Extracto del Culto de la Pascua de Resurrección |

Extracto del Culto de la Pascua de Resurrección

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En la carne somos como una pared intermedia entre lo antiguo y lo nuevo; entre la religión antigua en la cual hemos sido educados, y la nueva, viviente e impersonal idea del Cristo, que se ha dado hoy al mundo.

Las iglesias antiguas están diciendo: “No está aquí”; y “¿Quién rodará a un lado la piedra?”

La piedra ha sido rodada a un lado por el sufrimiento humano. El primer deseo correcto en la hora de separación, cuando creemos haber perdido de vista la Verdad, es saber dónde Fue puesto. Esta petición se resume en estas preguntas:

¿Está nuestra consciencia en la materia o en Dios? ¿Tenemos otra consciencia aparte de la del bien? Si la tenemos, Él nos está diciendo hoy: “Adán, ¿dónde estás?” Si nuestra consciencia está en el pecado, la enfermedad y la muerte, estamos equivocados. Ésta es la consciencia antigua.

En la religión nueva la enseñanza es ésta: “Él no está aquí; la Verdad no está en la materia; él ha resucitado; la Verdad ha llegado a ser más para nosotros —más verdadera, más espiritual”.

¿Podemos decir esto hoy? ¿Hemos abandonado la consciencia de la enfermedad y del pecado por la de la salud y la santidad? ¿Qué pareciera interponerse como una piedra entre nosotros y la mañana de la resurrección?

Es la creencia de que hay mente en la materia. Sólo podemos llegar a la resurrección espiritual cuando abandonamos la consciencia antigua de que el Alma está en los sentidos.

Estas flores son apóstoles florales. Dios hace todo esto por medio de Sus seguidores; y Él hizo cada flor en la Mente antes que brotara de la tierra. ¡No obstante, recurrimos a la materia y la tierra para que nos brinden estas sonrisas de Dios!

Tenemos que despojarnos de la consciencia material, y entonces podremos percibir la Verdad, y decir con María: “¡Raboni!” —¡Maestro!

En 1866, cuando Dios me reveló este Cristo resucitado, esta Vida que no conoce muerte, que dice: “Porque él vive, yo también vivo”, desperté del sueño de que el Espíritu pueda estar en la carne, a tal grado que me puse del lado del Espíritu y me esforcé por poner fin a mi lucha.

Cuando fui liberada, por medio de esta consciencia, de la tenebrosa sombra y el umbral de la muerte, mis amigos se asustaron al verme restablecida. Una anciana querida me preguntó: “¿Cómo es que usted nos ha sido devuelta? ¿Ha vuelto Cristo a la tierra?”

“Cristo jamás la dejó”, respondí; “Cristo es la Verdad, y la Verdad siempre está aquí —el Salvador impersonal”.

Luego me encontré con otra persona más materialista y le dije, en las palabras de mi Maestro: “No me toques”. Me estremecí ante su acercamiento materialista; entonces mi corazón recurrió a Dios, y encontré la puerta abierta de este sepulcro de la materia.

Amo el culto de la Pascua de Resurrección: me habla de Vida, y no de muerte.

Hagamos nuestro trabajo; entonces tendremos parte en su resurrección.