a comprender en la



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1 Ciencia el término genérico hombre. El hombre no está
 absorbido en la Deidad, y el hombre no puede
3 perder su individualidad, pues refleja la Vida


 eterna; ni es una idea aislada y solitaria, pues
 representa la Mente infinita, la suma de toda la sustancia.


6 En la Ciencia divina, el hombre es la imagen verdadera
 de Dios. La naturaleza divina fue expresada de la mejor
 manera en Cristo Jesús, quien proyectó sobre los mortales el
9 reflejo más veraz de Dios y elevó sus vidas más alto de lo que
 sus pobres modelos-pensamiento permitían, pensamientos
 que presentaban al hombre como caído, enfermo, pecador y
12 mortal. La comprensión a la manera de Cristo del ser cien-
 tífico y de la curación divina incluye un Principio perfecto e
 idea perfecta —Dios perfecto y hombre perfecto— como base
15 del pensamiento y la demostración.


 Si el hombre fue alguna vez perfecto pero ha perdido
 ahora su perfección, entonces los mortales nunca han contem-
18 plado en el hombre la imagen refleja de Dios.
 La imagen perdida no es imagen. La semejanza divina no se


 verdadera no puede perderse en el reflejo divino.
21 Compren­diendo esto, Jesús dijo: “Sed, pues, vosotros perfectos,
 como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto”.


 El pensamiento mortal transmite sus propias imágenes,
24 y forma sus vástagos de acuerdo con las ilusiones humanas.
 Dios, el Espíritu, obra espiritualmente, no
 materialmente. El cerebro o materia jamás
27 formó un concepto humano. La vibración no es inteligencia;
 por lo tanto, no es una creadora. Las ideas inmortales, puras,
 perfectas y perdurables, son transmitidas por la Mente divina
30 mediante la Ciencia divina, la cual corrige el error con la
 verdad y exige pensamientos espirituales, conceptos divinos,
 a fin de que ellos produzcan resultados armoniosos.


33 Si uno deduce sus conclusiones en cuanto al hombre



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1 desde la imperfección en lugar de la perfección, le es tan
 imposible arribar a la verdadera concepción o comprensión
3 del hombre y hacerse semejante a ella, como le es al escultor
 perfeccionar los contornos de su obra tomando un modelo
 imperfecto, o al pintor representar la figura y rostro de Jesús
6 mientras mantiene en el pensamiento el carácter de Judas.


 Las concepciones del pensamiento mortal, que yerra,
 tienen que dar lugar al ideal de todo lo que es perfecto
9 y eterno. A través de muchas generaciones las Descubri­miento
 creencias humanas irán alcanzando concepcio-
 nes más divinas, y el modelo perfecto e inmortal de la crea-
12 ción de Dios finalmente será visto como la única concepción
 verdadera del ser.


 La Ciencia revela la posibilidad de lograr todo lo bueno,
15 y pone a los mortales a trabajar para descubrir lo que Dios
 ya ha hecho; pero la falta de confianza en la propia capacidad
 para ganar el bien deseado y producir resultados mejores y
18 más elevados, a menudo impide que uno pruebe sus propias
 alas y asegura el fracaso desde el comienzo.


 Los mortales tienen que cambiar sus ideales a fin
21 de mejorar sus modelos. Un cuerpo enfermo
 es el resultado de pensamientos enfermos.


 La enfermedad, la dolencia y la muerte proce-
24 den del temor. El sensualismo desarrolla malas condiciones
 físicas y morales.


 El egoísmo y el sensualismo son educados en la mente
27 mortal por los pensamientos que se vuelven de continuo
 hacia uno mismo, por las conversaciones acerca del cuerpo
 y por la expectativa de obtener de él perpetuo placer o dolor;
30 y esta educación es a expensas del crecimiento espiritual.
 Si ataviamos el pensamiento con vestidos mortales, tiene
 que perder su naturaleza inmortal.


33 Si esperamos del cuerpo placer, encontramos dolor; si la
 Vida, encontramos muerte; si la Verdad, encontramos error;



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1 si el Espíritu, encontramos su opuesto, la materia. Ahora
 bien, revierte esta acción. Vuelve tu mirada del Los pensamientos
3 cuerpo hacia la Verdad y el Amor, el Principio son cosas
 de toda felicidad, armonía e inmortalidad. Mantén tu
 pensamiento firmemente en lo perdurable, lo bueno y lo
6 verdadero, y los traerás a tu experiencia en la proporción
 en que ocupen tus pensamientos.


