Punto de Vigilancia 36 |

Punto de Vigilancia 36

From 500 Puntos de Vigilancia by Gilbert C. Carpenter, C.S.B. and Gilbert C. Carpenter, Jr., C.S.B.


Haz clic aquí para escuchar el audio mientras lees:


36 — VIGILA, no sea que no logres distinguir entre el Amor como el bien infinito reflejado por el hombre, del cual el hombre es la completa expresión, y la errónea interpretación humana y el mal uso de éste. Si permites que tu concepto del amor se oscurezca a través del sentido material de éste que ves en el mundo, puedes volverte tan prejuicioso y temeroso de él, que no logres cultivarlo como una cualidad espiritual derivada de Dios. Si la perversión humana del amor parece tan desagradable que te esfuerces en aplastar o reprimir todos los afectos tiernos, puede ser que tires por la borda la cosa más necesaria para tu salvación, ya que el amor es el verdadero vínculo entre lo humano y lo divino.

Cuando veas a alguien haciendo mal uso del amor, o personalizándolo, recuerda que él tiene nostalgia del cielo y anhelo de Dios, pero, como no lo sabe, acepta el sustituto humano. Si el Maestro no condenó a María Magdalena, sino que la sanó al alimentar espiritualmente sus afectos hambrientos, los Científicos Cristianos no deberían condenar a quien ya ha sufrido lo suficiente por su error como para estar listo para el Amor divino.

Si la copa de un árbol se ha doblado hacia el suelo, por lo cual está creciendo hacia abajo en lugar de hacia arriba, no matas al árbol o lo cortas. Jalas la copa lejos de la tierra y la dejas libre para que crezca hacia la luz. Si una muchacha acepta un anillo de diamantes de imitación como un anillo de compromiso, no condenas su deseo sincero de tener un esposo, mejor la previenes para que sea más cautelosa, no sea que vuelva a ser engañada por otro canalla.

La Sra. Eddy, en la aplicación de sus enseñanzas, no temía manifestar la más profunda y tierna clase de afecto hacia sus alumnos, pero ella reprendía firmemente el error de cualquier tipo. Cuando descubrió inmoralidad en un estudiante, ella escribió, el 19 de enero de 1884, “Le pedí tratar de enseñar, pero cuando tomé a sus alumnos encontré que su influencia mental, no sus palabras, les había infligido un daño que no pude reparar de inmediato. Su sensualidad y falsedad tienen su efecto, a pesar de que estén fuera de su vista”. En otra ocasión, el 25 de agosto de 1898, escribió: “Mi preciado alumno, por el amor de Dios y el bien de la Descubridora de la Ciencia Cristiana, limpie su pensamiento mortal de todo lo que no debería haber reflejado y visto en la vida de sus estudiantes. Los buenos sanadores son los únicos buenos maestros. Un músico debe cantar o tocar bien y es juzgado por su actuación, no por su verbosidad. La Ciencia es práctica, prueba, no profesión, ni ingenio o filosofía agudos; estos no son más que apologías de su ausencia, si no poseen el espíritu que sana a ambos, la enfermedad y el pecado”.