El Cuerpo |

El Cuerpo

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Exposición sobre “El Cuerpo,” por Mary Baker Eddy, del año 1886. El término Mente y cuerpo literalmente significa Dios y el hombre, porque el hombre (en este contexto significa el ser humano) es la expresión de la Mente y la manifestación de la Mente es la encarnación de la Mente. Por lo tanto el hombre es el cuerpo de Dios, y solamente hay un Dios. El cuerpo por consiguiente es la compilación de ideas espirituales, por siempre controlada y gobernada por la ley de la Vida, armoniosa y eterna. Esta comprensión del cuerpo perfecto es el salvador del cuerpo y es la ley de recuperación para cualquier y cada pretensión del error.

Parecía gran cosa cuando pensadores de vanguardia comenzaban a percibir ciertas leyes mentales, y a aplicarlas a la curación del cuerpo. Esta enseñanza mental profesa que el hombre es el constructor o el creador de su cuerpo, y que él construye o forma su cuerpo con su propio pensamiento, y puede cambiar su cuerpo con sus pensamientos, y por lo tanto, si ha causado un cuerpo enfermo con sus pensamientos erróneos o ignorantes, él puede formar un cuerpo sano con pensamientos correctos, y que él con sus pensamientos ignorantes y discordantes impide a Dios manifestarse, y con sus pensamientos acertados y armoniosos causa que Dios se manifieste.

Por supuesto esto es un progreso importante sobre el viejo sistema de los fármacos, pero esto no alcanza a satisfacer a alguien que desea la verdad completa y nada más que la verdad. Hace del cuerpo un campo de batalla de fuerzas contrarias y competitivas, pensamientos equivocados derribando y pensamientos correctos mejorando; el pensamiento errado causando la enfermedad, y el pensamiento apropiado aniquilando la enfermedad y obteniendo condiciones saludables, porque estos preceptos solamente tratan con las condiciones cambiantes de la mentalidad personal, y no con la invariable condición del ser, la Mente inmutable, la omnipresencia. Es mejor que la vieja forma, pero es una manera muy difícil, es una constante lucha entre el bien y el mal, de esfuerzos duros y resultados dudosos, porque trata con dos poderes en lugar de uno solo.

De hecho, todos los docentes de la metafísica coinciden de que hay una sola presencia, y por lo tanto un sólo poder, pero se niegan a dar el siguiente paso, que un sólo poder debe implicar una sola actividad. La omnipresencia significa la plena presencia de Dios como todo, que Dios está en todos lados, todo el tiempo. Quiere decir que Dios y Su actividad es todo lo que existe, no solamente de lo invisible, sino tambièn de lo visible, no sólo de lo que no tiene forma, pero tambièn de las formas. Por consiguiente debe de concluirse que lo formado está tan perfecto como lo que no tiene forma, lo perceptible está tan perfecto como lo que no está manifestado, ya que hay un Creador inmutable, una actividad, un poder, una Mente perfecta que produce su propia sustancia perfecta, lógicamente resulta que todo lo formado es inmutable y eternamente perfecto.

El cuerpo es Dios encarnado, Dios creado y formado. Es Dios surgiendo desde dentro de sí mismo y de sí mismo, y las creencias del hombre, sus opiniones y conceptos mentales no revelan a Dios, no impiden ni evitan Su manifestación. El hombre no crea nada. Únicamente ve lo que es eternamente, Dios manifestado, y lo llama bueno o malo según su propio progreso.

El apóstol Pablo dice: “no que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra competencia proviene de Dios.” Nuestra competencia para pensar proviene de Dios, nuestra habilidad para formar pensamientos y opiniones es de nuestra propia ignorancia, de nuestra creencia en la dualidad, pero nuestro poder o suficiencia para pensar es cuando pensamos con Dios, y como Dios.

A partir desde esta base entonces vemos que las creencias equivocadas o ignorantes del hombre, y sus opiniones y tergiversaciones no crean condiciones en el cuerpo o en la sustancia de Dios en alguna parte. El pensamiento erróneo, que es en realidad caos y confusión mental, no tiene facultad de crear. No crea condiciones de enfermedad. El pensamiento equivocado, la confusión y el caos mental mismo constituyen la condición, porque la condición es completamente y enteramente de la mentalidad personal.

No hay condición en la sustancia, porque la sustancia es Dios. Una condición no es algo palpable que ha sido creado en el cuerpo por una creencia en el mal o por una actitud ignorante. La definición dada en “College Normal Class” es esta: Una condición es una noción de que la Verdad es limitada y temporal. No es algo creado por el concepto limitado, sino el concepto limitado mismo. No tiene lugar en ninguna parte sino en la esfera del caos y la confusión, el lugar de opiniones y suposiciones, basadas en suposiciones erróneas. Que existe una condición, es toda la condición.

La creencia inarmónica no causa una condición inarmónica. Le creencia en carencia es la carencia. La creencia en la enfermedad es la enfermedad. Por eso el cuerpo parece cambiarse cuando el modo de pensar del hombre cambia. Sencillamente cuando las creencias de enfermedad e imperfecciones desaparecen, y nuestro pensamiento es corregido y se mantiene fiel a la Verdad, para que el caos mental y la confusión dejen de oscurecer nuestra visión, vemos el cuerpo como Dios lo ve, y como es eternamente. Entonces es revelado a nosotros en toda su belleza y gloria, el templo, no hecho por manos. Todo lo que nuestra ignorancia logra es afectar nuestra visión, nuestra manera de ver las cosas. No cambia nada de lo que Dios ha hecho.