 El efecto de la mente mortal sobre la salud y la felicidad
9 se ve en esto: Si uno desvía la atención del cuerpo con un
 interés tan absorbente como para olvidarlo,
 el cuerpo no experimenta ningún dolor. Bajo
12 el fuerte impulso de un deseo de representar su papel, un
 renombrado actor estaba acostumbrado, noche tras noche, a
 subir al escenario y representar la parte que le correspondía,
15 andando de un lado a otro tan ágilmente como el miembro
 más joven de la compañía. Este anciano estaba tan lisiado
 que iba cojeando todos los días al teatro, y se sentaba dolorido
18 en su silla hasta que oía su señal de entrada en escena, una
 señal que lo hacía tan ajeno a su dolencia física como si
 hubiera inhalado cloroformo, aunque estaba en plena posesión
21 de sus así llamados sentidos.


 Separa el sentido del cuerpo, o materia, que sólo es una
 forma de creencia humana, y puedes aprender el significado
24 de Dios, o el bien, y la naturaleza de lo inmuta-
 ble e inmortal. Desprendiéndote de las muta-


 ciones del tiempo y del sentido, no perderás ni
27 los objetos ni los fines sólidos de la vida ni tu propia identidad.
 Fijando tu mirada en las realidades supernas, ascenderás
 hacia la consciencia espiritual del ser, tal como el pájaro que
30 ha salido del huevo y alisa sus alas para un vuelo en dirección
 al cielo.


 Debiéramos olvidar nuestro cuerpo al recordar el bien
33 y la raza humana. El bien exige al hombre cada hora, en



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1 la cual resolver el problema del ser. La consagración al bien no
 reduce la dependencia que el hombre tiene de Dios, sino que la
3 aumenta. La consagración tampoco disminuye El olvido
 las obligaciones del hombre hacia Dios, sino
 que muestra la necesidad suprema de cumplirlas. La Ciencia
6 Cristiana no le quita nada a la perfección de Dios, sino que Le
 atribuye a Él toda la gloria. Despojándose del “viejo hombre
 con sus hechos”, los mortales “se visten de inmortalidad”.


9 No podemos sondar la naturaleza y cualidad de la creación
 de Dios sumergiéndonos en los bajíos de la creencia mortal.
 Tenemos que revertir nuestros débiles aleteos —nuestros
12 esfuerzos por encontrar vida y verdad en la materia— y
 elevarnos por encima del testimonio de los sentidos materia-
 les, por encima de lo mortal hacia la idea inmortal de Dios.
15 Estas perspectivas más claras y elevadas inspiran al hombre
 semejante a Dios a alcanzar el centro y la circunferencia
 absolutos de su ser.


18 Job dijo: “De oídas Te había oído; mas ahora mis ojos Te
 ven”. Los mortales se harán eco del pensamiento de Job
 cuando los supuestos dolores y placeres de la
21 materia cesen de predominar. Entonces aban-
 donarán la evaluación falsa de la vida y la felicidad, de la
 alegría y el pesar, y alcanzarán la dicha de amar desinteresa-
24 damente, de trabajar pacientemente y de vencer todo lo que
 sea desemejante a Dios. Al partir desde un punto de vista
 más alto, uno se eleva espontáneamente, así como la luz
27 emite luz sin esfuerzo; pues “donde esté vuestro tesoro, allí
 estará también vuestro corazón”.


 El fundamento de la discordia mortal es un sentido falso
30 del origen del hombre. Empezar correctamente es terminar
 correctamente. Todo concepto que parece
 empezar con el cerebro, empieza falsamente.
33 La Mente divina es la única causa o Principio de la existencia.
 La causa no existe en la materia, en la mente mortal, o en las
 formas físicas.



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1 Los mortales son egotistas. Se creen trabajadores inde-
 pendientes, autores personales y hasta creadores privilegiados
3 de algo que la Deidad no quiso o no pudo crear. El egotismo
 Las creaciones de la mente mortal son materia-
 les. Sólo el hombre espiritual, inmortal, representa la verdad
6 de la creación.


