Curacion Por Medio De La Verdad – Extracto |

Curacion Por Medio De La Verdad – Extracto

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Lo que eleva espiritualmente a la raza humana, en lo físico, lo moral y lo cristiano, es el hecho evidente de que la Verdad demuestra el bien y es natural; mientras que el error, o el mal, realmente no existe, y tiene que haber producido su propia ilusión —pues no pertenece ni a la naturaleza ni a Dios. La Verdad es el poder de Dios que sana al enfermo y al pecador, y es aplicable a todas las necesidades del hombre. Es la idea-Cristo, universal e inteligente, ilustrada por la vida de Jesús, por cuya “llaga fuimos nosotros curados”. A través de conflictos, derrotas y triunfos, la Ciencia Cristiana se ha puesto al nivel de la comprensión de los mortales y se ha visto que es capaz de sanarlos.

El misticismo pagano, la filosofía griega, o la religión judaica, nunca entraron en la línea de pensamiento o acción de Jesús. Su fe no tenía nada que ver con los medicamentos, la materia, ni con las parodias de la mente mortal. La Mente divina fue su único medio y potencia en la religión o medicina. El Principio de su obra sanadora era Dios, estaba en las leyes del Espíritu, no de la materia; y estas leyes anulaban toda otra ley. Jesús sabía que la suposición del mal estaba solamente en el errado pensamiento mortal, y que el pecado, la enfermedad y la muerte son sus estados subjetivos; también sabía que la Mente pura es la verdad del ser que subyuga y destruye todo lo que haya de hipotético o elemental que se oponga a Aquel que lo es Todo. La Verdad es suprema y omnipotente. Por tanto, cualquier otra cosa que parezca ser inteligencia o poder es falsa; engaña la razón y niega la revelación, y procura destronar a la Deidad. La verdad de la curación por la Mente eleva a la humanidad, al reconocer que la Mente pura es absoluta y completa, y que el mal no es nada, aunque parezca ser algo.

La Mente pura exhala una atmósfera que sana y salva. Las palabras no son siempre los auxiliares de la Verdad. El espíritu, y no la letra, ejecuta las funciones vitales de la Verdad y el Amor. La Mente, imbuida de esta Ciencia de la curación, es una ley para sí misma, que no necesita ni licencia ni prohibición; mas la mente sin ley, con motivos ocultos y métodos mentales silenciosos con los cuales perjudicar a la raza humana, es la máxima atenuación del mal.

Además: el mal, como mente, está condenado, ya está sentenciado, castigado; pues el sufrimiento tiene medida común con el mal, y dura mientras dure el mal. Como mente, el mal no puede escapar de sí mismo; y el pecado y sufrimiento que ocasiona sólo pueden ser eliminados por la reforma.

De acuerdo con la ley divina, el pecado y el sufrimiento no son cancelados por el arrepentimiento o el perdón. La Ciencia Cristiana no solamente elucida sino que también demuestra esta verdad del ser; al saber, que los mortales sufren a causa del mal que cometen, ya sea intencionalmente o por ignorancia; que todo efecto y amplificación del mal volverá sobre el malhechor, hasta que haya pagado su deuda total a la ley divina, y hasta que, con la medida que él hubiere medido, se le vuelva a medir —medida que estará llena, apretada y rebosando. Por cierto, “el camino de los transgresores es duro”.

En esta ley de justicia, la expiación de Cristo no pierde eficacia. La justicia es la sierva de la misericordia, y hace misericordia castigando el pecado. Jesús dijo: “No he venido para abrogar la ley” —los requisitos divinos registrados en la ley de Moisés— “sino para cumplirla”, en justicia, mediante la destrucción del error con la Verdad. No puede presentarse ejemplo más noble de Amor divino que la consumación de un propósito tan glorioso. Este espíritu de sacrificio siempre ha salvado, y aún salva a la humanidad; mas por humanidad quiero decir los mortales, o una clase de hombres según la hechura de los hombres. El hombre, como idea de Dios, ya está salvado con salvación eterna. Es imposible ser Científico Cristiano sin comprender la ley moral tan claramente que, por motivos de conciencia, deje uno de afirmar que tan siquiera conoce esta Ciencia, o si no, que justifique lo que afirma. Toda Ciencia es divina. Entonces, para que sea Ciencia, tiene que producir armonía física y moral.