Un Extracto del artículo “El Cuerpo” |

Un Extracto del artículo “El Cuerpo”

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“Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican;” — Salmo 127.

Mientras usted intenta espiritualizar el cuerpo, o trata de sanar el cuerpo por medio de su propio esfuerzo mental, mientras usted procura crear la salud, está trabajando en vano, porque usted trata de hacer el papel de Dios, haciendo lo que ya está hecho.

Vivimos en un universo de formas perfectas. No solamente nuestro cuerpo, sino todo lo formado es literalmente el cuerpo de Dios, y es perfecto ahora. Cuando creemos que la sustancia infinita ha sido deformada por la actividad ignorante del individuo, y que debe ser rescatada y perfeccionada por esta misma actividad, entonces estamos reconociendo dos poderes en lugar de un solo poder. No existe ninguna condición en el cuerpo. No hay nada que debe ser reconstruido o arreglado o sanado. No hay nada que cambiar. No debemos hacer nada sino percibir a Dios.

“No habrá para que peleéis vosotros en este caso; paraos, estad quietos, y ved la salvación de Jehová con vosotros.” — 2 Crónicas 20:17

Todo lo que tenemos que hacer – y ocupados nos mantendrá – es entrenar nuestro pensamiento fielmente y persistentemente en el reconocimiento de la verdad de la presencia de Dios, y entrenarlo a juzgar correctamente, para ver a Dios, y a Dios solamente, y a pensar como Dios, y solo como Dios. Luego de haber aceptado la omnipresencia, aférrense a ella sin importar lo que parece ser la aparente condición. Cuando usted se da un tratamiento espiritual, nunca debe de fijarse en las apariencias o en las síntomas. No centre sus pensamientos en los órganos y sus funciones. La Sustancia infinita, con Su poder, Su inteligencia y Su actividad están en este lugar, y no necesitan de sus sugerencias.

Deja de pensar en el cuerpo, ni trata de imaginarlo como perfecto desde su propio punto de vista. La percepción nuestra más elevada acerca del cuerpo ni alcanza por mucho lo que el cuerpo en realidad es. Deja de jugar mentalmente con él. Suéltalo y déjalo ir. Reconoced solamente que le pertenece a Dios y que Dios ahora misma y en cada momento lo produce según Su Palabra, Su idea divina. Jesús reconoció a Lázaro como una manfestación inmortal de Dios. Usted es esa perfecta e inmortal manifestación de Dios.