 Cuando el hombre mortal una sus pensamientos de la
 existencia con lo espiritual y trabaje únicamente como Dios
9 trabaja, ya no andará a tientas en las tinieblas
 ni se aferrará a la tierra porque no ha saboreado un falso creador
 el cielo. Las creencias carnales nos defraudan. Hacen del
12 hombre un hipócrita involuntario, que produce el mal cuando
 quisiera crear el bien, que forma deformidades cuando quisiera
 diseñar gracia y belleza, que hiere a quienes quisiera bendecir.
15 Se vuelve un creador falso de todas las cosas, que cree que
 es un semidiós. Su “contacto torna la esperanza en polvo, el
 polvo que todos hemos hollado”. En lenguaje bíblico él podría
18 decir: “No hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero,
 eso hago”.


 Sólo puede haber un único creador, quien lo ha creado
21 todo. Cualquier cosa que parezca ser una creación nueva, es
 sólo el descubrimiento de alguna idea distante
 de la Verdad; o es una nueva multiplicación o
24 una división por sí mismo del pensamiento mortal, como
 cuando algún sentido finito atisba desde su claustro con
 asombro e intenta imitar el infinito.


27 La multiplicación de un sentido humano y mortal de las
 personas y las cosas no es creación. Un pensamiento sensual,
 cual átomo de polvo lanzado a la cara de la inmensidad
30 espiritual, es densa ceguedad en lugar de una consciencia
 científica, eterna de la creación.


 Las evanescentes formas de la materia, el cuerpo mortal



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1 y la tierra material, son los conceptos fugaces de la mente
 humana. Tienen su día antes que las realidades permanentes
3 y su perfección en el Espíritu aparezcan. Las
 crudas creaciones del pensamiento mortal


 finalmente tienen que dar lugar a las gloriosas
6 formas que a veces contemplamos en la cámara de la Mente
 divina, cuando el cuadro mental es espiritual y eterno. Los
 mortales tienen que mirar más allá de las formas evanescentes,
9 finitas, si quieren obtener el sentido verdadero de las cosas.
 ¿Dónde ha de fijarse la mirada sino en el reino inescrutable
 de la Mente? Tenemos que mirar hacia donde queremos
12 caminar, y debemos actuar como poseyendo todo poder
 derivado de Aquel en quien tenemos nuestro ser.


 A medida que los mortales obtengan perspectivas más
15 correctas de Dios y del hombre, innumerables objetos de la
 creación, que antes eran invisibles, se volverán
 visibles. Cuando comprendamos que la Vida es propia
18 el Espíritu, nunca en la materia ni de la materia, esta com-
 prensión se expandirá hasta su compleción propia, encon-
 trándolo todo en Dios, el bien, y sin necesitar ninguna otra
21 consciencia.


 El Espíritu y sus formaciones son las únicas realidades del
 ser. La materia desaparece bajo el microscopio del Espíritu.
24 El pecado no es sostenido por la Verdad, y la
 enfermedad y la muerte fueron vencidas por


 Jesús, quien comprobó que eran formas del
27 error. La vida y la bienaventuranza espirituales son las únicas
 evidencias por medio de las cuales podemos reconocer la
 existencia verdadera y sentir la paz inefable que viene de un
30 amor espiritual que lo absorbe todo.


 Cuando aprendamos el camino en la Ciencia Cristiana y
 reconozcamos el ser espiritual del hombre, contemplaremos
33 y comprenderemos la creación de Dios: todas las glorias de la
 tierra y del cielo y del hombre.


 El universo del Espíritu está poblado de seres espirituales,



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1 y su gobierno es la Ciencia divina. El hombre es el vástago,
 no de las más bajas, sino de las más elevadas cualidades de
3 la Mente. El hombre comprende la existencia
 espiritual en la proporción en que sus tesoros
 de Verdad y Amor son ampliados. Los mortales deben
6 gravitar hacia Dios, sus afectos y propósitos espiritualizarse
 —deben acercarse a interpretaciones más amplias del ser y
 ganar un sentido más apropiado del infinito— a fin de poder
9 despojarse del pecado y la mortalidad.


 Este sentido científico del ser, que abandona la materia por
 el Espíritu, de ningún modo sugiere la absorción del hombre
12 en la Deidad y la pérdida de su identidad, sino que confiere
 al hombre una individualidad ampliada, una esfera de
 pensamiento y acción más extensa, un amor más expansivo,
15 una paz más elevada y más permanente.


 Los sentidos representan el nacimiento como inoportuno
 y la muerte como irresistible, como si el hombre fuera una
18 mala hierba que crece rápidamente o una flor
 marchitada por el sol y dañada por heladas
 intempestivas; pero esto es cierto sólo de un mortal, no de un
21 hombre a la imagen y semejanza de Dios. La verdad del ser
 es perenne, y el error es irreal y obsoleto.


