Un tratamiento para cada día |

Un tratamiento para cada día

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  1. Cada vez que declaras que eres perfecto en Dios, recorre por el cuerpo un poder que da salud.
    Cuando te des cuenta de esta verdad de verdades, que ahora eres, no que serás, perfecto en Dios, sin una sola duda, sucederán cambios maravillosos.
    Pero permíteme exhortarte, por más difícil que parezca, a que declares innumerables veces que eres perfecto, alegre, triunfador y completo.
  2. Di a menudo: Dios es mi fuerza. Dios es mi vida. Dios es mi salud y mi comprensión.
  3. En Él tienes dominio sobre el mundo, la carne y el diablo, un dominio que es omnipotente: tu vida está en Él. Ningún poder puede atarte. Dios es la única vida, el Espíritu es la única sustancia, el Amor es la única causa, la armonía es la única ley, ahora es el único momento.
  4. Éste es el hogar espiritual de Dios; nada puede entrar para molestar o destruir, para manifestar pecado, enfermedad o desaliento, porque Dios llena este hogar con amor y paz perfectos, y gobierna a cada uno de sus miembros.
  5. No puede haber voluntad humana, obstinación ni magnetismo animal que oscurezca la atmósfera de ningún hogar, porque Dios en verdad mora en la tierra y gobierna cada evento.
  6. No hay ninguna condición maligna de pensamiento que pueda argumentar o sugerir o decretar alguna ley para dominarme, o controlarme, intimidarme o aplastarme, o producir algún mal sobre mí, o excluir algún bien de mi conciencia.
  7. No hay ley de fracaso, ni de escasez, ni de pobreza, ni de carencia, ni de limitación.
  8. No hay más ley que la ley divina, que es de plenitud, abundancia, armonía y dominio. No hay mente o mentes mortales, buenas, malas o indiferentes, individuales, colectivas o universales que puedan tocarme a mí o a cualquiera en el radio de mi pensamiento en este día, pues Dios, el bien, me gobierna a mí y a cada miembro de mi hogar con perfecto amor.
  9. Amado Padre-Madre, dame sabiduría para enfrentar los problemas que se presenten hoy, dame comprensión para negar el error. Dame la gracia de callar cuando hablar es innecesario.
  10. Oh, Amor, acógeme, dame una sola Mente, una sola conciencia; y capacítame para amar a mi prójimo como a mí mismo. Cuando dejo de juzgar, criticar o condenar, empiezo a progresar.