Una Nota Sobre la Curacion |

Una Nota Sobre la Curacion

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Me parece oportuno examinar el significado de la curación tal como es presentada por la Ciencia Cristiana. En verdad, parece que los cuerpos humanos son hechos sanos y útiles, problemas de negocio son resueltos, y las relaciones humanas son vueltas armoniosas. Pero si no vamos más allá de la realización de una existencia material más armoniosa, nos falta mucho para alcanzar las enseñanzas del Maestro, Cristo Jesús.

En la Biblia hay casos que indican que él no titubeaba para asegurar a quienes recurrían a él en busca de ayuda, de que ellos ya estaban sanos; que su estado original era prístino y sano. Jesús nunca les dijo de que él iba a hacer o decir algo para hacerles completos, enteros y sanos.

La Sra. Eddy, percibiendo esto, escribe con mucho sentimiento sobre el estado presente de la perfección del ser humano, en la página 259 de su libro “Ciencia y Salud con clave de las Escrituras.”

Cita del libro:

“Si el hombre fue antes perfecto pero ha perdido ahora su perfección, entonces los mortales nunca han visto en el hombre la imagen refleja de Dios. La imagen perdida no es imagen. La semejanza verdadera no puede perderse al reflejar lo divino. Comprendiendo eso, Jesús dijo: Sed pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.”

Observa que este pasaje las palabras de Jesús no lo representan como diciendo: Trata de hacerse perfectos, sino: Sed vosotros perfectos.

También en la página 259 del mismo libro leemos:

“La comprensión, semejante a la de Cristo, del ser científico y de la curación divina, incluye un Principio perfecto y una idea perfecta – Dios perfecto y hombre perfecto – como la base del pensamiento y de la demostración.”

Este es el punto de vista correcto para la curación metafísica presentado sin error.

En su libro con tendencia autobiográfico titulado “Retrospection and Introspection,” la Sra. Eddy menciona por primera vez la curación singular que precipitó su comprensión del modus operandi de Jesús, como un surgimiento a la luz. “Emergence into Light” se titula ese capítulo.

Hubo un momento en la vida de la Sra. Eddy que ya no vislumbraba ningún rayito de luz, ninguna esperanza, todo parecía oscuro y sin propósito. Entonces llegó la luz!

En sus propias palabras:

“Así era cuando llegó el momento al nupcial del corazón hacia una existencia más espiritual. Cuando se abrió la puerta, yo estaba esperando y guardando; y, he aquí, el novio apareció! El carácter del Cristo estaba iluminado por las antorchas del Espíritu. Mi corazón conoció su redentor.

El ser era hermoso, y su sustancia, causa, y corriente eran Dios y Su idea. Había tocado el borde del manto de la Ciencia Cristiana.”

Cuando se considera este capítulo en conjunto con otras de sus afirmaciones cada vez más amplias de la total irrealidad e inexistencia del mal, uno llega a esta conclusión: cuando una enfermedad es eliminada de nuestra experiencia, no es la eliminación de algo real, sino el surgimiento, desde el mortaje del sentido personal, hacia la única identidad infinita e inmaculada del ser que es la eterna manifestación del Principio, El Amor, el Espíritu.

Esta identidad tal vez parecía estar escondida, enterrada en la creencia de vivir en un cuerpo material del cual uno infiere dolor y placer. Pero la única identidad divina nunca conoció el toque distorsionador de la materia, y nunca ha sido revestida en un cuerpo material, y por ende, nunca conoció le necesidad de purificación.

Se nos enseña que cuando consideramos a la enfermedad, el dolor, la limitación, la discordia como creencias falsas es reducirlas a pretensiones mentales y materiales, pero esto no destruye tales pretensiones. Solamente las traslada de una esfera material a una esfera mental, pero siguen siendo creencias contra las cuales hay que pelear, algo que lo embrolla a uno en alegatos interminables, acosado por fracasos, temores, frustraciones, repeticiones y discordias crónicas.

Una vez más, cuando una enfermedad desaparece, no es la eliminación milagrosa de una realidad no deseada. Es el reconocimiento de nuestra verdadera identidad como el “Ego” que es uno con el Padre, como la expresión perfecta, sana, completa y satisfecha de Su ser dichoso.

Cuando uno se pone a tratar de superar cada creencia falsa inherente en el concepto mortal de la existencia, esto aparentemente mejora temporalmente la experiencia humana, pero no reemplaza lo humano con lo verdadero y real. Esto deja al humano, lo mortal, absorber cada una y todas las creencias del supuesto hombre o mente así llamada. Jesús estaba muy consciente sobre la falacia de “limpiar” lo mortal, cuando compartió con sus discípulos la alegoría expuesta en San Mateo capítulo 12:43-45.

43: “Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo, y no lo halla.

44: Entonces dice: Volveré a mi casa de donde salí; y cuando llega, la halla desocupada, barrida y adornada.

45: Entonces va, y toma consigo otros siete espíritus peores que él, y entrados, moran allí; y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero.”

No importa que limpio y agradable y humanamente purificado uno trata de hacer el mortal, todavía es nada más que un mortal, quien es falible y destructible. No procede la palabra mortal del latín mortis, que significa muerte? Un mortal es sujeto a la muerte, destinado a morir.

vEn los Escritos Misceláneos, página 104, la Sra. Eddy hace esta pregunta vital: “¿Quién quiere ser mortal, o quién no quiere alcanzar el verdadero ideal de la Vida y recobrar su propia individualidad? Siempre me ha gustado mucho su contestación a la pregunta en el libro “Unidad del Bien”: “¿Qué piensa Usted del mal?” (Página 52) “Dios no es el supuesto ego del mal, porque el mal, como una suposición, es padre de sí mismo – del mundo material, de la carne y del diablo. De esta mentira provienen los elementos autodestructivos de ese mundo, sus fuerzas crueles, sus tempestades, rayos, terremotos, venenos, bestias feroces, reptiles mortíferos, y los mortales.” Los mortales están en la misma categoría que los reptiles mortíferos y las bestias feroces.

Nuestro trabajo consiste cada vez más en vivir de acuerdo con nuestra verdadera individualidad, de tal manera que el sentido mortal y material de uno mismo disminuye, y en este desprendimiento la multitud de creencias falsas, falsas confianzas, apetitos falsos, temores y caprichos desvanecerán también. El vivir nuestra verdadera identidad no nos hace extraño o peculiar, ni desaparecemos. Lo que el mundo experimenta de nosotros es algo más allá de su concepto previo del gozo, la fuerza, belleza, poder, libertad, calor, amor y ternura.

Estimado amigo, no es la creencia que Usted está obstaculizado por alguna enfermedad o discordancia material la que debe perderse, sino la sugerencia que Usted está identificado con algo – un cuerpo material – que podría estar estorbando o discordante. Usted no es una persona, ni siquiera por un momento, la cual está abrigando una enfermedad de la cual usted quisiera liberarse fervientemente. Usted ahora mismo es la plena manifestación de la Mente infinita, la totalidad de la sustancia de esta Mente, no tocado por la creencia de haber sido alguna vez una persona humana falible.

¡Qué conclusión más bendita para abrazar!