 ¿Quién que ha sentido la pérdida de la paz humana no ha
24 ganado deseos más fuertes por el gozo espiritual? La aspira-
 ción al bien celestial nos viene aun antes que
 descubramos lo que pertenece a la sabiduría y


27 al Amor. La pérdida de esperanzas y placeres
 terrenales ilumina la senda ascendente de muchos corazones.
 Los dolores del sentido nos informan rápidamente que los
30 placeres del sentido son mortales y que el gozo es espiritual.


 Los dolores del sentido son saludables, si desarraigan
 las falsas creencias placenteras y trasplantan los afectos



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1 desde el sentido al Alma, donde las creaciones de Dios son
 buenas y “alegran el corazón”. Tal es la espada Decapitación
3 de la Ciencia, con la cual la Verdad decapita el del error
 error, la materialidad dando lugar a la individualidad y al
 destino más elevados del hombre.


6 ¿Sería la existencia sin amigos personales un vacío para ti?
 Entonces llegará el momento en que estarás solitario, privado
 de compasión; mas este aparente vacío ya está
9 colmado de Amor divino. Cuando llegue esta
 hora de desarrollo, aunque te aferres a un sentido de gozos
 personales, el Amor espiritual te forzará a aceptar lo que
12 mejor promueva tu crecimiento. Los amigos traicionarán y
 los enemigos calumniarán, hasta que la lección sea suficiente
 para exaltarte; pues “la necesidad extrema del hombre es la
15 oportunidad de Dios”. La autora ha experimentado la profe-
 cía antedicha y sus bendiciones. Así Él enseña a los mortales
 a abandonar su carnalidad y a ganar la espiritualidad. Esto
18 se logra mediante la abnegación. El Amor universal es el
 camino divino en la Ciencia Cristiana.


 El pecador crea su propio infierno haciendo el mal, y el
21 santo su propio cielo haciendo el bien. Las persecuciones
 opuestas del sentido material, ayudando al mal con el mal,
 engañarían a los mismos escogidos.


24 Los mortales deben seguir los dichos de Jesús y sus demos-
 traciones, las cuales dominan la carne. La Mente perfecta e
 infinita entronizada es el cielo. Las creencias
27 malévolas que se originan en los mortales son
 el infierno. El hombre es la idea del Espíritu; refleja la pre-
 sencia beatífica, llenando de luz el universo. El hombre es
30 imperecedero, espiritual. Está por encima de pecado o
 flaqueza. No atraviesa las barreras del tiempo hacia la vasta
 eternidad de la Vida, sino que coexiste con Dios y el universo.



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1 Todo objeto en el pensamiento material será destruido,
 pero la idea espiritual, cuya sustancia está en la Mente, es
3 eterna. Los vástagos de Dios no se originan
 en la materia o el polvo efímero. Están en el
 Espíritu, y son del Espíritu, la Mente divina, y continúan así
6 para siempre. Dios es uno. La totalidad de la Deidad es Su
 unidad. Genéricamente el hombre es uno, y específicamente
 hombre significa todos los hombres.


9 Se admite generalmente que Dios es Padre, eterno, creado
 por Sí mismo, infinito. Si esto es así, el Padre eterno debe
 haber tenido hijos con anterioridad a Adán. El gran Yo soy
12 hizo todo “lo que ha sido hecho”. Por lo tanto, el hombre y el
 universo espiritual coexisten con Dios.


 Los Científicos Cristianos comprenden que, en un
15 sentido religioso, tienen la misma autoridad para el apelativo
 madre, que para el de hermano o hermana. Jesús dijo:
 “Porque todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que está
18 en los cielos, ése es mi hermano, y hermana, y madre”.


 Cuando son examinados bajo la luz de la Ciencia divina,
 los mortales presentan más de lo que se detecta en la superfi-
21 cie, ya que los pensamientos invertidos y las
 creencias erróneas tienen que ser falsificaciones


 de la Verdad. El pensamiento es tomado en
24 préstamo de una fuente más elevada que la materia, y por
 reversión, los errores sirven como postes indicadores hacia la
 Mente única, en la cual todo error desaparece en la Verdad
27 celestial. El manto del Espíritu es “blanco y resplandeciente”,
 como el vestido del Cristo. Aun en este mundo, por tanto,
 “en todo tiempo sean blancos tus vestidos”. “Bienaventurado
30 el varón que soporta [vence] la tentación; porque cuando
 haya resistido la prueba [se haya comprobado que es fiel],
 recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le
33 aman” (Santiago 1:12).