No manipulamos a la sustancia con nuestro pensamiento personal para efectuar cambios. Solamente vemos de acuerdo con nuestros pensamientos, nuestro grado de ilustración. Walt Whitman dijo: “El mundo es escabroso y roto para los que son escabrosos y rotos,” a los cuya esfera mental está oscura. Si el pensamiento de uno es ignorante y desinformado, esto cambia su visión como una nube de neblina. Cuando mira a través de la nube, ve el mundo, el cuerpo, todas las cosas, distorsionado, anormal e incorrectamente.

Si la atmósfera mental es oscura y espesa, solamente vemos tenuemente, y no somos capaces de percibir la perfección que es. El hombre no provoca la manifestación de Dios por su propio esfuerzo mental, tampoco impide la manifestación de Dios por su modo equivocado de pensar. Dios ES y Dios está manifestado, y no está en la facultad del desinformado pensamiento personal o del esfuerzo mental por obstruir o entorpecer la actividad de Dios, o para echar a perder o estropear la perfección de la creación de Dios.

La única cosa que depende de mi modo de pensar, la única cosa que es afectada por él, la única cosa que lo hace reaccionar, es mi visión, mi realización. Yo puedo estar ignorante de la verdad sobre el cuerpo, pero esto no cambia el cuerpo mismo. Está entero y perfecto ahora, no porque yo creo que es así, sino porque es Dios manifestado. Cuando pienso con Dios, y como Dios, me revela la perfección del cuerpo, pero el cuerpo era tan perfecto antes como después de que yo lo supiera. La sustancia de Dios no deja de ser perfecta sólo porque ignoro su perfección, ni se vuelve perfecto porque yo logro averiguar la verdad. Su integridad no depende de mi grado de ilustración. Es eternamente perfecto porque eternamente es lo que Dios es, y no existe poder alguno para hacerlo otra cosa. Cuando miramos al cuerpo a través de una niebla mental de opiniones, dudas, temores, y confusión, no percibiremos su perfección, pero esto no cambia al cuerpo mismo asì como observar el sol a través de una neblina no cambia el sol.  

La noción de que la tierra era plana, no aplanó la tierra, ¿verdad? Continuó siendo como era, y la única cosa que sí cambió fue el concepto que tenía el hombre de ella. Desde luego, hasta que realizó esto, vivía como si su ignorancia fuera la verdad.  

Escuchamos mucho sobre la espiritualización del cuerpo mediante el pensamiento. Esta enseñanza considera el cuerpo como físico o material, y toma sobre sí la tarea de cambiar la materia en Espíritu por medio del pensamiento. La Ciencia Divina, basada en la omnipresencia, enseña que no existe un cuerpo material, dado que sólo hay una sustancia, y esta es Espíritu. El cuerpo es Espíritu ahora. “Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican;..”

Mientras tratas de espiritualizar el cuerpo, o de sanar el cuerpo por medio de tu propio esfuerzo mental, mientras intentas crear salud, estás trabajando en vano, porque pretendes hacer la parte de Dios, y efectuar lo que ya está hecho.  

Vivimos en un universo de formas perfectas. No solamente tu cuerpo, pero todo lo que está formado es literalmente el cuerpo de Dios y es perfecto ahora mismo. Creer que la sustancia infinita ha sido mal formada por la ignorante actividad mental del individuo, y que debe ser rescatada y perfeccionada por esta misma actividad, es ver no un solo poder, sino dos.

No existe una condición en el cuerpo. No hay nada en el cuerpo que debe ser reconstruido, enderezado o sanado. No hay nada que cambiar. Nada es preciso sino ver a Dios. Estáte quieto, y ve la salvación de Dios. Tu palabra verbal no hace falta para manifestar la entereza, porque perfección es el estado eterno de lo invisible y visible, lo formado y lo que no está formado; pero es esencial para tu desenvolvimiento, para el desarrollo y ensanchamiento y profundización del individuo, hasta que él comprende esta perfección. Deja de pretender que Dios sea manifestado por tu pensamiento. Dios está evidente ahora mismo. La gloria y perfección de Dios están evidentes para aquel que tenga ojos para ver.  

Todo lo que debemos hacer – y nos mantendrá ocupados – es preparar nuestro pensamiento fielmente y tenazmente en el reconocimiento de la verdad de la presencia de Dios, educarlo para juzgar con criterio justo, para ver a Dios y a Dios solamente. Cuando hayamos aceptado la omnipresencia, aténgase a ella sin dar importancia a lo que la condición aparente ser. Al dar tratamiento a ti mismo, nunca considere las apariencias ni síntomas. No enfoque su pensamiento en órganos o funciones. La sustancia infinita, el poder, la inteligencia y actividad están en este lugar y no necesitan de tus sugerencias. No trata de formular el cuerpo perfecto en el pensamiento. Deja de pensar en el cuerpo o de imaginarlo perfecto desde tu punto de vista. Nuestra percepción mas elevada está muy por debajo de lo que el cuerpo en realidad es.

Cese de entremeterse mentalmente. Suéltalo y déjalo ir. Solamente sepa que es el cuerpo de Dios y que Dios en este momento y cada momento lo está formando y produciendo conforme a Su Palabra, Su idea divina. Jesús identificó a Lázaro como un manifestación inmortal de Dios.