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El término Mente y Cuerpo literalmente significa Dios y Hombre, porque el hombre es la expresión de la Mente y la manifestación de la Mente es la encarnación de la misma. Por lo tanto, el hombre es el cuerpo de Dios y solamente hay un Dios. El cuerpo es entonces el conjunto de ideas espirituales, por siempre controladas y gobernadas por la ley de la Vida, armoniosa y eterna. Este conocimiento del cuerpo perfecto es el salvador de la creencia del cuerpo y es la ley de la recuperación de cualquier y toda declaración del error.

Parece ser algo maravilloso cuando pensadores avanzados empiezan a percibir ciertas leyes mentales y las aplican en la curación del cuerpo. Esta enseñanza mental dice que el hombre es el que construye o crea su cuerpo, que el edifica o forma su cuerpo por medio de los pensamientos, que puede cambiar el cuerpo por medio de los pensamientos y por ende, si el ha edificado un cuerpo enfermo debido a pensamientos equivocados o ignorantes, puede edificar un cuerpo sano al pensar correctamente, que con pensamientos ignorantes y discordantes impide la manifestación de Dios, y que con pensamientos verdaderos y armoniosos sede la manifestación de Dios.

Por supuesto, esto es un gran avance sobre el sistema antiguo de medicina, pero no es suficiente para satisfacer a quien desea toda la verdad y nada mas que la verdad. Hacen del cuerpo un campo de batalla de fuerzas opuesta y rivales, pensamientos equivocados desarrollan la enfermedad, pensamientos correctos la destrozan, pensamientos equivocados crean la enfermedad, pensamientos correctos la destruyen y atraen estados saludables, porque estas enseñanzas tratan con los cambios de estados de mentalidad personal y no con el estado inmutable del ser, la Mente inmutable, la omnipresencia. Es mejor que la manera antigua, pero es una manera difícil, es una manera de una lucha constante entre el bien y el mal, de mucho trabajo y resultados inciertos, porque trata con dos poderes en vez de uno.

Prácticamente todos los maestros metafísicos están de acuerdo en que hay una presencia, por lo tanto, un poder, pero se oponen al siguiente paso, que es que un poder debe significar una actividad. La omnipresencia significa la presencia plena de Dios como todo, que Dios está en todas partes, todo el tiempo. Significa que Dios y su actividad es todo lo que hay, no solo de lo invisible, sino también de lo visible, no solo de lo sin forma, sino también de lo formado. Por lo tanto, debe seguirse que lo formado es tan perfecto como lo que no tiene forma, lo manifiesto es tan perfecto como lo no manifestado; porque dado que solo hay un creador inmutable, una actividad, un poder, una Mente perfecta que produce su propia sustancia perfecta, lógicamente se deduce que toda forma es inmutable y eternamente perfecta.

El cuerpo es Dios encarnado, Dios creado y formado. Es Dios surgido dentro de sí mismo y en el mismo, y las creencias, opiniones y conceptos mentales del hombre no están manifestando a Dios, ni están obstaculizando o impidiendo esa manifestación. El hombre no crea nada. Él solo ve lo que es eternamente, que es Dios manifestado, y lo llama bueno o malo según su propio desarrollo.

Pablo nos dice, que no somos suficientes en nosotros mismos para pensar cualquier cosa como de nosotros mismos, sino que nuestra suficiencia es de Dios. Nuestra suficiencia para pensar es de Dios; nuestra capacidad de formar pensamientos y opiniones es de nuestra propia ignorancia, nuestra creencia en la dualidad, pero nuestro poder o suficiencia para pensar esta cuando pensamos con Dios, como Dios. Desde esta base, vemos que las creencias y opiniones erróneas o ignorantes del hombre y las malas interpretaciones no crean ni producen condiciones en el cuerpo o en la sustancia de Dios en ninguna parte. El pensamiento equivocado, que es realmente un caos mental y confusión en sí mismo, no tiene poder para crear. No crea condiciones de enfermedad. El pensamiento equivocado en sí mismo, la confusión mental y el caos en sí mismo son la condición, porque la condición es total y completamente desde esa mentalidad personal.

No hay condición en la sustancia, porque la sustancia es Dios. Una condición no es algo concreto que ha sido creado en el cuerpo por una creencia del mal o una actitud ignorante. La definición dada en una clase normal universitaria es esta: una condición es esa concepción de la verdad que es limitada y temporal. No es algo que la concepción limitada ha creado, sino la concepción limitada en sí misma. No tiene lugar en ningún otro sitio que no sea el reino del caos y la confusión, el lugar de las opiniones y conclusiones, basado en un fundamento falso. Que hay una condición, es toda la condición que hay.

La creencia discordante no crea una condición discordante. La creencia de falta es la falta. La creencia de la enfermedad es la enfermedad. Es por eso que el cuerpo parece cambiar a medida que cambia el pensamiento del hombre. Es simplemente cuando las creencias de enfermedades e imperfecciones desaparecen, y nuestro pensamiento se corrige y se mantiene fiel a la Verdad, de modo que el caos mental y la confusión ya no nublan nuestra visión, vemos el cuerpo como Dios lo ve, como es eternamente. Luego se nos revela en su belleza y su gloria, el templo, no hecho con manos. Todo lo que hace nuestra ignorancia es afectar nuestra visión o visión de las cosas. No cambia nada de lo que Dios ha hecho.