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Capítulo 10 — La Ciencia del ser



Lo que era desde el principio, lo que hemos oído,
lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado,
y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida...;
lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos,
para que también vosotros tengáis comunión con nosotros;
y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre,
y con Su hijo Jesucristo. — Juan, Primera Epístola.


Aquí estoy. No puedo obrar de otra manera;
¡Dios me auxilie! ¡Amén! — Martín Lutero.


1 En el mundo material, el pensamiento ha sacado a luz con
 gran rapidez muchas maravillas útiles. Con igual activi-
3 dad las veloces alas del pensamiento se han ido elevando
 hacia el reino de lo real, hacia la causa espiritual El reto
 de aquellas cosas inferiores que dan impulso a materialista
6 la investigación. La creencia en una base material, de la cual
 pueda ser deducida toda racionalidad, está cediendo lenta-
 mente a la idea de una base metafísica, volviéndose de la
9 materia hacia la Mente como la causa de todo efecto. Las
 hipótesis materialistas desafían la metafísica para enfrentarse
 en combate final. En este período revolucionario, como el
12 joven pastor con su honda, la mujer se adelanta para luchar
 contra Goliat.


 En esta lucha final por la supremacía, los sistemas semi-
15 metafísicos no proporcionan ayuda sustancial a la metafísica
 científica, pues sus argumentos están basados
 en los falsos testimonios de los sentidos mate-
18 riales así como en las realidades de la Mente. Estos sistemas



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1 semimetafísicos son todos por igual panteístas, y saben a
 pandemonio, una casa dividida contra sí misma.


3 Desde el comienzo hasta el fin, la supuesta coexistencia
 de la Mente y la materia y la mezcla del bien y el mal han sido
 el resultado de la filosofía de la serpiente. Las demostraciones
6 de Jesús separan la paja del trigo, y revelan la unidad y la
 realidad del bien, la irrealidad, la nada, del mal.


 La filosofía humana ha hecho a Dios semejante al hombre.
9 La Ciencia Cristiana hace al hombre semejante a Dios. Lo
 primero es error; lo último es verdad. La metafí-
 sica está por encima de la física, y la materia no divina
12 entra en las premisas o en las conclusiones metafísicas.
 Las categorías de la metafísica descansan sobre una sola
 base: la Mente divina. La metafísica resuelve las cosas en
15 pensamientos, y cambia los objetos del sentido por las ideas
 del Alma.


 Estas ideas son perfectamente reales y tangibles para
18 la consciencia espiritual, y tienen esta ventaja sobre los
 objetos y pensamientos del sentido material: son buenas y
 eternas.


21 El testimonio de los sentidos materiales no es ni absoluto
 ni divino. Por lo tanto, yo me planto sin reservas en las
 enseñanzas de Jesús, de sus apóstoles, de los
24 profetas, y en el testimonio de la Ciencia de la
 Mente. Otros fundamentos no hay. Todos los otros sistemas
 —sistemas basados entera o parcialmente en el conocimiento
27 obtenido por medio de los sentidos materiales— son cañas
 sacudidas por el viento, no casas edificadas sobre la roca.


 Las teorías que combato son estas: (1) que todo es mate-
30 ria; (2) que la materia se origina en la Mente, y
 es tan real como la Mente, poseyendo inteligen-
 cia y vida. La primera teoría, que la materia es todo, es tan



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1 razonable como la segunda, que la Mente y la materia coexis-
 ten y cooperan. Sólo una de las declaraciones siguientes
3 puede ser verdadera: (1) que todo es materia; (2) que todo es
 Mente. ¿Cuál de ellas es?


 La materia y la Mente son opuestas. Una es contraria a
6 la otra en su naturaleza y esencia mismas; por consiguiente,
 ambas no pueden ser reales. Si una es real, la otra debe ser
 irreal. Sólo mediante la comprensión de que no hay sino un
9 único poder —no dos poderes, la materia y la Mente— se llega
 a conclusiones científicas y lógicas. Pocos niegan la hipótesis
 de que la inteligencia, separada del hombre y de la materia,
12 gobierna el universo; y es generalmente admitido que esta
 inteligencia es la Mente eterna o el Principio divino, el Amor.


