Punto De Vigilancia 18 |

Punto De Vigilancia 18

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18 – VIGILA, no sea que la falsa teología, que constantemente le pisa a uno los talones para tentarlo en su jornada al cielo, te haga continuar concibiendo la oración como una mera petición, más que un deseo, comprensión y afirmación; como un medio para conseguir algo que ahora no posees y que quizás en realidad no necesitas, más que como un proceso científico que abre los ojos del hombre al conocimiento de que él, por reflejo, posee ahora todo el bien. Esta diferencia puede ser ilustrada por alguien que aguarda al cartero para que le entregue un paquete esperado, en lugar de descubrir que éste hace mucho que le ha sido entregado. La verdadera oración es el deseo correcto que conduce al hombre a un esfuerzo científico para desvanecer del pensamiento todo sentido de realidad del testimonio material, como evidencia del estatus limitado y mortal del hombre, para obtener la comprensión de que, en tanto es el reflejo de Dios, la totalidad de todo el bien es su posesión presente ahora. Además, es su privilegio y obligación reflejar este bien a toda la humanidad.

La Sra. Eddy alguna vez expresó, “Después de afirmar el bien y negar el error, hasta que tu pensamiento esté claro y puro, ve más allá y da gracias de que, mientras esperaste, recibiste lo que pediste. Ya no regreses a pedir, sino que continúa dando gracias de que lo has recibido”.

Dado que Dios es Padre y Madre, se puede decir que nos acercamos a Él tanto desde la base masculina como de la femenina. Una es la cabeza, la otra es el corazón; una, la razón, la otra, la revelación. Una utiliza el poder de Dios con autoridad; la otra se arrodilla humildemente ante el trono de Dios anhelando y pidiendo más de Su gracia. Aquellos que limitan sus oraciones a la cabeza son propensos a tomar demasiado para sí mismos, y sentir que ellos están haciendo las obras; aquellos que oran solamente con el corazón son propensos a dejar todo el trabajo a Dios. Pero la proporción correcta hace que Dios y el hombre trabajen al unísono. Como la Sra. Eddy alguna vez señaló, “El negocio de Dios es sanar y el negocio del hombre es permitírselo”.