No tratamos a la sustancia a través de nuestro pensamiento personal para cambiarla. Solo vemos de acuerdo con nuestro pensamiento, nuestro grado de iluminación. Walt Whitman dijo: “El mundo es irregular y descompuesto, para el que es irregular y descompuesto”, para aquel cuyo reino mental es oscuro. Si el pensamiento de uno es ignorante y poco ilustrado, cambia su visión como una nube de niebla. Mientras mira a través de la nube, ve este mundo, el cuerpo, todas las cosas, distorsionadas, anormales y equivocadas.

Si la atmósfera mental es oscura y densa, vemos débilmente y no somos capaces de percibir la perfección que existe. El hombre no, por esfuerzo mental, pone a Dios en manifestación, ni tampoco a través del pensamiento equivocado previene la manifestación de Dios. Dios ES y Dios es manifiesto, y no está en el poder del pensamiento personal no iluminado o del esfuerzo mental obstruir u obstaculizar la actividad de Dios, o estropear o desfigurar la perfección de la creación de Dios.

Lo único que depende de mi pensamiento, lo único que se ve afectado por él, lo único que responde a él, es mi visión, mi realización. Puedo ignorar la verdad del cuerpo, pero eso no altera el cuerpo mismo. Ahora mismo ya es completo y perfecto, no porque lo piense, sino porque es un manifiesto de Dios. Pensar con Dios, como Dios, me muestra la perfección del cuerpo, pero el cuerpo es tan perfecto antes que yo lo sepa que es como después. La sustancia de Dios no deja de ser perfecta solo porque soy ignorante de su perfección, ni se vuelve perfecta porque descubro la verdad. Su totalidad no depende de mí grado de iluminación. Es eternamente perfecto porque es eternamente justo lo que Dios es y no hay poder en ninguna parte para que sea otra cosa. Si lo miramos a través de una niebla mental, opiniones, dudas, miedos, confusión, no percibiremos su perfección, pero eso no cambia el cuerpo en sí, así como mirar el sol a través de una niebla cambia el sol.

El pensamiento de que la tierra era plana, no la aplastó, ¿verdad? Simplemente siguió siendo como era, y lo único que cambió, o podría cambiar, fue el pensamiento del hombre al respecto. Por supuesto, hasta que se llegó a ese entendimiento, se vivió como si esta ignorancia fuera la verdad.

Escuchamos mucho acerca de la espiritualización del cuerpo a través del pensamiento. Esta enseñanza considera el cuerpo como físico o material y se compromete a cambiar la materia en espíritu a través del esfuerzo mental. La Ciencia Divina, desde la base de la omnipresencia, enseña que, dado que solo hay una sustancia y esa sustancia es Espíritu, no hay cuerpo material. El cuerpo es espíritu ahora. “Excepto que a no ser que el Señor construye la casa, trabajan en vano para construirla”. Mientras intentes espiritualizar al cuerpo, o sanar el cuerpo a través de tu propio esfuerzo mental, mientras intentes crear salud, estarás trabajando en vano, porque estás tratando de hacer la parte de Dios, de hacer lo que ya se ha hecho.

Vivimos en un universo de forma perfecta. No solo nuestro cuerpo, sino que todo lo que se forma es literalmente el cuerpo de Dios y ya es perfecto. Creer que la sustancia infinita se ha deformado a través de la actividad mental e ignorancia del individuo, y debe ser redimida y perfeccionada a través de la misma actividad, es ver no un solo poder, sino dos. No hay condición en el cuerpo. No hay nada en el cuerpo que pueda reconstruirse, enderezarse o sanarse. No hay nada que cambiar. No hay nada más que ver, si no solo ver a Dios. Quédate quieto y mira la salvación del Señor. Tu palabra hablada no es necesaria para manifestar la integridad, porque la integridad es el estado eterno de lo que no se ve y lo que se ve, lo no formado y lo formado; pero es necesario para su desarrollo, para el progreso, la intensificación y la profundización del individuo hasta que se dé cuenta de esta perfección. Deja de tratar de pensar a Dios en manifestación. Dios se manifiesta ahora. La gloria y perfección de Dios son visibles en todas partes para aquel que tiene ojos para ver.

Todo lo que necesitamos hacer, y nos mantendrá ocupados, es capacitar nuestro pensamiento fiel y persistentemente en el reconocimiento de la verdad de la presencia de Dios, capacitarlo para determinar un fallo justo, ver a Dios y solamente a Dios, pensar en Dios y Solo en Dios. Habiendo aceptado la omnipresencia, aférrate a ella sin importar cuál sea la condición aparente. Al tratarse a sí mismo, nunca trates con apariencias o síntomas. No centres tu pensamiento en órganos o funciones. Sustancia infinita, poder, inteligencia y actividad están en ese lugar y no necesitan tus sugerencias. No intentes formular en pensamiento el cuerpo perfecto. Deja de pensar en el cuerpo o tratar de imaginarlo como perfecto desde tu punto de vista. Nuestra percepción más elevada del cuerpo hoy es muy inferior a lo que realmente es el cuerpo. Deja de jugar con eso mentalmente. Suéltalo y déjalo ir. Solo debes de saber que es el cuerpo de Dios y que Dios lo está formando en este momento y en cada momento o lo presenta de acuerdo con Su Palabra, su idea divina. Jesús reconoció a Lázaro como una manifestación inmortal de Dios. Tu eres esa manifestación inmortal y perfecta de Dios.