 Los profetas de antaño buscaban algo más elevado que
15 los sistemas de su época; de ahí su previsión
 de la nueva dispensación de la Verdad. Pero
 no sabían cuál sería la naturaleza precisa de la enseñanza y
18 demostración de Dios, la Mente divina, en Sus significados
 más infinitos, la demostración que iba a destruir el pecado, la
 enfermedad y la muerte, establecer la definición de la omni-
21 potencia y mantener la Ciencia del Espíritu.


 El orgullo del sacerdocio es el príncipe de este mundo. No
 tiene nada en el Cristo. La mansedumbre y la caridad poseen
24 autoridad divina. Los mortales piensan perversamente; por
 consiguiente son perversos. Tienen pensamientos enfermizos,
 y por eso se enferman. Si el pecado hace pecadores, sólo la
27 Verdad y el Amor pueden hacer que no lo sean. Si un sentido
 de malestar produce sufrimiento y un sentido de bienestar es
 un antídoto contra el sufrimiento, la enfermedad es mental,
30 no material. De ahí el hecho de que sólo la mente humana
 sufre, está enferma, y de que sólo la Mente divina sana.


 La vida de Cristo Jesús no fue milagrosa, sino que fue
33 inherente a su espiritualidad, la buena tierra donde la semilla



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1 de la Verdad brota y lleva mucho fruto. El cristianismo de
 Cristo es la cadena del ser científico que reaparece en todas
3 las épocas, mantiene su obvia correspondencia con las
 Escrituras y une todos los períodos en el designio de Dios.
 Ni la emasculación, la ilusión, ni la insubordinación existen
6 en la Ciencia divina.


 Jesús instruyó a sus discípulos sobre cómo sanar enfer-
 mos por medio de la Mente en lugar de la materia. Él sabía
9 que la filosofía, la Ciencia y la prueba del cristianismo estaban
 en la Verdad, que echa fuera toda desarmonía.


 En latín, la palabra traducida por discípulo significa
12 estudiante; y la palabra indica que el poder de sanar no era
 un don sobrenatural para esos estudiantes,
 sino el resultado de su cultivada comprensión
15 espiritual de la Ciencia divina, la cual su Maestro demos-
 traba sanando a los enfermos y a los pecadores. De ahí la
 aplicación universal de su dicho: “No ruego solamente por
18 éstos, sino también por los que han de creer en mí [compren-
 derme] por la palabra de ellos”.


 Nuestro Maestro dijo: “Mas el Consolador... os enseñará
21 todas las cosas”. Cuando la Ciencia del cristia-
 nismo aparezca, te guiará a toda la verdad. El


 Sermón del Monte es la esencia de esta Ciencia,
24 y la vida eterna, no la muerte de Jesús, es su resultado.


 Aquellos que están dispuestos a dejar sus redes o a
 echarlas a la derecha por la Verdad, tienen la oportunidad
27 ahora, como antaño, de aprender y practicar la Mensajero
 curación cristiana. Las Escrituras la contienen. celestial


 El significado espiritual de la Palabra imparte
30 este poder. Pero, como dice Pablo: “¿Cómo oirán sin haber
 quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no fueren



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1 enviados?” Si enviados, ¿cómo predicarán, convertirán y
 sanarán a las multitudes, a menos que la gente oiga?


3 El sentido espiritual de la verdad tiene que ser obtenido
 antes que la Verdad pueda ser comprendida. Este sentido es
 asimilado sólo a medida que seamos honestos, La espiritua­lidad
6 abnegados, amorosos y mansos. En la tierra de de las Escrituras
 un “corazón bueno y recto” la semilla debe ser sembrada; de
 otro modo no lleva mucho fruto, pues el elemento grosero en
9 la naturaleza humana lo desarraiga. Jesús dijo: “Erráis, igno-
 rando las Escrituras”. El sentido espiritual de las Escrituras
 saca a luz el sentido científico, y es la nueva lengua mencionada
12 en el último capítulo del Evangelio de Marcos.


 La parábola del “sembrador”, que relató Jesús, muestra
 el cuidado que tuvo nuestro Maestro de no impartir a oídos
15 torpes y corazones toscos las enseñanzas espirituales que
 la torpeza y la tosquedad no podían aceptar. Leyendo los
 pensamientos de la gente, él dijo: “No deis lo santo a los
18 perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos”.


 Es la espiritualización del pensamiento y la cristianiza-
 ción de la vida diaria, en contraste con los resultados de la
21 horrible farsa de la existencia material; es la
 castidad y pureza, en contraste con las tenden-
 cias degradantes y la gravitación hacia lo terrenal del sensua-
24 lismo y de la impureza, lo que realmente atestigua el origen y
 la operación divinos de la Ciencia Cristiana. Los triunfos de
 la Ciencia Cristiana están registrados en la destrucción del
27 error y del mal, desde los cuales son propagadas las sombrías
 creencias de pecado, enfermedad y muerte.


 El Principio divino del universo tiene que interpretar
30 el universo. Dios es el Principio divino de todo lo que
 Lo representa y de todo lo que realmente existe. Dios, el Prin­cipio
 Sólo la Ciencia Cristiana, como fue demostrada de todo
33 por Jesús, revela el Principio natural y divino de la Ciencia.



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1 La materia y sus pretensiones de pecado, enfermedad y
 muerte son contrarias a Dios, y no pueden emanar de Él. No
3 hay verdad material. Los sentidos físicos no pueden tener
 conocimiento de Dios y de la Verdad espiritual. La creencia
 humana ha buscado muchas invenciones, pero ninguna
6 de ellas puede resolver el problema del ser sin el Principio
 divino de la Ciencia divina. Las deducciones de las hipótesis
 materiales no son científicas. Difieren de la Ciencia verdadera
9 porque no están basadas en la ley divina.


 La Ciencia divina revierte el falso testimonio de los senti-
 dos materiales, y así destruye los fundamentos
12 del error. De ahí la enemistad entre la Ciencia


 y los sentidos, y la imposibilidad de lograr una
 comprensión perfecta hasta que los errores del sentido son
15 eliminados.


 Las así llamadas leyes de la materia y de la ciencia médica
 jamás han hecho a los mortales sanos, armoniosos e inmor-
18 tales. El hombre es armonioso cuando es gobernado por el
 Alma. De ahí la importancia de comprender la verdad del
 ser, que revela las leyes de la existencia espiritual.


21 Dios nunca decretó una ley material para anular la ley
 espiritual. Si hubiera tal ley material, se opondría a la supre-
 macía del Espíritu, Dios, e impugnaría la sabi-
24 duría del creador. Jesús anduvo sobre las olas,
 alimentó a las multitudes, sanó a los enfermos y resucitó a los
 muertos en directa oposición a las leyes materiales. Sus actos
27 eran la demostración de la Ciencia, venciendo las falsas
 pretensiones del sentido o ley materiales.


 La Ciencia muestra que las opiniones y creencias mortales
30 y materiales conflictivas emiten los efectos del error en todo
 momento, pero esta atmósfera de la mente mortal no puede
 ser destructiva para la moral y la salud cuando es enfrentada



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1 pronta y persistentemente con la Ciencia Cristiana. La Verdad
 y el Amor son un antídoto contra este miasma mental, y así
3 vigorizan y sostienen la existencia. El cono-


 cimiento innecesario obtenido de los cinco
 sentidos es sólo temporal —la concepción de
6 la mente mortal, el vástago del sentido, no del Alma, el
 Espíritu— y simboliza todo lo que es malo y perecedero.
 Las ciencias naturales, como son comúnmente llamadas, no
9 son realmente naturales ni científicas, porque son deducidas
 de la evidencia de los sentidos materiales. Las ideas, por el
 contrario, nacen del Espíritu, y no son meras inferencias
12 deducidas de premisas materiales.


 Los sentidos del Espíritu moran en el Amor, y demuestran
 la Verdad y la Vida. Por lo tanto, el cristianismo y la Ciencia
15 que lo expone están basados en la comprensión
 espiritual, y suplantan las así llamadas leyes de


 la materia. Jesús demostró esta gran verdad.
18 Cuando lo que erróneamente llamamos los cinco sentidos
 físicos están mal dirigidos, son simplemente las creencias
 manifestadas de la mente mortal, que afirman que la vida,
21 la sustancia y la inteligencia son materiales, en lugar de
 espirituales. Estas creencias falsas y sus productos constitu-
 yen la carne, y la carne lucha contra el Espíritu.


24 La Ciencia divina es absoluta, y no permite una posición
 a medias al aprender su Principio y su regla, estableciéndola
 por medio de la demostración. La asociación
27 convencional, denominada materia y mente,
 jamás fue formada por Dios. La Ciencia y la comprensión,
 gobernadas por la Mente infalible y eterna, destruyen la
30 imaginaria coasociación, materia y mente, formada sólo para
 ser destruida de una manera y en un período aún desconoci-
 dos. Esta supuesta asociación ya es obsoleta, pues la materia,
33 examinada a la luz de la metafísica divina, desaparece.



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1 La materia no tiene vida que perder, y el Espíritu nunca
 muere. Una asociación de la mente con la materia ignoraría
3 la Mente omnipresente y omnipotente. Esto
 muestra que la materia no se originó en Dios,
 el Espíritu, y que no es eterna. Por consiguiente, la materia no
6 es ni sustancial, viviente ni inteligente. El punto de partida de
 la Ciencia divina es que Dios, el Espíritu, es Todo‐en‐todo, y
 que no hay otro poder ni otra Mente, que Dios es Amor, y por
9 lo tanto, es el Principio divino.


 Para comprender la realidad y el orden del ser en su Ciencia,
 tienes que empezar por considerar a Dios como el Principio
12 divino de todo lo que realmente es. El Espíritu, Sinónimos
 la Vida, la Verdad, el Amor, se combinan en uno, divinos
 y son los nombres bíblicos de Dios. Toda sustancia, inteligen-
15 cia, sabiduría, todo ser, toda inmortalidad, causa y todo efecto
 pertenecen a Dios. Estos son Sus atributos, las eternas mani-
 festaciones del Principio divino e infinito, el Amor. Ninguna
18 sabiduría es sabia, sino Su sabiduría; ninguna verdad es verda-
 dera, ningún amor es amoroso, ninguna vida es Vida, sino los
 que son divinos; ningún bien existe, sino el bien que Dios concede.


21 La metafísica divina, como es revelada a la comprensión
 espiritual, claramente muestra que todo es Mente, y que la
 Mente es Dios, omnipotencia, omnipresencia,
24 omnisciencia, es decir, todo poder, todo pre-
 sencia, todo Ciencia. Por lo tanto, todo es en realidad la
 manifestación de la Mente.


27 Nuestras teorías humanas y materiales están desprovistas
 de Ciencia. La verdadera comprensión de Dios es espiritual.
 Roba la victoria al sepulcro. Destruye la falsa evidencia que
30 desorienta el pensamiento y señala hacia otros dioses, u otros
 así llamados poderes, tales como la materia, la enfermedad,
 el pecado y la muerte, como superiores o contrarios al único
33 Espíritu.


 La Verdad, discernida espiritualmente, es científicamente
 comprendida. Echa fuera el error y sana a los enfermos.



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1 Tener un único Dios, una única Mente, desarrolla el
 poder que sana a los enfermos, y cumple estos dichos de las
3 Escrituras: “Yo soy Jehová tu Sanador”, y “Yo he Hermandad
 hallado rescate”.* Cuando los preceptos divinos universal
 son comprendidos, desarrollan el fundamento de la fraterni-
6 dad, en la cual una mente no está en guerra con otra, sino
 que todos tienen un único Espíritu, Dios, un único origen
 inteligente, de acuerdo con el mandato bíblico: “Tened dentro
9 de vosotros esa Mente que estaba también en Cristo Jesús”.*
 El hombre y su Hacedor están correlacionados en la Ciencia
 divina, y la consciencia verdadera sólo tiene conocimiento de
12 las cosas de Dios.


 Darse cuenta de que toda desarmonía es irreal presenta los
 objetos y pensamientos ante la vista humana en su luz verda-
15 dera, y los presenta como bellos e inmortales. La armonía en el
 hombre es tan real e inmortal como en la música. La discordia
 es irreal y mortal.


18 Si se admite que Dios es la Mente y Vida únicas, cesa
 de haber cualquier oportunidad para el pecado y la muerte.
 Cuando aprendemos en la Ciencia cómo ser
21 perfectos, así como nuestro Padre en los cielos
 es perfecto, el pensamiento es dirigido hacia conductos
 nuevos y saludables, a la contemplación de cosas inmortales
24 y en dirección opuesta a la materialidad, hacia el Principio del
 universo, incluyendo el hombre armonioso.


 Las creencias materiales y la comprensión espiritual jamás
27 se mezclan. La última destruye las primeras. La discordancia
 es la nada llamada error. La armonía es el algo llamado Verdad.


 La naturaleza y la revelación nos informan que lo igual
30 produce su igual. La Ciencia divina no recoge